10.

1344 Words
Al ver a Lorraine del otro lado del jardín sujeta del brazo de Horace, Atlas dejó caer la mandíbula quedando boquiabierto. Pero, no por las razones adecuadas, si no por su extremada delgadez. Se veía preciosa, claro que sí, pero el físico le resultó demasiado shockeante. Se veía exageradamente frágil, diminuta. Su voluptuosa figura había desaparecido en su totalidad, ahora frente a sus ojos estaba una chica que en nada se parecía a su amada Woods. Inmediatamente volteó a ver a sus amigos quienes al igual que él, estaban pasmados. Con forme Lorraine se fue acercando, Atlas pudo ver con facilidad las pronunciadas clavículas de la joven y sus huesudos hombros bajo la delegada tela que los cubría. Su cintura era diminuta, y al prestarle atención al rostro, pudo verle las mejillas hundidas y los pómulos muy marcados. Los ojos se le veían perturbadoramente enormes en comparación con el resto de la cara. Atlas dió un respingo asustado e inmediatamente puso cara de pocos amigos. Lorraine se dio cuenta de la expresión perturbada de su futuro esposo e inmediatamente se sintió mal. De repente se sintió insegura y bastante fea, pensando que Atlas la miraba de esa manera por qué no estaba satisfecho con su apariencia. Al llegar a él, Horace le cedió la mano de la joven y le dió un beso en la mejilla al muchacho. - Cuídala mucho. Le pidió él. Atlas asintió incómodo y le dedicó a Lorraine una mirada sombría. - Hola. Dijo ella tímidamente. - Hola. Respondió Atlas muy serio. La sonrisa de Lorraine se desdibujó del rostro y agachó la mirada bastante avergonzada de si misma. - Te ves muy guapo. Le dijo ella en voz baja al verlo con aquel impresionante frac negr* hecho a la medida. - Gracias... El vestido está precioso. Le respondió Atlas tratando de evitar mencionar la esquelética figura de la chica. - Que bueno que te ha gustado. Dijo ella algo tímida. Atlas entonces asintió y se giró hacía el sacerdote quien había indicado que la ceremonia daría inicio. Durante todo el rato, Atlas evitaba mirar a Lorraine, sin embargo se vió obligado cuando pasaron a decir los votos. - Yo, Giulio Patricio Riviello, te acepto a ti, como mi legitima esposa. Prometo amarte, respetarte, serte fiel, estar contigo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte nos separe. Dijo él sin siquiera sonreírle un poco. Lorraine sintió ganas de llorar al notar la frialdad con la que Giulio recitó sus votos. - Yo, Hannah Lorraine Woods, te acepto a ti como mi legitimo esposo. Prometo amarte, respetarte, serte fiel, estar contigo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte nos separe. Recitó ella al borde del llanto. Atlas detectó aquel tono y al ver la expresión de tristeza en su ahora esposa, inmediatamente se sintió mal por ella. Reparó en que algo le sucedía, probablemente estuviese enferma y el no estaba siendo demasiado empático con ella. Así que suavizó el semblante y le sonrió para animarla. Luego se pusieron las sortijas y se giraron con el sacerdote. - Que lo que ha unido Dios en los cielos, no lo separe el hombre aquí en la tierra. Yo los declaro marido y mujer... Giulio, puedes besar a la novia. Dijo el anciano hombre. Atlas inmediatamente la sujetó con desesperación y con mucha delicadeza la besó tiernamente durante mas segundos de lo habitual en las bodas promedio. Haciendo que más de uno de los presentes suspiraran enternecidos. - Te amo. Le dijo Atlas muy seguro. Lorraine asintió muy triste. - Estás enojado conmigo ¿Verdad?. Le preguntó ella algo asustada. Atlas la abrazó y al hacerlo sintió los frágiles huesos de su ahora esposa. - No Woods... Estoy preocupado. La corrigió él muy serio. ****************************** Al ver la decoración, más de uno soltó exclamaciones de asombro, todo se veía muy hermoso. Atlas