Capítulo 5.

1587 Words
Tras haberlo estudiado se había dado cuenta rápidamente de la doble cara de Caesar cuando recibe halagos e insinuaciones por parte de sus admiradoras, un mero interés s****l brillaba en sus ojos afilados, reflejándose en la forma descarada en que les miraba los pechos en lugar de prestar atención a sus palabras. Una persona así no podría atraparse jamás con boberías cursis y románticas. Si se desviaba por el camino s****l, lo más probable era terminar siendo desechada tras dos o tres encuentros nocturnos. Si quería irse por el camino seguro solamente había una forma: El ataque directo. — Mis cimientos no están sobre una base de arena, mi señor. ¿Qué hay de los suyos? — ¿Es eso un insulto o una amenaza? Verónica da un trago de champagne de la manera más civilizada posible, tratando de hacer tiempo para calmar su corazón agitado al mismo tiempo que se daba algo de misterio. A pesar de su tranquilidad externa, las piernas y pies temblorosos bajo su vestido querían salir corriendo. De cierta forma, un poco gratificante ver cómo las mejillas se le ponen rojas de la furia. Era similar a ver un bebé león que no había aprendido a ocultar sus garras todavía. — Yo lo veo como un consejo, pero puede tomarlo como le parezca. A su salud, sir. Las miradas desaprobatorias siempre tenían que concentrarse en un punto en común al final, ¿Quién más sería en ese momento de no ser por ella? ‘’¿Quién es esa mujer tan presuntuosa? ¿Cómo se atreve a actuar de esa manera?’’ Verónica podía escuchar perfectamente todo lo que estaban balbuceando a sus espaldas, pero ella solamente brindó consigo misma y se encogió de hombros. La presión y discriminación social no era algo que enfrentaba por primera vez, podía manejarlo perfectamente. Sea como fuera, tenía dos copas de champagne en las manos. ‘’Solo es una borracha, dejen que haga lo que quiera.’’ Se escuchar decir a Caesar para tratar de minimizar su presencia y reducirla a nada. Pero la sonrisa de la victoria no se le quita a Verónica del rostro. ... — Aah. . . Eso fue tan bueno. Verónica se sienta unos minutos en el lavabo empotrado mientras se recarga del espejo del baño, está intentando bajarse el alcohol de la cabeza antes de volver a salir, ya que no podía arruinarse el maquillaje lavándose el rostro. ‘’Me hubiese gustado tener una fotografía de su expresión, seguramente no está acostumbrado a que las cosas no salgan como lo espera, ¿Verdad?’’ Sus pies marcados por los zapatos ajustados y adoloridos le decían que había valido la pena, al menos. Para la próxima se aseguraría de tener una foto. — Tú, ¿Acaso eres consciente de lo que acabas de hacer? Cuando una mujer misteriosa entra al baño Verónica se baja rápidamente del lavamanos y esconde las copas vacías entre las plantas decorativas. — Te daré un consejo ya que pareces ser nueva por aquí: lo mejor que te podría pasar es caer en la gracia de los Sergeyev, si lo haces no tendrás que volver a preocuparte por nada el resto de tu vida. Ellos son conocidos por su fuerte sentido de la lealtad, cualquiera que entra en su círculo es fuertemente protegido. — ¿Esa es la razón por la que todas están alrededor de Caesar todo el tiempo? Sorpresivamente, esa mujer no tuvo el descaro para negarlo. — Caesar es la única apertura que tienen ya que Sergeyev no suele estar abierto a todo mundo tan fácilmente. ¿Puedes culparnos por aprovechar la oportunidad? Ahora Verónica comprendía un poco sobre la obsesión alrededor de ese hombre, quizá también comprendía por qué Caesar no rompía su compromiso con su contratista: Quizá pensaba que era molesto tener que encargarse de todo eso y no había ninguna otra mujer comparable a su prometida. — No es una oportunidad, ustedes lo tomaron como una competencia para ver quién se queda con Caesar cuando se detenga la música. — Di lo que quieras, pero te advierto que muchas sí están enamoradas de Caesar y no están dispuestas a dejar pasar a una recién llegada. Verónica siente exasperación. — Ya viste todo, ¡Por qué me dices esto a mí? — Puedo oler tus intenciones a kilómetros de distancia, así que cuida tu boca... Porque una sola llamada de Sergeyev tiene el poder de destruir toda tu vida. Y tú estás siendo demasiado imprudente. Decidió ponerle fin a esa conversación llena de sin sentidos. — Sé lo que hago. — Respondió. — Así que disfruta de la fiesta. (***) Lamentablemente, Verónica se dio cuenta bastante tarde de a qué se estaba refiriendo cuando trató de darle esa advertencia. — No puedes pasar. Cuando