capítulo 8

1319 Words
Mientras observaba cómo Max interpretaba cada gesto, cada mueca que Camila había hecho tras mi aparición, no pude contener una carcajada contenida. Su reacción era incluso más deliciosa de lo que había esperado. —En serio, nena, tu sola presencia arruinó su noche —susurró Max con un dejo de diversión—. Después de que te fuiste, Camila empezó a beber como loca, tanto que terminó discutiendo con Adrián y montaron un verdadero espectáculo. Para estas horas, no hay nadie que no sepa lo que sucedió anoche. —Eso era justamente lo que quería —respondí con una sonrisa fría—. Dañarles la noche, mostrarles lo fácil que era manipularlos. Pero… ¿cómo es posible que nada de esto aparezca en redes? —Obvio, su hermano tuvo que gastar mucho dinero para taparlo —dijo Max, y enseguida entendí por qué nadie había filtrado nada de nuestra huida. Vladímir era extremadamente reservado; su vida privada siempre había estado blindada ante los curiosos. Salí de mis pensamientos cuando Max continuó: —Muy bien, ahora es tu turno. Cuéntame eso que dijiste antes… ¿quién te curó las heridas? —Vladímir Salvatore. —No… —Sí. —Estás mintiendo… —No lo hago. Max llevó una mano a su boca para tapar su sorpresa y luego, aún conteniéndose, agregó: —Pero… ¿cómo? ¡Cuéntame, cuéntame! —Anoche, cuando estaba a punto de irme —empecé—, todo después del brindis y lo de esta mañana… Necesitaba un confidente y tú siempre has sido el mejor consejero. —Le conté paso a paso lo ocurrido desde la ceremonia hasta los cuidados que Vladímir me había dado—. Pero… creo que lo voy a dejar hasta ahí. —¿Qué? ¿Por qué? —Porque es obvio, Max. Camila es su hermana. No hay oportunidad. Y, aunque para todos hayan pasado dos años, para mí Adrián seguía siendo el hombre que ocupaba todos mis pensamientos hasta hace unos días. No digo que no lo odie… pero todavía es muy reciente. Lo mejor ahora es concentrarme en mi carrera y mantener a los hombres fuera de mi camino por un tiempo. —¿Y la venganza que mencionaste? ¿Ya desististe? —Por supuesto que no —respondí, con un brillo en los ojos—. ¿No has oído que la venganza es un plato que se sirve frío? —Max sonrió ante mi declaración—. Anoche solo fue el comienzo. Ya obtuve los resultados que quería: Camila es paranoica por naturaleza y hará todo el trabajo sucio por mí. —No creo que sea tan fácil, nena —dijo—. Esos dos son inseparables. Ella dejó su carrera de lado para ser la manager de él. Tengo muy buena fuente: incluso le paga las clases de actuación, todo para que su carrera avance. —Sí, lo tiene completamente comiendo de su mano —acepté—. Aun así, Camila es obsesiva y controladora. En cuanto Adrián tenga libertad, la dejará. De eso estoy segura. —Puedo hacerte una pregunta sin que te ofendas? —preguntó Max. Asentí—. ¿Qué fue lo que Adrián sacó de ti? Digo, afirmas que él solo usa a las mujeres para conveniencia… —He pensado mucho en eso estos meses. Creo que fui el medio para que él lograra sus objetivos —dije con calma—. Camila tenía dinero y contactos, pero yo tenía conexiones y experiencia. En París fui una de las diseñadoras revelación hace cinco años. Tal vez eso lo motivó a acercarse. Siempre tuvo un objetivo: llegar a la cima. Nunca eligió a ninguna de las dos realmente. Nos utilizó a ambas, pero a diferencia de Camila, yo no sabía lo que ocurría a nuestras espaldas. Ella planeó todo para herirme, porque, según ella, siempre envidié y robé lo que le pertenecía. —Hombres crueles, sin escrúpulos —comentó Max—. Pero por lo que dices, Adrián es lo más