Ainoha El silencio en la mansión finalmente se sentía como un aliado y no como una amenaza. Durante meses, cada sombra en los pasillos me recordaba a Matías, a su obsesión y a la violencia que siempre parecía seguirlo pero hoy, tras la confirmación de Max, el aire era distinto. Matías estaba encerrado. El hombre que había intentado destruir mi cordura y que veía a nuestro hijo como una herramienta de venganza estaba, por fin, bajo el control absoluto de Maximiliano. Cuando Max entró en la habitación, cerrando la puerta tras de sí con ese peso definitivo que solo él posee, sentí que mi cuerpo se aflojaba. No hubo palabras al principio. Él me rodeó con sus brazos, hundiendo su rostro en mi cuello, respirando mi aroma como si fuera su único anclaje a la cordura tras días de caza. Me g

