Capítulo 1
A veces, la clave para nuestra felicidad se podría encontrar en la satisfacción de los deseos de otros...
— Esto es para que aprendas a conocer tu lugar. La próxima vez piénsalo dos veces antes de meterte con los novios de otras personas.
...O quizá en la satisfacción de sus pesadillas.
El sonido de una bofetada estruendosa abre el telón. Los asistentes a la celebración jadearon de sorpresa, la declaración de aquella mujer hacia la acusada era algo inaudito, pero Verónica ignora las miradas que le perforan el pecho y la espalda como cuchillas recién afiladas, se reincorpora sobre sus pies.
Sin embargo, incluso antes de que pudiera hacer nada, una fría bebida de sabrá Dios qué cosa empieza a escurrirse desde su cuero cabelludo, bajando hacia su frente y rostro, finalizando con las gotas cayendo sobre el suelo y haciendo un desastre.
Verónica mira a su rival y frunce el entrecejo.
Esa perra le había derramado la bebida encima.
— ¿Qué es lo que tratas de hacer poniendo una expresión como esa? ¿Matarme de miedo? — Se burla su agresora con aires de soberbia.
La escena en sí es bastante dramática, aquella mujer que le derramó la bebida encima se aferra como un gancho al brazo de su ''novio'' como si eso le diera las fuerzas necesarias para continuar con su maltrato que nadie estaba dispuesto a detener.
Verónica abre la boca por un momento:
— ¿Por qué no dejas de actuar como una niña inmadura y le preguntas a él directamente qué somos? Todas las noches en que tú creías que él se iba al trabajo porque surgió una emergencia... Bueno déjame decirte que la única que trabajó fue mi cama toda la noche tratando de soportar las sacudidas.
¿Para qué ceder ante las provocaciones y devolverle la bofetada cuando existe una manera más divertida de enfadar a la gente?
Verónica siente el nerviosismo del que era su pareja, pero que en ese momento abrazaba dulcemente a una mujer que definitivamente NO es ella. Sus pasos pesados avanzan agresivamente hacia él.
— ¡Serás cabrón! — Gritó, en su intento por conservar la calma. Pero lagrimas corren por sus mejillas. — ¡Dijiste que la habías dejado por mí y que no había nadie más en tu corazón que yo! ¡¿Entonces qué diablos significa esto?!
La mirada que Gabriel le da está llena de desprecio, la aparta de un manotazo en cuestión de segundos y, en un movimiento decisivo, rodea la cintura de su novia y la resguarda contra su pecho.
— Así es como son las cosas, te dije cientos de veces que me dejaras en paz pero la obsesión que sientes hacia mí es enfermiza, ¿Mandarme mensajes comprometedores en la madrugada? ¡Estás loca! — Hace una mueca de disgusto bastante clara. — Yo ya te lo dije: Irene es mi único y verdadero amor... En cambio tú... Tú solo eres una-
''Bájale dos a lo que vas a decir, cabrón.'' Verónica le clavó una mirada firme.
— Como sea...
Verónica lo presiente incluso antes de que suceda, todos los presentes habían podido escuchar el sonido de su corazón rompiéndose en pedazos.
El chico sonriendo como si estuviera realmente enamorado se pone de rodillas bajo la mirada expectante de una multitud curiosa, la hermosa dama fingiendo sorpresa al borde de las lágrimas que brotan cuando ve el anillo de compromiso. Y, como si quisiese afirmar o declarar algo a todos los espectadores, Gabriel toma a su novia de la cintura y la besa de manera posesiva, su mano la envuelve como una serpiente apretando a la presa que está a punto de asesinar, pero a ella realmente parece no molestarle y le corresponde.
De esa forma es que se ve un amor correspondido, y Verónica se siente humillada, ser tratada como una loca obsesiva por el hombre que se suponía la amaba.
Verónica carraspea la garganta cuando aquel dúo pasó olímpicamente de su presencia y parecía estar a punto de coger en medio del salón de fiestas. Gabriel reacciona al sonido de su tacón de aguja chocando impacientemente contra el piso y finalmente dejan de compartirse fluidos y microbios junto con su ahora prometida.
— Vete, Mariam. Ya te has humillado bastante al entrar a una fiesta a la que no fuiste invitada siquiera. — Las palabras de Gabriel son mecánicas y torpes, como si un robot que apenas aprende a hablar español las hubiera soltado. — No puedes obstruir el cauce de un río cuando sabes que ganará y continuará su camino. De nada sirve retener algo que al final terminará por escapar. No puedes atrapar el viento dentro de un-
— Pfff.
Verónica aclaró su garganta bajo la mirada amenazadora de Gabriel, miró hacia otro lado por un momento tratando de mantener la compostura.
— Espero que puedas ser feliz sabiendo la clase de basura que eres. Y deseo que algún día el peso de tus acciones no te haga pagar las consecuencias.
...
— ¡¿Qué fue lo que dijo esa perra-?!
Gabriel detuvo a su prometida antes de que fuera a abofetearla de nuevo, pero Verónica se remueve un poco la bebida del rostro con los dedos y, dando una apariencia bastante lamentable, se retiró en un mar de lágrimas.
La brisa de la noche es bastante fría, lleva ropa ligera que no va en armonía con la elegante ropa formal perteneciente a los invitados a la celebración, por lo que en su camino a la salida la veían con muecas de lástima y desagrado, ninguno le ofreció algún tipo de abrigo o consuelo.
Tampoco era como si lo necesitara.
Notificación:
Pago 000 recibido.
En fracción de segundos Verónica se secó las lágrimas del rostro, lo que antes era una cara trágica se había transformado rápidamente en una expresión fría y de satisfacción.