al igual que Lorraine se mostraron complacidos con el trabajo de Nicole. La susodicha observaba atentamente al joven matrimonio quienes, permanecían muy juntitos y tomados de las manos en todo momento. Al sentarse en la mesa de los novios, Atlas inmediatamente se acercó a Lorraine para darle un beso. - Te ves preciosa mi amor. Le dijo él. Lorraine sonrió ampliamente mostrando su perfecta dentadura. - Gracias. Dijo ella algo cohibida. Todo iba bien, hasta que llegó el momento de comer. Atlas se dio cuenta de que Lorraine apenas y probaba bocado. De hecho, solo estaba jugando con la comida moviéndola de aquí allá con los cubiertos. - ¿No te ha gustado?. Le preguntó Atlas. - Es que... No tengo mucha hambre, todavía siento mariposas en el estómago por los nervios. Se excusó ella. Atlas entonces la miró preocupado, pero decidió no decirle nada por educación y para no exhibirla con el resto de invitados. Llegó la hora de bailar, y aunque Atlas estaba muy motivado y contento, Lorraine se sentía agotada y sin nada de energía. Al tener el estómago vacío, el vino empezó a hacerle efecto bastante rápido y se sintió ebria. Entonces Atlas se separó del grupo para ir al baño, fue entonces que al salir se topó a Nicole. - ¿Te gusta la fiesta?. Le preguntó ella. - Si, bastante... Has hecho un excelente trabajo. Le dijo él. Nicole se puso muy seria, entonces sujetó a Atlas de la corbata y luego le empujó al interior del baño y se metió con él, cerrando la puerta tras de si. Atlas apenas iba a preguntar que sucedía cuando se repente ella comenzó a besarlo apasionadamente y a tocar sus genitales. Atlas soltó un jadeo al sentir las manos de la mujer en él, y Nicole sonrió triunfante. Pero, luego de unos segundos Atlas la separó de él y se alejó lo suficiente. - Jamás vuelvas a besarme Nicole y mucho menos tocarme. Le ordenó éste muy enojado. - Pero si yo se que te atraigo, a mí no me importa que ya estés casado. Atlas negó rápidamente. - Estás loca. Dijo él. - Si no fuera así, no tendrías una erección en estos momentos... Te excita esto ¿Verdad?... ¿Sientes la adrenalina de ser descubiertos cogiendo?. Se que te mueres por metermela... Le dijo ella mientras se quitaba el vestido, quedando solamente en lencería. Atlas miró el cuerpo de la mujer y luego se giró dandole la espalda. - Ponte el puto vestido ahora mismo y lárgate de aquí. Le ordenó él con la voz entrecortada. - Se que te gusto, de no ser así no me hubieses estado evitando todo este tiempo. Se que me deseas... Te apuesto que jamás has estado con alguien como yo... Aseguró Nicole quitándose el sostén. Atlas se giró y la miró en su totalidad con la mirada ensombrecida. Nicole suspiró al verlo tan sexy. - No sabes nada de mi, me he cogido a infinidad de mujeres más hermosas que tú y con mejor cuerpo. No te creas la gran cosa, no me impresionas en lo absoluto. Yo amo a mi esposa, me gusta mi esposa... Quítate o te pongo una bala en la cabeza. Le ordenó él sacando una pistola que siempre traía consigo. Al ver el arma apuntando a su cabeza Nicole empezó a reír. - No te tengo miedo... Giulio. Le dijo ella, para luego tomar la mano de Atlas sujetando el arma y ponerla en su boca. Entonces empezó a lamer el cañón como si le estuviese dando s*xo oral. Atlas abrió los ojos sorprendido, y muy a su pesar no pudo evitar excitarse. Pero antes de perder el control y sucumbir a sus más bajos instintos, bajó el arma, luego la sujetó con fuerza y la apartó con violencia. Entonces salió de ahí prácticamente corriendo. Nicole sonrió satisfecha, había confirmado algo que suponía. A Atlas le gustaba la violencia y perversión, solo que luchaba contra si mismo. - Un poco más de presión y serás mío... Aseguró ella riendo mientras se vestía.
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