El ataque de ansiedad

2058 Words
Tony estaba muy cerca del quinto mes de embarazo y ya se sentía terriblemente cansado. Nat le recomendaba hacer ejercicio para tener algo de energía, pero era casi imposible cuando Steve no le permitía mover ni un músculo y tampoco ayudaba estar prácticamente preso en su torre. No lo dejaban más que asomarse por el acceso a la pista de aterrizaje. —Estúpidos alfas sobreprotectores —farfulló enojado mientras revisaba sus pantallas verificando que su legión de hierro funcionara de manera correcta bajo el mando de Steve en la misión de ese día. Todos se habían unido a ella, todos menos Fury. Lo dejaron como su niñera personal ese día. —Si no fueran “estúpidos alfas sobreprotectores” —habló Fury con burla el director—, tal vez Hydra ya hubiera logrado acceder a ti. —Lo sé —respondió de mala gana sin apartar la mirada de sus robots. —Además, la caminadora ya debe de estar llegando. Tony resopló y se enfurruñó más en su silla. Fury había encargado una caminadora para que pudiera hacer ejercicio sin correr el riesgo de salir del edificio. Le parecía una idea muy tonta, como si no existiera todo un mundo que pudiera recorrer, pero no podía hacerlo si no quería que todo su equipo se volviera loco. Jarvis anunció la llegada del paquete en recepción, Fury de inmediato pidió que lo llevaran al apartamento. El alfa de Shield se ocupó un rato recibiendo el paquete y armando la dichosa caminadora junto a Happy mientras Tony seguía revisando la misión, la cual, estaba siendo todo un éxito con sus robots. A la vez, apuntaba algunas mejoras en la programación de la legión de hierro. Sin que se diera cuenta y entre más los veía avanzar, su respiración se agitaba de una manera incómoda, poco a poco se dio cuenta de que estaba sudando frío y un escalofrío estremecía su cuerpo de manera violenta. Volteó a ver a sus niñeras quienes discutían con el instructivo en mano y decidió no interrumpirlos. Aunque la realidad era que no los quería cerca, necesitaba de un momento a solas. Se dirigió a la habitación que había adaptado para sus revisiones y le pidió a Jarvis analizar sus signos vitales. Después de unos cuantos minutos, la inteligencia artificial habló: —Señor, al parecer todo su organismo se encuentra bien, el latido de su bebé tiene un ritmo constante. Lo que está experimentando es un ataque de ansiedad —Tony se quedó un rato en silencio intentando dar una explicación coherente. Sí, se sentía algo estresado por estar encerrado, pero no era la gran cosa, no le molestaba tanto como para provocar una reacción tan exagerada de su cuerpo—. Un ataque de ansiedad en su estado se puede dar por la ausencia de su alfa, ¿quiere que contacte al señor Rogers? —No —respondió de inmediato—. No alarmes a nadie, puedo controlarlo por mí mismo. Tony salió de aquel lugar y se dirigió a su habitación, cerrando la puerta para que el intenso aroma de Steve no saliera; recorrió el armario olfateando la ropa de su pareja y eligió una con el olor más impregnado. Después de colocársela se recostó en la cama enredándose en las sábanas que olían a ambos. Esperó durante unos largos minutos a que su ataque de ansiedad disminuyera. Sin embargo, entre más pasaba el tiempo, más agitado se sentía y su sudor estaba retirando el varonil aroma de su alfa de las sábanas y la camisa que llevaba puesta. Se levantó con brusquedad de la cama sollozando de desesperación y volviendo a rebuscar en el armario, se puso otra camisa encima de la que ya llevaba puesta y salió de aquel lugar sintiéndose desesperado por estar bajo el cobijo de Steve. —Tú tienes la culpa —gimoteó dirigiéndose a su armadura con pasos temblorosos y atrayendo la atención de sus niñeras quienes seguían armando la caminadora—, si no me hubieras dicho que necesitaba a Steve no me sentiría tan mal. Abrió la armadura para entrar en ella y en cuanto se cerró suspiró aliviado. Ese lugar completamente cerrado le brindaba mucha paz y más cuando el aroma de las ropas de Steve se concentraba en aquel reducido espacio y le ayudaba a calmar su ansiedad. Se deslizó por la pared hasta dejarse caer en el piso y hacerse bolita, respiró profundo varias veces con la intención de disuadir sus malestares. —Pero, señor —se defendió Jarvis—, usted… —Cállate por favor —gimoteó sintiendo que las lágrimas recorrían su mejilla—, ahorita no quiero saber nada de nadie. Fury y Happy se acercaron y se hincaron a su lado. — ¿Qué sucede? ¿Te sientes mal? —Preguntó el alfa con tono preocupado. Tony cerró los ojos intentando no prestar atención a su entorno y concentrarse en el aroma de Steve. —El señor Stark está sufriendo un ataque de ansiedad —habló Jarvis en su lugar—, algunos omegas embarazados pueden presentar ese estado si su alfa se encuentra lejos por periodos largos. —Pero Steve lleva fuera apenas unas horas —mencionó Happy con tono incrédulo. Tony se estremeció con fuerza y se abrazó a sí mismo respirando profundamente. Lo menos que necesitaba en ese momento era obviar las horas de ausencia Steve, necesitaba obtener algo de paz. —Pues al parecer son las suficientes para que Tony lo necesite —respondió Fury—. Desgraciadamente, Steve es la clave para esta misión, conoce el terreno que están rescatando. Llamaré a alguien de su familia para que regrese, tal vez podrían ayudarlo.     ***** Algún tiempo después, Tony escuchó uno de los accesos abrirse. El sonido inconfundible de tacones retumbó en el apartamento, aun así, no hizo esfuerzo por moverse. —Tony, ¿qué sucede? —Preguntó Nat sentándose a su lado. Solo podía ver sus piernas, pero podía sentir su preocupación— ¿Quieres salir de allí y platicarme lo que te pasa? —No —respondió en un sollozo. De vez en cuando abría la carátula de su armadura para limpiarse el rostro, pero la cerraba de inmediato para que el aroma de Steve no se mezclara con los demás del apartamento. — ¿Ni siquiera por mí? Tony no respondió por un buen rato. Adoraba a Nat tanto como a Bruce, pero su ataque de ansiedad era muy fuerte y esta vez su amiga no podría ayudarlo. No cuando Steve era el único que podía ponerle solución. Intentó razonar un poco al tener a un m*****o de su familia cerca. Podía sentir a Fury, Happy y Nat rodeándolo, y aun así no era suficiente para consolarlo. El calor que necesitaba no estaba presente, mucho menos esa voz y esa mirada comprensiva de su alfa. Comenzó a llorar con más fuerza cuando el deseo de tener a Steve cerca lo abrumó de nuevo. Nat lo obligó a sentarse a su lado y lo abrazó, o al menos supuso que lo estaba intentando porque la armadura era más grande que su amiga. —No te angusties, Steve regresará pronto. La legión de hierro nos estaba ayudando demasiado, verás que Steve acaba más rápido de lo contemplado.  Tony no dijo nada, solo se quedó en ese lugar seguro intentando controlar su respiración siendo abrazado por su amiga.     ***** Entrada la madrugada, Steve regresó a la torre sintiéndose muy angustiado. El malestar de Tony le fue ocultado hasta que iban de regreso a la torre, ahora entendía por qué Nat se había retirado de improviso de la misión. Y a pesar de estar molesto por ocultarle algo tan importante, no les reclamó porque él mismo sabía que habría abandonado el rescate con tal de regresar al lado de su omega. Entró corriendo al apartamento, encontrando a Happy y Fury de pie frente a Nat, quien se mantenía sentada en el piso con las piernas estiradas y Tony dentro de su armadura echo bolita sobre ellas, abrazando la cintura de su amiga. —Se quedó dormido hace unas horas —explicó Nat con voz cansada—, no pudo frenar su ansiedad hasta que logró quedarse dormido. — ¿Y el bebé está bien? —Lo está —confirmó Happy—, Jarvis los estuvo monitoreando en todo momento. Steve suspiró aliviado y a la vez enternecido. Su omega últimamente se había mostrado necesitado de él de alguna forma, pero esta era la más tierna. O tal vez lo hacía ver más hermoso cada vez que podía tocar ese pequeño abultamiento en el vientre de su pareja. —Lo llevaré a la cama —susurró agachándose y tomándolo en brazos, pero cuando intentó levantarlo, su omega gimió angustiado y se aferró con más fuerza a Nat haciéndola jadear. —Suéltala, Tony —pidió con tranquilidad—, la estás asfixiando. Tony gimoteó soltándola y dejándose cargar. —Gracias por cuidarlo —murmuró dándoles la espalda para dirigirse a la habitación— y disculpen por las molestias. —Ninguna molestia —escuchó a Nat decir antes de cerrar la puerta y sentar a su pareja sobre la cama. La armadura se mantuvo quieta con la cabeza agachada y a pesar de que no podía ver a Tony, estaba seguro de que estaba muy cansado. — ¿Me abrirías? —Preguntó hincándose frente a él— Ya estoy aquí para cuidarte. — ¿Para qué? —Respondió Tony con voz temblorosa— Mañana te irás de nuevo a otra misión. Me sentiré a gusto con tu aroma por un rato y después te irás y me volveré a sentir ansioso. —Entonces no me iré —aseguró con voz grave—, le pediré a Bucky que dirija la misión de mañana. —No —gimoteó Tony abriendo la carátula de su armadura y secando sus lágrimas. Esos hermosos ojos castaños estaban tan hinchados y rojos que él mismo comenzó a sentirse ansioso por tocarlo y asegurarse de que todo estuviera en orden—, el equipo te necesita, no puedes quedarte aquí para estar conmigo. —Entonces déjame cuidarte este tiempo que puedo estar contigo. Tony lo miró con angustia antes de abrir la armadura y dejar visible su cuerpo. Su dulce aroma a flores estaba combinado con su propio olor y la fuente de él era la camisa que llevaba puesta. Steve se acercó y comenzó a desabotonar la camisa con una mano mientras con la otra limpiaba la cara húmeda de su omega. Necesitaba tocarlo y dejarle impregnado su calor para que no volviera a sentirse ansioso al siguiente día. En cuanto terminó de desabotonar la camisa, se encontró con otra prenda bajo a ella. — ¿Cuántas camisas te pusiste? —Intentó no sonreír llevando ambas manos para retirarle las prendas y dejar a la vista ese precioso vientre un poco abultado— Eres tan hermoso —murmuró ayudándole a Tony a salir de ese reducido sitio y recostarse en la cama—, mi mundo cobra sentido gracias a ti y a esa pequeña vida creciendo en tu vientre. Gateó en la cama para dirigirse al pequeño estómago de su pareja y darle pequeños besos enamorados. —Tú también eres todo para mí —gimoteó Tony acariciando su cabello. —Prometo regresar pronto, ¿estarás bien? Levantó la vista hacia la cara llorosa de su omega, quien asintió con una sonrisa triste. Todo ese asunto de las misiones y su trabajo en Shield le comenzaba a disgustar al ver a su precioso omega embarazado sufrir. Aun así, no podía hacer nada más que intentar dejarle su aroma con la esperanza de que fuera suficiente y pudieran pasar tiempo alejados sin ningún contratiempo. Steve continuó besando esa dulce y suave piel hasta asegurarse que la respiración de su pareja se controlaba. Se sintió aliviado al poner fin al largo episodio de tristeza que atravesó por horas. Se recostó a su lado expulsando su aroma, sabía a la perfección lo que Tony necesitaba, sin embargo, se veía tan cansado que prefirió dejar el asunto para otro día; finalmente, su cuerpo se lo pediría y lo haría de manera automática. Confió en que el instinto de Tony le ayudaría para sobrellevar todo ese tiempo que tendría que pasar a sin él las siguientes semanas.
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