Las clases siguieron con la sensación de que ahora todos me juzgaban por algo real que pudieron presenciar y no solo por rumores .
Los murmullos se apagaron cuando crucé la puerta. Algunos fingieron escribir. Otros ni siquiera lo intentaron.
El profesor de Historia carraspeó.
—Tomen asiento.
Me senté junto a Mila. Harper y Sienna ocuparon los asientos de atrás. Lily se deslizó en el pupitre vacío a mi lado como si siempre hubiera pertenecido ahí.
—Esto va a durar semanas —murmuró Mila sin mirarme.
—Depende de cuánto más les demos —respondí.
—¿Y piensas darles más?
Giré apenas el rostro.
—Siempre, me han retado y no saben cuánto me gustan los desafíos.
La clase avanzó lenta. No por el contenido, sino por las miradas. Cada vez que levantaba la vista, encontraba ojos observando, evaluando, armando versiones nuevas de una historia que ya no me pertenecía.
Jax entró tarde.
El aula se tensó.
No me giré cuando lo sentí pasar detrás de mí. Tampoco cuando ocupó el asiento del fondo. Pero sabía que me estaba mirando. No con enojo.
Con algo peor.
Confusión.
El profesor siguió hablando como si el mundo no acabara de cambiar.
En Biología, Logan se sentó dos filas más adelante. No dejó de reír con sus amigos, demasiado alto. Demasiado forzado. Vera entró impecable, tomó asiento y me dedicó una mirada satisfecha.
Ahora tenía algo sólido.
Ahora sí podía hablar.
Lily se inclinó hacia mí.
—¿Con normalidad son así o hoy es función especial?
—Hoy están inspirados. —Respondió Harper.
—Besaste con el chico más intocable del lugar —susurró Harper—. Les diste material para meses.
—Que escriban novelas —respondí—. Yo ya viví la escena.
En Literatura, el ambiente fue distinto. Más silencioso. Más denso.
El profesor pidió leer en voz alta. Nadie quiso. Al final, me miró directamente.
—Blake Hunter.
Me levanté sin protestar y leí.
No temblé.
No bajé la voz.
Sentí el peso de cada mirada como una confirmación: no me habían quebrado.
En el recreo, Sienna no se contuvo.
—¿En qué estabas pensando?
—En acabar con el suspenso —respondí.
—¿Sabes lo que va a pasar ahora?
—Sí —intervino Mila—. Nada va a ser igual.
—Exacto.
Harper cruzó los brazos.
—Vera no va a quedarse quieta.
—Nunca lo hace —respondí—. Por eso no pienso darle el gusto de verme aislada.
Sienna ladeó la cabeza.
—¿Qué estás planeando?
Sonreí.
—Esta tarde, piscina en mi casa.
Parpadearon.
—¿Hablas en serio? —preguntó Mila.
—Muy en serio.
—¿Tus padres?
—No estarán. Fueron a la ciudad y regresarán hasta el domingo.
—¿Y tu chofer?
—Bosco siempre está —respondí—. Pero no juzga.
Lily chasqueó la lengua.
—¿Invitación abierta o selecta?
—Ustedes deciden a quiénes invitar —dije—. Esto apenas es una pequeña reunión. La fiesta grande la haremos el sábado en la noche, ¿qué dicen?
—Me apunto —dijo Lily—. Quiero ver cómo vive la chica que puso a este pueblo patas arriba.
La campana final sonó como una liberación.
Los pasillos volvieron a llenarse. El rumor caminaba con nosotros, se subía a las mochilas, se escondía en los casilleros.
Al salir, Jax estaba apoyado contra una pared.
Esperando.
No me detuve.
Pasé a su lado sin mirarlo.
—Blake —dijo.
—No ahora.
No insistió.
Afuera, el aire era distinto. Menos cargado. Como si el pueblo se permitiera exhalar solo cuando cruzábamos la reja.
Bosco nos esperaba junto al auto.
—¿Todo bien, señorita? —preguntó al abrir la puerta.
—Perfecto —respondí.
No hacía falta compartirles la ubicación porque esa ya la sabían.
Alondra apareció subiendo a la camioneta y me despedí de las chicas con la promesa de vernos en un rato.
