17.

1452 Words
Habían pasado varios días desde aquel incidente en carretera, como no pudieron dar con los responsables puesto que dos de ellos habían muerto en el choque y los otros huyeron, no pudieron averiguar de quién se trataba. Pero, Lorraine había intentado acercarse más a Atlas, aquella situación le había abierto los ojos sobre sus sentimientos hacía el. Ellos podrían contra cualquier obstáculo, ya sea externo o interno. Pero Atlas se había vuelto demasiado serio con ella, extremadamente educado e incluso formal. Desde aquel día él no había vuelto a dormir con ella, mucho menos intimar. Se mostraba reservado y siempre andaba con una expresión taciturna, malhumorada con el resto y distante con ella. Él había cancelado su luna de miel por aquel incidente, así que ella pasó varios días intentando hablar con él. Pero, el siempre que estaba por quedar a solas con ella desaparecía o simplemente se la pasaba fuera haciendo sus cosas y no llegaba hasta muy noche. Para el día número diez, Lorraine ya estaba harta asi que fue a encararlo, sin embargo al ver a la joven Atlas desapareció como por arte de magia. Mientras caminaba por el pueblo, Lorraine iba viendo alguno que otro puesto de artesanías que le llamaban la atención. Así que luego de un rato de deambular por ahí, logró perderseles a sus guardaespaldas. Se metió a un callejón y se escondió unos segundos. - ¿De quien huyes?. Le preguntó una voz masculina. Lorraine dió un respingo y vió a un guapísimo joven sentado en un escalón. Era alto, casi del tamaño de Atlas, su cabello era largo y rubio, sus facciones eran bastante interesantes, puesto que se notaba en cualquier caso que aquel joven parecía alemán o danés por su acento. - De mis guardaespaldas. Le dijo ella riendo nerviosa. El joven se puso de pie y se asomó por el callejón. - Me llamo Adrián... ¿Cómo te llamas?. Le preguntó él extendiendo su mano derecha. Lorraine la estrechó y sonrió. - Lorraine. Respondió ella. Adrian entonces guardo sus manos en los bolsillos. - ¿Eres americana?. Le preguntó él. Lorraine asintió. - ¿Y tú?. Quiso saber ella. - Soy de Dinamarca. Pero vivo aquí desde hace muchos años. ¿Eres turista?. Le preguntó el joven mientras se recargaba en la pared. - No. Vivo aquí. Explicó ella. Entonces Lorraine reparó en unos bocetos que el joven tenía. – ¿Son tuyos?. Le pregunto Lorraine. Adrian asintió. – Soy pintor. Mi galería está a unas cuadras, ¿Quieres ir a ver? Y de paso te invito un café. ¿Que dices?. Preguntó él. Sin saber porqué, Lorraine aceptó la invitación. Así pues ella empezó a visitar la galería de Adrián cada que tenía oportunidad, platicaba con él y le contaba su situación con Atlas. ( Obviamente evitando los detalles). El joven entonces se mostró comprensivo. – Creo que nunca es bueno casarse con el primer amor. Este siempre está destinado a fracasar, si me preguntas... Yo diría que te precipitaste Lorraine. Aseguró él. Lorraine pensó que tal vez tenia razón. – Pero no te asustes, una ruptura amorosa no es el fin del mundo aunque lo parezca. Nadie es indispensable en la vida de nadie. Aseguró el joven mientras bebía café. Entonces Lorraine se puso como piedra al ver a Atlas pasar por ahí, y el se giró, la vió y luego observó al hombre que la acompañaba. Lorraine sintió el pánico crecer en su pecho al ver qué Atlas se acercaba a ella. – Atlas... Hola, te presento a Adrián... Es dueño de la galería de aquí a lado. Adrian, te presento a mi esposo. Les dijo la joven. Adrian se mostró impresionado al ver al famoso Atlas. Jamás le cruzó que el fuese así. –Un placer. Dijo Adrian estirando la mano derecha, y Atlas le respondió el saludo. – ¿Dónde están Lorenzo y Claudio?. Le preguntó a Lorraine. – Me les escapé la verdad. Reconoció ella muy apenada. Atlas asintió y luego observó al joven. – Ahora entiendo tus constantes visitas al pueblo. Dijo él sonriendo con tristeza. Lorraine sintió el estómago de plomo. – Fue un gusto Adrian, que tengas un buen día. Se despidió Atlas muy educado. Adrian le estrechó de nuevo la mano y Lorraine se puso de pie y tomó su bolsa. Pero, Atlas inmediatamente le indicó que no. – No hace falta que vengas conmigo, disfruta la tarde con tu amigo, se ve que tenían una buena conversación y no fue mi intención ser inoportuno. Te veo más tarde Lorraine. Le dijo éste con voz monocorde. Lorraine sintió como el mundo se le desbarataba. Antes de poder decir cualquier cosa, Atlas se fue a su camioneta y se marchó de ahí. – WOW... Parece modelo de pasarela. Observó Adrian– Ahora entiendo por qué te casaste con él. Parece muy agradable. Lorraine entonces se puso de pie de nueva cuenta y tomó sus cosas. – Será mejor que me vaya. Le dijo ella. – ¿Sabes que eres libre de hacer lo que te venga en gana verdad?. Le preguntó él. Lorraine asintió y se sentó de nuevo. – Respecto a tu vida... Deberías darte el lujo de experimentar. Estás muy joven para privarte de otras experiencias. Le dijo Adrian para luego besarla. Lorraine respondió al beso y luego de unos segundos ambos se separaron. Ella se quedó pensativa unos instantes y luego negó. – Estos días me han servido bastante para darme cuenta de que es lo que quiero. Y... Lo que yo quiero es estar con mi esposo. Será mejor que ya no nos veamos más. Dicho aquello, Lorraine tomó sus cosas y se marchó de ahí. Al llegar a casa, encontró a Atlas muy serio en la sala de estar. – Que bueno que te veo, necesito hablar contigo. Le dijo ella muy seria. Atlas la miró con precaución. – ¿Se te ofrece algo Woods?. Preguntó él con cautela. Lorraine quiso tomarle la mano pero él la retiró antes con mucha educación y se alejó un paso de ella, guardando las distancias, mirándola detenidamente con los ojos muy rojos, parecía haber estado llorando. Al ver a Lorraine hizo una expresión bastante extraña, entonces respiró profundo y luego le dedicó una sonrisa forzada. El joven se giró y caminó hacia la puerta. – ¿Me estás evitando?. Le preguntó ella. Atlas miró al suelo, se giró hacía ella y luego asintió. – ¿Es por lo que hablamos ese día?. – En parte... Lorraine, creo que debemos separarnos. Le dijo él de repente. Lorraine sintió que se le venía el mundo encima. – Si es por lo que te dije ese día... Y porque me viste en ese café con Adrián... Empezó ella con la voz entrecortada. – Tienes razón, he pensado en lo que me dijiste... No puedo arrastrarte en mi mierda, estoy enfermo de mi mente y no es justo para ti. Por eso he decidido tramitar el divorcio y dejarte libre. Mereces ser feliz. Lamento mucho haberte decepcionado y no ser lo suficientemente bueno para tí. Perdóname por todo lo que has tenido que sufrir desde que me conociste, lo que has tenido que vivir... Te agradezco profundamente por haberme ayudado y salvado la vida, y lamento haberte hecho perder el tiempo... Tendrás una buena vida, te daré una gran compensación económica, no debes preocuparte por eso y tampoco para la seguridad. Además... Yo... Creo que es lo mejor. Le aseguró Atlas. – Lo nuestro aún puede funcionar. Ahora lo sé, me di cuenta de eso... Le aseguró ella intentando tocarlo. Pero Atlas retrocedió y la miró como un animal herido. - ¿Y para darte cuenta tenías que salir con alguien más?. Le preguntó él. - Yo no estaba saliendo con él. Al menos no en ese sentido. Le aseguró ella. Atlas echó a reír. - Yo podré ser un enfermo y lo que tú quieras, pero jamás un mentiroso. Dijo él. - ¡No te miento!. Respondió Lorraine. Atlas sacó su teléfono y le mostró un video, donde ella y Adrián se estaban besando. - Me lo envío Nicole... Que ironía ¿No crees?. Que fuese ella quien me lo envía. Dijo él. Lorraine intentó acercarse a él. - No. Le dijo este alejándose cada vez más. - Déjame explicarte. Intentó ella. - Deberías salir con él. Hacen linda pareja... Ojalá puedas encontrar en él lo que no pudiste en mí. Entonces Atlas se giró y salió de ahí como alma que lleva el diablo. – ¡Atlas! ¿A dónde vas?. Preguntó, pero el ya se había marchado. Lorraine entonces se dejó caer al suelo y lloró durante un buen rato. *
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