Atlas tomó un cinturón y luego un cuchillo muy afilado.
Lorraine observó ambos objetos en las manos de su esposo y luego le miró a los ojos bastante asustada.
- Me... Me... Va... ¿Me va a doler?.
Le preguntó ella.
Atlas asintió.
Lorraine inhaló y exhaló profundamente, luego apretó los dientes.
Ella contempló el hermoso cuerpo desnudo de su esposo y luego en sus ahora oscuros ojos verdes que la miraban de una manera totalmente diferente.
Parecía otra persona, un hombre extraño, como si alguien hubiese suplantado a su Atlas de siempre.
De repente el se acercó a ella y la besó de manera violenta, haciéndole daño.
- Si me sobrepaso, házmelo saber... Aunque no te prometo nada.
Aún estás a tiempo de cambiar de opinión. Pero una vez que empiece no me voy a detener tan fácilmente.
Le dijo él.
- Estoy segura que quiero hacerlo.
Respondió ella.
Lorraine abrió mucho los ojos al ver qué sacaba una caja de madera del armario, entonces vió demasiadas navajas de distintos tamaños y unas correas de cuero.
- Okaaay... ¿De dónde sacaste eso?.
Le preguntó ella con la voz entrecortada.
- Son bridas para caballos... Los que te regalé hace rato en la boda. ¿Recuerdas?.
Lorraine asintió.
- Bien.
Dijo ella.
- ¿Estás cien por ciento segura de que quieres hacer esto?... No tienes por qué hacerlo.
Le dijo el algo preocupado.
- Hazme lo que quieras... Quiero hacerlo.
Le respondió ella.
Entonces le vió tomar unas velas y las encendió, para luego dejarlas sobre la mesita de noche.
Atlas empezó a amarrarla, haciendo bondage, le ató las manos por la espalda y luego a los tobillos.
Las cuerdas le lastimaban la piel, más cuando le hizo unos nudos en la garganta, hasta los senos y posteriormente hacía el interior de los muslos.
Atlas la miró sonriendo de manera malévola, haciéndola arrepentirse de haber accedido.
Pero antes de que ella pudiera quejarse de aquella incomodidad, él la amordazó.
Lorraine lo miró espantada.
Atlas tomó el cuchillo y luego se hizo un corte en la palma de la mano izquierda, la sangre empezó a manar profusamente de la herida.
Atlas estiró el brazo y la sangre empezó a caer sobre los pálidos senos de Lorraine.
Ella abrió mucho los ojos al ver tanta sangre y se preocupó por la salud del joven.
El entonces acercó una navaja y con mucho cuidado le hizo un rápido corte en el interior del muslo a la chica.
Lorraine gritó, pero su grito no se escuchó al estár amordazada.
Al ver la herida, Atlas se agachó y quedó de rodillas, entonces empezó a lamer el corte en la pierna de la joven.
Lorraine cerró los ojos por el ardor y dolor que sentía.
De un momento a otro, Atlas la volvió a penetrar por detrás, haciendo que ella gritara dolorida.
Aún sentía el trasero muy sensible.
El problema vino cuando el desde un principio fue bastante tosco con ella, muy agresivo.
Lorraine no podía hacer nada al respecto.
Cuando miró con atención lo que sucedía solo pudo ver sangre por todas partes, en su cuerpo y en el de Atlas.
El olor a hierro le provocó náuseas, así mismo la sensación de miedo.
Eso estaba mal, no era normal.
Pero vió que a su amado eso parecía encantarle puesto que en verdad estaba disfrutando de todo aquello.
El dolor era cada vez más insoportable y Lorraine decidió que ya tenía suficiente.
Empezó a intentar gritar, Atlas le quitó lo que la amordazaba.
- Sueltame... Me duele...
Dijo ella con dificultad.
Pero Atlas tenía otros planes, no solo aumentó la velocidad si no que empezó a estrangularla al torcer la cuerda que le había atado en el cuello.
Lorraine no podía respirar, se mareo y un hormigueo le recorrió el cuerpo, entonces la imagen de Atlas sobre de ella follandosela con violencia se fue haciendo cada vez más oscura hasta que por fin ella perdió la conciencia.
Al reaccionar pensó por un momento que el ya se había detenido al verla en ese estado, sin embargo se dio cuenta de que Atlas estaba follandole la boca hasta la garganta.
Ella quiso mover la cabeza hacia atrás para expulsar a Atlas, sin embargo él la tenía sujeta por la nuca y empujaba para hacerla tragar más.
Fue entonces que él eyaculó, ocasionando que ella sintiera que se ahogaba, al final Lorraine se tragó el semen, que le supo agridulce.
Al salirse el la miró de manera extraña, luego acercó una vela y empezó a tirar la cera caliente sobre sus senos y también en el pubis.
Lorraine gritó de dolor pero Atlas le calló al cubrirle la boca con la mano.
Y de nuevo empezó a follarsela salvajemente durante un buen rato.
Al terminar, Lorraine estaba echa un ovillo y miraba asustada al joven.
- Te dije que me soltaras.
Le recriminó ella enojada.
Atlas la miró muy triste.
- Tu dijiste que querías hacerlo.
Le recordó él.
- Me lastimaste muchísimo.
Le informó ella.
- En ningún momento me pediste que me detuviera.
Respondió este muy serio.
- Eyaculaste en mi boca sin mi consentimiento.
Dijo ella molesta.
Atlas se puso de pie rápidamente y comenzó a vestirse.
- Esto fue un error... Y jamás se volverá a repetir. Perdóname.
Se disculpó él para luego salir de ahí.
Lorraine empezó a llorar y fue al baño, se metió a la ducha y se limpió toda la sangre.
Un poco más calmada se revisó la herida en el muslo y le aplicó desinfectante.
Vió que no era muy profunda y se aplicó una bandita.
Al regresar a la habitación, vió las sábanas ensangrentadas y las navajas, cuerdas y velas por todos lados.
Así que se puso a recoger todo y luego cambió la ropa de cama.
Entonces se acostó y rompió en llanto.
Atlas era perverso, y se lo había estado ocultando todo ese tiempo.
Ese era uno de los tantos secretos de Atlas.
Lorraine comprendió que en realidad no conocía tan bien a su esposo como ella creía, y lloró aún más.
Jamás pensó que su noche de bodas iba a terminar de esa manera.