Dejando de lado la locura de aquel disparatado plan, era un ganar-ganar garantizado.
— Normalmente solo me contratan tipos para darle celos a sus novias o para tener algo de lo que presumir en un evento... Pero jamás me habían propuesto algo como esto antes..
En teoría, era algo sencillo... Y complicado al mismo tiempo.
— No es tan difícil, mi prometido es un hombre que cree que los sentimientos de los demás es auténtica basura. No siente consideración ni respeto por lo más mínimo. — Habla con un tono amarguísimo de voz. Desviando la mirada a través de la ventana del auto al que la convenció de subirse. — Solo necesito una amante para mi prometido. Una mujer que lo haga subir al cielo y luego lo deje caer sobre su propio rostro.
— ¿Y por qué simplemente no rompes el compromiso si estás cansada de él?
Ella suspiró con pesar. — Es un compromiso realizado por el bien de nuestras familias, no puedo forzar una separación unilateral, él tampoco está dispuesto a dejar ir a su gallina de los huevos de oro. Y, aunque su comportamiento es de una basura total... No he podido confirmar en ningún momento una infidelidad de su parte.
— Espera, a ver si entendí... — Verónica la interrumpe en ese momento. — ¿Me estás pidiendo que me convierta en su amante para que puedas romper el compromiso? Eso... ¿No es algo muy descarado?
— No importa para qué, todo lo que necesito es que te conviertas en su novia, una falsa novia. Tú harás todo lo que yo te diga y él probará una cucharada de su propia medicina.
— Es una locura, entre tantas mujeres que lo persiguen ¿Se fijará en mí? — Verónica trata de ser lo más realista posible, dada su situación. — ¿Qué harás si de paso me reconoce?
— Sé que eso no será un problema para ti, no tienes que preocuparte por detalles innecesarios. Ya tienes una v****a. Eso te da al menos un 80% de ventajas sobre el resto del mundo.
— Sí... No sé cómo debería sentirme al respecto con eso.
Pero los planes de Lucrezia iban mucho más allá de lo que Verónica estaba pensando.
— El otro 20% dependerá de qué tan ingeniosa seas. — Ella sonríe, su delgada mano pálida deja un papel en reverso sobre la mano de Verónica. — Eso debería ser suficiente para ti, ¿Verdad?
Verónica alza una ceja, sin embargo estuvo a nada de atragantarse cuando vio la cuantiosa cifra escrita en el pequeño papel.
‘’Debería ser ilegal tener tantos ceros en un monto...’’ Es lo que piensa, pero todavía hay algo que se le hace extraño.
— ¿Cuál es la condición? — Aparta por un momento la hoja de papel. — No puedes querer darme esta cantidad de dinero sin condiciones, ¿Verdad?
Entonces esa mujer volvió a sonreír. — Es bueno que seas tan perspicaz... La condición es que solo recibirá el dinero una vez que termines el trabajo. Tendrás que esforzarte para eso y usar todas las herramientas que tengas a la mano... Incluso si eso incluye tu cuerpo.
Ahí estaba, el truco.
— Es imposible que no sepas sobre mi regla de no sexo. No puedo hacer eso.
— Lo sé... Es por eso que no voy a obligarte a aceptar si no quieres. ¿Pero no sería bueno para ti probar aquello con lo que solo te has atrevido a soñar toda tu vida? Incluso Te haré las cosas más fáciles... Yo me encargaré de todo para que tú solo tengas que verte bonita y aferrarte a Caesar.
‘’Caesar...’’
Incluso el nombre de ese hombre sonaba tan digno.
— Y... Una vez que todo este asunto termine... — Ella vuelve a hablar. — Tendrás que cerrar tu negocio, no volverás a hacerlo tampoco.
— Lo sé...
Verónica mira la hoja de papel entre las manos de esa mujer resentida, ella misma le pidió una pluma al chofer y se la entregó en la mano tras darle una tablilla para que pudiera firmar el acuerdo de confidencialidad.
Ve su pasado triste y lúgubre, también ve el posible futuro exitoso en la misma hoja de papel. La idea de finalmente dejar de trabajar en aquel tipo de negocios era algo que había estado esperando desde hacia mucho tiempo... Finalmente parecía que estaba al alcance de sus manos.
— Piénsalo, Verónica. Te prometo que todo saldrá bien y que no te arrepentirás. Por favor, solo escúchame y deja que te explique el plan en detalle....
A medida que Lucrezia continuaba implorando y con el rostro lleno de lágrimas y desesperación, Verónica notó su creciente emoción y sintió cómo su corazón de piedra empezaba a ablandarse. Aunque seguía un poco reacia y desconfiada, las súplicas de Lucrezia estaban empezando a tener efecto.
Por no hablar de la absurda cantidad de dinero que había en juego.
— De acuerdo, de acuerdo. — dijo Verónica finalmente, su voz un poco vacilante. — Pero no prometo nada... Sólo dime lo que necesitas que haga.
***
Acto.
Se abre el telón.
En una esquina remota pero con una buena cobertura visual del escenario se encuentra Verónica, copa en mano -Ya vacía de nuevo- Había estado observando a Caesar durante al menos una hora desde una posición estática.
‘’Santo Dios, ese hombre realmente lleva más de una hora hablando con todas esas mujeres en un mismo lugar...’’
Verónica estaba haciendo todo lo posible por conservar la calma mientras espera algún punto de apertura entre las señoritas para hacerse su propio espacio.