Mientras el auto avanzaba Alondra no dudó en abrir la boca.
—¿Es cierto que te besaste con Jax Cole?
Bosco miró por el retrovisor esperando mi respuesta y simplemente me encogí de brazos.
—Yo lo bese. Para que tuvieran una verdadera razón para hablar.
—Toda la secundaria habló de eso hoy. Jax es el chico más atractivo de la preparatoria Redwood aunque sea un misterio andante.
—¿Quién dice eso?
—Las chicas en la secundaria dicen que nadie sabe nada de sus padres, solo de sus tíos, primo y ahora hermana que ha regresado.
—Al parecer tus amigas están bien informadas —Musitó —. Definitivamente a este pueblo nada se le escapa...
***
El sol caía sobre la piscina como si no supiera nada de rumores ni besos públicos. El agua estaba quieta, transparente, engañosamente tranquila.
Las primeras en llegar fueron Mila, Harper y Sienna. Dejaron las mochilas en el suelo, se quitaron los zapatos y caminaron alrededor de la piscina como si exploraran un territorio nuevo.
—Siempre había visto este lugar solo por fuera —dijo Harper —. Es enorme.
—Y silencioso —añadió Sienna—. No se siente como Redwood Falls.
—Eso es porque aquí no mandan ellos —respondí.
Lily apareció detrás, ya descalza, observándolo todo con una sonrisa lenta.
—Ahora entiendo por qué no te tiemblan las piernas —comentó—. Tienes espacio para respirar.
—Y para decidir —añadí.
Las risas comenzaron cuando llegaron dos compañeras de Alondra, nerviosas, hablando demasiado rápido, fascinadas con la piscina, con el jardín, con la casa. Alondra corría de un lado a otro, orgullosa, presentando, exagerando detalles.
—Mi hermana nada mejor que nadie —decía—. Y Bosco sabe asar carne.
Bosco, desde la distancia, fingía no escuchar.
Con el paso del tiempo llegaron más chicas. Algunas primas, otras conocidas de conocidas. No tenían peso en la historia, solo cuerpos, voces, movimiento. Ruido bueno. Distracción necesaria.
El ambiente se volvió ligero.
Hasta que dejó de ser solo femenino.
Lily fue la primera en notarlo.
—Vienen —dijo, mirando hacia la entrada lateral.
Noah apareció primero, saludando con la mano, relajado, como si siempre hubiera sido bienvenido. A su lado, Ethan, más reservado, observando antes de avanzar.
Y detrás de ellos...
Jax.
El aire cambió.
No de golpe.
Como una corriente subterránea.
Mi espalda se tensó antes de que mi mente lo aceptara. No me moví. No sonreí. No retrocedí.
Lily se acercó a ellos y luego los trajo a nosotros.
—Los invité. No para provocar. Para normalizar.
—Aquí nada es normal —respondí.
—Precisamente. —Respondió el chico de cabello castaño —. Un placer conocerte formalmente Blake Hunter. Soy Noah Bennett, primo de Lily y por supuesto Jax.
Me extendió su mano y la tomé. Se veía que era un buen chico, reservado, pero menos que su primo.
—Ethan Moore —El rubio me extendió su mano y también la tome —.El mejor amigo de Jax.
Lo señaló detrás de este, lo miré pero en su mirada no había ningún gesto.
Se presentaron con las chicas y luego los tres se alejaron acercándose a la piscina. Jax no se metió a la piscina. Se quedó cerca de uno de los chalets, apartado, con una bebida en la mano que no probó. Observando sin intervenir. Como siempre.
—¿Nunca habían cruzado palabras ? —Preguntó curiosa.
—Primera vez que cruzamos palabras con los bad boys del pueblo —Musita Sienna —. Siempre hemos sido invisibles y también para evitar rumores.
—Pues piensen muy bien el seguir tratándome porque eso último será inevitable si son mis amigas.
El sol avanzó. Las risas subieron de volumen. Alondra y sus amigas chapoteaban. Mila y Harper discutían sobre algo trivial. Noah se lanzó al agua sin pensarlo dos veces. Ethan terminó sonriendo, relajándose.
