Mis padres llegaron corriendo al hospital, junto con otros agentes.
La ambulancia había llegado rápido al lugar, gracias al cielo, y logramos llegar a tiempo al hospital. El amigo de Kevin ya se encontraba fuera de peligro.
En cambio, Kevin, estaba algo trastornado. No le pregunté quién era ni por qué estaba esperándolo, pero debía ser alguien importante para él. Debía ser un buen amigo.
-¿Viste quién era? -Murmuró mi madre, mientras me alejaba de la sala de espera. Yo negué con la cabeza.
-Sólo vi un auto n***o. Y le disparé, pero era blindad -papá me revolvió el cabello.
-¿Estás bien? -Me preguntó, mirándome de pies a cabeza. Yo asentí.
-Estoy bien.
-Es un alivio que hayas estado con él, Bonny -mamá suspiró-. Sigue así -me sonrió y también revolvió mi cabello.
-¿Qué está pasando? -Les pregunté-. Al menos debo saber a qué atenerme, ¿no?
-El asesino del padre de Kevin no quiere que lo descubramos. Hará todo lo posible para que no nos llegue nada de información. Y tiene muy buenos contactos para hacerlo -explicó mamá. Metió su mano detrás de su pantalón y sacó un arma-. Tenla siempre contigo -yo tomé el arma entre mis manos. Era una glock 40 10mm. Estaba nueva.
-No la dejes, por nada del mundo -me ordenó papá-. Recuerda todo lo que te hemos enseñado - yo asentí, sonriendo, y guardé el arma en mi pantalón.
-Lo recordaré.
**
Regresé a la sala de espera, en donde estaba Kevin. Estaba sentado, tomando una bebida energizante. Su mirada estaba fija en algún punto específico del piso.Me senté a su lado y duré unos segundos buscando algo que decirle.
-Hola -le murmuré. Él levantó la mirada y clavó sus ojos grises en mí.
-Hola -murmuró de vuelta. Comenzó a jugar con la lata, moviéndola de un lado a otro-. Gracias, Bonny. Por haber reaccionado por mí.
-No hay de qué -dije de vuelta-. ¿El doctor dijo algo más?
-Dijo que podía pasar a verlo -yo lo miré y fruncí el ceño.
-¿Y ya lo viste? -Simplemente negó con la cabeza.
-No quiero hacerlo -se mordió el labio inferior-. Me siento demasiado culpable -dijo, por lo bajo. Yo suspiré y comencé a palmear su espalda.
-Nada de esto es tu culpa. No pediste esto, y simplemente no puedes detenerlo. Lo mejor que puedes hacer es luchar. Y no estás solo -sonreí-. Están mis padres, tus dos amigos y...-Me corté cuando Kevin me miró fijamente. Parpadeó un par de veces, pero no desvió la mirada. Tragué grueso para terminar de hablar-. Y me tienes a mí. Estoy aquí para lo que sea.
Espero que eso no hay sonado muy prometedor. Ahg.
-Gracias, Bonny -se levantó y tiró la lata vacía al basurero. Se dirigió a donde se encontraban las habitaciones. No sabía si quería que lo acompañara, así que sólo me quedé allí de pie. Él se detuvo en seco, miró sobre su hombro, y me hizo un ademán de cabeza. Creo que quería que lo siguiera. Caminé un poco hasta llegar a su lado. Me sonrió, alborotó mi cabello y me indicó que caminara adelante.
**
El día de hoy había sido muy largo. Cuando toqué mi cama, mi cuerpo dio un suspiro de alivio. Sentía que algo me molestaba y recordé el arma que mis padres me habían dado. La saqué y la coloqué en mi mesita de noche. Sin seguro.
Nadie sabe.
Me di una larga ducha y luego me puse mi pijama. Cuando estaba lista para ir a la cama, escuché que tocaban mi puerta. Era Kevin, obviamente, ya que estábamos sólo él y yo. Me dirigí a la puerta y la abrí. Un olor a fragancia masculina me perforó los sentidos. Olía delicioso. Me encontré con un Kevin formalmente informal; estaba vistiendo jeans negros, converses y una camisa negra con las mangas arremangadas. Y el cabello, como siempre, echo todo un desorden.
-¿Ya ibas a ir a la cama? -preguntó, mirándome con una sonrisa-. Quería que me acompañaras a un lugar.
