Capítulo 6 : El Beso

1239 Words
El trayecto de regreso a casa fue silencioso. No un silencio cómodo. Uno cargado. El motor del auto marcaba el tiempo. Bosco conducía con la vista fija al frente. Mi madre observaba por la ventana como si el pueblo pudiera devolverle respuestas si lo miraba el tiempo suficiente. Mi padre tenía la mandíbula tensa, las manos entrelazadas. Alondra miraba en su móvil sus r************* tratando de verse distraída. Yo miraba a través de la ventana el bosque a medida pasábamos en el. El auto se detuvo llegando a casa, al bajar y entrar vino la primeras palabras. —¿A qué se referían? —preguntó mi madre al fin—. Eso de la fama. —A nada concreto. —Blake —dijo mi padre—, no fue un comentario casual. Hubo risas. Hubo señalamientos. Respiré hondo. —Caminar con alguien aquí parece ser un delito —respondí—. Eso es todo, no tienen de que preocuparse. —¿Con alguien? —repitió mi madre—. ¿Quién? —Un chico del pueblo. Alondra levantó la vista. —¿El del bosque? —Alondra —la reprendió mi madre, aunque sin dureza. Mi padre guardó silencio unos segundos. —Redwood Falls no es amable con lo que no puede clasificar —dijo finalmente—. Y mucho menos con lo que no controla. —No hice nada malo —respondí—. Pero aquí eso no importa. —Mientras vivas bajo este techo, cuida lo que haces... y con quién decides provocar. —Te recuerdo que ya soy mayor de edad padre, esas advertencias puedes usarlas con Alondra que tiene dieciséis. —Blake, hablo enserio. —Y yo también padre —Respondí serena —. Porque si entonces querrás cortarme las alas solo por este ser un pueblo aburrido, me iré a Italia con mis abuelos para ahorrarte los disgustos. —Nunca te hemos cortado las alas porque ya eres mayor y sabes lo que haces —Responde mi madre —. Solo queremos trates de integrarte bien al pueblo sin problemas. —Es decisión de ellos si quieres recibirme de esa manera madre. No pienso dejar de ser yo solo porque un grupo de personas creen que pueden venir a juzgarme cuando no he hecho nada malo aún. Subí a mi habitación con esa sensación incómoda de haber discutidos con ellos por un grupo de personas malintencionadas. El domingo decidí pasarlo encerrada en mi habitación mirando algunas series y sin ganas de hablar con absolutamente nadie. El lunes llegó sin ceremonias. Me vestí de n***o, como siempre.está vez con un vestido n***o, botas negras y mi chamarra favorita. Cuando llegué a la preparatoria, supe de inmediato que el rumor había pasado la noche despierto. Las miradas ya no eran curiosas. Eran expectantes. —Es ella. —La que anda con Jax Cole. Mila apareció a mi lado apenas crucé la entrada. —No sabes lo que se está diciendo. —Sí lo sé —respondí—. Y aún no han dicho nada interesante. Harper y Sienna se unieron al grupo. —Hoy están atentos —dijo Sienna—. Como esperando algo. —Que esperen —respondí—. Quizás hoy si les dé una razón para hablar de más. Entonces lo sentí. No el rumor. La presencia. Giré la cabeza y ahí estaba Lily. Caminaba por el pasillo con la misma seguridad que la noche anterior en la feria. Nuestros ojos se cruzaron y ella sonrió. —Vaya —dijo al acercarse—. Así que aquí es donde te juzgan de lunes a viernes. —Y a veces los fines de semana —respondí. Mila nos miró, confundida. —¿Ustedes...? —Nos conocimos anoche —dije—. En la feria. —Y confirmé algo —añadió Lily—. Este pueblo necesita un buen temblor. Harper tragó saliva. —Espera... ¿tú eres...? —La hermana de Jax —respondió Lily—. Sí. La que se fue cuando apenas era una niña. El murmullo subió de volumen. Y entonces apareció Vera. Impecable. Sonrisa perfecta. Control absoluto... hasta que vio a Lily. Su expresión vaciló apenas un segundo. Suficiente. —No esperaba verte de regreso —dijo Vera —. Aún recuerdo cuando éramos unas niñas y éramos mejores amigas. —Veras, en ese entonces no sabía lo insoportable y horrible que eras como persona —Respondió calmada —. Pero ahora que veo que te crees una maldita perra, puedo ayudar a bajarte esos aires. Vera no respondió nada. Giró la mirada hacia mí. —Veo que no le temes al ruido y las habladurías. —El ruido ya existía —respondí—. Yo solo camino dentro de él y las habladurías no es algo que me pueda robar la calma. —Ten cuidado, Blake —advirtió—. Aquí no perdonan a quienes se creen por encima de los demás. —Tranquila —intervino Lily—. Blake no se cree más que nadie. Ustedes se sienten por debajo de ella. El timbre sonó. Vera se alejó, pero no sin antes darme una última mirada de odio. Pasaron las primeras tres horas de clases y llegó el receso. La cafetería estaba llena. Demasiado. Las conversaciones se detenían cuando pasaba. Las bandejas sonaban más fuerte de lo normal. Nadie fingía ya. Jax estaba sentado en una de las mesas del fondo, con Ethan y Noah. No reía. No hablaba. Su mirada se alzó cuando me vio entrar. Sabía entonces que era el momento correcto para el show. Caminé directo hacia él. Cada paso era una decisión. Mila me llamó en voz baja. —Blake, ¿qué haces?... No me detuve. Jax se puso de pie cuando estuve frente a él. —Esto no es buena idea. Estás alimentado más los rumores solamente—murmuró. —De igual forma siguen —respondí. Sentí las miradas clavándose en la espalda. La cafetería entera conteniendo el aliento. —¿Qué crees que haces? —Darles un show de verdad. Tomé su rostro entre mis manos antes de que pudiera reaccionar. Y lo besé. Sus labios se entrelazaron con los míos y bailaron al mismo paso que los míos. No fue suave. No fue largo. Y ardiente. El silencio cayó como una explosión invertida. Luego... el murmullo. Risas ahogadas. Exclamaciones. Bandejas cayendo. Alguien silbó. Solté a Jax y di un paso atrás. Sus ojos estaban abiertos, incrédulos y su cara completamente roja. —Ahora sí —dije en voz baja—. Ya tienen algo real de qué hablar. Ethan se levantó de golpe. —¿Estás loca? —No —respondí sin mirarlo—. Estoy harta del ruido sin razón. Jax no dijo nada. Solo me observó como si acabara de ver algo que no sabía nombrar. Vera estaba de pie al otro lado de la cafetería justo detrás de él y su mirada solo gritaba rabia. Ahora sí tenía un chisme. Uno imposible de negar. Lily apareció a mi lado, divertida. —Eso —dijo— fue arte. —Ya hacía falta algo de show verdadero —respondí. —Este pueblo no va a olvidarlo. —No quiero que lo olvide. Caminé fuera de la cafetería sin mirar atrás. Sentía el pulso firme. La espalda recta. El rumor ya no respiraba. Ahora gritaba. Y Redwood Falls, por primera vez desde mi llegada, tenía una historia verdadera que contar...
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