Lily se sentó en el borde de la piscina, con los pies en el agua.
—¿Quieren saber por qué Jax es como es? —preguntó de pronto.
Las miradas se dirigieron a ella.
—No tienes que... —dijo Mila.
—Quiero —respondió—. Ya es hora de que alguien cuente la historia completa.
El ruido bajó.
—Nuestros padres murieron cuando teníamos nueve años —comenzó—. Un accidente. Un incendio. La casa... —se detuvo un segundo—. No quedó nada.
Nadie habló.
—Nos criaron nuestros tíos, los padres de Noah. Gente correcta, pero distante. Nunca fuimos hijos, éramos responsabilidad. Jax creció rápido. Demasiado.
Miré hacia él. Seguía de espaldas, ajeno a todo.
—Cuando cumplimos dieciocho, heredó el patrimonio de nuestro padre. Empresas, tierras, dinero. De golpe dejó de ser solo el chico raro del pueblo y se convirtió en algo que todos querían controlar.
—Por eso se apartó —murmuró Sienna.
Lily asintió.
—Aprendió que el silencio protege. Que no acercarse evita pérdidas. Jax no es frío. Está cansado.
El sol tocaba ya el borde de los árboles.
—Y tú... —pregunté—. ¿Por qué te fuiste?
Lily sonrió con tristeza.
—Porque alguien tenía que aprender a vivir sin miedo.
El silencio fue distinto esta vez.
Más comprensivo.
Jax se giró apenas. Nuestras miradas se cruzaron. No había reproche. Solo algo abierto. Vulnerable.
Me levanté.
—Voy por más bebidas —dije.
No mentía del todo.
Me dirigí hacia uno de los chalets, buscando un poco de privacidad.
El interior olía a calma y apoyé las manos en la mesa.
Respiré.
—¿Siempre huyes cuando te sientes ahogada?
No me giré de inmediato.
—No huyo —respondí—. Me adelanto.
Jax estaba en la puerta.
Entró despacio, como si el espacio fuera frágil.
—No debí venir —dijo.
—Sí debiste.
—No soy bueno en esto.
—En hablar —aclaré—. En sentir, parece que sí.
Se detuvo frente a mí. Demasiado cerca.
—Lo que hiciste en la cafetería...
—Fue una decisión —dije—. No un error.
—Me desarmaste.
Eso me tomó por sorpresa.
—No era mi intención.
—Tal vez sí —respondió—. Tal vez viste algo que yo intento esconder.
El silencio se volvió íntimo.
—¿Y qué intentas esconder? —dije—. Eres misterio y eso te hace más atractivo para mí.
—Lo sé.
Alzó la mano, dudó, y finalmente tocó mi mejilla. No con urgencia. Con cuidado.
—Lo mismo eres tú para mí ... —se detuvo—. Y no quiero seguir mirando desde lejos.
Mi pulso se aceleró.
—Entonces no lo hagas.
Me miró fijamente y finalmente se acercó uniendo nuestros labios. El beso fue distinto al primero.
Lento, profundo, intencional hasta que se volvió intenso y brusco.
No había público. No había ruido. Solo respiraciones que se encontraron sin prisa.
Cuando me separé, el mundo no volvió a encajar de inmediato.
—Esto no estaba en mis planes —murmuré.
—Tampoco en los míos —respondió—. Y eso es lo que lo vuelve peligroso.
Volví acercarse a mi, esta vez me sujetó por la cintura subiéndome a la encimera. Abrió mis piernas colándose en medio de ellas profundizando el beso.
Sus manos subieron lentamente a mis pechos apretándolos, robándome un gemido. Cuando estaba apunto de soltar mi sostén, el llamado de Alondra me hizo despegarme de él rápidamente.
Salí del chalet con el corazón desordenado. La encontré a un costado de la piscina.
—¿Dónde estabas y porque estás tan roja como tu cabello? —Bromeó —. Aurelio y nana Matilde te necesitan para preguntarte qué ofrecerás a tus invitados.
Camine con ella en dirección a la casa sin atreverme a mirar atrás.
¿Qué diablos estaba despertando Jax Cole en mi?