La casa de la mamá de Eugenia no estaba tan lejos del centro de la ciudad, por eso fuimos caminando tranquilamente, desde el restaurante, haciendo chistes, riéndonos, viendo las tiendas y hablando de hombres hermosos. Yo le contaba mis peripecias y le conté de la gran decepción que me provocó Giuliano. -Los hombres siempre quieren demostrar que son todopoderosos, se sienten envalentonados con el licor y no se dan cuenta de que pierden los papeles y terminan haciendo tonteras-, me dio la razón Eugenia. También le dije que mi relación con Maicol tambaleaba. -Él es muy egocéntrico, a mí me gusta que me escuchen pero Maicol solo quiere hablar de sí mismo, incluso minimiza mis éxitos-, le confesé dolida. -El amor se comparte, es como una naranja que se corta por la mitad, cada uno es un cinc

