3: Lo tengo todo, pero no me tengo a mí

5000 Words
Suelen decir que las personas llegan en el momento adecuado, dos almas rotas, dos almas quebradas por el mismo demonio pueden llegar a sanar lo que alguna vez dolió, puesto que dichas ambas se conocen a la perfección, porque han vivido en carne propia lo que se siente el dolor y el mal sabor de boca que este puede llegar a dejar. Así que, así se conocieron, dos almas rotas, completamente quebradas y vacías, con los reconocimientos colgados en las paredes y con el nombre en lo alto si lo buscabas en el internet, dos almas que se encontraban vacías se encontraron, para llegar al extasis, llegaron para sanarse, o para romperse el alma aún más de lo que ya se encontraba. Así que, ¿Cómo dos personas completamente lastimadas podían sanar? Murphy y Diego tenían una lista, pero, Brianda sentía, que las listas no a todos les funcionaba, no era tan fácil. LEONARD Así que, pase mi vida entera con la persona indicada, la chica no se parecía en nada a la rubia que se encontraba en mi departamento, y de hacerlo ni siquiera le hubiera invitado a pasar, ni ponerse una de mis camisetas. En realidad, después de aquella chica, no pensé si quiera en ver a otra mujer, me causaba conflictos. Me adentré a la tienda, sintiendo la brisa del aire acondicionado en mi rostro y la campanilla resonar apenas abrí la puerta, mis ojos cazaron a Laura, quien apenas me miro inclino su cabeza hacía un costado, curiosa. Trabaje aquí alguna vez con ella y mi ex, un triangulo amoroso para la última, yo creía que éramos los tres amigos. Afortunadamente, Violeta se fue de este pequeño pueblo, pero Laura y yo nos quedamos aquí. En algún momento, fuimos tres grandes amigos, hasta que el tornillo de Violeta, se safo. Nunca había entendido con claridad cómo es que las cosas habrían llegado a ese punto y, ¡Vaya que lo había intentado! ¿Pero cómo podía decirlo en voz alta? Yo ya había conocido al amor de mi vida, yo ya habría pasado por la etapa en donde las personas dicen que lo tienes todo, el amor que todos decían que era bueno, el amor que te llenaba las venas y no querías absolutamente nada más, yo ya había pasado todo, pero al final inclusive llegaba a sonar tonto, porque aquel hombre que decía que lo tenía todo, se quedo sin nada. Así que se me rompió el corazón y todo se vino cuesta abajo, la chica que amaba me habría apuñalado por la espalda, y me habría hecho dudar de cada rincón de mi cuerpo. Cuando eso sucedió, cuando mi corazón se rompió de un modo estrepitoso, me perdí, comencé a estudiar demasiado y las mismas palabras salían de los labios de Laura, "¡Vamos! ¡Tienes todo!" Pero, ¿Cómo es que podía darle la razón? No podía hacerlo, no tenía nada. Tenía los reconocimientos, ser el mejor de la clase, ser inteligente, trabajar en un lugar demasiado importante para la física, tenía las cosas que todos decían, que podía hacerme feliz. Y quizá sí, lo tenía todo, pero no me tenía a mí. Quizá sí, lo tengo todo, pero no me tengo a mí. Así que, me preguntaba, ¿Qué era lo que me habría traído aquí? El tener la iniciativa de ayudar a la rubia, a la rubia loca se subió a mí mismo vagón del tren y me tiro mi café. No la conocía, me habría arruinado el traje que tenía—el mejor de hecho—, con su café, pero… El hecho de a ver visto sus ojos desesperados al ver que él no paraba de perseguirla, fue lo que hizo que mi sangre se fuera a los pies, la Rubia merecía un poco más. Caminé por los pasillos de la tienda, miraba cómo los ojos de Laura iban detrás de mí con cada uno de los pasos que daba, era un poco incómodo para ser honestos. Miré en los aparadores, Brianda, ella era una chica que