* * *
‘’Podemos vernos a solas... Estará loco si cree que voy a aceptar algo como eso.’’
*Borrar mensaje, bloquear*
— De acuerdo, me he encargado de hacer más fuerte el sistema. Fue difícil de echar.
Pablo suspira de alivio tras lo que parecieron décadas mirando fijamente a la computadora y tecleando desesperadamente.
— Hace mucho tiempo que no me enfrentaba a un reto como ese, seguramente ese bastardo tiene conocimientos, pero no pudo vencerme con solo eso.
A pesar de que no era la primera vez que enfrentaba un desafío como ese, Verónica no puede evitar preguntarse si la coincidencia de que el hacker y el mensaje anónimo realmente eran una casualidad.
— Supongo que hoy nos iremos a casa temprano. — Decide finalmente. Un poco decepcionada. — ¿Deberíamos ir a beber algo en...?
— ¿En dónde, Verónica? No me digas que otra vez quieres ir a... ¿Por qué pones esa cara de repente?
El rostro de Verónica había palidecido de repente mientras revisaba la pantalla de su teléfono, y el estómago de Pablo se contrae apenas se acerca a mirar:
Centenas de mensajes explotando en notificaciones el teléfono celular de Verónica.
‘’¿Podemos vernos en persona?’’
‘’¿Por qué no respondes?’’
‘’¡Tú debes estar conmigo!’’
''Tenemos que hablar''
— ¿Q-qué diablos? ¡Apágalo!
— ¡No puedo, mi teléfono está saturado y no reacciona ahora!
‘’Hablemos,’’
‘’Reunámonos.’’
''Sé dónde estás, charlemos''
''Hiciste un buen espectáculo en casa de Gabriel. No esperaba verte allí'
''Incluso con toda esa producción, sabía que eras tú.''
— ¡Verónica! ¡¿Con quién rayos te metiste?!
— ¡El que debería saber esa respuesta mejor que yo eres tú! ¡Eres quien mueve los hilos tras bambalinas!
Las notificaciones sonaban sin parar.
— ¡¿Estás loca?! ¡¿Por qué aventarías tu celular por la ventana?! — Pablo la detuvo arrebatándole el teléfono antes de que cometiera una locura.
— ¡Entré en pánico!
— ¡Puedes entrar en pánico sin lanzar el teléfono por la ventana!
Pablo mira los alrededores del vehículo, mientras Verónica se cubre los oídos a él se le ocurre la idea de esconder el teléfono bajo la pila de los cambios de ropa y objetos pertenecientes a Verónica, a sus pies, solo para amortiguar el ruido.
Él aún mantiene sobre sus piernas la computadora, mientras Verónica hace todo lo posible por mantener la calma de ignorar el sonido amortiguado de las notificaciones en su teléfono él está intentando desesperadamente acceder a la base de datos de su sitio web con la esperanza de encontrar posibles sospechosos de las personas que la hayan contratado previamente.
Sin embargo, en los registros de actividad logra descubrir que hay evidencia de acceso no autorizado a alguno de los archivos.
— Pero que de-...
Se endereza de repente, con toda la concentración del mundo intenta revisar el problema, pero, tan pronto como da click, el sitio web se da automáticamente de baja y la computadora comienza a comportarse de forma errática.
— ¡¿Cómo volvió?! ¡Yo lo eché! — Pregunta con desespero, alzando la voz por encima del nivel del ruido. ¡Ese hijo de perra sabía que yo intentaría rastrearlo e insertó un virus que se activó automáticamente!
Pablo maldice, observando cómo de repente la laptop se llena de pop-ups, con el virus infectando sus archivos y sistema.
— ¡Echó abajo el sitio web!
En cuestión de minutos la situación se había vuelto mucho peor. Pablo intentaba tomar medidas de manera desesperadas, sin embargo la computadora se apagó por sí sola antes de que pudiese ejecutar el antivirus.
— Maldición...
— ¿Con qué clase de demente nos hemos topado? — Verónica hace la misma pregunta que él estaba haciéndose. —Pablo, esto no me gusta nada.
Su teléfono se silencia pocos segundos después de que la laptop se apagó, Verónica, que había estado tensa hasta ese momento, finalmente relaja los músculos de los hombros cuando llega el momento en que todo se queda en silencio, pero por alguna razón todavía hay un extraño y persistente escalofrío que recorre su espina dorsal. Ella mira a Pablo, al parecer habían tenido la misma sensación.
Era como si alguien los estuviese viendo desde afuera, oculto en la oscuridad de la noche.
— Tal vez lo mejor sea que lo dejemos por hoy... — La idea de Pablo le parece bastante buena, aunque un poco obvia. — Debido a lo ocurrido ir directo a casa no parece seguro en este momento... ¿Deberíamos buscar un hotel o irás a ese chiquero?
Verónica asiente. — Necesito preguntarle a esa persona al respecto del acosador, incluso si mi teléfono estuviera en condiciones de ser usado no me atrevo a escribirle por mensaje. Necesitamos su ayuda.
Pablo no parece muy convencido de lo que acaba de decir, pero él solamente se encarga de encender el auto y conducir al Pharadise.
Y, aunque el club nocturno sonaba como un auténtico chiste, no había otro mejor lugar al que pudiera acudir.