el muro se convirtió en un par de guardias de seguridad cuestionando la entrada que la llevaría de vuelta al salón del evento se lamentó por haberse metido al baño a pasar la borrachera. — Tiene que haber un error, soy una invitada ¿Cómo podrían sacarme de este evento? — No hay ningún error, nos informaron sobre una mujer ebria haciendo un escándalo y que debíamos impedir su entrada. ''Una mujer ebria...'' No hizo falta que se lo dijeran dos veces para saber de quién se trataba. ''Parece que el niño no se sabe defender solo...'' — Escúchenme, tiene que haber un error... Yo definitivamente no estoy ebria, ¿De acuerdo? Ahora con permi- — Ya le dijimos que no puede pasar. — No, definitivamente tiene que haber un error. Quizá se confundieron de mujer. Verónica replica, intentando volverse a abrir un espacio entre los guardias solo para ser echada de nuevo. — Las órdenes son claras: No puedes pasar. Por un momento ella llegó a creer haberse excedido El mayor de sus problemas en ese momento no era el hecho de haber ofendido a Caesar -Y probablemente a toda la mafia de su familia- no le importaría en más mínimo el hecho de ser expulsada por un niño mimado e insolente de no ser porque precisamente ese era el objetivo al que se necesitaba acercar y apenas estaba iniciando la noche. — No quería tener que hacer esto, pero no me han dejado otra alternativa, señores... Quiero que sepan que yo tengo algo que ustedes desean... Algo a lo que ninguno podría negarse y se los puedo mostrar cuando quieran si solo me dejan pasar... — Verónica siente que, por primera vez en los largos minutos que lleva ahí, finalmente capta la atención de esos hombres con su propuesta descarada. — Veinte billetes. El estado de ánimo se desplomó después de eso. Verónica alzó los billetes frente a los guardias, los había llevado en caso de emergencia -Y esa era una emergencia- Pero ellos simplemente se limitaron a mirarse entre sí. — Por favor, ¿Cuánto puede pagarles ese tal Caesar? Yo les puedo pagar el triple si me dejan entrar, eso debería ser suficiente ¿No es así? — N.O —¡No pueden hacerme esto! ¿Acaso saben quién soy? ¡Yo-! El cuerpo del fortachón la empujó hacia atrás con una embestida cuando trató de acercarse, Verónica perdió el equilibrio y su espalda fue a caerse contra un mesero, quién para acabarla de colmar llevaba una charola de copas de vino que se le desparramaron encima al momento de la colisión. ''Mierda...'' La punzada en su tobillo evita que Verónica pueda volver a ponerse de pie. — Venía a revisar por qué había tanto escándalo en la entrada, pero parece ser que solo se trata de la mujer borracha de antes haciendo una escena, definitivamente fue la mejor decisión sacarla del evento. Esa sonrisa arrogante, esa maldita voz siniestra y esa puta mirada de halcón. Verónica hierve de coraje mientras se quita la servilleta del mesero de la cabeza y la arroja a un lado, intentando reincorporarse sobre sus pies. ''Maldita sea, mi tacón se rompió.'' — Pfft. Parece que estar en el suelo de queda bien, ¿Por qué te levantaste? Decide no tomarle importancia a las burlas, sería malo insistir y ser realmente considerada como una borracha -Cosa que su aspecto ahora andrajoso indicaba- desde el momento en que decidió entrar en personaje estaba lista para todo, incluso para el peor tipo de humillaciones que pudieran provenir de otros. Estaba bien, podía recibir cualquier ofensa. Incluso si los demás estaban mirándola como a una puta loca, ella se quedó de pie y sonrió. ''Incluso si los demás se burlan de mí, no me importa, así que debes estar frustrado por eso.'' — Me encantaría saber quién fue la persona que invitó a una mujer sin antecedentes ni relaciones, ¿No tenemos suficientes caza fortunas ya en esta fiesta? — Las risas se escuchan al fondo de las palabras de Caesar. — ¿Alguien aquí fue a pagarle veinte billetes de uno al cajero para poderle pagar? No creo que valga más. — Solo estás tratando de socavar mi autoestima porque no aceptas que dije la verdad— Verónica se sacude el vestido. Hasta ese momento no había estado verdaderamente enojada, escupir palabras sinsentido ni razón parecía ser algún tipo de habilidad suya y no bastaría para hacer enojar a la mujer que recibe bofetadas injustificadas como medio de trabajo. Pero lo que dijo después... Uuy. Esas palabritas le tocaron la llaga. — ¡! — ¡Ayuda, esa mujer loca agredió al señor Sergeyev! — ¡Esta perra! ''Carajo, me excedí esta vez...''
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