La mañana llegó, y con ella las malas noticias esperaban para ingresar por mi puerta. No pasaban de las diez de la mañana, cuando Camila llegó y golpeó la puerta de la entrada de mi casa. Su estado era desalineado, parecía que había estado bebiendo e incluso no se había cambiado, aún llevaba la ropa de la noche anterior.
Aun sin poder procesar su repentina visita, me hizo a un lado e ingresó a mi hogar. El olor a alcohol emanaba de ella y, buscando algo con su mirada, dijo:
— ¿Estás sola?
La miré con fastidio y, cerrando la puerta, caminé hacia la sala y dije:
— ¿Qué haces aquí, Camila?
— Vine a visitar a una vieja amiga. ¿O es que acaso no puedo?
— Estás borracha, es mejor que te marches...
Veo cómo sonríe algo desquiciada y agrega:
— No... anoche yo no te eché de mi fiesta, creo que me gané el derecho de que me dieras una explicación.
— No importa lo que te diga, de igual manera no recordarás nada. Tú no sabes beber…
— Basta... no hagas eso. No finjas que me conoces. Tú no sabes de qué soy capaz de hacer.
— Tienes toda la razón, yo creí conocerte, pero la mujer que fue capaz de traicionarme como tú lo hiciste, esa mujer yo no conozco.
Veo cómo sigue buscando algo con su mirada y es ahí donde digo:
— ¿Qué es lo que buscas?
— A Adrián, sé que él está aquí...
Sonrió por lo que acaba de decir y con sarcasmo contestó:
— Vaya, ya se te voló y aún no están casados. Imagínate qué sucederá cuando ya no te necesite...
— Cállate perra... tú no sabes de lo que hablas.
– Ay, amiga, estás muy equivocada, porque sé lo que te digo. Es que siento pena por ti. Adrián no está aquí, pero hay algo que espero que recuerdes: cuando yo fui la novia oficial, tú fuiste su amante. Ahora tú eres la novia oficial, ¿pero estás segura de que el puesto de amante sigue vacío?
Al oír mis palabras su rostro cambió y, sin pensarlo, levantó su mano y me abofeteó.
— Cállate, Adrián está conmigo porque me ama a mí. Él solo te tenía lástima. Tú nunca fuiste lo suficientemente mujer para un hombre como él.
Siento mi cara arder, pero aun así sonrío y, levantando mi rostro para mirarla de frente, digo:
— Si eso es lo que tú te dices para justificar tu traición, está bien. Solo espero que puedas manejar la decepción. Hombres como él no se conforman con una sola mujer.
— Tú no sabes de lo que hablas. Él fue mío primero, pero tú te tuviste que meter entre nosotros.
– ¿Eso fue lo que él te dijo?
— Eso fue lo que pasó. Adrián y yo estuvimos juntos en la noche de graduación, luego lo volví a ver en Milán y tú te le abalanzaste...
— ¿Dices que porque tú tuviste algo de una noche con él, eso te dio el derecho de reclamarlo como tuyo? ¿Te das cuenta lo que dices? ¿Por qué no me lo dijiste antes? Si yo hubiera sabido eso yo no me hubiera interpuesto entre ustedes dos.
— Eso es mentira, tú siempre envidiaste todo lo mío. Mis amigos, mis novios, mi ropa, todo lo que yo tenía tú siempre me lo quitabas...
— ¿De qué estás hablando?
— La verdad. Desde que te conocí tú siempre me quitaste todo. Y ahora que por fin decidí no dejarme de ti, ¿la mala de la película soy yo? Pues no... ya no más, yo no te voy a dejar a Adrián...
Veo el odio y el resentimiento que hay en su mirada y es ahí donde entiendo que todo lo que hizo fue premeditado. Ella buscó herirme, buscó traicionarme. Esto no fue algo de solo un desliz, fue algo intencional y es por eso que ahora que sé esto ya no voy a sentir culpa. Anoche, cuando llegué, me puse a pensar en todo lo que estaba por hacer y, por un instante, sentí pena de ella, creí que tal vez también había sido víctima de Adrián, pero al ver que todo esto también fue su culpa dije:
— ¿Eso es lo que crees? ¿Qué vine a recuperarlo? Cariño, no tienes de qué preocuparte, yo no vine por él, vine por ti. — Me acerqué más a ella y mirándola de frente agregué — Nunca tuve envidia de lo que tú tenías, es más, te tenía lástima. Eras una niña rica que lo tenía todo, pero siempre te faltó personalidad. Tus amigos te creían patética, siempre llamando a tu hermano para que resolviera tus problemas, tus exnovios te dejaban porque eras una niña boba y ellos buscaban a una mujer.
Me hice tu amiga porque me diste lástima. Cuando tus padres murieron tú te veías tan triste y solitaria que creí estar haciendo un acto de caridad al evitar que un día, no sé, te quitaras la vida... Siempre fuiste inferior a mí, tú lo tenías todo y aun así siempre deseaste lo que yo tenía. — Vi cómo volvió a levantar su mano, pero esta vez se la sujeté— ¿Qué sucede contigo? ¿Acaso no sabes defenderte sin usar la fuerza?
