Maximiliano El silencio de la mansión siempre ha sido mi aliado, pero esa noche se sentía espeso, cargado de una electricidad estática que me erizaba el vello de la nuca estaba en mi despacho, con un vaso de whisky en la mano y los monitores de seguridad proyectando el mapa térmico de nuestras rutas bloqueadas, cuando Noah entró sin llamar su rostro me lo dijo todo antes de que abriera la boca. Noah era el único que podía entrar aquí sin pedir permiso, el único que conocía la profundidad de las grietas en los cimientos de mi familia. —Señor, hay un vehículo en la puerta principal sin blindaje pesado, identificación diplomática de la vieja guardia es su padre Alejandro está aquí. Cerré los ojos un segundo, sintiendo una punzada de irritación el pasado no solo llamaba a la puerta; venía