conocía porque mi hermana no dejaba de ver los programas en donde ella bailaba, siempre fue su favorita, diciendo que merecía más atención por parte de Denisse, su instructora, de tener más podría ser que su potencial no dejará de subir. Tomé un tinte castaño, para la Rubia y seguí caminando. No quería gastar mucho dinero, puesto que no quería rozar mis límites, relamí mi labio y coloqué este en la canastilla, para caminar a los refrigeradores y tomar una lata de energizante, miré hacía la izquierda y tomé un par de chicles, y un café. Comencé a dejar cosas en caja, para ver a Laura con el chaleco naranja, y aquella gorra del mí. —Hola Leonard—, Alargo. Para comenzar a tomar los productos y marcar los códigos de barras—. ¿Lo has pensado ya? —Ajá, sería todo—, Dije borde. Ella hizo una pequeña mueca, para comenzar a pasar los productos a marcarlos, sin embargo, sentía su mirada sobre mí. —¿Cuándo me vas a aceptar la salida al cine? Terminaste con Violeta hace mucho tiempo. ¿No es suficiente? —, dijo inclinándose sobre la caja un poco, para ver directamente a mis ojos—, En algún punto fuimos amigos. —Ya, ¿Cuánto sería? De las cosas. Ella rodó los ojos, para estirar la bosa de papel sobre encima, cobrándome, le pagué y salí de la tienda directamente a casa. Laura, ella de verdad era agradable y en algún punto si fuimos muy buenos amigos, la cosa era que no podía verle de un modo tranquilo sin recordar los daños que habría dejado Violeta en su vida, en su moral. Ella nunca se me habría insinuado de ningún modo estando con ella, así que salir con ella… De cierto modo me recordaría a Violeta, y no quería eso. Habría cerrado ese capítulo desde hacía ya bastante tiempo, salir con ella sería un golpe a mis recuerdos. Tampoco quería eso. Iba a ese mí porque era el más cercano a mí casa y no quería caminar seis cuadras más. Mientras caminaba, pensé en la rubia que se encontraba en mi casa, ¿Eso de verdad podría funcionar? El dejarla vivir en mi departamento por un tiempo en lo que buscaba a donde ir, quería ayudarla, porque algo dentro de mí decía que era lo correcto, pero… Sentía que sería un desastre, tenía a alguien que la perseguía cómo un depredador a su presa. Sabía que sí, tarde o temprano el tendría que encontrarla, pero no quería bajar las esperanzas de la rubia, después de todo, estás ya eran demasiado bajas. Apenas giré, a la cuadra en donde se encontraba mi departamento, en mis ojos llamo la atención aquel coche blanco, pensé, ¡Diablos! ¿Cómo pude olvidarlo? Comencé a subir con rapidez y a penas abrí la puerta noté cómo Ale la tenía acorralada, y ella tenía los ojos fruncidos a par, furiosa de encontrar a la rubia en su campo de visión. Estaba enojada y podía notarse a miles de kilómetros de distancia, fruncí las cejas un poco, cerrando la puerta detrás de mí. —¡Ya dilo! ¡Quién demonios eres! —le grito con ambas manos a un costado de ella—, ¡Habla gas…! —¡Hay! ¡Ale! ¿¡Qué te pasa!? —, le pregunté para caminar en pasos veloces a ella, para separarla de la Rubia—, Deja ya a… —A… ¡A quién! —dijo presionando un poco más a la Rubia en la pared, soltándose de mi agarre, en el rostro de ella se notaba que se estaba conteniendo—, ¿Quién es ella Leonard? ¡¿Y por qué está usando tu camisa?! ¡Habla! Ella me miro, tomo una bocanada de aire y me dio una sonrisa pequeña de lado, incómoda, parecía estar mordiendo la punta de su lengua para evitar ser grosera, en realidad esto, se miraba cómico. —Saray—, Dijo con seguridad, alzando ligeramente el mentón—, Un placer. Saray, solté una risa llena de burla a lo que ella me fulminó con la mirada. Se enderezó y se soltó del agarre de ella con un poco de