***
— ¿Tienes una mala cara? ¿Estabas esperando a alguien y te han dejado plantada? — El bartender alzó una ceja con burla. — Mira tu mejilla hinchada, realmente hoy no es tu noche. ¿Verdad?
Verónica instintivamente se lleva la mano a la mejilla, realmente había olvidado la bofetada que le habían estampado con todo lo que le había ocurrido.
— Sírveme Vodka, Daniel.
— Veo que empezamos fuerte, pero como digas. — Responde.— ¿Vas a pagarme con dinero de verdad o vas a ofrecerme tus servicios otra vez?
Verónica rueda los ojos viendo como Daniel le sirve la bebida, le pone el dinero encima de la barra.
— No me trates como a una prostituta.
Daniel simplemente se ríe mientras recoge el dinero.
Incluso si tenía un terrible carácter juguetón, la personalidad extrovertida de Daniel atraía mucho a diversos tipos de clientes con quienes establecía confianza rápidamente, por esa misma razón su conocimiento en el mundo social era jodidamente inmenso al igual que sus conexiones.
Eso lo convertía en su cómplice encubierto perfecto.
Daniel también le conseguía candidatos y ella le retribuía entregándole cierto porcentaje de las ganancias recibidas.
— Entonces, me estás diciendo que alguien logró tirar abajo el trabajo de Pablo... Ese del cual él presume tanto ser completamente impenetrable.... — Daniel repite lo que acaba de escuchar, Verónica asiente, pero él dibuja en su rostro una sonrisa maliciosa. — Seguramente debe estar llorando como un bebé, debe estar pasándola muy mal... Ah, mataría por ver eso.
Su relación con Pablo no era una que se pudiera describir como ‘Amistad’ tampoco.
— Necesito que averigües cuál de tus contactos fue.
— ¿Perdón? ¿Por qué asumes que fui yo quien te envió una porquería?
— Porque todas las personas que he aprobado estas últimas semanas han sido enviadas directamente por tí, ¿Incluso me abofetearon! — Verónica se señala la mejilla como evidencia. — así que-
Mientras ambos hablaban, hubo un hombre que interfirió entre sus cuchicheos y se paró al lado de Verónica:
— Disculpa, la bebidas en la sala VIP no han sido entregadas todavía. Ha pasado más de media hora desde que se pidió.
— ¿Y me ves a mí de todos los trabajadores la cara de ser bartender de los vip? — Contesta Daniel a secas, Verónica se atasca con su propio trago mientras él se coloca el pañuelo de la barra sobre el hombro. — No me mires a mí, el gerente ineficiente está de aquel lado. Habla con él para que haga algo más que jodernos la existencia.
El hombre alto, robusto y con una temible cara de Bulldog hizo una mueca a la que Daniel no reaccionó en lo más mínimo, pero no fue hasta el momento en que vio su arma escondida y el walkie-talkie enganchado a su pantalón que se dio cuenta de una cosa.
— ¿Por qué hay tantos guardias rondando los alrededores, Daniel? — Pregunta Verónica, había notado que el patrón de vestimenta se repetía varias veces. — Es bastante obvio que están mezclados entre las personas.
— Es porque hoy llegaron unos tipos de élite. Vienen con bastante frecuencia pero hoy llegaron de repente y en un estado.., más que inconveniente. — Explica. — Los guardias están evitando que ocurran cualquier tipo de incidentes.
— ¿Y si ellos solo vinieron a disfrutar como todos los demás? ¿Por qué necesitarían tanta vigilancia?
Daniel permaneció callado algunos segundos.
— Ya sabes cómo son sensibles con este tipo de cosas.
Verónica lo comprende, ella también estaría nerviosa de caer en las aterradoras garras de los medios por un chisme que podría hundirla.
— Parece que no elegí una buena noche para venir Será mejor que vaya a notificarle a Pablo.
Verónica sintió ligera jaqueca al querer ponerse de pie, no estaba en las mejores condiciones después de algunos tragos, sin embargo, la pared con la que se chocó al momento de bajarse del taburete definitivamente no se trataba de una ilusión óptica.
Las fosas nasales de Verónica se inundaron de un fino aroma varonil en ese momento, la persona a su lado era demasiado imponente como para levantar la cabeza en seguida, pero no era necesario mirarlo, en todos sus años de trabajo como novia falsa de niños ricos podía adivinar que no era una persona común solo con verle la manga de la camisa.
‘’Ropa blanca de lino, eh... Nada mal.’’ Piensa.
— Necesito llegar a la sala vip. — La voz varonil y áspera provino de ese hombre, una voz limpia que hablaba con un pequeño acento marcado. Una expresión impacible permanece en su cara, además, sus ojos oscuros parecían ver a través de todo, como si estuviera listo para tragarse el alma de cualquiera.
Daniel, casi tan embobado como ella ante semejante espécimen. Señaló las escaleras hacia el lugar que estaba buscando.
Verónica se interesa en su huida cuando él parece mirarla como si apenas se estuviera dando cuenta de su insignificante existencia, Verónica tensa los hombros y mira hacia otro lado con el vaso de Vodka cerca de la boca, como si su pequeño vaso de licor la fuera a esconder.
''¿Por qué este jodido psicópata me mira como a una cucaracha molesta...?''
Entonces, él abrió la boca para hablar.
— Yo sé quién eres.