Andrew
Dejé la copa sobre la mesa, mientras leí la nota amarillista del periódico. No es difícil adivinar cuales serán las reacciones de mi familia, en especial de mi padre.
Una vez más, me tildan como el heredero de la fortuna Thompson que no lo merece, por llevar una vida desordenada, por ser mujeriego y por no creer en el amor… que más se puede esperar de un par de oportunistas que lo único que quieren es conseguir parte de mi dinero.
—Señor Thompson, el señor Matt lo está esperando —dice mi secretaria. Subí la mirada completamente estresado.
—¿Por qué no tocó? Creo que no hace falta recordarle que debe tocar la puerta antes de entrar. —Ella palidece.
—Lo siento señor Thompson, toque la puerta un par de veces, pero usted no respondió.
—¿No cree que no respondí porque no me interesaba hablar con nadie?
—Lo siento, le aseguro que no volverá a suceder.
—Dígale a Matt que siga, espero que esta vez no interrumpa —ella asiente y sale.
Cierro los ojos al escuchar en repetidas ocasiones mi teléfono, estoy harto de que crean que pueden metersen en mi vida.
—Me imagino que ya miraste la nota.
—Dime algo Matt ¿te pago para que vengas a tomarte el whisky en mi oficina o para que elimines cualquier noticia de este tipo? —Matt comienza a reír ignorando por completo lo que le estoy diciendo.
—La verdad un poco de ambas, pero no deberías preocuparte esta vez.
—Yo se, pero estoy cansado de esto y sé que mi papá empezará con su pendejada de que sí o sí debo casarme, ya me lo advirtió. Me dio tiempo para poderlo hacer y la verdad estoy agotado mentalmente tratando de buscar a la mujer indicada para casarme… no quiero que después mi papá cumpla con sus estúpidas amenazas de que me dejará en la vicepresidencia y pondrá como presidente a cualquier petardo que encuentre por ahí.
—¿Por qué no te casas con una de las tantas modelos con las que te acuestas? estoy seguro que ellas quedarían encantadas por casarse contigo.
—Porque eso es lo que no quiero. Todas esas mujeres lo único que desean es es mi dinero y que me enamore perdidamente de ellas, pero no quiero eso. No quiero dañar mi libertad y que me prohíban estar con una u otra las veces que quiera. Tampoco me interesa que me quiten mi dinero… las mujeres son unas arpías cuando hay dinero de por medio, son muy pocas las que en verdad valoran.
—Si es lo que piensas te tocará quedarte en la vicepresidencia, tal vez yo tenga un poco de suerte y sea tu jefe a partir de ahora —Matt dice en medio de burlas.
—No pienso quedarme esperando que eso suceda, ¿te comenté lo del viejo Thomas, el que trabajaba para mi papá?
—Sí, ese hombre es un poco raro. Espera, ¿dijiste trabajaba?
—Así es, lo despedí. —Matt abre sus ojos y llena un poco más la copa que tiene entre sus manos.
—Tu papá te va a ma.tar. Ese hombre por una razón que desconozco es intocable en esta empresa.
—Lo sé, es intocable por mi padre, no sé la razón, pero no me gusta para nada eso. No obstante, pienso contratarlo de nuevo, estoy esperando que su hija acepte casarse conmigo y cuando eso suceda ese hombre podrá tener de nuevo su puesto. Aunque me deba esta vida y la otra, porque puede ser intocable por mi papá, pero a la empresa la ha sacado dinero para sus malditas cosas y no se ha atrevido a devolvernos nada, ni compensarlo con su trabajo.
—¿Andrew la estás chantajeando?
—No, yo no le llamaría chantaje, yo le llamaría amenaza… la estoy obligando. Pero no veo otra solución, ella no está enamorada de mí y me odia. Aceptará y no tendremos ningún compromiso amoroso de por medio, solo será algo estrictamente laboral. Le devolveré el trabajo al viejo y le perdonaré la deuda. Pero lo más importante, cuando se acabe nuestro matrimonio, esa mujer no verá ni un solo centavo de mi fortuna.
—Wow, pareces la madre Teresa por tanta solidaridad.
—No te burles, no me importa tener que obligarla. Como bien te dije, ella me odia y nunca se va a interesar en mí y la verdad a mí no me parece una mujer apta para ni siquiera pasar una noche, con eso al no haber nada emocional en el medio todo es más fácil.
—En todos estos años que te conozco, nunca te había visto así.
—Nunca mi papá me había puesto entre la espada y la pared, ni siquiera recuerda que mi abuelo fue el que dejó las cosas.
—Bueno, espero que tengas suerte, no siempre conseguimos lo que queremos.
—Te equivocas en algo, yo siempre consigo lo que quiero.
—¿Y cómo estás tan seguro que esa mujer va a aceptar?
Me recosté en la silla, tenía la seguridad de que ella iba a aceptar. Una mujer como ella que no tenía en donde caerse mue.rta, no iba a desaprovechar tan fácilmente una oportunidad así.
La puerta de mi oficina se vuelve a abrir, mi secretaria tiene su rostro rojo esta vez, puedo notar que está disgustada, sonrió de lado no es difícil imaginarse porque.
—Señor, lamento mucho tener que interrumpirlo para una mujer que necesita hablar con usted y no se va a ir hasta que la atienda.
—Puede decirle que en estos momentos no la puedo atender, que programe una cita y veré si la siguiente semana tengo un hueco en la agenda disponible —terminé de decir, y no pasó ni un minuto cuando ella entró totalmente agitada lanzando la puerta a un lado.
—No voy a esperar una semana para que se digne a atenderme. Usted me va a escuchar aquí y ahora.