Maledetta tentazione

876 Words
El jet privado aterrizó en una calurosa Isla. Bajé sin mirar atrás. El calor me golpeó primero, luego el olor sal, humedad, algo más... algo que no podía nombrar. Aspiré profundo. Mi mandíbula se tensó. El aire sabía a advertencia. Un auto n***o me esperaba. Sin palabras, el chofer extendió la mano con las llaves. Las tomé. Trueno mi cuello. Golpeé el capó con los nudillos, apenas un roce, pero suficiente para que el metal se hundiera Subí. El trayecto fue corto, pero cada metro que me acercaba a esa maldita Academy me arrancaba algo. El primer botón de mi camisa cedió. Luego el segundo. La corbata quedó suelta, colgando alrededor de mi cuello Tragué saliva al llegar. Bajé. El lobo dentro de mí golpeó mi pecho con fuerza. Yo lo imité, con la palma abierta. —Contrólate— murmuré. No era una petición es una orden Elevé mi rostro. Y entonces la vi. Ella. Ojos café claros, como si la luz del sol se reflejará en ellos. Labios rosados, cejas pobladas, cabello castaño semi desordenado. Algo se rompió dentro de mí. Algo que nunca había estado completo. Algo que no sabía que existía. No podía dejar de mirarla. Hasta que lo sentí. Una camioneta se estacionó detrás de mí. Tan cerca que casi me tocaba. Me giré lento. Lo suficiente para que mi sangre hirviera Marcello bajó. Traje oscuro, lentes, una flor blanca en sus manos. Desgraciado traidor. Sonrisa ladeada. Bastardo elegante. Sus colmillos se alargaron apenas me vio. Me acerqué. No pensé. No dudé. El golpe fue seco. Su nariz crujió. La sangre brotó. Marcello lamió su propia sangre y sonrió. —También es un gusto volverte a ver— dijo con un tono algo suave Maldito desgraciado. Note como Elevó su rostro hacia la ventana. Pero ya no había nadie. Solo el vacío. —Che meraviglia— susurró en italiano, con esa maldita sonrisa. Su mirada se volvió oscura. Lo sentí. Lo vi. Hasta que una presencia nos cortó el aire. Una mujer. Seria. Brazos cruzados. Voz firme. —Mi Academy, mis reglas. Si no quieren que les apague sus lobos, lo mejor es que cumplan. Los mellizos Callter. Bienvenidos a la Academy Wolf. Ahora caminen. De seguro allí los esperan. Marcello sonrió. —Un placer. Pero créame, lo mejor es que mantenga a este bastardo lejos de mí. Reí. Elevé la mano, listo para responder. Pero ella me detuvo. —Nada de peleas. Las diferencias las dejamos para el campo de entrenamiento. Dijo. Y entonces lo supe. La guerra no había comenzado. Ya estábamos dentro de ella, Marcello Entramos. La famosa Academy Wolf. Habían jardines cuidados, parques, lagunas y mucho sol. Hice una mueca. Demasiado hermoso. Demasiado limpio. Demasiado falso. Crucé mirada con Stef. Rodamos los ojos al mismo tiempo. Él me sacó el dedo. Lo ignoré. Como siempre. Como si no existiera. Como si no fuera mi maldito reflejo Adentro habían varios hombres. Algunos bajaron la cabeza apenas nos vieron. Stef se rió. Alzó la suya más alto, mientras me veía de reojo Yo troné mis dedos. Los metí en los bolsillos. Observé a los que faltaban. Los que aún no sabían que el infierno había llegado para este lugar Le guiñé el ojo a Stef. Solo para provocarlo. Solo para que recordara que no importa cuántas cabezas se inclinen, él siempre será mi sombra. Una tos oculta rompió el aire. La señora de antes, la dueña de esta prisión disfrazada de academia, hablo —Me di cuenta que son poderosos. Pero aquí nadie es menos que nadie. Así que por favor, bajen su aura. Elevé las manos. Sonreí. Susurré —Non è colpa mia se si sentono meno della mia persona. Ella asintió. —¿Puedes hablar español? Es que acá todos hablamos español. Aunque ya se lo que dijo. Stef asintió. Yo también. Aunque no lo hice con palabras. Solo con una mirada Entonces la vi. La flor blanca. Llena de sangre. En mi mano. La observé. Y algo dentro de mí se quebró. Mi corazón palpitó fuerte. No era dolor. Era algo peor. Como si el pecho se cerrara. Como si el aire no supiera por dónde entrar o salir, como si el cuerpo gritara que saliera corriendo. Un paro cardíaco sin muerte. Solo el aviso. Solo el dolor Miré a Stef. Estaba serio. Mandíbula tensa. Como si sintiera lo mismo. Como si supiera lo que venía. No quería elevar el rostro. Pero lo hice. Y allí estaba. Ella. Rellenita. Ojos claros. Piel blanca. Cabello castaño. Una visión que no debía estar en este lugar. Una visión que no debía tocarnos. La señora de la Academy se acercó a nosotros, su presencia era firme. Pero yo ya no veía a la humana, ni tampoco Stefano Negamos mientras observábamos como todos los desgraciados se reían y mostraban un maldito afecto hacia esas cositas. Ya se como se siento, es como. Desinterés. O algo peor. Odio disfrazado de indiferencia. Besé la flor. La sangre aún tibia. Luego la lancé al techo de basura más cercano. —Maledetta tentazione— susurré Stef repitió, serio —Maldita tentación. Y en ese momento lo supe. Este es el mejor momento para acabar con todo. Si ella no es mía, no será de nadie.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD