Vivan y déjenme vivir mi vida (o morir en el intento)
Estoy en nuestra habitación, con una botella de whisky aferrado al retrato del día de nuestra boda, a lo lejos escucho el incesante llanto de ese ser y cubro mis oídos para no oírla más o por lo menos, aplacar su escándalo.
—¡Ya cállate, maldita chiquilla! ¡Déjame en paz!
Tomé la botella y la empiné para beber de la misma, ya no me importaba nada, ni nadie. Mi ninfa ya no estaba, su risa, sus reclamos, sus ojos deseosos cada vez que hacíamos el amor, no había nada. Su espacio vacío en nuestra cama era el fiel recueerdo lo que fue y lo que ya no sería nunca más.
Sigo escuchando el llanto doloroso de esa bebé, pero estoy tan ebrio que a duras penas me puedo mantener donde estoy y de la nada, su llanto se detiene.
Una sensación de miedo se cuela por mis venas y no sé como hago para estar de pie frente a la habitación que mi ninfa había decorado para ella.
Un suave arrullo se escucha dentro y si no fuera por que estoy lo suficientemente cuerdo para saber que ella no ya está habría jurado que era mi ninfa.
Abro la puerta y mis ojos se expanden al ver a mi madre arrullando al pequeño bultito que tiene en sus brazos.
—¿Mamá? ¿qué haces aquí?—pregunto en un tono molesto y demandante.
—Aaron, cariño. La nena tiene hambre y estaba mojada—me mira con esa cara que siempre pone para tratar de regañarme, pero sabe que la veo como si fuera un bicho raro pues no ha respondido a mi pregunta.
—No fue eso lo que te pregunté, madre.
—Hijo, todos estamos preocupados por ti, ya pasó una semana desde que enterramos a Rosemary, cariño y desde ese día no has salido de esta casa.
¿Una semana? ¿ya había pasado una semana de su partida? ¿cómo era posible? Si fue ayer que estábamos disfrutando de un día maravilloso y pensando en nuestro futuro y en un parpadeo su cuerpo ya estaba tres metros bajo tierra.
Y lo peor ¿Cómo es que esa criatura que mi madre sostenía había sobrevivido?
Desde que mi Rosy se fue yo me borré, ni siquiera recuerdo qué paso el día de su funeral y menos como llegamos hasta aquí.
Mi madre me observa esperando algo que no tengo idea que pueda ser y yo sigo en mi estado de negación.
—No entiendo qué haces en mi casa, madre. No te necesito, no necesito a nadie.
—Pero esta pequeñita sí ¿Al menos le has puesto un nombre?
Como si fuera un recuerdo estúpido, recuerdo a la señora que me hizo el trueque para el anillo de mi Rosy y sin pensarlo, lo lanzo.
—Se llama Louise ¿Se te olvidó?—mi madre me mira frustrada y niega con la cabeza, parece que no nos creyó cuando nos sorprendieron el día que supimos que era una nena.
—Oh, es un bello nombre, mi pequeña Louise, tu abuela te ama, al igual que tu papi— está con sus ojos fijos ella, y esa bebé parecer que la entiende porque escucho unos gorgojeos de su parte—. Ahora, vamos a preparar tu biberón ¿Te gusta la idea mi pequeña Louise? Y tú, ve a bañarte, apestas a alcohol y debemos hablar.
Sentencia mi madre, pasando por mi lado, junto a la bebé.
No tengo ánimos de nada y si ella se quiere encargar de la bebé, pues que lo haga, me quitaba un peso de encima. Me devuelvo a mi habitación y cierro de un portazo, que haga lo que quiera con eso.
Vuelvo a sentarme en mi sillón y a tomar de la botella.
Otro día se está acabando, otro día sin ella junto a mí, cierro los ojos y recuerdo momentos antes que me dijeran lo que había sucedido…
Me encontraba en la capilla del hospital, como buen cristiano y haciéndole caso a Chris había ido a orar.
—“Señor, no te la lleves… Aún es muy pronto y tenemos muchas cosas que vivir “
Mis lágrimas escurren por mi rostro, mientras le hablo a dios de rodillas suplicándole que no me la quite.
—“Ella es mi vida entera, señor. No sé qué será de mí si ella…
Siento la mano de alguien en mi hombro por lo que volteo a ver quién es.
—Doctor Kon.
—Aaron…
Me levanto con toda la ansiedad que tengo y busco en su mirada alguna respuesta, su cabeza baja hasta sus pies y creo entender lo que trata de decirme.
—¡No!— un grito desgarrador sale desde lo más profundo de mis entrañas y caigo de rodillas al suelo.
—Lo siento, muchacho, pero Rosemary venía en malas condiciones, no pudimos detener la hemorragia y su corazón dejó de latir— él se agacha para tratar de darme consuelo, pero yo lo esquivo—. Por favor, Aaron, tu hina te necesita.
—¿De qué diablos me está hablando? ¡Yo le pedí que salvara a Rosy! ¡Maldita sea!...
—Hijo…— mi madre me saca de mis recuerdos con eso aún en sus brazos.
—¡Te dije que no te quiero aquí! ¡Lárgate!
—Pero la niña…
—¡No me importa!, ella es la culpable de que mi Rosy no esté aquí conmigo, ¡¿Por qué no fue ella?!
La sonora cachetada que mi madre me planta me hace dar vuelta la cara, está llorando y niega con su cabeza.
