Mi padre es mecánico en una fábrica textil. Se encarga de arreglar las máquinas para que estén trabajando a cien por hora y no tengan ninguna falla, además que compone, de inmediato, las que están defectuosas o fallando o se malogran. Sus jefes le tienen mucho aprecio porque es eficiente. Ese domingo una de las principales máquinas de la fábrica justamente se había malogrado y era urgente que la reparara para la jornada del lunes que se iniciaba con el turno de madrugada, y que empezaba a las 11 de la noche. A mí no me gusta que trabaje sus días de descanso, prefiero que esté relajado viendo televisión o jugando con nuestro perro, sin embargo sus jefes le dijeron que era imperativo que vaya a la fábrica. -Tengo que ir a la planta, hija-, se lamentó, poniéndose su abrigo. Me dio tanta lást