— Tú, maldita, te odio... Quiero que desaparezcas... Que te vuelvas a morir.
— ¿Y dejarte tu vida en paz? — Sonreí al ver su mirada de miedo y negando con la cabeza dije— Nunca, voy a convertirme en la piedra de tu zapato. Volví de la muerte solamente para cobrarme todo lo que ustedes dos me hicieron y créeme, ninguno de los dos va a ser feliz. Juro por Dios que ni tú ni Adrián serán felices. – Intentó liberarse de mí, la agarré, pero de un rápido movimiento presioné su cuello y en unos pocos segundos quedó inconsciente en mis brazos. — Ay, Camila, qué fácil me lo estás poniendo...
La arrastré por la sala y acostándola en el sillón tomé su bolso y, buscando su celular, vi que tenía varias llamadas perdidas de Vladímir. Sonreí al ver eso y marqué su número. Luego del segundo tono, la voz gruesa de Vladímir contestó, algo preocupado, diciendo:
— ¿Camila, dónde estás? Te estuve llamando toda la mañana y...
— No soy Camila... — Un silencio se escuchó del otro lado, pero pronto preguntó:
— ¿Cinthia? ¿Por qué tienes el teléfono de mi hermana?
— ¿Por qué crees? Vino a buscarme a mi casa y luego de golpearme se quedó dormida en mi sala. Ven por ella, te envío la dirección...
Sin dejar que dijera más, colgué la llamada y fui a prepararme para dar mi mejor actuación. Subí a mi habitación y me miré al espejo, al ver que no tenía nada donde la perra me había golpeado, miré mis uñas y sin pensarlo mucho las clavé en mi cuello y en mi antebrazo. Debía mostrarme como la víctima en toda esta situación, así que esto era necesario.
Luego tomé de mi placard un pijama un poco más revelador. Este era de tres piezas: musculosa de bretel, short y bata, con puntilla en la zona del escote. Desordené un poco mi cabello y bajé a esperar a Vladímir. No pasó mucho cuando el timbre sonó y me dirigí a abrir la puerta.
En la entrada se encontraba Vladímir con un hermoso traje gris, su aspecto era pulcro y muy bien alineado. Sin detenerme mucho en la entrada porque él no venía solo dije:
— Por favor, pasa... ella está en la sala.
Vi cómo me miró por un instante, pero al mencionar a Camila se dirigió hacia ella y al verla inconsciente dijo:
— ¿Qué pasó?
— No lo sé, llegó buscando a Adrián y como no lo encontró y no le dije tampoco dónde estaba, enfureció y me atacó. Parece que estuvo bebiendo toda la noche, porque como puedes notarlo trae puesto el mismo vestido de ayer.
Al decir que me había atacado intenté cubrir con mi bata mi cuello y bajé la manga de mi antebrazo. Vladímir lo notó y, acercándose a mí, me examinó y frunciendo su rostro dijo:
— ¿Fue ella?
Fruncí el mío también y mirándolo a los ojos dije:
— No... fui yo. — Vi que se arrepintió de haber preguntado eso al ver mi hostilidad y agregué — Por supuesto que fue ella. Llegó aquí golpeando mi puerta, buscando a su prometido creyendo que él estaría aquí. Y antes de que preguntes... No, él no vino. Y aunque lo haga yo no le abriría, tengo dignidad, ¿sabes?
Ahora, señor Salvatore, le voy a pedir que tome a su hermana y se marche de aquí. Si algo como esto vuelve a suceder, tomaré acciones legales.
Me alejé de él y, cruzando mis brazos, me quedé en silencio esperando a que se marchara. Debía actuar a la defensiva si quería que me creyera.
Lo vi dudar un instante, pero aun así contestó:
— No se preocupe, señorita Mussicardi, me aseguraré de que esto no vuelva a suceder.
Sin más, volteó y volvió junto a Camila para tomarla en sus brazos. Me acerqué a él para darle su bolso y su celular y lo guié hacia la puerta. En cuanto estuvo afuera volteó a mirarme y agregó:
— Lamento lo que...
— Usted no es quien se tiene que disculpar.
Sin más, cerré la puerta en su cara y me quedé allí esperando a que se marchara. Me estaba jugando el todo por el todo, pero debía actuar así si quería que él me viera como la víctima en toda esta situación.
Subí a mi cuarto y buscando algo de alcohol y algodón volví a escuchar el timbre. No esperaba a nadie, así que bajé y al ver por la mirilla vi a Vladímir parado frente a mi puerta nuevamente. Esperé unos segundos y abrí.
– ¿Se olvidó algo, señor Salvatore?
Me miró en silencio y al ver que en mi mano tenía un trozo de algodón y la botella de alcohol dijo:
— Eso hará que le arda. Traje una pomada y desinfectante para sus heridas. – Extendió su mano y entregándome la bolsa agregó – ¿Puedo pasar?
Lo miré sorprendida, porque no esperé que él hiciera algo como eso y luego de pensarlo un instante asentí y me hice a un lado. No sabía qué estaba planeando con esto, pero iba a averiguarlo...