Adrien
Estaba en el mismísimo cielo...
—Deja de pelear, mi dulce Grinch. Tu deseo de navidad se ha cumplido— digo riendo de su cara enojada, se veía tan linda trató de seguir con sus ataques hasta que la levanto por su pequeña cintura para abrazarla y pegarla a mi pecho.
—No me hables y suéltame, idiota. Me quiero ir de aquí.
—Pues no te irás, ahora es momento de cumplir mí deseo de navidad.
Por primera vez me permití salir de mi rol de mejor amigo de su hermano y la besé, fue algo tierno y fugaz, pues la señorita sacó fuerzas de no sé dónde y me dio una senda cachetada.
—Idiota insensible ¿Qué te has creído al besarme?
—Lo siento, lo siento, me vas a dejar de nuevo en coma, si solo fue un besito— como puede se suelta de mi agarre y se levanta furiosa, ya la cagué, pero no me importa.
—¿Un beso? ¡Un simple beso! ¡Dios! ¿Sabes qué?, olvida toda la mierda que te acabo de decir y no me hables nunca más, si me ves cruza la calle porque te juro que esto no se quedará así, Powell.
Y ahí salió mi dulce enamorada de mi habitación, me quedé solo en la habitación y no atiné a nada más que tocarme los labios.
—¿Será muy loco que no me lave la boca nunca más?
A los minutos apareció su hermano Ethan junto a mis padres y el coach, estaban felices de verme despierto y ahí me contaron todo lo que pasó en estos días.
—De verdad, lo siento mucho, Adrien.
—Señor, lo pasado ya pasó. Ahora solo deberé recuperarme y volveré pronto a los entrenamientos.
—Pues eso será difícil, Adrien. No creo que alcances a estar cien por ciento recuperado para las finales.
Si dijera que el mundo se me vino encima sería poco, pero esa noticia no me dolió tanto como que ella no volviera a aparecer y cumpliera con lo que dijo.
Ethan llamó a la neuróloga y esa misma noche me bombardearon con exámenes y pruebas, al parecer mi cerebro estaba bien, pero mi cuerpo aún estaba demasiado resentido.
A la semana ya estaba de vuelta en casa, con mucho dolor en las costillas y el corazón roto.
—Vamos ¿a quién engaño? Se me pasó la mano y Mel nunca ha sabido de mis intenciones, creo que jamás me va a perdonar.
—¿Con quién hablas hijo?
—Conmigo mismo mamá, soy un idiota.
—A ver, cuéntale a tu madre que es lo que te pasa — como si esa frase fuera una llave le conté todo lo que me ha pasado desde que conozco a los Scott y de mi amistad con los mellizos, mi amor unilateral por Mel y el bendito beso.
—Digno de un Powell, cariño. Estás hecho por molde a tu papá, ¿sabes? Así fue como me conquistó, aunque le costó años y varios novios entre medio para lograrlo, pero jamás desistió.
Hijo, si de verdad Melanie te gusta ve y díselo a veces guardarse todo no es lo mejor y si ella no es la indicada, pues bueno la vida no se acaba.
—Gracias, mamá…
Hoy, estoy en el hospital para mi revisión con la neuróloga y esperando me dé el visto bueno para poder jugar, aunque sea el último partido de las finales.
Dirijo mis pasos hacia los ascensores y ahí veo a mi mejor amigo con dos peluches en las manos.
—¡Que suerte la mía! — deja caer los peluches y se acerca a mí y yo extiendo mis brazos para recibirlo, de verdad que lo extrañaba y mucho.
—Hermano, que bueno que te veo…
Y yo que creía que mi amigo me iba a abrazar, en cambio recibo un puñetazo que me desestabiliza y me hace caer al suelo.
—¡Cameron, no!
—Hermano ¿qué te pasa? — digo algo mareado y masajeándome el mentón. Me intento levantar, pero un mareo me hace caer nuevamente en el piso.
—¿Estás bien, Adrien?
—Esto debe ser una broma o me morí después del golpe. Tú… tú dijiste que jamás me volverías a hablar que cruzara por la vereda del frente si te veía y ¿me estás hablando?
—¿Ves lo que le has hecho? ¡Lo volviste más idiota de lo que estaba! Adrien, dime ¿cuántos dedos ves? — la muy inconsiderada me está mostrando el dedo del medio y el idiota de mi amigo se está mofando de mí.
—Paren los dos, de verdad que es molesto haber recibido el golpe de mi mejor amigo y que la chica que me gusta me esté mostrando su dedo de corazón, ahora me explicas Cameron ¿Por qué mierda me golpeaste?
—¿Dijiste la chica que me gusta cabrón? Ahora sí que te mato.
—Basta, Cam. No sigas, ya le diste un golpe lo suficientemente fuerte como para dejarlo en coma de nuevo. Detente ya.
—Pero si él se lo buscó— se acercó a mí para levantarme y diablos, juro que pensé que me iba a golpear de nuevo por lo que cubrí mi cara con mis manos— ¿Cómo fue que se te ocurrió la genial idea de besar a mi hermana?
—¿Se lo dijiste?
—Como que fuera muy difícil esconderle algo a Cameron, obvio que se lo dije.
—¡Quería decírselo yo!
—¿Pueden dejar de gritar? Y me dicen de inmediato qué les pasa a ustedes tres ¿Cómo se les ocurre la genial idea de pelear en el lobby de un hospital? Adrien, ¿Estás bien?
Nos grita Ethan, junto a dos guardias del hospital y es ahí que me doy cuenta que medio hospital nos está viendo con miedo, por lo que me atrevo a hablar.
—Lo estoy, fue un golpecito nomás, algo entre amigos— pero el muy idiota de “mi amigo” no se queda callado.
—Perdona, hermano, pero debía quitarle lo idiota a mi amigo, aunque creo que se me pasó la mano.
—Será mejor que sigan con sus saludos neandertales en otro lado, no puedo permitir esto en el hospital.
—Lo sentimos, hermanito. Todo está solucionando—luego se dirige a más personas que nos siguen mirando y les habla—, a todos disculpen a estos dos idiotas y sigan con sus cosas, por favor.
«Como no amarla»
—Sí, perdonen mi efusividad, es que no lo veía hace casi un año ¿Cierto amigo?—masculla entre dientes, mientras me da la mano para levantarme.
—Por supuesto, amigo. Discúlpennos por el mal rato que les hemos hecho pasar.
Tomo la mano de Cam y me dejo abrazar por él, mientras me habla al oído.
—Juro que tendrás que darme una buena explicación.
—Por supuesto, que lo haré.
—Pues, todo solucionado, señores. Sigan con sus cosas.
Fingimos demencia, como si nada pasara y subimos al ascensor, Mel tomó uno de los peluches y Cam el otro. Yo bajé en el piso de neurología y ellos siguieron su camino.
Llego a la consulta de la doctora Natasha y su asistente me deja entrar. Hizo su revisión y por suerte el golpe que me dio mi amigo no me dejó más estúpido de lo que ya estaba, pero me mantuvo el reposo por dos días más, eso me daba el suficiente tiempo para volver a las prácticas y jugar.
Al salir, me encontré con mis amigos que esperaban. Respiré hondo y me paré frente a ellos.
—Todo tiene una explicación, de verdad, hermano.
—No quiero una explicación, quiero que te alejes de Mel.
—¡Oye! Eso lo decido yo.
—Pues.
—¡Tú, cállate! — me gritan los dos al mismo tiempo y ahí me quedo yo, calladito escuchándolos discutir por mi comportamiento. Mientras ellos seguían en su discusión me acerqué a la ventana y me maravillé con la hermosa nevada que empezaba a caer.
—Miren chicos, está nevando.
Ambos se levantaron y se acercaron a mí, sentí el abrazo de Cameron.
— Lo siento por el arrebato. Pero tienes que entender que Mel es mi hermanita.
—Y yo me sé defender, Cameron.
—Yo lo único que quiero es que no sigan molestos conmigo.
—Que cosas ¿no?
—Mel.
—Mmm.
—Lo siento, te prometo que no volverá a pasar.
—Pobre de ti que lo olvides porque ya sabes, este idiota te dejará lisiado.
—¿Cómo te encontró Natasha?
—Me dio dos días más de reposo, por lo que podré jugar las finales.
—Suerte la tuya, idiota. A mí me quitarán la bota, pero debo permanecer una semana más.
Ese día fue el más nevado de la temporada y como los amigos que somos fuimos a la cafetería que más le gusta a Mel. Al final, nos terminamos riendo de lonque había pasado y Mel volvió a ser la misma conmigo.
—Ansío que se termine esto para poder jugar.
—Pues iremos a apoyarte, hermano.
—Siempre sus puestos estarán en primera fila para apoyarme.
—Gracias, lo sé.
Mientras decía esas palabras crucé mis dedos sin que no lo notaran y me permití recordar mi sueño, ese que algún día quería que sucediera.