Capitulo 6. El Grinch en mi interior

1129 Words
Mel Scott Otro año más, 334 días han pasado y ahora volvemos a lo mismo de todos los años. —Ay, amiga, no seas así. La navidad es hermosa, la nieve está en su tope, la estoy pasando de lujo en la academia y tú disfrutando de tu última temporada en el hielo. —No me hables, Hanna Cicarelli, tú y el idiota de mi hermano me abandonaron. —Pero mi Mérida, sabes que estamos a nada de estar de nuevo juntas y mi príncipe vendrá, aunque sea unos días. —No puedo creer que al final de todo ni siquiera vayas a ser mi cuñada, te quería para mí... para toda la vida. —Dramática, sabes muy bien que a Cam lo amo, pero como mi mellizo favorito. Es un dulcito, solo que no.... —Es el sexi papucho del señor pesadilla de la calle Elm. —¡Mel! —Sabes que no miento, chiquita. Estoy casi segura que si ese hombre te dice upa, tu saltas como sapita. —Ya te dije que no pasa nada, con él. El me odia, y yo no lo soporto. —Sí, si, claro. —Además, viene las fiestas y tú señorita tendrás tiempo de presentarme a algún chico guapo, por ahí un pajarito me dijo que Collins andaba tras tus huesitos. —¡¿Qué?! ¿Quién te fue con ese cuento?– sus ojos azules me miraron con diversión y lo supe de inmediato – ¡¿Hablaste con el incordio?! —Más bien me llamó porque estaba preocupado de que ese tipo te persiguiera y no sabía cómo preguntarle a Cam sin que volara en el primer avión desde España —Incordio, infeliz, insoportable, inconsiderado, in... —Ya, ya, niña. Te escuché, deja de in... tensificar tu odio por el bello de Adrien, él lo único que hace es cuidarte como se lo prometió a Cam y de traerme los chismes. La miré feo, si que la miré feo. —¡Odio la navidad!— corté la video llamada con mi mejor amiga que se reía de mí como una foca con hipo — Ya te quiero ver enamorada de tu sexi instructor, querida dulce de tiramisú y ahí te haré la vida de cuadritos — bufo molesta. Como todos los años cuando empieza diciembre, estoy que me lleva el diablo. Es que qué mes tan molesto, debieran quitarlo del calendario. Para lo único que sirve es para volverse loco comprando y buscando enamorar a alguien con esa porquería de muérdago. —Si es una puta planta semiparasitaria que vive sobre árboles, absorbe sus nutrientes y los... Ash. —Deja de reclamar, Scott y ven a jugar. Esta era la única cosa buena del invierno, el hockey sobre hielo era mi segunda pasión, después de las leyes, por supuesto, y este año por fin estábamos a un paso de las finales nacionales con el equipo femenino del colegio y con la mejor de las suertes, no solo saldríamos campeonas, también me iría a la universidad en primavera. —Ya voy, entrenador— me coloco mi casco y enfilo mis navajillas al centro de la pista, estos nuevos patines eran colosales, amé cuando Elliot me los entregó el día de mi cumpleaños. Mi hermanito tan bello me dijo que los había diseñado especialmente para mí, cosa que ratificó mi adorado y odiado mellizo que fue el que los confeccionó. Trabajo de hermanos, fue lo que me dijeron – y yo solo le compré calcetines, me regañé mentalmente – . Así que no me quedó de otra que agradecérselo, pues le dieron en el clavo son livianos y se ajustan al frío hielo como si estuviera caminando descalza. —Chicas, hoy practicaremos ofensiva y para eso le pedí al entrenador Rogers que nos apoyara con sus chicos. —¡¿Qué?!— ¿otra puta vez? A no, no señor ¡Este viejo está loco! ¿cómo se le ocurre que nos va a poner a jugar con esas moles de dos kilómetros de estatura y como dos mil kilos encima. Esto definitivamente sería una tortura. Y no es que no lo hubiera hecho antes, pero hoy era uno de diciembre, ¡no me jodas Sterling! quería gritar—. Entrenador, esto debe ser una broma ¿no? Dos años me había pasado convenciendo a los entrenadores que la defensa no era lo mío. Dos putos años y cuando esté entrenador por fin lo entiende se le ocurre la genial idea de confrontarnos con esos, o más bien con ese... Ah... que puta rabia. Por suerte Cam no está y eso me tranquiliza. No quiero sus burlas idiotas sobre que somos una parejita de ensueño con el idiota de su mejor amigo. Es que ni siquiera con su partida el muy imbécil se alejó. ¡Fue peor! pasa en la casa como si fuera el reemplazante de mi hermano y mamá lo aguanta. «Sabes que lo ama, igual que...» Igual que nadie, conciencia, déjame trabajar. Mi discusión interna es detenida por esa otra voz que me pone los pelos de punta. —Ninguna broma, reina del hielo— ¡Por dios! ¿podrían seguir pasándome más cosas malas este día? —Y tenía que aparecer el idiota de Powell. —Ya sé que me extrañabas, mi linda pelirroja, pero ya me ves. El deber me llama y aquí me tienes con los muchachos. —¡Ya paren ustedes dos! Y colóquense en sus posiciones— nos dice el entrenador, mientras con Adrien nos retamos con la mirada. —Te haré morder el hielo, preciosa. —Te dejaré mirando mi lindo trasero, idiota. No te darás ni cuenta. El puck fue puesto en el centro de la pista y con el pitazo del árbitro comenzó la acción. Mi risa fue descomunal al ver la cara de idiota de Adrien cuando tomé el puck con mi stick y salí disparada por su diestra. Los gritos de los chicos que estaban en las gradas me hicieron seguir mi camino, estaba destinada a meter ese disco en el arco de los chicos, pero sentí por mi costado que un tren venía acercándose, si ofensiva querían, ofensiva les daría. Cuando tuve a dos moles frente a mí, miré hacia ambos costados, dos de las chicas cubiertas y la otras dos venían más atrás, peleando con los compañeros de Adrien. En un acto de inmolación, moví mi cuerpo de tal forma de quedar frente a frente con Powell y detrás con esos dos monigotes. En el momento en que el impacto era seguro, moví el stick y lancé el disco directamente hacia una de mis compañeras que había quedado libre y después de todo se fue a n***o. Dios, por fin conoceré si existes realmente...
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