—¡Eres un imbécil! Jamás pensé que fueras a decir esa estupidez, la beba no tiene la culpa de nada, solo de tener un padre que no sabe lidiar con su dolor ¿Crees que para nosotros es fácil haber perdido a Rosy? ¿Qué eres el único que está sufriendo? ¡Dios, Aaron! ¿Qué has hecho con mi hijo? Entiéndelo ¡Tu hija te necesita!
—Si tanto te importa, te la regalo, no me interesa, no la quiero ver nunca más en mi puta vida—escupo, sin medir las palabras que digo.
—¡Es tu hija!
—Pues si no la quieres la puedo dejar en un orfanato de esos que tanto te gusta patrocinar.
—Eres un maldito animal, pero te juro Aaron Connelly, como que me llamo Diana Connelly que algún día te vas a arrepentir de estas palabras, hijo—intenta volver a ser dulce, pero no e funciona, está furiosa conmigo y mi me da... nada— y espero que ese día no sea demasiado tarde.
—Has lo que quieras, vive y déjame vivir mi maldita condena o tal vez morir...
El tiempo fue pasando y aunque no me he muerto, pero muchas veces lo he deseado, he seguido "mi vida".
Mi madre se llevó a la niña ese día y de eso ya han pasado seis años.
¿Qué he hecho yo? Pues transformarme en un maldito maniaco del trabajo, el alcohol y el sexo sin compromiso.
Mis padres seguían a cargo de Louise y, como prometieron con James y Chris, la bautizaron sin mi presencia como Louise Rosemary Connelly. De la madre de Rosy, no he sabido en todos estos años, esa vieja me debe odiar más de lo que ya lo hacia, pero ¿me importaba? Absolutamente nada.
Mis amigos en un principio me odiaron y no me hablaron por casi un año, pero Duncan y James aparecieron un día y no los pude echar.
En cambio con Chris fue distinto, él estaba resentido conmigo y le duró más tiempo el enojo, casi cuatro años estuvimos sin hablarnos, pasábamos las fiestas en familia, porque era una de las obligaciones que me había impuesto mi padre para seguir en la empresa manteniendo mis privilegios y tenía que aguantar a esa niña que cada día se parecía más a mí, aunque sus orbes eran igual a los de mi Rosy, eran casi amarillos como el oro y su sonrisa ¡Diablos! Como me la recordaban.
Para cada día del padre, navidad, cumpleaños o celebración que se les ocurriera en el jardín de niños, me llegaba después a la oficina un cuadro, porta lápices y hasta un cofre hecho de macarrones que yo guardaba en un cajón que ya estaba a punto de colapsar.
Ella se me acercaba y me abrazaba cada vez que iba a la casa de mis padres, pero yo me resistía y se la dejaba a la niñera o a mi madre o hasta a Chris.
Yo no quería o más bien no me sentía su padre.
El día de hoy, mi madre entró a la oficina y me lanzó varios prospectos de escuela.
—A Louise la han adelantado dos niveles, es una niña muy inteligente y por eso nos han pedido que busquemos escuela para ella. Ahí hay varios prospectos para que decidas, ya es tiempo que te involucres por lo menos en su educación.
—Has lo que quieras, yo no necesito saber más allá de lo protocolar, ese es nuestro acuerdo ¿no?
—¡Aaron Alexander Connelly Moore, ya déjate de estupideces y por una vez se hombre! ¿Crees que eso le hubiera gustado a Rosemary?
—¡No la nombres!
—Pues si no quieres que la nombre, asume tu responsabilidad, tu padre y yo ya no somos tan jóvenes y Louise necesita un padre.
Estaba a punto de responderle cuando se dio la media vuelta y de la misma forma en que entró se fue.
A la media hora, entró otro vendaval a mi oficina, me quedo mirándolo y se desparrama en mi escritorio.
—¿Y tú? ¿me quitaste el veto?
—No tenía con quién hablar, Duncan está trabajando a tiempo completo y James no me toma en cuenta con lo de su doctorado.
¿Cree que no lo conozco? Algo le pasa y lo corroboro cuando no para de llorar su drama con una española que lo había plantado en el aeropuerto.
¿Le dije algo? Por supuesto que no, solo lo dejé entrar nuevamente en mi vida, al fin y al cabo, era mi mejor amigo.
Después de su llanterío, tomé mis cosas y lo invité a beber, esa noche nos fuimos juerga y terminamos en un hotel con varias chicas, hasta ahí le llegó el amor.
En la mañana, me desperecé y desperté a mi amigo , ambos nos vestimos rápido y salimos del lugar, no sin antes dejar una buena cantidad de billetes a nuestras lindas acompañantes.
Cuando llegamos a mi departamento nos encontramos con la cara de furia de James padre y del mío sentados en el sofá de mi sala.
—¿Así es como solucionan sus problemas? — El tío James nos lanza una revista de farándula dónde lo más suavecito que dice es que los solteros más codiciados de Dublín se van de fiesta con un grupo de putas.
—Papá… yo…
—Deja de tartamudear, Christian. No puedo creer que le sigas la corriente a este otro.
—Más respeto tío.
—El respeto se gana, Aaron y tú perdiste el nuestro hace mucho tiempo. Ahora lo que me interesa ¿Decidiste la escuela dónde enviarás a Louise?— es mi padre el que habla y al parecer el tío estaba muy de acuerdo con sus palabras.
Niego ante lo que hablan, pero algo pasó por mi cabeza en ese momento y recordé que dentro de los folletos estaba uno que me ayudaría a sacarme de encima el problema y sin asco lancé las palabras.
—Le Rosey, Louise ira al instituto le Rosey.
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