-¿A dónde? -Fruncí el ceño. Eran pasada las nueve de la noche.
-Al club -dijo, sonriendo-. Quiero bailar y tomar una bebida. Y voy a buscar a alguien.
¿Al club?
-Ehm…-Balbuceé. -No tengo identificación falsa -me encogí de hombros. Kevin ladeó la cabeza, confundido.
-¿Por qué necesitarías una? -Lancé una carcajada irónica. Kevin podía ser un poco despistado.
-¿Por qué soy menor de edad? -Respondí sarcásticamente. Kevin se quedó, prácticamente, de piedra. Comenzó a parpadear varias veces, confundido.
-¿Enserio? -Se revolvió el cabello-. Yo...no lo sabía. Pensé que tenías mi edad. ¿Cuántos tienes, entonces?
-17 -me encogí de hombros-. Los cumplí en julio.
-Oh -Kevin asintió, aunque todavía estaba muy sorprendido-. Pero, eso no es problema para mí -sonrió, mientras me revolvía el cabello-. Ponte algo lindo. Realmente necesito que vayas conmigo.
-¿Algo lindo como...?
Él sonrió. -Algo que me haga pensar que no eres menor de edad.
Bien, eso será muy difícil.
No quería hacer esperar a Kevin, así que solo tomé un vestido ajustado de color azul que mamá había comprado para mí para usar en la boda de su amiga Amy. Lo había usado con unos tacones cerrados de color n***o.
Peiné mi cabello y me coloqué un poco de maquillaje; compacto, delineador, rímel, un poco de rubor y lápiz labial. Me miré en el espejo de cuerpo completo; y rayos, había crecido unos centímetros desde que tenía quince. El vestido me quedaba un poco demasiado corto.
Mierda.
Era muy tarde para elegir otra cosa, maldición. Suspiré, desdichada. Miré la glock encima de mi mesita de noche y me debatí entre si dejarla o no. Sacudí esa idea de mi cabeza, tomé un pequeño bolso, tomé el arma y la guardé en él.
Cuando salí, Kevin se encontraba sentado en el sofá revisando su teléfono. Aclaré un poco mi garganta para llamar su atención. Cuando volvió su mirada hacia mí, me recorrió de pies a cabeza. Lentamente. Una sonrisa se dibujó en su rostro después.
-Ese es un atuendo que definitivamente me hace pensar que no eres menor de edad.
**
Cuando llegamos al club, Kevin tuvo la amabilidad de abrirme la puerta del auto, e incluso me ayudó a bajar. También me ofreció su brazo para que lo tomara. Había una inmensa fila para entrar, pero la ignoró por completo y se dirigió a la entrada. Compartió palabras con el chico que estaba ahí de pie, pero no pude oír nada a causa de la música. El chico, luego de unos segundos, abrió la cinta, dejándonos pasar.
El lugar adentro estaba frío y el olor a cigarrillo me perforaba la nariz. Había luces de neón azules, y muchas personas bailando al ritmo de la música electrónica. Kevin posó su mano en mi espalda y me indicó que caminara. Nos dirigimos a la barra y nos sentamos allí.
-¿Es tu primera vez en club? -Me preguntó, ladeando la cabeza. Apenas podía ver su rostro.
-Sí -sonreí-. ¿Me permitirás tomar algo? -Él lanzó una carcajada.
-¿Controlas bien el alcohol? -Yo me hice la pensativa. La verdad es que era un asco controlando el alcohol. La única vez que había tomado, fue en casa de Andy, mi amiga de la escuela. Había sido tres vasos de cerveza y ya de ahí no recuerdo más nada.
-Creo que puedo con un cóctel -solté con firmeza, sonriendo y moviendo mi cabello detrás de mi hombro. Él sacudió la cabeza, riendo.
-Bonny, espero que solamente hagas esas expresiones conmigo -dijo, suspirando. Yo me quedé de piedra. Él rió de nuevo.
¿Había sido demasiado obvia, quizás? A lo mejor piensa que le estoy coqueteando.
-Está bien -desvié la mirada y concentré mi atención en una pareja que estaba teniendo prácticamente sexo con ropa.
-No te sientas mal -alborotó mi cabello. Era un poco molesto que todos me lo hicieran, pero lo dejaba pasar-. Es solo que te ves realmente hermosa -luego se inclinó hacia mi oído. Su respiración chocaba en mi piel y estaba a punto, por Dios que estaba a punto de entrar en combustión espontánea.