fuerza, sonrió un poco forzado. —¿Y eso qué? ¿Qué mierda hace esta chica en tu departamento? —Ser acorralada, por una hermana loca—, Dije tomando la muñeca de la rubia, sacándola del encierro de Ale—, ¿Qué te pasa? —Ay, no seas idiota Leonard, ¿Qué hace en esta casa? ¡No la quiero aquí! —, chisto con un poco de enojo—. Ya, quiero que se vaya. —Tss, eso será un poco difícil, ya que ella vive aquí—, Dije con burla. Los ojos de Brianda parecieron entender algo erróneo, para después dar un paso hacia atrás. Pude imaginar lo que pensaba porque pareció dudosa antes de hablar, ella era segura, incluso cuando corría por las estaciones del tren parecía tener seguridad en sus pasos, no temía de sus decisiones. —Yo… Lo siento, no quería ser inoportuna—dijo con los ojos arrepentidos—, Ni una molestia yo... Ale soltó una risa llena de burla, para después girarse sobre su mismo lugar, se recargo en la pared para después alzar las cejas. —Ya, ¿Me puedes decir quién eres? —le dijo con una mueca—, Me estás sacando de mis casillas Leo. —Saray es mi novia, Ale y ella vive conmigo así que no sé qué es lo que pudieras hacer para que ella no viva aquí—dije poniendo a un lado de ella, ella alzó ambas cejas para después mirarme una vez más—, Rubia, ¿Puedes darme un minuto a solas con mi hermana? —¿Tu hermana? —, dijo en un susurró para después asentir, un suspiro lleno de alivio salió de sus labios—, He... Sí, yo.... Parecía no saber qué hacer, le abrí la puerta de mi cuarto y ella sonrió para susurrar un "gracias", miré hacía Ale quien me miraba con cara de pocos amigos. —Tú novia, ¿Desde cuando tienes novia Leonard? —. espetó sentándose en el sofá—, Además, es... Extraña, parece ser muy… fresita. No parece ser tu tipo. —Deja ya ese tema por la paz, es mi novia, ¿No era lo que querían? ¿qué tuviera una novia? —pregunté cansado—, Pues ya está, la tengo, ¿Por qué simplemente no te alegras por mí? —Me alegro por ti… Es solo que no quiero que pase lo de la última vez, no quiero que te hagan daño hermanito—, dijo pasando sus manos por mi rostro—, Eres él menor, de todas nosotras. No queremos que pases por lo mismo. —La Rubia es diferente—dije soltando un suspiro—, Pide una pizza, por favor, iré a ver cómo esta ella. Con tus gritos, seguro me termina. Lo dije burlón. Ella rodó los ojos para después asentir, dejando caer su peso en el sofá, solté un suspiro con pesadez para después caminar hacía la habitación, toqué dos veces antes de entrar, la Rubia estaba recostada en la cama con los ojos tapados con ambas manos, tomando bocanadas de aire. Me habría estado preguntando durante todo este tiempo que es lo que había hecho que era lo que había hecho que aceptará, podría escuchar que tenía las personas que decían que tenían absolutamente todo, ¿Cómo es que de tenerlo todo se perdió en absolutamente todo? —¿Cómo estás Rubia? —, pregunté, ella alzó las cejas—, Lo siento, no sabría que Ale vendría. Es decir, se que día es hoy, pero… Se supone que yo iría a su casa, no al revés. —Ya, no te preocupes Leo—, dijo sentándose en la cama—, Soy yo la que está de… —Te quitaste el maquillaje de novia—, Le dije burlón, ella sonrió levemente—, Así que, ya conoces a mi hermana. —Una hermana muy interesante, a decir verdad—, Dijo con tranquilidad. Sus ojos claros me miraban con curiosidad, me recordaba a una cantante que veía Fátima, Sabrina Carpenter, sólo es que ella era alta, pero incluso habría visto una película con Fátima en donde ella bailaba, resultaba bastante gracioso para ser verdad. —Ya, ¿Te gusta la pizza? —pregunté interrumpiendo su discurso—, Es noche de pizza, veo películas con Ale, ahora contigo también. Ella sonrió un poco