Porque precisamente ella lo había controlado todo desde el comienzo y ninguna de las mentiras que se habían servido sobre la mesa y arrojado a la cara de los espectadores quedó sin venderse.
No había ningún agujero argumental en su falsa historia capaz de no engañar el ojo de los presentes.
¿Desea leer el mensaje adjunto?
*Abrir*
De: Bastardo infiel
'Lo hiciste excelente, Mariam. Te llamaré la próxima vez. Espero que podamos salir a cenar de verdad, guardaré tu número.''
— Ni lo sueñes, imbécil.
Responder:
''Será más fácil si solo cuidas tu relación y dejas de ser un perro en celo. Preferiría comer piedras y defecar vidrios antes que volver a ver tu patético rostro, ojalá las plagas como tú tengan una vida corta llena de miseria y sufrimiento..''
*Bloquear.*
Porque ese es el secreto más personal de Verónica:
Ella se gana la vida usando la desesperación y soledad de otros.
Una simple fachada para que un perdedor que no conseguía mantener una novia por tener problemas de apuestas, mujeres y responsabilidad afectiva nula no pareciera tan miserable el día de un evento familiar importante.
Bueno para algunos, malo para otros. Y, aunque no es alguien que pueda decidir si algo es bueno o es malo, ser la novia falsa de un desesperado por atención es un negocio jodidamente lucrativo -Para ella-
— ¿Otra misión cumplida?
Pablo, su amigo y secuaz, le echa un vistazo rápido, llevándose una sorpresa que trató de disimular la mejor posible.
— Parece que se te salió de las manos.
Su amiga estaba hecha un desastre, su mejilla hinchada por el bofetón había terminado volviéndose roja y la bebida extraña le empapó el cabello -Sin incluir la basura entre sus hebras de las que no era consciente aún-
— No digas tonterías, cuando te dedicas a este tipo de cosas debes estar preparado incluso para el peor de los escenarios. — Verónica se exprime algunas gotas de licor del cabello artificial con ambas manos por la ventana. — Pensé que sacaría un arma, así que estaba preparándome mentalmente, esto fue un poco infantil.
— Infantil dices, déjame recordarte que solamente las protagonistas de las telenovelas sobreviven a un balazo en el pecho. — Pablo rueda los ojos, decidiendo ayudar a Verónica a quitarse la peluca que se le enredaba entre los anillos de las manos.
Incluso si no le gustaba la forma, no había nada que pudiera hacer.
Verónica se desarma como una pieza elaborada de Legos, Pablo solo necesita abrir un estuche frente a ella y mirar cómo se quitaba el maquillaje, los lentes de contacto, los implantes de senos falsos e incluso la nariz que se moldeó con un material extraño que parecía arcilla, el nivel de profesionalismo con el que hace las cosas solo deja en claro que para ella todo eso no es un simple juego.
— Todavía es temprano, Pablo. Tengo algo de tiempo para una petición adicional.
Ahí es donde él entra en acción.
Encargado de manejar el sitio web de Verónica, como su mano derecha, su principal deber es investigar a cada uno de los postulantes y recopilar información.
A veces también chofer.
— Avísame cuando encuentres a alguien, cerraré los ojos cinco minutos.
Cinco minutos que se convirtieron en diez.
Luego en quince.
Luego en media hora.
Y nada.
— ¿Qué diablos está pasando que tardas tanto? Estás desesperándome. — Resistiendo la idea de cerrarle la boca con pegamento industrial para que deje de hacer aquel molesto ruido con la lengua Verónica se despega del espaldar del asiento.
Pablo frunce el ceño, su rostro todavía está inmerso en la computadora.
— No encuentro ningún candidato adecuado... Sería más fácil hacerlo si no tuvieras tantas restricciones.
— Eso es imposible.
El sitio web de Verónica es de cinco estrellas, sus clientes son básicamente perdedores, mujeriegos e infieles que quieren lucir bien presumiendo de una bella esposa -Que no tienen- de una vida perfecta -Que tampoco tienen- y de un elevado estatus económico -Que a veces es lo único que parecen tener a su favor-
También hay personas que solo quieren dar celos e incluso quienes no desean ser comprometidos por la fuerza y deben mantener una fachada.
Por esa misma razón Verónica había establecido cinco reglas para no colisionar y evitar posibles incidentes:
1 No elegir personas pertenecientes a un mismo círculo social.
2 Nunca aceptar encuentros a solas.
3 Nada de relaciones sexuales.
4 NO enamorarse del cliente.
5 SIEMPRE CONOCE TU LUGAR.
Algunas de las reglas eran más un recordatorio hacia sí misma.
— Tal vez debería empezar a subastar.
— Conociéndote te irías al peor imbécil con el bolsillo más lleno.
— Jaja, touché.
Verónica mira la hora en el reloj a punto de marcar las 11pm.
— Tal vez es señal de que deberíamos irnos a dormir temprano hoy.
Pero una notificación en la computadora consigue llamar su atención, era un mensaje.
— ¿Aceptaste a alguien? — Verónica se inclina hacia Pablo, quien se había sobresaltado de repente. — ¿Quién es?
— No tengo idea, yo no lo acepté. Apareció solo. — Responde Pablo. — Ni siquiera tiene foto de perfil, considerando todo lo que trabajé en el sitio web para reforzar la seguridad eso debería ser imposible.
— ¿Será un virus?
— Quizás un bicho raro hackeó el sistema. — Los anteojos de Pablo reflejan la pantalla. — No puedo cerrarlo.
Verónica por primera vez en mucho tiempo siente escalofríos, incluso mientras Pablo trataba de luchar contra el posible hacker siente que su teléfono vibra con una notificación.
Mensaje nuevo
11:07pm
Anónimo: ''¿Podemos vernos a solas?''
Cierre de telón.