6.

1202 Words
La llegada de Carla Me levanté a las cuatro de la mañana esa madrugada porque tenía un sueño un poco pesado y, además, me dolía mucho la cabeza porque ayer me costó dormir. Me tomé muchísimas fotografías y les hice Photoshop, algo torpe porque no es mi fuerte y así, con una impresora industrial que tiene el viejo, que, por supuesto no usa, fue otra de sus compras impulsivas porque por lógica no necesita algo así y afortunadamente no la rompí porque ahora sí que le iba a dar uso. Imprimí mi mejor foto, porque por supuesto todas eran increíbles, pero escogí una en que luzco resplandeciente, en la cual usé un traje, luz, la bandera de mi país detrás y con un programa me puse una corona. La imprimí a tamaño de un metro y la puse en mi habitación. Esa era la inspiración que necesitaba, el verme cada día como en lo que unos años seré, el presidente de la república de Colombia. Me levanté de la cama entonces al no poder dormir y bajé, pensativo. Por algún motivo empecé a pensar en las muchas ocasiones en que me había dedicado a molestar personas y al final concluí que molestar es un arte, ya que requiere tiempo, esfuerzo y creatividad. Recordé una vez que estaba en la calle camino a la biblioteca y recordé que llevaba días sin hacer explotar a alguien, entonces me paré en la acera, detuve un taxi de los que manejan un tiempo y el taxista me preguntó que adónde iba y yo le dije: ¿Sabe qué hora es? Cuando vi su expresión y escuché los insultos que me dijo, me sentí realizado. El día que tanto deseaba que no llegara al fin llegó y mamá se había encargado de comprarle todo tipo de cosas para la habitación de la intrusa. No la ayudé en nada, mi excusa siempre era que estaba ocupado haciendo trabajos de la universidad, aunque ella nunca me creía. Solo iba dos o tres veces por semana a clases ahora que estas iniciaron, porque me mantendría solo en ir solo cuando hubiera exámenes o algo así porque no quería ver a Lorena, no quería que me abrazara y, además, podría estudiar mucho mejor yo solo y sacar muy buenas notas después para compensar mis inasistencias. Ese terrible día lo empecé con el pie izquierdo y sabía que era un mal presagio de lo que vendría, pero no para mí, claro que no. No sabes lo que te espera por aceptar ingresar en mi familia, ¿acaso no te dijeron que tendrías a un hermano como yo? ¿tienes idea de lo que vendrá para ti? Cerca a las 15h, vi cómo se acercaba el auto del viejo a casa y bebí un sorbo de mi cerveza. Ya estaba medio ebrio porque había bebido el día entero mirando mi fotografía y, además, porque mamá se negó a darme su cargo como presidenta y dijo que solo me permitiría unirme a la empresa a los 22 que terminara la universidad, maldición. Ahora tengo que buscar otra manera de generar ingresos y estos deben ser muy buenos, porque los fusiles de guerra salen por un ojo de la cara y no quiero nada de réplicas, quiero todo original. Enseguida papá se bajó del auto y le abrió la puerta a la que suponía debía ser Carla, entonces la vi por primera vez. Ya la odiaba desde antes que llegara y no me inmuté a recibirla, ¿eso esperaban de mí? El viejo me hacía señas con los ojos de que me acercara, pero seguí sentado en las escaleras de la entrada y terminé de beber mi cerveza. Enseguida se acercó mamá a presentármela mientras papá bajaba su equipaje, que era realmente poco, solo una mochila, la cual planeo incinerar o tal vez vender a ver para el fondo común que tengo para mi plan. La detallé por completo, eso era bueno para conocer a tu enemigo. Carla era de estatura promedio, piel blanca, aunque no tanto como la mía y tenía un cabello muy largo que por alguna razón no podía descubrir de qué color era, eso me molestaba. Era castaño o tal vez rojizo, no estoy seguro y resaltaban mucho sus enormes ojos claros. Noté enseguida que era bastante tímida o quería parecer serlo, porque incluso temblaba, le costaba respirar y se agarraba mucho las manos. En pocas palabras ella era horrible. —Santiago, bebé, ella es Carla —dijo mamá empujando a Carla hacia adelante con la mano derecha en su espalda, haciéndola incomodar aún más. Enarqué una ceja y rodé los ojos, irritado. —Ya sé, tiene cara de llamarse así —comenté y mamá frunció el ceño. —Hola —me habló Carla con una sonrisa en su rostro esperando que yo correspondiera, lo cual obviamente, no sucedió. ¿Qué podrías esperar de mí? El viejo se acercó a mí mirándome como si quisiera incinerarme. —¿Y ahora qué hice? —pregunté a la defensiva. —Estás ebrio, ¿no es así? Pequeño malnacido. —¿Pequeño? Soy más alto que tú, papá. —¿Cómo se te ocurrió emborracharte para recibir a tu hermana? ¿esa es la impresión que le quieres dar? —No, para darle mejor impresión le daré un folleto sobre mi campaña presidencial. —Bebé, ¿por qué no acompañas a tu hermana a la casa y le enseñas todo? A ver si se van conociendo —dijo mamá con una sonrisa de esperanza en el rostro que lastimosamente me vi obligado a borrársela. —Lo siento, pero tengo planes. Me voy a casa de Emanuel —le dije a mi madre y enseguida me apresuré en irme para no tener que ayudar en nada, ¿en verdad esperaban algo de mí con todo lo que me opuse? no quería pasar tiempo con Carla y mucho menos ayudarla, conocerla, ni nada en absoluto. Si tan solo tuvieran idea de todos los planes que tenía en mente para ella, ni locos habrían sugerido la idea de dejarla sola conmigo, sería una pésima decisión. Qué desconsiderados son. Aceleré en mi camioneta y a través de la ventanilla les grité que no me esperaran, creo que regresaré cuatro meses más tarde. “Carla”, ¿quién osa de llamarse así? ese es un nombre para fracasadas. Ahora bien, la intrusa estaba en casa, instalándose, pero al menos me aseguré de dejarle una foto esplendorosa mía en su habitación para que conociera como era la jerarquía de la casa, hasta le hice una pirámide. En la punta yo, luego mi madre, debajo de ella mi bazuca, luego mi padre y luego, detallé cada objeto de la casa y ya al final, debajo de los zapatos de camaleón del viejo estaba ella, para que entendiera cómo iban a ser las cosas y su lugar. Ahora bien, ya habiéndose mudado a casa, ¿qué podría hacer yo para que se fuera si ya estaba instalada? No podía hacer nada muy obvio porque me arriesgaba a ser desheredado y pateado por el viejo, así que decidí que ella se iría sola por su cuenta, una tarea muy fácil para mí.
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