-¿Quiere bailar? – cuestiono el joven y ella asintió, los dos adolecentes caminaron de la mano hasta la pista de baile, una vez ahí se tomaron de ambas manos y bailaron al ritmo de la música. -No sabia que mi sobrina tenía una prima tan hermosa. Los halagos de Pablo hacían el estómago de Erika revolotear, gruesos suspiros salían por parte de él, a sus diecisiehte años próximos a cumplir dieciochos había salido con muchas chicas pero ninguna le había hecho sentir cosas desde el primer día. Pablo Rúales se caracterizaba por ser un joven mujeriego, en cada salón del instituto donde estudiaba tenia dos novias, para el era divertido verla pelear por él. -¿Tienes novio? – inquirió y ella negó. En cuanto a Erika, ella era una jovencita reservada, desde que su padre murió se encerró en el co