cómo si esas palabras hubieran calmado algo dentro de su interior, se enderezó y acomodó la camisa que le habría prestado. —Ya estás, novio—, dijo con diversión levantándose de la cama—, Sí, me gusta la pizza. —Pues vamos. BRIANDA CARPENTER Pase casi toda la tarde mirando con atención en dirección del par de hermanos, quería concentrarme viendo la película, pero por alguna razón mis ojos terminaban por ver en dirección de esos hermanos. FLASHBACK —¡Mira lo que compre con el dinero del premio! —, Dije con emoción adentrándome en la habitación de mis hermanos, sosteniendo el comic entre mis dedos—, ¿No es grandioso? —¿No te enseñaron a tocar? —, Pellizco el puente de su nariz con cansancio Jair—, ¿Quién te invito a pasar? —Ah… Yo, solo quería enseñarles—, Dije en tono dudoso—, También renté una película, la que querían ver… —Ya la vimos, es una pena, ¿No? —, Dijo en tono burlón él—, Cierras la puerta al salir. —P-pero… —Vete. —Yo creí—, Alargué, Jair se levantó con molestia y me tomó del brazo, sacándome de su habitación. —Así esta mejor—, Dijo, cerrando la puerta en mi rostro. FIN DEL FLASHBACK Supongo que en más de una ocasión deseé poder llevarme con mis hermanos del modo en el que, Ale y Leonard se estaban llevando, quería, o mejor dicho siempre quise ser cómo ellos lo demostraban ahora. Casi toda la tarde la pasamos viendo películas, la primera fue de acción, la segunda era una película de terror, podía ver cómo la hermana de Leo me miraba de reojo una y otra vez, mientras que parecía estar pensando tantas cosas en un solo minuto, seguro a sus ojos yo era una intrusa y quisiera que yo no estuviera con su hermano, no me conocía, pero yo estaba analizando la situación. Ellie habría pensado en algo ya, Ale era sobreprotectora con Leo por algo que habría pasado seguramente, sentía aún sus agarres en mis manos, en ese momento pasaron tantas emociones por mi vientre, pensé en golpearla, pero me contuve, no sabía quién era y era la misma razón por la que ella hacía eso, en mi cabeza si paso el hecho de que pasaría ella la vida viniendo aquí una y otra vez, pero yo era la intrusa en su vida, una persona que habría llegado en su casa sin previo aviso. Pensé seriamente, en que ella era novia de Leo, lo habría pensado una y otra vez mientras que sus manos me sujetaban tan fuerte, nunca había sido tan débil, intentando no ser la persona que era, Brianda por el momento tenía que estar muerta, sumergida debajo del lago, con las plantas enredadas en mis piernas, pensé en ello un par de veces, tenía que hacer algo con mi apariencia, con todo en realidad. ¿Quién sería ahora? Tenía la oportunidad perfecta para cambiar por completo, tenía la oportunidad de ser la persona que no había sido por miedo del que dirán, tenía la oportunidad de volver a ser feliz, ¿Por qué esto al principio parecía mala idea? No debía de casarme y en este preciso momento me di cuenta que, estaba tomando la mejor decisión de mi vida, matar a Brianda. —Lamento mucho haberte hecho eso, no sabía que eras novia de mi hermano—, dijo Ale, para después darle un trago a su cerveza—. De haberlo sabido, no hubiera sido tan… Tan cómo lo fui. Mezquina. —Ya, sí, no te preocupes—, dije jugando con la cerveza que me había dado Leo—, Está bien, querías proteger a tu hermanito. O romper mis muñecas, da igual, casi lo mismo. Le sonreí y le di un trago largo a la cerveza, ¿Cómo es que podía lucir ahí tan amigable y casi romper mis huesitos? —Sí, es que Leo con todas las chicas que trae a casa, pensé que eras…—, Comenzó, sonreí inconscientemente. Aun quería hacerme enojar, de cierto modo aún buscaba un modo de hacer encender una chispa que se encontrará de mi cuerpo, a su mala fortuna no lo lograría, conocía a Leonard desde hace menos de un día, así que… No me interesaba si el traía a diez mil y un chicas a su casa. ¡En hora buena! —Ale—, advirtió él, antes de que pudiera seguir con las palabras que ella estaba diciendo—, Ya, sabes que es una mentira. ¿Aún atacaras a la Rubia? La Rubia, del modo en el que lo decía, me causaba intriga, habría comenzado a decirme así desde casi que cruce la puerta de su departamento, sin mencionar ya que me llamaba Brianda. Él si era un perfecto mentiroso. —Sí, lo que digas—, le di un trago largo a la cerveza para sonreír de lado—. Entonces, Leonard, tienes dos hermanas. —Tres, en realidad—dijo Ale, para enderezarse—, Soy la mayor de ellas, después está Fátima, Sarah y el pequeño Leonard… Y no sólo de estatura he de comentar. Solté una risa. Ale era muy alta, más eso no hacía a Leonard pequeño, tenía una estatura interesante, era alto, pero no demasiado alto. Quizá estatura promedio. —¡Ale! —, interrumpió, nuevamente él—, Ya, deja de querer hacer quedar mal con la Rubia, que créeme que por mucho que lo intentes no vas a lograr que algo pase. Sonreí de lado, para acomodarme a un lado de él—Sí, no hay algo que no pueda hacer que deje de quererlo—, Dije dulce, escondiendo mi sonrisa burlona debajo de la cerveza—, Somos el uno para el otro. —Ya… ¿Y cómo es que ustedes se conocieron? —, Preguntó repentinamente, le miré de reojo, para ver a Leonard—, ¿Tienen una linda historia de amor? Quizá una falsa. —En una tienda de cómics—, dije antes de que Leo hablara, me enderecé—., El estaba buscando el mismo que yo, así que… —Comenzamos a pelear, porque ella lo tomo primero—, Dijo con burla Leonard, mirando en mi dirección—, Luchando por ver quien se quedaría con el único cómic de… —X-Menú—, Dije mirando de reojo hacía la pared—, Edición del 2002, ambos lo queríamos, terminamos hablando, después de pelear… —Ella gano—, Me dijo, mirándome con curiosidad—, Se quedó con ese cómic. —Pero, lo invité por pizza, intercambiamos números, comenzamos a hablar cada día más—, dije tomando una rebanada de pizza mirando directamente hacía él—. Es como si hubiéramos estado destinados a estar juntos desde un inicio. —Ya… Qué cursi—dijo con burla, le sonreí ligeramente para ver hacía ella—, ¿Y a qué te dedicas Saray? —¿Perdona? —pregunté, intentando ganar tiempo. ¿A qué te dedicas? Miré hacia Leonard quien bebía de su cerveza, podía notar entre sus ojos cómo él pensaba también en algo. Seguramente tantas mentiras nos terminarían por consumir de un modo completamente impresionante, comenzada a darme cuenta de ella. —Trabajo en un bar, por unas cuadras de aquí—, dije para seguir comiendo. Quizá un par de verdades vendrían bien, olvidaría tantas mentiras—, en fin, ya hablamos mucho de mí, ¿Tu a que te dedicas? —Arquitecta, soy arquitecta—dijo bebiendo de su cerveza, miró hacía Leonard—, La película estuvo interesante, yo ya me iré a dormir. Espero recuerdes que mañana es la comida con nuestra madre, por el cumpleaños de Fátima. —Sí, ¿Cómo es que podría olvidarlo? —dijo él—, Descansa. Ale asintió, para después adentrarse a la habitación en donde seguro me quedaría yo, miré hacía Leo quien soltó una risa. —Vaya charla, tan interesante—dije con diversión, para mirar hacia él televisor—. Me gusta esa película. —Sí, entonces en realidad, ¿Te gustan los comics y este tipo de películas? —preguntó tomando otra rebanada de pizza—, Pareces ser más cómo del tipo de las que ve orgullo y prejuicio. —No, que va, quien hace eso es Murphy—, dije con diversión. Le di otra mordida a la pizza—, Sí, me gustan, pasaba tiempo de niña intentando pasar tiempo con…—Me quedé callada apenas lo dije, ¿Por qué le diría eso? —, Me gustan, les tome demasiado gusto, a ser honesta. —Interesante, serias una gran novia—, Dijo para ver hacía la pantalla—, ¿Lo serás algún día? Con una persona que ames de verdad. —¿Y crees que todos encuentran al “felices por siempre”? —, Me recargué en el sofá—, Creo que no ha todas las personas les llega ese cliché. Él miro hacía su habitación y encogió los hombros—, Alguna vez creí en ellos. —¿Y que paso? —, Pregunté curiosa. —Te compré un tinte, dijiste que serías castaña así que—, busco con su mano la bolsa, para encontrar aquella—, Saray, castaña, es por una serie, ¿No es así? —¡La has visto! —señalé emocionada, él sonrió un poco para asentir—, ¡Si la has visto! ¡A que está increíble! —Pues Rubia, tenemos tres cosas que pensar—, me señaló a lo que mis cejas se fruncieron—, Primero, vamos al cuarto, hay… Algo que puede escuchar. Susurró, a pesar de hacerlo una sonrisa burlona se llenó en mis labios, puesto que no había sido tan bajo aquel tono de voz con el que había hablado. Me levanté para caminar detrás de él a su habitación, en su mano tenía un par de cervezas y yo la pizza que había comprado, habríamos pensado en una grandiosa charla. Apenas entramos ambos él se sentó en la cama, hice lo mismo. Me pasó una de las cervezas y sonrió con un poco de burla. —Mañana, ¿Puedes acompañarme a la fiesta de mi hermana? —preguntó, alcé ambas cejas mientras le daba un trago a mi cerveza—. Es porque Ale piensa que somos novios… Sería un poco raro que te dejará aquí, sabiendo Ale que lo harás. —Sí, lo entiendo—, dije dándole un trago a la cerveza—. Sí, claro... Sólo que… Lo único que tengo que ponerme es un vestido de novia y sería un poco gracioso que… Mis palabras pararon por un par de segundos, cuando vi en mi mano aquel anillo de compromiso, cambie la cerveza de mano para alzar un poco esta, Aron no habría escatimado en gastos, habría comprado un anillo que parecía ser demasiado caro. —Creo que ya tengo una solución en lo que consigo empleo—, Dije sin dejar de ver aquel anillo, los ojos de Leo y los míos miraron en la misma dirección—, ¿Crees que ella lo haya notado? —¿Quién? ¿La mujer que parecía estarte interrogando de un crimen? —, Preguntó burlón—, Lo habría mencionado. —¿Lo crees así? —Lo habría mencionado, cómo todo lo demás que preguntó. —Ya, tienes razón—, dijo sonriendo—. Así que necesitamos algo más, Saray. —Saray—. Dije con burla—, Entonces, veamos un par de cosas, primero, Leonard, ¿Cuánto llevamos juntos? —Lo suficiente para vivir juntos, pero… No tanto para que me digan que por que no nos hemos casado—dijo, asentí—, ¿Cinco meses? —Sí, me parece bien, es casi medio año—. Asentí para después sonreír con diversión—. Nos conocimos en una tienda de cómics, y tenemos… ¿Cuándo fue la última vez que te visito una de tus hermanas? —Un mes, así que llevamos dos semanas viviendo juntos—, asintió, para después reír—. Toma otro pedazo, anda. Miré la caja de pizza. Por algún instante pensé en cómo las bailarinas teníamos que cuidar la alimentación, a la vista de los demás, eso no lo habría inculcado Denisse desde siempre, le miré. —Puedes comer bien estos días que no vas a bailar—, me dijo. Tomé una rebanada y le comencé a comer. No se trataba por comer—o no comer—si no que todo esto me resultaba un chiste, cómo si la persona que me habría convertido no fuera alguien familiar, una completa desconocida habitando mi cuerpo. Gracioso. —Murphy se estaría burlando de mí, no por la comida, cabe aclarar—, dije riendo—, Es por el hecho de que… Siento que estoy siendo otra persona, y todo eso en un día. —Ya… Pues estás teniendo otra