CAPÍTULO 3

1273 Words
Llegamos a casa en tiempo récord y luego de limpiar a Greta y tratar que se sienta mejor, se queda dormida. La dejo dormir un poco mentira, me pongo a ordenar el pequeño departamento. El mismo es de un solo espacio, con ventanas medianas que dejan entran la luz. Mientras ordeno pienso en mi pequeña que, durante el camino, lloro y por un momento quise unirme a ella en ese llanto, pero por una razón diferente. Odio el hecho que Constantine me haya visto. Lo peor. Que haya visto a Greta. Lo sabe, sus últimas palabras me lo dejaron claro y la ira en sus ojos no me pasó desapercibida. Estoy recogiendo el desorden de la sala cuando llaman a mi puerta. Ahogo un grito al tiempo que pego un salto y los juguetes de Greta caen en el piso nuevamente. —No es posible —susurro. Camino despacio y respiro profundo antes de abrir la puerta. —¡Hola! — respiro aliviada al ver a mi vecino de enfrente Albert. —Hola, Albert —sonrío. —Hoy hice pizzas y me preguntaba si tú y Greta quieren unirse a mí para la cena. Albert es un hombre guapo y sexi. Es bombero y está loca por Greta, además de que en más de una ocasión me ha invitado a salir. Pero no creo que sea conveniente liarme con un vecino. —La verdad es que Greta está dormida —digo haciéndome a un lado, invitándolo a pasar. —Entonces puedo traerlas y cenamos los dos —me sonríe —Solos. Evito resoplar. —La verdad, es que ya tengo la cena en el horno y ahora mismo estoy organizando —señalo alrededor. Él, mira el salón y aprovecho para estudiarlo. Albert es un hombre alto, bien parecido, sus ojos verdes musgo siempre están risueños y más de una mujer en el edificio le tiene el ojo puesto al sexi bombero. Pero no siento más que cariño fraternal por él. Una parte de mí quisiera darse una oportunidad con alguien. Pero, sé que es difícil con la vida complicada que llevo. —Bien— hace un gesto de derrota —Pero, recuerda que esta semana es la vendimia de la señora Stella. —Ahí estaremos— le digo con una sonrisa de circunstancia. La mujer está recaudando fondos para el albergue de animales y es una buena causa que apoyar. —Estaré en el puesto de algodón de azúcar. Asiente. —Entonces no te quito más el tiempo —se acerca y deja un beso en mi mejilla —Nos vemos. Cuando cierra detrás de sí, me dejo caer en el sofá y resoplo. De inmediato mis pensamientos caen en Con. Si tan solo pudiera desaparecer. Eso sería lo mejor. Pero, ahora tengo a Greta y no es justo para ella que la lleve de un lugar a otro por mis temores. ????? El lunes por la mañana conduzco hasta el colegio con una Greta feliz. Miro a través de mi espejo retrovisor y la encuentro cantando en voz baja. Ha dejado atrás el incidente de la fiesta. Bueno, al menos una de las dos está bien. Estaciono mi coche, bajo y camino hasta la puerta trasera para abrirla mientras Greta se desase de su cinturón. —Tu abrigo, cariño —digo tomándolo y poniéndoselos. —Mami. ¿Puedo tener pastel de chocolate? — dice mordiéndose los labios. Sonrío. —Si te comes el almuerzo, por supuesto que te doy pastel de chocolate— digo acariciando su coleta oscura, llena de ligeros rizos. Tomo su bolso y avanzamos por el camino de la mano. Ya muchos niños están llegando, así que puedo ver una hilera de coches. Estoy a mitad de camino cuando lo veo. Está apoyado en uno de los coches, viste un impoluto traje gris y parece como si nada le perturbara mientras clava la mirada en nosotras. Greta, inconsciente de lo que está pasando, habla de su último antojo de chocolate. Con, desvía su mirada en ella y la observa. —¿Verdad que sí, mami? Salgo de mi letargo y miro también a mi hija pasando frente a él como si fuera un desconocido. —Dime, cielo —digo. —Que, quiero una ración doble— dice con una risita. —¿Dos? — abro los ojos —No tendrás tanta suerte —me rio y ella hace un mohín. Cuando entramos al colegio la dejo en la entrada. Me pongo en cuclillas y acomodo la cinta en su cabello. —Has caso a tu profesora y diviértete —digo ajustando su abrigo. Ella me da un abrazo rápido y deja un beso en mi mejilla. —Sabes que te amo, cierto —susurro y ella asiente con una bonita sonrisa. La veo alejarse y me pongo de pie. —Creo que tenemos que hablar de algo importante —escucho detrás de mí. Me doy la vuelta y lo enfrento. —¿Qué haces aquí? — siseo. —Traje a Alida esta mañana —dice en tono serio —Dime Evelyn, ¿Cómo has podido ocultarme esto? Lo miro y sonrió sin humor —No sé de qué hablas. Greta no es tuya. Paso por su lado, pero este me toma del brazo. —Si. Solo hay que verla, para saber que es una Katsaro—. Me atraviesa con la mirada —Por cierto, lindo nombre. —Jódete, Con. Mi hija no tiene nada que ver contigo y no lo tendrá. —¿Quieres apostar? —replica. —No se te ocurra intentar hacer algo estúpido porque no respondo —digo entre dientes —Por Greta soy capaz de lo que sea. —Me la has ocultado por años —sisea. Miro alrededor para darme cuenta de que más de una persona nos mira con interés. —Tú me ocultaste que estabas casado. Maldito hipócrita—. Me deshago de su agarre de un tirón. —Aléjate de nosotras Con, no te necesitamos. Continúa con tu vida y tu perfecto matrimonio. Tuerce el gesto. —Esta vez no te vas a deshacer de mi tan fácil, Eve. Con eso se aleja a paso ligero y sube al coche donde estaba recostado. Me quedo de pie sin poder mover las piernas y la ira creciendo en mí. Maldito seas Constantine. Cuando al fin puedo moverme, camino de regreso a mi auto. Mis manos tiemblan y tengo que respirar varias veces para poder encenderlo. Había intentado darle una vida tranquila y sin sobresaltos a mi hija. Pero, está visto que eso ha terminado. Con, ha aparecido para hacerme la vida más difícil. De verdad cree que le dejaré acerarse a mi hija. Conduzco sintiéndome en un limbo de emociones y cuando llego a mi trabajo, me encierro en la oficina y hago lo que sé qué debo hacer. Tomo el teléfono y me comunico con Taylor, el hombre era amigo de mi tía. Él podrá ayudarme y orientarme. Sin embargo, no obtengo respuesta. ¡Maldición! Hablo en serio cuando digo que no voy a dejar que Constantine se acerque a nosotras. No es bueno para Greta. ¡Joder! No es bueno para mí. Como es posible que pueda tener tanto resentimiento a una persona que ame con todo lo que soy. Las cosas con Constantine nunca han sido a medias. Mi puerta se abre y una de mis compañeras de trabajo asoma su cabeza. —El señor Foster quiere verte. —Enseguida estoy con él— replico y esta se va. Perfecto. Debo lidiar con el idiota de mi jefe. —Bonito inicio de semana— murmuro poniéndome de pie.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD