Lorraine se observaba frente al espejo mientras el estilista le hacía una definición de rizos.
Además, había decidido hacer de su cabellera cobriza una roja intensa.
- Me parezco a Mérida, la princesa arquera...
Dijo Lorraine entre risas.
El estilista empezó a reír con ella.
- Yo creo que te ves preciosa. Además con estos tonos más claros en las capas se te ven preciosos.
Le respondió este.
Lorraine sonrió.
- ¿Conoces de un dietista o nutriólogo aquí?.
Le preguntó la joven.
El estilista frunció el ceño ante aquella pregunta, puesto que a sus ojos Lorraine le parecía muy delgada y menuda.
- Eh... Si. Te doy su dirección cuando terminemos.
Respondió el muchacho.
La joven le sonrió agradecida.
Cómo Atlas había tenido que ir a Palermo por una semana por cuestiones fuera de su incumbencia, Lorraine quiso sorprenderlo con el cambio de look.
Además esa misma mañana Lorraine fue a retirarse los aparatos de ortodoncia y aprovecho para hacerse una limpieza profunda y un blanqueamiento dental.
Ahora lucía una sonrisa espectacular y perfecta con unos dientes extremadamente bien alineados y un blanco deslumbrante.
Aún así, para su gusto, Atlas tenía mejor dentadura y sin necesidad de utilizar aparatos.
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Durante su estadía en Palermo, Atlas se vió con distintas familias.
Aprovechando la ocasión para invitarles a su próxima boda, la cuál le tenía bastante ansioso puesto que estaba desesperado para que aquel día llegara.
- Nicole te ha escrito un mensaje, pidiéndo verte en el Emme Café mañana cuando vuelvas, según para hablar de los pagos a los proveedores.
Le informó Víctor en voz baja durante la reunión.
Atlas asintió.
- Respondele que estoy ocupado, que tú irás en mi lugar.
Respondió Atlas.
Victor le miró contrariado.
- Pero, mañana estás libre.
Le dijo.
- Lo sé, pero he notado como me mira. Se que me ha echado el ojo... Y la verdad, aunque me parece muy atractiva... No quiero provocar malos entendidos.
Mucho menos con Woods.
A mí no me gustaría que alguien le estuviese flirteando a ella y que ella le diera pie.
Se perfectamente que respecto a los pagos para los proveedores no es necesario vernos.
Solamente basta con hacer las transferencias y ya.
Pero lo que ella quiere es verme...
Las últimas dos semanas me ha citado en distintos restaurantes o bares con el pretexto de ver ciertas cosas.
Las cuales, bien las podría tratar con Woods... Pero, solo me cita a mi.
Así, que ya no quiero verla.
Le respondió Atlas muy serio.
Victor sonrió satisfecho ante el respeto de Atlas hacía Lorraine.
- Estoy muy orgulloso de usted señor Riviello.
Le dijo.
Atlas sonrió.
- Así somos los italianos.
Respondió Atlas guiñandole el ojo izquierdo.
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Al llegar a Cefalú, lo primero que hizo Atlas fue ir por Lorraine, quien estaba en comiendo en un restaurante con su nueva amiga María.
A Atlas le gustaba mucho que ella decidiera darse la oportunidad de tener una amiga mujer.
Pero, al descender de la BMW, se topó con Nicole, quién al verlo fue a saludarle de manera innecesariamente efusiva.
Atlas le dedicó una sonrisa fingida y le miró incómodo.
- ¡Que gusto verte Giulio!. Pensé que no vendrías, estaba esperando al señor Sawyer.
Le dijo la preciosa mujer.
Atlas recordó lo que le había dicho a Víctor.
- Eh... Si. De hecho allá viene, yo solo pasé al pueblo por Woods.
Respondió este.
Nicole sonrió con evidente frustración.
- ¿Está aquí?... No la he visto.
Dijo ella mientras le tocaba el brazo.
Entonces apareció Lorraine en compañía de dos trabajadores de Atlas.
Al verla Atlas abrió la boca sorprendido, se veía... Hermosa, más que de costumbre.
Su cabello ahora era de un rojo intenso haciendo que su blanca piel contrastara mucho más.
Iba maquillada de manera discreta, pero se veía más adulta.
Llevaba puesto un precioso pantalón beige de vestir, una blusa blanca también de vestir, con un bonito saco color verde olivo y zapatillas del mismo color que su saco.
Pero, lo que más le había sorprendido a Atlas era el verle tan refinada.
Al ver a Atlas Lorraine inmediatamente fue corriendo hacia él y saltó a sus brazos, para luego subirsele y enredar las piernas alrededor de la cintura del joven.
Ambos se besaron apasionadamente y luego echaron a reír.
- ¡TE VES HERMOSA WOODS!.
Dijo Atlas muy emocionado.
- ¡¿TE GUSTA MI PELO?!...
Le preguntó ella.
- ¡Me encanta!... El rojo es mi color favorito y a ti se te ve precioso.
Respondió éste.
- ¡Vamos a ese bar! Quiero festejar que pasé los exámenes. Ah... Hola Nicole.
Saludó Lorraine al verla.
La mujer le dedicó una amplia sonrisa fingida y le tendió la mano, Lorraine se la estrechó.
- ¡WOODS! ¡TUS DIENTES!.
Chilló Atlas.
Lorraine empezó a reír y luego se le acercó para mostrárselos más de cerca.
- ¿ A qué quedaron chulos verdad?.
Le preguntó ella.
Atlas echó a reír.
- Quedaron hermosos... Perfectos. Mírate... WOW...
Logró decir éste prácticamente anonadado.
Nicole se sintió enferma de celos hacia la chica, así que decidió irse de ahí.
- Debo ver al señor Sawyer... Permiso.
Les dijo a los jóvenes.
Atlas asintio casi ignorandola, puesto que su atención era exclusiva para Lorraine.
- Te ves bellísima.
Repitió él emocionado.
- ¿Te gusto?.
Le preguntó ella.
- Si... Pero, a mi siempre me has gustado Woods.
Le recordó él.
- ¿Recuerdas a María?.
Le preguntó ella.
Atlas se giró para con la chica que sonreía como tonta al ver a tan enamorados jóvenes.
- ¡Claro!. ¿Cómo estás?.
Le preguntó él.
- Muy bien, gracias...señor Riviello... ¿Y usted?. ¿Que tal su viaje?.
Le respondió ella muy educada.
Atlas sonrió, decidió que le agradaba la joven.
- Llámame Atlas, y yo también estoy bien. Mi viaje también fue bastante bien...¿Les invito unos tragos?.
Les preguntó el joven.
Ambas asintieron e ingresaron a un bar.
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Al llegar a casa, Lorraine se dirigió al baño y tomó una ducha.
Al salir contempló su cuerpo en el espejo de manera analítica.
Decidió que no le gustaba tener demasiada carne, si bien era consciente de que no estaba pasada de peso, le gustaría estar más delgada.
Así pues decidió empezar a ejercitarse y a disminuir considerablemente su ingesta calórica diaria.
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Habían pasado ya casi dos meses, la boda había sido pospuesta por cuestiones de tiempo con el trabajo que tenía Atlas y algunos viajes.
Cómo Lorraine no sabía exactamente que sucedía, no tenía ganas de empezar a buscarle bronca al joven.
Aunque Atlas le había dicho que planeaba viajar a África pocos días después de volver de la luna de miel por cuestiones de negocios.
Ella llevaba ya casi un mes entero sin verlo, y eso le tenía bastante triste.
Así pues, se la había pasado con su padre y con María paseando por todo Cefalú o yendo a caminar a la playa.
Pero como extrañaba muchísimo a Atlas, solía llorar por las noches luego de hacer video llamadas cortas con él.
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- Al fin terminamos con lo que teníamos que hacer aquí en Roma.
Me agradó mucho el Don de aquí.
Les dijo Víctor a Ekrem y Atlas quienes asintieron al estar de acuerdo con el.
- Son unas de las familias más antiguas de toda Italia, me complace bastante que ellos aceptaran ir a mi boda.
Le respondió Atlas.
- Entonces... ¿Ya regresaremos a Cefalú?.
Preguntó Ekrem.
- Si... Últimamente siento a Lorraine algo extraña.
Jamás la había dejado tanto tiempo sola... Bueno, Horace está con ella. Pero ustedes me entienden.
Les dijo.
Victor y Ekrem asintieron.
- Lo bueno es que logramos concertar un encuentro con el tal Santiago, así que... Solo es cuestión de esperar a que llegue el 18 de Diciembre.
Mencionó Víctor.
- Si... Que difícil fue lograr que nos invitaran a esa sociedad.
Reconoció Atlas.
- Ya le he enviado la información a tu abuelo... En fin, supongo que lo veremos pasado mañana.
Informó Ekrem.
Atlas asintió lentamente y luego se dispuso a observar la ciudad de Roma a través de la ventana del auto en movimiento.
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Lorraine cabeceaba mientras le hacían el peinado, el cual ella había decidido por uno algo desenfadado pero muy bonito.
Recogido en un tipo de cebolla con algunos mechones sueltos.
El maquillaje se le veía divino, pero al maquillista le había costado bastante poder hacerle coger color puesto que la muchacha estaba extremadamente pálida.
Maria le ayudó a ponerse el vestido y como Lorraine le había nombrado su dama de honor, se sintió muy halagada por aquel gesto.
- Te ves preciosa... Solo que... Oye, estás mucho muy delgada.
El vestido te queda algo grande...
Observó la chica.
Lorraine se miró al espejo y se mostró en desacuerdo puesto que ella no lograba ver demasiados cambios físicos en su cuerpo.
- Tal vez se agrandó al no haber estado guardado de manera correcta.
¿No podemos hacer nada?.
Le preguntó ella.
Maria la miró preocupada puesto que no opinaba igual.
Podía ver con facilidad la columna vertebral de la joven e incluso las costillas.
- Iré por un kit de costura.
Le dijo para luego salir a toda prisa.
Lorraine quien las últimas semanas vestía ropa muy holgada para según ella disimular esos kilitos de más, observó su rostro detenidamente.
Sus facciones se había vuelto muy afiladas y definidas, haciéndole lucir un poco mayor.
Aunque no se veía mal en lo absoluto, si se veía bastante diferente.
Ahora los ojos se le veían enormes, en comparación que antes.
Luego de unos minutos llegó Maria y se dispuso a empezar hacer pequeños agarres en las zonas más sueltas del vestido, resultando ser bastante buena en eso, puesto que no se notaban para nada.
- Atlas llegó ayer en la noche, no lo pude ver porque fue su despedida de soltero.
Se fue a beber con Víctor y Ekrem.
Le mencionó Lorraine a María.
- Bueno, tú y yo hicimos lo mismo anteayer... Es lo justo.
Comentó María riendo.
- Me divertí mucho contigo y tus hermanas.
Dijo Lorraine echando a reír.
- Gracias por invitarlas... Están alla abajo.
Informó Maria.
- Que bueno que si pudieron y quisieron venir.
Le respondió Lorraine.
- Listo... Ya está. Mucho mejor... Solo faltan los zapatos.
Sentenció María.
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Atlas había incrementado la seguridad en los alrededores luego de que varios incidentes estuviesen sucediendo.
Últimamente le habían informado que se habían visto algunas personas merodeando por las noches, así pues el joven decidió aumentar el número de guardias.
Al salir al jardín quedó maravillado con la decoración, definitivamente Nicole se había esmerado en cada detalle superando por mucho sus espectativas.
- Que Woods salga por el otro lado, no quiero que vea nada todavía.
Les ordenó a sus hombres quienes asintieron.
Entonces apareció Horace y al verlo sonrió emocionado.
- Mirese profesor, se ve muy bien en ese Armani.
Le dijo Atlas riendo.
- Tu también estás muy guapo hijo, a Lorrie le va a dar un ataque cuando te vea.
Respecto a ella... ¿No la has visto verdad?.
Le preguntó él.
Atlas detectó la preocupación en su suegro.
- No, por las costumbres... Y pues en estas semanas mucho menos.
¿Que tiene?.
Le preguntó él.
Horace apretó los labios.
- Ya la vas a ver... En fin, supongo que es por todo el estrés de la boda y todo eso. Será mejor que te vayas yendo, por qué ya no tarda en bajar.
Le pidió el hombre.
Atlas asintió y salió al exterior, ahí se encontró a Víctor y a Ekrem quiénes se veían muy guapos.
- Señor Riviello... Que elegante.
Dijo el turco riendo.
- Ya vámonos...
Les instó el joven a sus dos amigos.