Atlas observó a su mujer mientras ella se desnudaba, no le agradaba mucho verla tan delgada, pero confiaba en que se recuperaría.
Lorraine se metió a la bañera y se giró hacía él, luego le hizo señas para que se le uniera.
El joven sonrió, así que lentamente fue quitándose la ropa, luego se acercó a la bañera y se metió lentamente ya que aún no le gustaba para nada el agua caliente; a Lorraine le gustaba mucho esa bañera cuadrada, era grande, tenía hidromasaje, y también era extremadamente cómoda.
- No deberían crear este tipo de bañeras...
Dijo ella de repente, mientras miraba la iluminación indirecta en los plafones del techo.
Atlas frunció el ceño.
- ¿Por?.
Quiso saber él.
- Pues... Son demasiado cómodas, uno fácilmente podría quedarse dormido mientras se relaja en su baño... Y te mueres.
Expuso ella.
- Inconscientemente te despertarías al sentir que te ahogas.
Repuso Atlas.
- ¿Que hay de Whitney Houston?.
Preguntó Lorraine.
- Estaba drogada...
Le recordó él.
- Buen punto.
Reconoció ella.
Entonces Lorraine se giró para quedar frente su esposo y lo miró demasiado tenso.
- ¿Aún odias el agua caliente?.
Le preguntó ella muy triste.
Atlas asintió rápidamente; la verdad era que el joven había desarrollado ciertos traumas a variadas cosas.
Una de ellas era su aversión al agua caliente y los jacuzzis, bañeras, saunas, cuartos de vapor y todo lo que se le pareciera.
Esto debido a los encuentros s*xuales a los que se vió obligado a participar cuando niño.
Desde entonces Atlas se bañaba únicamente con agua más o menos templada o muy helada.
Lorraine contempló la mirada asustada de su esposo y sintió que se le encogía el corazón, sabía que él estaba haciendo un gran esfuerzo para estar ahí metido con ella.
Así que ella estiró la mano muy lentamente y tomó el miembr* del joven entre sus manos.
El la miró muy serio pero tampoco se opuso.
- ¿Crees que pueda hacer algo para que puedas tener nuevos recuerdos sobre las bañeras y el agua caliente?.
Me pregunto lo que realmente puedes llegar a hacerme si no te contuvieras todo el tiempo conmigo...
Preguntó ella en voz baja.
Lorraine observó fascinada como la mirada de Atlas se oscurecía, sus pupilas se dilataban tanto en esas situaciones que sus ojos se veían casi negr*s.
Entonces luego de unos segundos, Lorraine fue sintiendo como Atlas iba teniendo una erección, la respiración del joven se había vuelto irregular y acelerada.
Su preciosa boca estaba entreabierta y por momentos el joven la cerraba apretando con fuerza la mandíbula, haciendo que su afilado contorno facial se marcara se manera muy sensual.
Lorraine entonces empezó a mover las manos arriba y a bajo sobre el grande falo, haciendo que Atlas moviera un poco la cadera involuntariamente.
Atlas echó la cabeza atrás y soltó un jadeo, entonces Lorraine rápidamente se acercó para besar la garganta surcada en pronunciadas venas y arterias azules bajo la bronceada piel.
La joven pasó la lengua por la manzana de Adán, haciendo reír a Atlas.
Luego, empezó a aumentar la velocidad con la que masturbaba a su esposo, haciendo que Atlas empezará a ponerse cada vez más tenso.
El joven sabía que si seguía así, no tardaría mucho en venirse así que sujetó la mano de Lorraine y la detuvo.
- ¿Que?.
Preguntó ella.
Atlas la miró muy serio, atrayendole hacía él.
Empezó a besarla lentamente, mordiendo sus carnosos labios rojos, su delgado cuello, sus pronunciadas clavículas...
Entonces sujetó las muñecas de la chica y luego le alzó los brazos por encima de la cabeza.
Le dio la vuelta y la dejo apoyada sobre la orilla de la bañera haciendo que ella le diera la espalda, mientras el agua subía cada vez más de nivel.
Atlas le separó las piernas y lentamente fue deslizando la mano derecha sobre las nalgas de la joven, mirando su diminuta espalda y su marcada espina dorsal.
Lorraine sintió los dedos de Atlas acariciar su v****a y su clítoris muy lentamente haciendo pronunciados círculos.
Entonces sintió como su ahora esposo le metía el dedo anular en la v****a haciéndola lubricar.
Luego Atlas se inclinó sobre ella y le susurró al oído.
- ¿Realmente quieres ver lo que te puedo llegar a hacer?.
Preguntó él con voz ronca.
Lorraine asintió emocionada.
- No debiste darme entrada Woods...
Aseguró él.
- ¿Por qué?.
Preguntó ella jadeando a punto de alcanzar el clim*x ante los constantes masajes con los que el otro acosaba a su inflamado clítoris.
- Por esto...
Dijo él, para luego penetrarla por atrás.
Lorraine abrió los ojos espantada, avergonzada, dolorida y molesta.
Pero Atlas ya estaba entrando con mucha seguridad haciéndola gritar más de dolor que de placer.
Lorraine se removió violentamente tratando de zafarse, pero Atlas la sujetó con fuerza y le alzó aún más la cadera.
Ella se sintió extraña, humillada y muy incómoda.
Pero alzó la vista y lo que vió la dejó sin aliento, el reflejo de Atlas en los espejos.
Jamás había visto esa expresión casi de furia en el, tenía la boca ligeramente abierta, la mandíbula desencajada y la mirada muy perturbada.
Parecía muy concentrado en lo que hacía, como si cuidara en todo momento no ser extremadamente brusco con ella y no lastimarla.
Entonces Lorraine empezó a cooperar, se relajó y se limitó a sujetarse con fuerza de la orilla de la bañera que ya se estaba desbordando.
La cadera de Atlas, asestaba certeras estocadas haciendo que su miembr* rozara zonas específicas en el interior de la joven.
Fue entonces que Lorraine soltó un gemido gutural jamás escuchado.
Atlas sonrió al fin.
- Ah... Así que aquí es.
Dijo este en voz baja.
- ¿Ahí es que?...
Preguntó ella.
- Tu punto... ¿Te gusta como se siente aquí Woods?.
Preguntó él repitiendo el movimiento.
Lorraine soltó un jadeo y asintió.
Atlas la sujetó del cabello por la nuca y jaló un poco de él, eso por alguna razón excitó todavía más a Lorraine quien ya había empezado a gemir fuertemente ante la potente penetración del joven.
Sus gemidos se volvieron casi gritos cuando el joven le ordenó que se masturbara mientras el la penetraba con fuerza, el resultado le pareció prácticamente absurdo.
El placer que sintió era indescriptible, totalmente diferente a lo que había sentido antes.
Sintió sus piernas temblar, y una sensación parecida a orinar.
Atlas sonrió a escucharla y entonces la puso de rodillas sobre la barra, quedando ella fuera de la tina y Atlas de pié, donde el agua le llegaba a la mitad de las piernas.
Así pues de nuevo entró en Lorraine quien en esa posición le quedaba justamente a la altura de su cadera, simplemente era perfecto.
Lorraine se sujetó con fuerza del marco de la ventana y continúo masturbandose mientras el otro la penetraba.
Así estuvo un rato hasta que de nuevo una potente sensación de placer le hacía estallar, fue entonces que ahora sí sintió que se había orinado.
- ¡Atlas, pára me orine!.
Chilló ella avergonzada.
Atlas empezó a reír de manera perturbadora.
Lorraine miró el reflejo de su esposo y no lo reconoció, este hombre era otro.
- No te orinaste... Tuviste un squirt tontita.
Respondió el con voz grave.
Lorraine entonces se relajó más, experimentando la sensación bastante peculiar de ser sodomizada.
Decidió que le gustó, aunque no el inicio puesto que en verdad era doloroso.
Como ella ya se había venido en dos ocasiones de maneras muy intensas, y sentía el cuerpo dolorido empezó a gemir pero de dolor y cansancio.
Se preguntó cuánto tiempo podría follarsela Atlas de esa manera.
Luego de un rato más, Atlas eyaculó dentro de ella y se salió, con cuidado ayudó a Lorraine bajar donde la puso y al entrar al agua que cada vez se ponía más caliente, ella soltó un suspiro de relajación ante su dolorido cuerpo.
El calor del agua le ayudó a mitigar el dolor de su trasero.
Ella soltó un suspiro de alivio y luego alzó la vista, y se topó con la oscura y pervertida mirada de Atlas quien la observaba con expresión inexcrutable.
Ella se sintió incomoda ante la manera en que el otro la observaba, como si él estuviese planeando hacerle otras cosas más.
- ¿Estás bien?.
Le preguntó ella un poco asustada.
Por un momento Atlas no respondió, sin embargo luego de unos segundos este pareció volver en si y al mirarla a los ojos le sonrió muy alegre.
Su mirada ya no parecía la de un degenerado, si no de nuevo volvía a ser la de siempre.
Una mirada bastante tierna.
Ella le sonrió nerviosa.
Atlas ladeó la cabeza y la observó con atención.
- ¿Estás bien?... ¿Te he hecho mucho daño?.
Quiso saber el mientras se acercaba a ella.
Lorraine hizo una mueca al tocarse, entonces asustada vió que tenía sangre en sus dedos.
- ¡Estoy sangrando!.
Chilló ella espantada.
- Déjame verte.
Le pidió el con calma.
Lorraine negó.
- Me da pena.
Dijo ella.
- Woods... Te conozco el trasero a la perfección, anda... déjame ver.
Le instó el joven.
Lorraine asintió resignada y se puso de pie, se dio la vuelta y permaneció muy quieta.
Atlas le separó las nalgas con ambas manos y entonces suspiró aliviado.
- Estarás bien.
Le aseguró él.
- ¿Cómo lo sabes?.
Preguntó ella.
- Lo sé...
Le recordó él haciéndola sentir estúpida, claro que sabía de lo que hablaba.
Lo que no esperaba Lorraine fue lo siguiente.
La lengua de Atlas lamió la entrada de la joven haciendo que está se removiera inquieta.
- Quédate quieta Woods.
Ordenó Atlas.
- No hagas eso, me da vergüenza... ¡ATLAS!.
Le dijo ella.
Pero Atlas continuó con lo suyo, pero se detuvo luego de un rato al notar que Lorraine lloraba.
- ¿Que tienes?.
Le preguntó él dándole la vuelta.
- ¡Vergüenza!.
Chilló ella cubriéndose el rostro con ambas manos.
- Perdóname... No fue mi intención hacerte llorar.
Le dijo él muy serio.
- Es que... Es que... Tú... No pareces tú.
Le dijo ella bastante asustada.
Atlas la observó unos segundos y luego permaneció en silencio un rato hasta que ella dejará de llorar.
- Yo soy así. Yo... A mí me gusta esto, bueno... Me gusta si lo hago contigo.
Reconoció él algo asustado de si mismo.
Lorraine le miró detenidamente y vió que él se veia bastante apenado consigo mismo.
- ¿Tu quieres hacerme esto cada que estamos haciendo el amor?.
Le preguntó ella.
Atlas la miró a los ojos y asintió.
- ¿Que más quieres hacer conmigo?.
Le preguntó ella.
Atlas desvió la mirada al agua.
- Pues... Muchas otras cosas...
Reconoció él.
- Como... ¿Que?.
Quiso saber Lorraine totalmente ajena a todo lo que se podía hacer durante el sexo.
Al levantar la vista, Atlas vió curiosidad en la expresión de su esposa.
- No creo que te guste lo que te quiero hacer...
Respondió el.
- ¿Porqué?.
- Por que... Creo que tal vez te parezca demasiado, retorcido.
Tengo filias.
Le confesó este.
Lorraine abrió mucho los ojos.
- ¿Cuales?. Dime...
Presionó ella.
Atlas se ruborizó bastante, no le gustaba mucho confesarle sus gustos a la inocente Lorraine.
- Bueno... La hematofilia es una de ellas...
Se sinceró este.
Lorraine palidecio.
- ¿Te excita la sangre?.
Preguntó ella con un hilo de voz.
- Sí.
- ¿Que más?.
Atlas entonces suspiró resignado.
- De acuerdo... La asfixiofilia, el exhibicionismo, voyeurismo, masoquismo...
Confesó él.
Lorraine quedó boquiabierta.
- ¿Te gusta que te vean y ver?.
Preguntó sorprendida.
Atlas asintió.
- Supongo que me acostumbré a eso... Tanto que me terminó gustando observar y ser observado.
Me he dado cuenta de que últimamente lo pienso demasiado al estar alejado de todo eso durante casi año y medio.
Reconoció él.
- Y te... ¿Te gusta sentir dolor?.
- Si... Y también causarlo. Me excita ver la sangre... Ya sea la mía o la ajena.
Respondió el con un hilo de voz.
Lorraine asintió comprensiva y luego observó las cicatrices en el cuerpo de su esposo.
- Okay... Ah... ¿Se lo has contado a tu terapeuta?.
Preguntó ella.
Atlas asintió.
- ¿Y... Tu quieres hacer esas cosas con la gente?.
Atlas negó.
- Contigo nada más.
Reconoció él.
- ¿Quieres verme sangrar?.
Quiso saber ella asustada.
Atlas asintió.
- ¿Y quieres que nos vean tener sexo?.
Preguntó tambien.
Atlas la miró a los ojos y luego de una pausa asintió.
- Pero eso... No estoy muy convencido, porque te amo y no quiero que alguien más que no sea yo te vea desnuda. Además... No soy swinger.
No te quiero compartir con nadie, soy muy celoso.
Lorraine se imaginó a Atlas follandose a otra mujer y eso la hizo sentir enferma.
- Yo tampoco. Bueno... Con lo de la asfixia, el dolor y la sangre... Creo que podríamos intentarlo.
Me da... Curiosidad.
Reconoció ella sonriendo.
Atlas alzó la vista sorprendido.
- ¿Enserio?.
Preguntó él.
Lorraine asintió.