Y eso solamente la había llevado a esperar de pie sobre tacones insufribles durante una hora.
‘’Tengo exactamente el mismo 80% de posibilidades que todas ellas...’’
Verónica se desanima por un momento, escondiendo el rostro en la copa de vino.
¿Cómo podía acercarse y llamar su atención en esas circunstancias?
Afortunadamente la oportunidad llegó en el momento preciso, cuando decidió acercarse a un mesero a unos metros de distancia para entregarle la copa de vino vacía y tomar una de champagne.
Y, en lugar de bebérsela también de un solo trago, la usaría como elemento decorativo.
— ¿Y ya decidiste con quien vas a bailar esta noche, Caesar?
La señorita enamorada preguntó con cierto brillo en la mirada, todas ahí habían estado preguntándose lo mismo, pero solamente ella se atrevió a decirlo en voz alta. -Por muy presuntuosa que sonara-
— La mujer que escoja será muy afortunada.
La emoción era palpable entre las señoritas, todas querían tener la oportunidad de tener un encuentro cercano con Caesar, quien, a pesar de su coqueta personalidad, era un muro impenetrable para cualquiera que intentara cruzar la línea que él mismo trazaba desde el principio.
— Por favor, señoritas. Es bastante claro que el único afortunado voy a ser yo.
— Pfft.
Verónica se tapó la boca cuando se le escapó la carcajada y se escondió entre la multitud cuando buscaron al dueño de la risa desagradable, pero ella solo es capaz de pensar en una cosa: ¿Podía un hombre tan cotizado verse más barato?
Caesar era un hombre conocido por su carácter juguetón y coqueto, también era profundamente sabido el desprecio que siente hacia su prometida, razón por la que no le importaba coquetear descaradamente con otras mujeres en su presencia.
Y, si las llevaba a la cama, encontraría la forma más ingeniosa de hacerlo fuera de la vista de otros.
‘’No sé quién es peor...’’ Verónica se rasca la nuca.
— Usted y su familia son muy amables al organizar el evento de tal magnitud en beneficio a los más necesitados, se nota que hay mucho esfuerzo tras bambalinas este año.
— No me diga, ¿Su familia es la que organiza el evento todos los años?
Las señoritas que hablaban eran completamente irrelevantes, Caesar apenas conoce sus nombres en la realidad, finalmente el tema finalmente se había girado en dirección a donde quería: La organización del evento de caridad. Caesar se giraría con una mueca en el rostro hacia la dama -Bocona- y le dedicaría una sonrisa que, a los ojos de ella, era un gesto avergonzado, pero Verónica supo que solo era la misma mueca, pero más torcida que antes.
Como si un ganador se enfrentara a los demás competidores y fingiera que no deseaba ganar desde un principio.
Sería mejor si solamente mostrara sus verdaderos colores.
— Lo siento, ¿Se suponía que debía ser un secreto?
‘’Un secreto y una regla que no se había roto ni revelado en toda la existencia de la organización...’’
Verónica suspira, lo que hace tu mano derecha, la izquierda no lo sepa. Era el lema principal de a organización según lo que le había enseñado Lucrezia en sus clases de etiqueta rápida.
El objetivo era promover la igualdad y el dar sin intenciones escondidas ni vanidades. Ese hombre había roto una tradición de década en minutos.
Sin embargo, ¿Él realmente lo había roto o manipuló a otra persona de manera descarada para que lo hiciera en su lugar?
— No has hecho nada malo, querida. En realidad tienes buen ojo para distinguir las cosas buenas, no quiero sonar presumido ni arrogante, no somos el evento principal esta noche... Pero es nuestro primer año participando para darle lo mejor a las personas que más lo necesitan, quizá por eso la decoración y la comida es más espléndida que en años anteriores.
— Sí, habría sido bueno que ellos estuviesen aquí para verlo. ¿No es verdad?
Las miradas se clavan en Verónica cuando empieza a hablar, no como ella misma, sino como una mujer elegante y refinada con acento distinguido, sin dejar rastro previo de su explosiva y temperamental personalidad real.
Cuando Caesar la ve, no está nada complacido, pero sus ojos se tardan algunos segundos más en observarla desde los pies hasta la cabeza, como si estuviera decidiendo si valía la pena o no hablar con ella.
Pero Verónica no le dio oportunidad de reacción cuando asestó el segundo golpe:
— La decoración es tan espléndida como un museo: Un montón de objetos costosos e invaluables esparcidos por todos lados para que los asistentes los puedan observar. Por lo menos ellos lo usan para enseñarnos sobre diversas historias en el pasado, no para así tener algo de lo que presumir ya que, por ética, no puede revelar cuánto dinero invirtieron en organizar el evento de este año.
Caesar, furioso, finalmente la enfrenta.
— Repite lo que dijiste.
— Lo siento si lo he ofendido con mi comparación, mediré mejor mis palabras ahora: Es como si le hubieras dejado a una turba de monos jugar con un montón de objetos caros y luego les permitieran dejarlos en cualquier sitio.
¿Qué necesidad había de colocar un jarrón invaluable en la mesa de comestibles y un cuadro lujoso en la pared tras el cesto de la basura?
— Vaya, parece que tenemos a una decoradora experta aquí.
— Aparentemente más que usted sí, señor.
— Ya que parece que tienes las agallas suficientes para hablarme con esa lengua tan afilada espero que al meno sea consciente de quién soy yo... Y en dónde está parada usted.
Oh, ¿El pequeño tigre ya estaba amenazándola? Si apenas estaba empezando.