capítulo 7

918 Words
Luego de que Vladímir ingresara, lo conduje hasta la sala y, con una sonrisa diplomática, comenté: —Como verá, no esperaba visitas a esta hora de la mañana. Iré a cambiarme y enseguida estaré con usted. —Por mí no se preocupe… Creo que puedo decir que ya la vi con menos de lo que trae puesto. Su descaro me arrancó una sonrisa inevitable y respondí en el mismo tono: —Pero ahora no es justo que solo uno de los dos esté casi desnudo, mientras el otro se ve impecable. Vi cómo una media sonrisa curvaba sus labios, y caminé hacia las escaleras con calma. Tenía claro que se sentía atraído hacia mí, aunque no podía dejar de pensar que competir con Camila por su atención no sería fácil. Al cabo de unos minutos bajé con el cabello recogido y un vestido floreado, algo holgado. Necesitaba renovar mi guardarropa; la mayoría de mis prendas me quedaban grandes tras tanto tiempo en cama. —Disculpe la demora. Vladímir dejó su celular sobre la mesa, me recorrió con la mirada y, al detenerse en mi cuello, su expresión cambió de inmediato. Sin previo aviso se levantó, apartó mi cabello y, con una seriedad inesperada, murmuró: —Lamento lo que mi hermana le hizo. —Tomó la bolsa que había traído consigo, me miró fijamente y añadió—: Tome asiento, voy a curar sus heridas. —No es necesario, no fue para tanto… —Por favor, insisto. Su tono no admitía discusión. Sonreí levemente, aceptando su autoridad, y me senté en el sillón. Él se acercó, desplegando un cuidado sorprendente para alguien con fama de ser tan frío. Lo observé en silencio. Vladímir era intimidante, pero también podía ser un descarado encantador cuando se lo proponía. Tal como Camila lo había descrito durante años: guapo, magnético, masculino, inteligente, dominante. Era como si ya lo conociera de memoria… y, sin embargo, debía ser cautelosa. Vladímir desconfiaba de todos desde la muerte de sus padres; había aprendido a leer hasta las sombras. Al terminar, me sostuvo la mirada y dijo: —Ya puede dejar de observarme, ya terminé. Esta pomada es cicatrizante, evitará que le queden marcas. —Las cicatrices no me preocupan —contesté sin dudar—. El accidente dejó muchas en mi cuerpo. —Sentí el peso de su mirada y añadí—: Pero cada una es un recordatorio. —¿De qué? —preguntó con interés genuino. —De que esta es mi segunda oportunidad. Cuando desperté en ese hospital, conectada a esas máquinas, experimenté el mayor miedo de mi vida. El médico me explicó que había estado en coma casi dos años y que habían perdido la esperanza de que despertara. Desde entonces, cada día es un recordatorio de que sigo aquí… y de que esas cicatrices me hicieron más fuerte. El silencio se extendió unos segundos antes de que él cambiara de tema: —¿Qué planea hacer de ahora en adelante? —Retomar lo que dejé. Soy diseñadora… y no es por presumir, pero al graduarme, las mejores marcas me ofrecieron trabajo. —Eso no sonó para nada presumido. Reímos los dos y agregué: —No te rías, me esforcé mucho para que eso sucediera. —¿Y qué pasó? ¿Ninguna cumplió tus expectativas? —Quería mi propia marca. Trabajar para otros nunca me bastó. Estaba convencida de que mis diseños podían llegar lejos y rechacé esas propuestas. —Ahora entiendo por qué eran tan amigas. Camila quería lo mismo. —De hecho íbamos a montar la empresa juntas, pero eso ya no será posible. —Lo miré directo a los ojos—. ¿Por qué dices “quería”? ¿Ya no le interesa? —Hace mucho no lo menciona. —Entonces mejor así. No quiero volver a cruzarme con ella. Es una lástima que tú seas su hermano. —¿Por qué lo dice? —Usted lo sabe. Gracias por la medicina, pero debo ocuparme de otras cosas. Él entendió la indirecta y, con una sonrisa ladina, respondió: —Muy bien, me retiro. Espero que en nuestro próximo encuentro podamos beber vino. —Primero escucharé la otra versión de la historia. Si después de eso aún quiere compartir una copa, con gusto la aceptaré. No añadió nada más. Tras acompañarlo a la puerta, lo vi marcharse y quedé pensativa. Además de mi venganza contra Camila y Adrián, no había trazado un plan claro para mi vida. Mi padre había perdido todo, yo estaba en la ruina y debía reconstruirme. La venganza podía esperar; sería más placentera si la servía lentamente. Por la tarde conduje hasta el salón de Max para devolverle su auto. Apenas llegué, me arrastró entusiasmado hasta su oficina. —No sabes el chisme que te tengo… espera, ¿qué te pasó ahí? —preguntó, acercándose a examinar mi cuello. —Basta, no es nada… —¿Nada? Nena, pareces atacada por Wolverine. No quería mentirle, pero si quería sostener mi versión, debía repetirla. —Camila vino esta mañana a buscar a Adrián. Estaba borracha, y como no lo encontró, me atacó. —Maldita bruja… Mira cómo te dejó. —Sí, luce horrible, lo admito, pero no duele tanto. Y menos después de los cuidados que recibí. —¿Cómo que cuidados? ¿A qué te refieres? —Primero cuéntame tú, y luego te explico. Max me miró con suspicacia, pero aun así empezó a narrar lo ocurrido después de que me fui de la fiesta…
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