bajo que se pueda imaginar. —Ya no importa —respondí, con determinación—. Ahora los veo tal como son. Y he vuelto para demostrarles a ambos que jamás debieron jugar conmigo. —¿Entonces, cuál es tu plan? —Primero, necesito ir a ver a mi hermano. —Espera, ¿irás a ver a Marco? —Sí… tarde o temprano sabrá que estoy viva. Prefiero que sea por mí. —¿Y tu padre sabe que planeas ir? —No, no tiene por qué. —Iré contigo. —No, Max. Prefiero ir sola. —Ni de chiste. Esa gente es peligrosa, Cinthia. —Pero su líder es mi hermano. Estoy segura de que nada me pasará. —Entonces te acompañaré, y punto. Lo miré con una sonrisa. Sabía que, aunque le asustaba tanto como a mí la idea de entrar en los clubes de Marco, no me dejaría ir sola. Cuando tenía dieciocho años conocí a Marco, mi medio hermano. Era el hijo mayor de mi padre y el primer nieto varón de la familia. Nuestra familia era italiana y poderosa; aunque me costara asumirlo, mi padre había formado parte de una organización de mafia. La tradición familiar dictaba que el primer hijo varón sería el sucesor de la familia. Mi padre, como cuarto hijo, se liberó de esa carga, pero Marco no. Ninguno de los hermanos de mi abuelo había tenido descendencia masculina antes de él, así que mi abuelo decidió criarlo él mismo. La madre de Marco, Mariza, intentando protegerlo, huyó con él siendo un bebé, poniendo un precio a su cabeza y marcando su destino de blanco y vulnerabilidad. La historia no terminó bien para Mariza. Mi padre, incapaz de soportar la pérdida de la mujer que amaba, dejó atrás a su familia y a su hijo. Luego conoció a mi madre, y todo el resto es historia. Lo que mi padre desconoce es que yo sé todo sobre su pasado. Cuando cumplí dieciocho, Marco me buscó. Quería establecer un vínculo conmigo. Aunque su mundo y todo lo que representaba me daba miedo, era mi hermano y no podía darle la espalda como lo hizo nuestro padre. —Max —dije mientras salíamos de mi apartamento—, esto no será fácil. Mi hermano no es solo Marco el familiar; es Marco el líder. —Lo sé, pero no te dejaré sola —contestó Max con firmeza. El camino hacia su club fue silencioso. Cada calle, cada esquina, me recordaba los secretos de la familia y las sombras de un pasado que muchos preferían olvidar. Sin embargo, el corazón me latía con fuerza. No por miedo, sino por anticipación. Cada paso era un movimiento hacia mi verdadera vida, la que había perdido y ahora estaba decidida a recuperar. —¿Recuerdas la última vez que entré aquí? —le pregunté a Max mientras nos acercábamos a la entrada—. Tenía dieciocho años y apenas entendía lo que significaba estar en este mundo. —Y ahora, a tus veintitrés, vienes con todos los ases bajo la manga —dijo, esbozando una sonrisa cómplice. Asentí. Tenía todo planeado. La venganza, el reencuentro, la reconstrucción de mi vida… y, sobre todo, no volvería a ser la víctima de nadie. Mientras Max tocaba la puerta del club, sentí un escalofrío recorriéndome la espalda. Marco abriría y nos recibiría. No habría vuelta atrás. Este sería el primer paso para reclamar mi vida, mi posición, y demostrar que Cinthia Mussicardi no es un nombre que se olvida tan fácilmente. —¿Lista? —susurró Max. —Más que lista —respondí, tomando aire—. Es hora de que vean que la niña desaparecida está más viva y más fuerte que nunca. Y con esas palabras, empujamos la puerta y nos adentramos en el mundo de mi hermano, donde el peligro y la familia se entrelazan, y donde cada decisión puede cambiarlo todo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD