capítulo 9

1176 Words
La noche en la ciudad estaba viva, llena de luces de neón y la vibración ensordecedora de la música que salía del club de Marco. Max y yo cruzamos las puertas y de inmediato mi mirada se dirigió al área VIP. Allí estaba él, mi hermano, tan imponente como siempre, rodeado de hombres tatuados con caras de malandros, mujeres semidesnudas, y botellas de alcohol que pasaban de mano en mano como si fueran trofeos. Marco era dueño de ese mundo, y aquel espacio era su reino. Me dirigí hacia la escalera que conectaba con el segundo piso, segura de que no permitiría que nadie me detuviera. Pero un hombre corpulento y de mirada fría bloqueó mi camino. —No puede subir. Esta zona es solo para VIP —dijo, con tono autoritario. —Dígale a Marco que Cinthia está aquí —contesté firme, sin titubear. —Señorita, no me haga repetir. No puede subir, esta zona es solo para… —intentó advertirme. —Sí, sí, ya entendí —lo interrumpí, con un dejo de impaciencia—. Necesito hablar con Marco. —Muchas mujeres vienen aquí pidiendo lo mismo, algunas más bonitas y mejor operadas. Vuelva a la pista de baile o me veré obligado a sacarla del club —replicó, con desprecio. Max, detrás de mí, temblando como una hoja, alzó la voz: —Oye, respeta. ¿No sabes quién es ella? —No me importa un cuerno —dijo el gorila—. Retírense antes de que pierda mi paciencia. La ira me subió por la espalda como una corriente eléctrica. Max intentó calmarme, colocando su mano en mi hombro: —Nena, mejor vámonos… Estaba a punto de ceder, pero entonces escuché la frase que encendió mi instinto más salvaje: —Estas perras creen que por abrirle las piernas al jefe ya son dueñas de su club. Miré a Max, con una disculpa muda en los ojos, y luego me giré hacia el gorila. Me acerqué a él, con pasos decididos, y lo tomé por sus partes más sensibles, apretando con toda la fuerza de mi indignación. —Creo que te equivocaste de animal, cariño —dije con voz firme—. Yo soy un felino… con uñas muy largas. Clavé mis uñas en su entrepierna. El hombre se retorció del dolor y su compañero intentó acercarse a mí para ayudarlo, pero entonces la voz de Marco resonó desde las escaleras: —¿Qué sucede aquí? Solté al hombre, que cayó de rodillas, y levanté mi rostro con la mejor expresión inocente que pude formar: —Nada… solo que estos tipos no me dejaban pasar. —¿Cinthia? Marco bajó de un salto y, al tenerme frente a él, me miró con detenimiento antes de abrazarme. Pude sentir cómo su corazón latía acelerado contra el mío. —Sí, hermano… tranquilo, estoy aquí —susurré, intentando calmar su tensión. El abrazo se intensificó, y no pude evitar agregar con una sonrisa: —Podrías aflojar un poco… me vas a partir los huesos. Marco relajó su presión ligeramente, pero no me soltó. Nunca había sido hombre de muchas palabras, pero su gesto dejaba claro cuánto me había extrañado. Pronto, dos rostros familiares se acercaron: Estéfano y Gian, mis primos. Me separaron de los brazos de Marco solo para abrazarme también. —Cinthia… —Hola, chicos —dije, sonriendo a los tres. Ellos siempre habían sido inseparables, y no me sorprendió verlos allí. —Suficiente —intervine—. No soy un juguete. Si siguen sacudiéndome así, me van a romper. Estéfano sonrió, mientras Marco y Gian intercambiaron miradas graves. Max, a mis espaldas, rompió el silencio: —Qué bueno que toda la familia se ha reunido… pero ahora me gustaría un trago. Acabo de pasar unos nervios horribles. Mi familia lo miró con recelo. Siempre que Max venía conmigo, generaba cierta desconfianza. Pero Gian, el más amable, se acercó y preguntó: —¿Por qué lo dices, Max? —Creí que esos tipos nos iban a dar una paliza. ¿Cómo puede alguien contratar gente tan grosera? Decirle “perra” a Cinthia y además insinuar que por tener relaciones con Marco se creía dueña del club… ¡Qué horror! Lo miré con súplica silenciosa, pero era inútil. Ya había dicho todo. Marco, Estéfano y Gian miraron al gorila con una intensidad que hasta a mí me dio miedo. —Max, basta —dije—, no fue para tanto… Marco se acercó al tipo que seguía en cuclillas, lo tomó del cuello y preguntó con voz gélida: —¿Te atreviste a insultar a mi hermana? —Lo… lo siento, señor… —balbuceó el hombre, temblando. —Marco, es suficiente. Ya aprendió la lección, ¿verdad? —intervino Gian. Marco aplicó un poco más de fuerza hasta que el hombre asintió con dificultad. Entonces lo soltó y ordenó: —Vete de aquí. No quiero verte por el resto de la noche. El hombre, aún sin poder respirar bien, se levantó y salió corriendo. Lo miré, molesta: —Sí, ya terminaste de demostrar tu hombría… necesito hablar contigo. De hecho, con los tres. —Yo también necesito una explicación, Cinthia —dijo Marco, frunciendo el ceño—. ¿Dónde carajos te metiste estos últimos dos años? Su mirada era intensa, casi oscura. Sabía que no me haría daño, pero estaba claro que estaba enojado. Suspiré, intentando calmar su enojo: —Hermano… vine a eso, pero podemos hablar en un lugar más tranquilo. Marco asintió y, intercambiando miradas con Estéfano y Gian, los cuatro subimos a su oficina. Antes de entrar, escuché a Gian llamar a Max: —Amigo, sube al VIP y pide lo que quieras. En un rato estaremos contigo. Señaló al otro custodio en la escalera y agregó con frialdad: —Que lo atiendan bien. Es invitado de Marco. El hombre solo asintió y rápidamente guió a Max hacia una de las mejores mesas del área VIP. En la oficina, el ambiente cambió. La música quedó amortiguada por las paredes y la tensión del club se quedó atrás. Marco cerró la puerta y nos quedamos solos. La intensidad de esos dos años de ausencia estaba en nuestros ojos. —Cinthia… —dijo Marco, rompiendo el silencio—. Tienes que explicarme todo. —Lo haré, hermano… lo haré —respondí—. Pero primero necesito que confíes en mí. Marco asintió lentamente, y por un instante el tiempo pareció detenerse. Todo lo que había sucedido, los silencios, las mentiras y los secretos, quedaba a punto de salir a la luz. Sabía que este encuentro marcaría un antes y un después. —Tengo muchas cosas que contarte —continué—, pero necesito tu apoyo. Marco me miró, serio, pero con un atisbo de comprensión en su expresión. Aquel gesto bastó para que sintiera que finalmente estaba de vuelta en mi lugar, y aunque sabía que la batalla contra todos los que me habían traicionado apenas comenzaba, algo dentro de mí se calmó. La familia estaba reunida, y eso era lo primero que necesitaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD