¿Y no es gracioso? El corazón solo es un órgano más, solo tiene la función de bombear la sangre, pero yo, lo tenía roto.
¿Cuánto es suficiente?
Esa pregunta me la hice cientos de veces, más nunca pare, me giré para mirar hacía el techo, pasando la punta de mis dedos por aquella cobija roja, pensé demasiadas cosas antes de dormir, ahora, al despertar, había cientos de pensamientos rondando mi cabeza, uno a uno causándome dudas.
Mis ojos pararon a la cama de Leonard, donde él se encontraba dormido, quizá tenía razón “Estaba loca”.
—De verdad, estoy loca—, Murmuré sentándome.
Es decir, me encontraba durmiendo en la casa de una persona que recién conocía, cambiando mi nombre a Saray, teniendo las dudas en mi piel, y los nervios atorados en mi garganta.
Quizá esto no era un drama adolescente, yo ya no era una adolescente, pero me sentía de ese modo.
Por mucho tiempo pensé en que quizá estaba cometiendo uno de los errores más grandes de mi vida al no querer un hombre en mi vida, después me di cuenta que no era el hecho de que no necesitabas a un hombre para ser feliz, en realidad, no necesitas de una persona que sea lo único que te haga subir, es decir, siempre necesitamos un hombro del cuál podernos apoyar, pero eso no significa que tengamos que pasar todo el tiempo dependiendo de que alguien venga y nos haga felices, porque... Para que eso suceda, deberíamos de dejar que nuestra vida entera se caiga por la borda más alta.
Me desperté temprano, tan temprano que no podía dejar de moverme de un lado a otro, miré el reloj que se encontraba a un lado de la cama de Leonard, recién eran las siete, habría despertado hace un rato, más no me levantaba porque parecía ser grosero salir de la habitación con todos dormidos, pero necesitaba empezar a hacer más cosas, no podía ir todo el tiempo con la ropa de Leonard sobre mí, ni regresaría a usar el vestido de la madre de Aron, me parecía tétrico.
Miré a un lado de la cama, una sudadera, la tomé y caminé directamente hacía el baño sacándome la ropa de Leonard y colocándome esta, era de Spiderman, el de verdad tenía un gran gusto por los super héroes.
Tomé el anillo de compromiso, de la habitación, caminando de puntillas esperando no despertarlo, tomé sus gafas, esperando llegar a casa antes de que despertará y salí con pasos cautelosos de casa.
Comencé a bajar las escaleras con cuidado, miré de reojo cada lugar, tenía que aprender el regreso, sino me perdería y ahora si no tendría ni un solo lugar en donde estar, solté una risa sin gracia, si analizaba las cosas un poco a detalle, mi cabeza parecía ser un remolino de pensamientos, de emociones, muchas y pocas a la vez, parecía ser mera burla.
El frío se estrellaba en mi rostro de manera estrepitosa, no negaría que me sentía un poco agobiada y cansada de cada una de las cosas y situaciones que me venían pasando, era demasiado, quería creer que esto no era lo que tenía previsto, que las situaciones que me venían enfrente eran meras tonterías, pero no era así. Abracé mi cuerpo con un poco de fuerza, quizá tontamente aún seguía intentando juntar los pedazos rotos de mi corazón, ilusa.
Al haber tomado las gafas de Leonard me sentía ligeramente culpable, pero no quería que me viera alguien, necesitaba pasar desapercibida, misma razón por la cual tenía el cabello sujeto, y el gorro de la sudadera cubriendo mi cabello.
Miré las calles de la ciudad, Leo vivía en un lugar un poco alejado de donde yo vivía, nunca habría venido hacía acá, recordaba la cantidad inmensas de cuadras en las cuales corrimos, miré hacía él lugar de un lado a otro, me enderecé y seguí caminado, para estar jugando con el anillo que se encontraba en mi dedo, solté un suspiro, para seguir caminando, hasta que mis ojos encontraron una casa de empeño.
Caminé hacía ella, para después adentrarme, la señorita me sonrió con un poco de amabilidad, para después soltar un suspiro.
Miré hacía las cosas que se encontraban aquí, nunca habría empeñado ni vendido absolutamente nada en estas tiendas, todo lo hacía por internet.
Me adentré hasta el mostrador y miré a la chica quien me miro con curiosidad y dejo su celular, analizándome, sentí los nervios cayendo a mis pies, diablos.
—Hola muy buenos días, ¿En qué te puedo ayudar? —, dijo inclinándose hacia adelante, alzando sus cejas —. ¿Qué te trae por aquí?
—Quiero vender… Esto —, me saqué el anillo de compromiso —, Es bastante costoso.
—Sí, déjame evaluar eso a mí —, me dijo tomándolo, para comenzar a examinarlo—, Dame un minuto.
Asentí ligeramente incómoda y seguí mirando por el lugar, necesitaba sentirme con un poco de paz y esta… Esta parecía no querer regresar a mi cuerpo.
Miré hacía el lugar, era pequeño, pero tenía bastantes cosas en los estantes, me quedé pensando en lo que había dicho Leo, Física Teórica, ¿Qué hacía que un científico viviera aquí? Es decir, conocía poco, pero, ¿No era de las carreras mejores pagadas? Demasiado ingenio se habría de necesitar.
—¿Traes tu identificación? Necesito eso para poder comprártelo, señorita Carpenter—, Dijo arqueando su ceja.
—¿Perdona? —dije alzando las cejas. ¡Mierda!
—Vamos Brianda, te he visto bailar cientos de veces en televisión —, dijo a lo que fruncí las cejas —, De las pocas chicas que logró salir de este pequeño pueblo maldito, ¿Tienes alguna identificación o una factura?
¡Mierda!
LEONARD
La rubia, no podía dejar de pensar en que aquella chica que parecía tener la vida solucionada estuviera cargando un costal de demonios sobre su hombro.
Nunca podría entender eso con suma claridad, las personas que parecían tenerlo todo, en realidad no lo tenían, recordaba la pantalla que siempre habría dado la Rubia en las pantallas, jamás habría imaginado que esa chica un poco loca, se paseara por los pasillos llorando.
Miré hacía el techo apenas desperté, me senté y vi la ropa que le presté doblada en el mueble en donde tenía una computadora, también las cobijas ya estaban dobladas en la esquina de mi cama, fruncí la nariz para después pasar mis manos por mi cabeza, me levanté para caminar hacia afuera, notando cómo encontrar la sala y la cocina completamente vacía, fruncí la nariz, me acerqué al baño para tocar un par de veces, sin embargo, no respondió, la puerta se abrió y lo noté que estaba vacío.
—¿Qué sucede Leo? —. Preguntó Ale, soltando un bostezo saliendo de la habitación —. ¿En dónde está Saray?
—Saray… —alargué, para mirar hacía toda la casa —, Ella, en un rato vuelve.
Antes de decir algo más, me adentré a mi recamara, ¿Existía la posibilidad de que la Rubia se fuera? Es decir, no me generaba un hueco en el corazón ni mucho menos, no podía pensar en que eso me lastimará, porque no era así, no sentía absolutamente nada por la Rubia, pero, ¿Existía la posibilidad de que fuera una maldita? Sacudí la cabeza, caminé hacía el closet y apenas me iba a poner mis lentes me di cuenta que no estaban.
Si Brianda se fue, podría haberme robado algo mejor que unos lentes.
No lo sé, no tenía muchas cosas en el departamento, pero algunas si de valor, cómo los comics de colección, o el televisor, no lo sé.
Me senté en el borde de la cama, pasando mis manos por mi cabello, curioso de lo que podría ser que paso, más ninguna razón o respuesta venía con constancia a mi cabeza.
Escuché el sonido de la puerta y la vi llegar con un par de bolsas colgando de sus dedos, y sus brazos, habría hecho compras bastante… Esplendidas por la cantidad de bolsas que tenían.
—Quería llegar antes de que despertarás, lo siento —, dijo dejando las compras en la mesa, para acercarse a mí entregándome mis lentes —, Tenía que usarlos para pasar desapercibida, aunque en realidad….
—Ale ya se ha despertado —, le susurré con la voz baja —, ¿Vendiste tu anillo?
—Sí, así que lo use para comprar un poco de ropa en la de segunda en un tianguis, así que ya tengo un poco de ropa —, dijo divertida —, También compré el desayuno, y un par de cosas para la casa, que creo que serían útiles.
—No tenías que hacerlo —, le dije a lo que ella sonrió ligeramente —, De verdad.
—No, quería hacerlo —, dijo para dejar las cosas sobre la mesa —, Compré tacos, hace años que no como tacos, así que quería celebrarlo.
—Ya, sí —, dije para mirar la sudadera —, ¿Es mía?
—No podía salir con un pantalón que se me caía, lo siento por tomar tus cosas —dijo con una risa, para después mirar su cabello —, Lo cortaré.
—¿Estás segura? —, Le pregunté con curiosidad—, Siempre lo has tenido largo es… Parte de ti, supongo.
—Sí, y parece que tú sabes más de mí que yo de ti—, Dijo con burla para sentarse en una de las sillas, y sobre cortarlo…
—No estás segura—, Señalé.
No —, dijo divertida —, Pero, supongo que estaré bien, eso solo cabello.
Asentí, caminé hacía la puerta del cuarto en donde se estaba quedando Ale, notando que ella ya se encontraba dormida de nuevo, tomé aquella caja de tinte agitándolo en su dirección.
—¿Estás lista para un cambio, Rubia?
—Estoy nerviosa—, Dijo con una risa—, Demasiado.
—¿De verdad? —, Le dije extrañado, dándole la caja—, Ven.
Ella se adentro conmigo en dirección del baño, era pequeño, pero afortunadamente cabíamos los dos a la perfección sin parecer que nos habrían adentrado a una caja de sardinas.
—Nunca había pintado mi cabello —, dijo jugando con la caja —, Siempre habría amado ser rubia.
—Ya Rubia, pues despídete de ti, que dejarás de serlo —, dije para abrirla —, Siéntate.
—¿Tú me lo pintarás?
—Tu no sabes hacerlo—, Me burle de ella. Para mirar hacía el espejo, mirando su reflejo—, Entonces, ¿Lo cortaras?
—Sí—, Dijo dudosa.
Me sentía mal por ella, ver cómo poco a poco todas las cosas que en algún momento ella llego a tener se comenzaban a ir de sus manos, sin embargo, ella seguía siendo quien tomaba las decisiones, a pesar de todo, seguía manteniéndose con el carácter en lo alto, la mirada en lo alto. Siempre demasiado fuerte.
Sin titubear.
Busqué unas tijeras para mirar el cabello de la Rubia, pensé demasiado en su cabello y lo bonito que este se encontraba, era largo, muy rubio y no había un rastro de estar maltratado. Sus ojos miraron con atención aquellas tijeras y mordió con ligereza su labio inferior. Se enderezó y me miró.
—Estoy lista para hacerte un super traje—, Dijo segura, mirándome por el reflejo del espejo.
—Perfecto—, Le dije.
Comencé a cepillar su cabello con delicadeza, mientras pensaba en lo que esto pasaría, le habría cortado el cabello a Violeta alguna vez, y ella me habría enseñado a pintarle el cabello a ella, y a mis hermanas les habría ayudado un par de veces.
—Aun puedes arrepentirte Rubia, no he cortado nada—, Le dije, deteniendo mis manos en su cabello.
—Nunca me arrepiento de mis decisiones, Leonard—, Dijo con seguridad.
—Ya, loca.
Seguí cepillando el cabello de Violeta, pensando en ella, no podía parar por los pensamientos. Pensaba demasiado en las cosas que pasaban respecto a ello.
Salí de mis pensamientos y miré hacía donde su reflejo.
—¿Hasta dónde rubia?
—Hasta… Aquí—, Señaló poco arriba de sus hombros—, Por favor, Leonard.
—Bien—, Dije para comenzar a pasar mis dedos por su cabello.
Se lo comencé a medir con tranquilidad para después de un par de segundos, cortar el primer mechón, su cabello que antes habría llegado a las caderas ahora poco a poco comenzaba a caer hacía el suelo, cabello por cabello, la Rubia nunca bajo la mirada, ni titubeo, más no miraba hacía el espejo, ¿Qué pasaba por la cabeza de la Rubia? comencé a cortarlo por completo, corte tras corte viendo cómo su cabello comenzaba a caer al suelo.
Brianda en los bailes que me mostraba Fátima podía ser algo interesante de ver, porque era la persona más espontanea del mundo, era aquella persona que hacía sacar risas de las demás, era decidida, pero divertida a la vez. Recordaba que eran seis niñas, que al paso del tiempo se hicieron cuatro.
Ellie era la perfeccionista, eso lo podía recordar.
La rubia tenía los ojos cerrados, casi forzados puesto que parecía no querer notarlo.
Murphy era dedicada, sus bailes eran perfectos al igual que los de Ellie, tenía el fuego en las venas.
Brianda, era pura gracia, sensibilidad, emociones, era una chispa brillante y solía destacar en cada una de las cosas que hacía.
—¿En que piensas Leonard? —, Se animo a preguntar la Rubia.
—¿Tu y Murphy nunca tuvieron enojos por los bailes? ¿Celos?
—No, bueno…—, Se quedo callada por un tiempo—, Alguna vez sentí enojo por Murphy y Ellie, pero no por las razones que crees.
—¿Entonces?
—Ah… Yo me esforzaba, lo hago—, Dijo para encoger sus hombros—, Es solo que, la atención que le daban a ellas, los ensayos, los solos, siempre fueron más.
—Sí, Fátima y yo pensábamos casi lo mismo, por no decir que por completo—, Dije con tranquilidad, dejando las tijeras en el lavabo—, Si quieres gírate, he terminado de cortarlo —, le mencioné, ella alzó ambas cejas —, Se te mira bien.
—Gracias, por hacer todo esto —dijo con una sonrisa de lado —, Es... Cómo si fuera alguien más.
No le quitaría la razón, si pensaba en ello, parecía una persona completamente diferente a lo que alguna vez fue.
—¿Te gusta? —, Preguntó mirando hacía mí.
—Te estás viendo bien, loca. No te preocupes—, Dije acomodando su cabello con tranquilidad—, Así que, Saray, ¿Qué es lo que piensas hacer ahora?
—¿De qué hablas? —, Preguntó ella—, No lo sé, quiero pensar en ello, quizá consiga un trabajo, no formal hasta que pase el tiempo de que Brianda Carpenter no sea buscada.
—¿Piensas huir por el resto de tu vida?
—No lo sé, quizá viva lejos, en una playa y venda pulseritas—, Dijo con una sonrisa. —Te quedaría bien ser Hippie.
No lo dije más. Abrí el empaque, sacando el tinte de la caja, para ver como los ojos de Brianda me seguían de manera peculiar, comencé a verter los químicos y pensar en ello, ¿La Rubia dejaría de serlo? El aroma del químico fue bastante fuerte, este se incrusto en mis fosas nasales, podía pensar en ello, con todas las fuerzas de mi ser, ¿Cómo es que esto era real? No podía dejar de pensar en cómo es que la vida de Brianda Carpenter se estuviera cayendo en picada de un modo estrepitoso.
Comencé a batir la botella con tranquilidad.
—No tienes que hacer esto, puedo hacerlo yo, Leonard—, Dijo ella avergonzada—, Ya estás haciendo demasiado por mí.
—Lo sé, es casi n***o, castaño oscuro—, Dije mirando hacía la caja—, Así que… ¿Estás segura?
—Sí—, Dijo asintiendo con una sonrisa pequeña.
No creía muchísimo en las cosas que ella me decía, por el hecho de que ni siquiera ella parecía estar completamente segura de ello.
Los ojos grandes de Brianda se quedaron mirándome, como si estuviera intentando descifrar algo que no decía, paso sus ojos a las baldosas azules y miro hacía el techo.
—Tienes una casa muy linda—, Me dijo con tranquilidad.
—Ya, sí, pequeña y cálida —, le dije. En realidad, era perfecta para una persona.
La casa era pequeña, pero cómo no habría vivido con nadie y las visitas de mi madre o alguna de mis hermanas no eran frecuentes, ni mucho menos largas, no pensaba en ello, simplemente un lugar en donde yo pudiera leer mis cómics o hacer estudios sobre las teorías. Comencé a pasar el contenido en su cabello, podía mirar cómo su rostro se encontraba tan nervioso, podía creer que ella aun no quería hacer esto, no el pintarse su cabello, sino el hecho de dejar de ser Brianda Carpenter.
—Listo, Rubia, solo deja que actúe el tinte y te bañas.
—De verdad no sabes lo mucho que te agradezco, me estás salvando día con día—, Dijo con una sonrisa agradecida—, De verdad te lo agradezco demasiado.
—Ya, suerte.
Ella asintió. Salí del baño y comencé a juntar cosas que tenía regadas, caminé a mi cuarto y en el momento en el que estaba intentando de guardar uno de los libros en una de las cajas de arriba de mi mueble, cayó, dejando a plena vista, una fotografía de ella.
Flashback
—¿Nos casaremos algún día? —, preguntó, pasando sus manos por mi rostro —, No puedo creer que ya llevemos tanto tiempo juntos.
—Claro que nos casaremos mi amor —, le dije dejando un beso en su comisura, para tomar una de las latas, para comenzar a acomodarla en los estantes —, Ahora, ponte a trabajar, te van a poner un reporte.
Ella soltó una risa, para comenzar a sacar más contenido de las cajas de la tienda, ella miró hacía Laura.
—Laura no deja de mirarte, creo que le gustas —, me dijo con una sonrisa llena de burla —. Quizá un día te corra, con eso que es hija del dueño.
—Ya y por ello conseguimos el trabajo, cariño —, le recordé a lo que ella rodó los ojos —. Porque somos amigos de Laura, deja de meterte con ella.
—Le gustas, podríamos aprovecharnos de ello amor mío.
—No soy de ese tipo de persona —, le informé —. No quiero ser ese tipo de persona y no lo seré.
—¿No me amas Leo?
—Te amo… Pero no creo que sea lo correcto—, Comencé, sus ojos me miraron con demasiada duda.
—¿De qué hablas?
—Mira, hay cosas que te hacen humanos, la empatía.
—¿Y a mí que más me da la empatía? ¿Tanto te importa ella?
—No es eso amor, es solo…
—Quieres hacer lo correcto para ella, ¿Por qué no puedes hacer algo por mí?
FIN DEL FLASHBACK
—Así que tu novia… ¿A dónde fue? —, preguntó. Sentándose en la silla del comedor —, ¿Trajiste tacos?
—No, los trajo Saray, de hecho, se está bañando, te estaba esperando para desayunar los tres juntos —, mentí, ella asintió para después ver cómo la puerta del baño se abría.
La Rubia salió del baño, tenía el cabello corto y su sonrisa de oreja a oreja. El cabello oscuro le hacía ver sus ojos más a resaltar, se le miraba tan preciosa, apenas pensé sacudí la cabeza para comenzar a sacar un par de platos, me di cuenta que la Rubia tenía una falda larga, con un estampado de flores, la falda era ligeramente oscura, les llegaba a los tobillos, y una blusa de manga larga, esta era negra.
Ella lucía como una persona diferente, a aquella chica que había encontrado en la estación de trenes y mucho más diferente a la que veía a la que se encontraba en las competencias de baile.
—Saray, ¿Y ese cambio de imagen tan radical? —preguntó Ale, la Rubia alzó las cejas y soltó una risa un poco incómoda —. Se te mira bastante bien, por cierto.
—Gracias Ale —, le dijo ella. Para después sentarse en la mesa —. Espero te gusten los tacos de barbacoa, son de los que te traje, ¿Entonces tu y Leonard son muy unidos?
La rubia, era sorprendentemente demasiado lista, sabía cómo hacer que de algún modo la atención saliera de ella. Sabía encontrar un modo de sacar la atención, con una pregunta.
—Sí, muy unidos—, Dijo jugando con un limón—, Diste justo en el clavo.
—¿Perdona? —, pregunto confundida.
—Con los tacos. Son los que más le gustan a mi hermano, vaya que lo conoces bastante bien —, dijo Ale sirviéndose —, Nos iremos temprano, a eso de la 1, lo bueno que ya casi estás lista.
Miré hacía la Rubia, para después comenzar a comer, me acomodé mis lentes para ver cómo Brianda se ponía feliz cada que le daba una mordida a su comida, me parecía interesante, era cómo si ciertamente de un punto u otro ella se encontrará bastante bien con este cambio.
—Listo, muy ricos Saray, tengo que ir a arreglarme —, dijo levantándose de la silla rápidamente caminado hacía el cuarto—, Espero no seas de esas chicas que se tardan mil años arreglándose.
Ella sonrió de lado y negó con tranquilidad.
—Lo supiste combinar muy bien, para no ser tu estilo.
—Ya, es el estilo de Ellie, se lo he robado —, dijo en broma, para después terminar su comida —. Estoy nerviosa de conocer a tu familia, honestamente.
—Ya… Solo mi padre es la persona más pesada que podrías conocer, mantente preparada.
Asintió. Ambos terminamos de comer y ella se comenzó a maquillar, me di cuenta que habría comprado un poco de maquillaje, quizá lo necesario para poder cambiar lo que cómo se veía.
Me coloqué un pantalón de mezclilla y una camisa simple, me coloqué una chaqueta y apenas miré noté cómo Brianda se miraba preciosa, su cabello se habría secado y era de un modo en el que le quedaba perfectamente.
Bajamos del departamento, noté cómo lo que tenía también eran unos tenis, quizá de la segunda también, no lo sé. Era curioso, pero parecía ser una persona completamente diferente, su delineado era un poco grueso y se habría maquillado la línea de agua de color morado.
—Yo puedo ir atrás, no te preocupes —, dijo apenas vio que Ale iba a abrir la puerta trasera del coche —. No tengo inconvenientes con ello.
—Ya, no. La pareja feliz va adelante —dijo con sarcasmo, para abrir la puerta de la parte trasera —, Saray, ¿Estudiaste alguna carrera? A mi familia le importa mucho eso.
La rubia alzo ambas cejas con un poco de sorpresa, reí inconscientemente, la rubia era una persona bastante talentosa de pies a cabeza, no necesitaba hacer una carrera quizá, podía vivir de ello sin siquiera hacer más.
Había visto que un concierto ella fue de las bailarinas principales.
—Yo, en realidad, estudié un poco psicología, pero tuve que dejar la carrera —dijo con una mueca —. Tenía un par de cosas que me impidieron hacerla carrera.
—¿Y no sabes hacer algo?
—Ale —, advertí —, Saray tiene muchos talentos. En fin, necesito que calmes a Fátima, y a Sarah, que no quiero que la hagan sentir incómoda.
—No te preocupes Leonard —, interrumpió, para sonreír de lado —, Esta bien, supongo que lo que quiere Ale es lo mejor para su hermano, sé que yo quisiera lo mismo para él mío…
Apenas dijo eso se quedo callada, si, ella quería lo mejor para su hermano, tanto que habría accedido a una boda, no sabía las razones por completo, pero ella parecía que incluso sacrificar su felicidad por alguien más.
—Sí, Saray tiene razón. Lo siento, no quería hacerte sentir incómoda —, me dijo inclinándose hacía adelante, para pasar su mano por mi cabello —. ¿Tienes hermanos?
—Sí, una hermana pequeña, se llama Aitana, es un sol —, dijo con una sonrisa, para después pasar su mirada hacia afuera —, Vivé con mi padre, es una niña pequeña que quiere ser patinadora artística. Viven en Los Ángeles, así que no suelo verlos muy seguido… Pero patina increíble.
Así que el talento, el arte se venía en las venas.
—¿Y tu madre?
Ella frunció un poco las cejas, cómo sus las palabras hubieran hecho un clic en su cabeza, miró hacía Ale para sonreír de lado.
—Mi madre—, Repitió, incluso parecía ser algo que ella no pensaba demasiado—, Ella no lo sé. Ah, le gusta leer.
—Ale—, Dije al ver el rostro incomodo de la Rubia.
—¿Solo leer?
—Ah, pues es que no se mucho de ella—, Dijo con honestidad, bajando la guardia—, Tenía una vida por cumplir y unos sueños por lograr, así que no lo sé, ella se separó de mí casi apenas pudo.
A pesar de que parecía ser algo que le habría afectado, no titubeo, parecía que cada una de las palabras que salían de sus labios fuera algo neutro, pero podía ver su pierna subir y bajar.
Después de eso, Ale dejo de hablar, pareció sentirse incómoda, con un poco de culpa en su rostro ante lo que habría dicho quizá, solté un suspiro.
Durante todo el camino, podía escuchar solo la canción de fondo, la que se reproducía en la radio, miré cómo la pierna de Brianda se movía de arriba abajo con un poco de nervios.
—Mamá te agradará, es tan cálida que te hará sentir cómo en casa.
Miré de reojo cómo los ojos de Brianda se cristalizaron, pero inmediatamente sonrió y soltó el aire de sus pulmones, para enderezarse.
—Seguramente sí, ustedes son unas personas grandiosas. Su madre ha de ser igual —dijo, noté cómo su voz se entrecortaba un poco —. Suena a que son una familia muy unida.
—En realidad, lo somos. Y creo que tú serás parte de la familia, ¿No es así?
Flashback
—¿Les darás la grandiosa noticia pronto? —pregunto ella sentada sobre mis piernas, sonriendo de oreja a oreja —, Que nos casaremos.
—Seguro me darán el discurso de que somos unos niños todavía —, le recordé a lo que ella comenzó a llenarme de besos el rostro —, ¿Te parece que somos unos niños? Tenemos 18, sí. Pero no somos unos niños.
—Ya lo sé, por eso te propuse matrimonio —, le recordé dejando un beso en sus labios —, Es sólo que necesito pensar en cómo se lo diré.
—Que tal… ¿Qué tal una comida familiar? Quizá así por fin podrían aceptarme cómo parte de su familia —, dijo pasando sus manos por su cabello —. Hasta el momento, desde el primer día lo único que puedo ver es como tu familia me ve con muecas y huyen de mí.
—Estás exagerando mi vida.
—He ido cientos de veces a tu casa —, me recordó, para bajarse y acomodarse en el asiento del copiloto —, Y desde el primer día me tratan como si fuera una extraña, cómo si en realidad les molestará que yo existiera.
—No se trata de ello es sólo que…
—Tu madre me odia, desde que me conoció, y nadie me odia más que Fátima.
—Dales tiempo…
—¿Tiempo? ¿Ya que estemos a punto de morir?
FIN DEL FLASHBACK
A mi mamá le gustaban todos, le agradaban cada una de las personas que conocían, menos ella, la odio desde el primer segundo, desde que atravesó la puerta de mi casa y conoció a ella. Parecía que quería odiarle de pies a cabeza, y no quería pensar en por qué las cosas sucedían de ese modo.
—¿Y si no les agrado? —, preguntó en un susurró.
—Les agradarás, eres divertida, me agradas a mí.
—Y en realidad, eso es decir mucho, porque a Leonard, nadie le agrada —dijo con diversión bajando del auto —, Anda, ven Saray, yo te presentó, que seguramente los nervios te los está pegando el idiota de mi hermano.
Rodé los ojos ante sus palabras, sonaba demasiado rídiculo que lo dijera de ese modo, yo no me encontraba nervioso, no había traído a nadie después de Violeta y... no me interesaba en realidad lo que pensaran de la rubia, ella no era nada mío, una conocida.
La rubia me miró por un par de segundos, mientras que Ale la arrastraba por la puerta de la casa, con una sonrisa de oreja a oreja, no la entendía, parecía que no le agradaba, pero de igual modo era… No lo sé, como si se alegrará que fuera ella.
Que la Rubia fuera la que se encontrará aquí.
Y no ella.