oportunidad, puedes ser la que querías ser—, señaló, se levantó para después reír—. Veamos Rubia, dos semanas viviendo juntos, ¿Cuál es tú color favorito? —Ya… puedes inventártelo, cada historia, si tu hermana veía cada cosa que yo hacía desde niña, cada uno de mis bailes, seguro veía aquellas palabras que decíamos antes de entrar. —Sí, eres una loca. Eso es lo que puede pensar—, soltó burlesco—, Rubia, siento que aún no estás decidida en que es lo que quieres hacer, ¿Piensas regresar algún día? Regresar. Eso me sonaba tan irreal, porque el tiempo que llevaba aquí, a pesar de ser unas simples horas se habrían hecho un poco más divertidas y tranquilas que todos los años que fui Brianda Carpenter, por alguna razón, me gustaba más ser esta completa desconocida que la persona que llegué a ser alguna vez. —Sí, sólo que aún no se cuándo será el día que las cosas sean más tranquilas. —Ya, tú sólo piénsalo. Se levantó de la cama para comenzar a tender una cobija en el suelo, antes de que se acostará, cuando fue que lo noté, me senté ahí yo. —Soy yo quien duerme aquí. Es tu casa, tu cama—, le dije señalando con obviedad—, ¿Hay algo que deba saber de ti? Que me pregunten, tú puedes inventar las historias de mí, pero a ti te conocen desde siempre. —A ver, Rubia, estudió y trabajo desempeñando Física Teórica, trabajo en las mañanas y salgo en las tardes, y soy amante de los cómics y estás cosas, lo puedes notar. Asentí, para después recostarme en el suelo, él se recostó en la cama y miré hacía el techo, podía escucharlo hablar sobre las cosas que le gustaban, sobre en lo que había estudiado y aquellas cosas que podrían ser lo que le gustarán, podía sentir cómo él hablaba y hablaba, seguí pensando en aquellas cosas que decía, pero mi cabeza comenzó a viajar en los temas de lo que me habían hecho escapar. —¿Por qué tu hermana no quería que tuvieras novia? —pregunté, girándome en su dirección—, Es decir... —Hace un tiempo, pase una... Situación, desde ese entonces yo ya no quise tener novia, ni nada parecido—, me dijo, podía notar cómo miraba hacía el techo—, Me aleje de ello y comencé a estudiar un poco más, después de un tiempo mis hermanas querían que saliera pronto con alguien, creían que se me secaría el corazón y pronto ya no quisiera estar con nadie más. Pero tal parece que también si tengo una relación enloquecen. —Dicen que el amor de hermanos, es muy grande...—susurré. Eso era lo que me había traído aquí—, Eso es lindo... ¿Y qué paso con ella? —Bien, Rubia, descansas—, alargo con diversión—, Nos iremos temprano, espero no seas de sueño pesado. Reí, para asentir—, Hasta mañana, querido Leonard. Durante toda la noche, pensé demasiado, antes, sentía que todo lo que había logrado era lo que necesitaba, es decir, durante un tiempo me esforcé, me esforcé demasiado en ser buena, desde niña siendo una de las mejores bailarinas, siempre estando entre las tres primeras que se nombraban, nos habríamos esforzado demasiado en tenerlo todo. Pero me resultaba demasiado interesante cómo doloroso el si quiera pensarlo, así que, si, era Brianda Carpenter, lo tenía todo, de verdad lo tenía todo, aquello que mencionaban que te decían que era lo que te traía la felicidad, eso era yo, la chica exitosa que podía llegar a ser nombrada fuera de aquel pequeño pueblo en el que habría crecido, siempre me decían "eres afortunada" llegué lejos, lo suficiente para que las personas creyeran que mi vida era buena, ¿Pero lo era? No lo sabía con exactitud en esos momentos, ¿Cómo podía llegar a tenerlo todo? Lo tenía todo, tenía lujos, fama, tengo todo, pero no me tengo a mí.
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