Taylor, eres una idiota.
-Hay alguien sospechoso detrás de ti -murmuró en mi oído. Sus palabras me pusieron alerta de inmediato-. No te muevas. Necesito verle la cara -hice caso a su orden. Hasta moví mi cabello a un lado para darle una mejor vista, aunque eso hizo que mi piel quedara descubierta y que un escalofrío me recorriera.
-¿Quién es? -Le murmuré en el oído. Negó con la cabeza.
-Olvídalo -se irguió y se sentó de nuevo en el banco. Yo tuve que aclarar mi garganta. Ahora estaba un poco incómoda.
-¿Conseguiste a quién buscabas? -Kevin me miró, y luego lanzó su mirada detrás de mí. Una chica detrás de la barra apareció frente a nosotros. Tenía el cabello rojo atado en una cola y tenía tatuajes en todo el cuerpo. Miró a Kevin y suspiró.
-Rodríguez -lo saludó con un ademán de cabeza-. Ya te hacía asesinado por un nazi.
-Sí, Nix, bueno -Kevin se encogió de hombros-. Soy duro de matar, ¿sabes? -La chica pelirroja lanzó una carcajada.
-¿Qué haces aquí? -Le preguntó. Luego me miró a mí, detallándome-. ¿Una cita?
-No. Es mi niñera -respondió de vuelta, sonriendo.
¡¿Por qué mierda dijo eso?!
-Eso definitivamente no me lo esperaba. ¿Desde cuándo necesitas niñera? -La chica pelirroja me miraba como si yo fuera una clase de chiste de persona.
-Desde que mataron a mi padre -la voz de Kevin, esta vez, no tenía ni un rastro de un humor. La chica pelirroja congeló su sonrisa y lo miró fijamente. Parecía saberlo, ya que no demostró mucho asombro-. Me dio por matar personas, así que ella está aquí para que no te mate -la chica de repente estaba muy incómoda.
-Rodríguez, si crees que por ser cercana a tu padre sé algo de su muerte, déjame decirte que estás muy equivocado -La chica pelirroja le lanzó una mirada no muy agradable.
-Mi padre frecuentaba este club -Kevin esta vez se inclinó en la barra-. Lo mataron luego de venir a este lugar. Solo quiero que me ayudes a descubrir qué fue lo que pasó -la chica negó con la cabeza.
-Lo siento. Realmente, si pudiera ayudarte, lo haría -La chica pelirroja esta vez, parecía realmente arrepentida. Kevin suspiró y se alejó de la barra-. ¿Te traigo algo de beber, entonces? -Preguntó, con una ancha sonrisa. Kevin sólo negó con la cabeza.
-No -escupió secamente, mirando con desprecio a la chica. Luego tomó mi mano y comenzó arrastrarme hasta salida.
Cuando salimos a la fría calle, una ventisca fría me congeló hasta los sentidos. No había nadie en la calle, solo autos que pasaban por ahí. Ya no estaba la inmensa fila para entrar. Kevin comenzó a caminar de un lado a otro, mientras se revolvía el cabello.
Era obvio que la chica pelirroja sabía algo. Pero era algo que no podía decir. Seguramente la estaban amenazando o algo parecido. Y no quería pensar cómo debe estar sintiéndose. Ese sentimiento de impotencia, de no poder hacer nada, debe estar a punto de volverlo realmente loco.
-Alguien debe estar amenazándola -masculló, aun revolviéndose el cabello-. Ella fue una de las últimas personas que lo vio vivo.
-Creo que es mejor que volvamos a casa -comencé a buscar un poco de calor en mis brazos-. Es tarde. Y no vamos hacer nada estando aquí parados.
-Se me están acabando todas las opciones -dijo, por lo bajo, casi para sí mismo. Cerró los ojos fuertemente y luego caminó hacia mí-. Sí. Volvamos a casa -me rodeó con su brazo y caminó a mi lado hasta el auto-. Lo siento. Seguramente tienes mejores cosas que hacer que estar soportando este horrible frío.
Lo miré y sonreí. -No te preocupes. Soy tu niñera, ¿recuerdas? -Lanzó una carcajada.
-Lo eres -clavó sus ojos grises en mí.
Y pude jurar que había un sentimiento extraño en ellos.