Narrador Omnisciente
Dos semanas después, Mel ya estaba completamente integrada al equipo de hockey sobre hielo. Su disciplina y ferocidad defensiva la habían convertido rápidamente en una jugadora clave, y sus compañeras la respetaban. Sin embargo, su principal desafío no era la velocidad del puck ni la presión del juego, sino el inevitable cruce de caminos con el equipo masculino, y en particular, con el mejor amigo de su hermano, Adrien Powell.
El primer encuentro oficial en el hielo tuvo lugar durante una sesión de entrenamiento mixto, una práctica rara y desafortunada, desde la perspectiva de Mel. El objetivo era que la defensa femenina practicara contra los atacantes masculinos, y Mel, como la mejor defensora novata, fue asignada a la primera línea.
—¡Scott! ¡Powell! A la línea de frente —ordenó el entrenador masculino, con un silbato áspero.
Mel patinó con el rostro pétreo. Llevaba su casco de protección firmemente ajustado, esperando que eso ocultara el rubor que sabía que se le subiría por las orejas. Adrien se deslizó hasta quedar frente a ella, con una facilidad que solo la práctica constante permite. Llevaba su uniforme con la soltura de un veterano.
—Vaya, vaya —dijo Adrien, sonriendo por debajo de la rejilla de su casco—. El destino nos sonríe, Scott. Primera línea. ¿Lista para vigilarme de cerca?
—Cállate, Powell —espetó Mel, su voz amortiguada por el casco y el protector bucal. Agarró su stick con fuerza, concentrando toda su aversión fingida en el agarre—. Simplemente haz tu trabajo. Y no te atrevas a cruzar la línea.
—¿La línea? ¿La que pones tú o la que está pintada en el hielo? —se burló él, y el sonido de su voz, incluso distorsionado, hizo que a Mel se le revolviera el estómago.
Cameron, que observaba desde la banca, gritó: —¡Vamos, Mel! ¡Demuéstrale quién manda! ¡No dejes que te gane!
Mel sintió una oleada de irritación, tanto por Cameron como por la condescendencia de Adrien.
—No voy a dejar que me gane. Ni tú, ni nadie, hermanito.
El entrenador dio la señal, y el puck fue lanzado al centro. El juego comenzó.
Adrien era rápido. Mucho más rápido que Mel. Pero ella no se basaba solo en la velocidad; se basaba en la estrategia y la anticipación. Sabía que él buscaría el lado débil, su lado débil. Así que bloqueó su ángulo de tiro con su cuerpo, patinando hacia atrás con una precisión milimétrica.
Adrien intentó un deke rápido, moviendo el puck hacia la izquierda. Mel respondió instantáneamente, extendiendo su stick para cortar la trayectoria. Hubo un choque. Sus hombreras se golpearon con fuerza, y por un microsegundo, sus cuerpos estuvieron muy cerca, demasiado para Mel....
Ella sintió el impacto, y el olor a sudor y hielo que emanaba de Adrien le resultó sorprendentemente embriagador. Su mente se quedó en blanco.
Adrien aprovechó esa fracción de segundo de distracción. Con un giro de muñeca hábil, pasó el puck por debajo de su stick y patinó velozmente hacia la red.
—¡Lo siento, Scott! —gritó, justo antes de que el puck pasara zumbando junto a ella y entrara en la red.
Mel se detuvo de golpe, girando para encararlo. Su respiración estaba agitada por el esfuerzo y la frustración. Se quitó el casco con furia, revelando su rostro rojo y molesto.
—¡Tramposo, Powell! ¡Me tocaste!
Adrien se deslizó de vuelta hacia ella, quitándose también el casco. Su rostro estaba brillante y exultante por la adrenalina.
—¿Tramposo? Solo usé tu debilidad, Mel. La distracción. Y si te toqué, fue porque estabas demasiado cerca. ¿Quieres que guarde más distancia? porque este es un juego de roces.
La pregunta era capciosa. Mel sabía que quería que se acercara. Y él sabía que ella también.
—Quiero que te mantengas fuera de mi vista, que es diferente, solo te soporto porquenme lo ordenan—siseó Mel.
—No creo que eso sea posible, Scott. Tenemos la misma pista, el mismo equipo, y el mismo... nivel de desafío —Adrien se acercó un paso, bajando un poco la voz—. Te gusta que te desafíen, Mel. Por eso estás aquí. Y a mí me gusta desafiarte. Simple.
El intercambio tenía más tensión que cualquier partido de playoffs.
Cameron patinó hasta la línea, preocupado. —¡Eh, chicos! ¡No peleen! Es solo práctica, Mel. Adrien, no la molestes. Ya es suficiente.
Mel se giró hacia su hermano. —¡No me está molestando! ¡Estoy haciendo mi trabajo de control de calidad, Cameron! ¡Y acabo de confirmar que es un peligro para el equipo!
Adrien se rió, su mirada fija en los ojos oscuros de Mel. —Un peligro que te hará mejor jugadora, Mel. Y sí, es un placer tenerte vigilándome tan de... cerca.
El entrenador sonó el silbato, y Mel se vio obligada a ponerse el casco y patinar de regreso a la línea. Mientras se alejaba, sintió que Adrien la seguía con la mirada.
En el hielo, la fachada de odio de Mel no funcionaba tan bien. El contacto físico era inevitable, el desafío era constante, y la adrenalina hacía que los "maripociélagos" volaran descontrolados. Estar tan cerca de Adrien Powell era mucho más complicado que odiarlo desde lejos.
En cambio, Adrien se quedó ahí en el medio, sin mover un ápice de su musculatura. Cam, por primera vez vio algo que no podía distinguir, pero que sentia familiar y lanzó la bomba.
—¿Te gusta mi hermana, Adrien?
Adrien volteó la mirada a su mejor amigo, al que le había hecho más sencilla la vida, por el que daría la vida si se lo pidiera y, por primera vez, se sinceró con él.
—Estoy hasta las patas, hermano y ya no sé cómo hacer para que ella deje ese odio parido y me acepte una cita.
—Dios, esto si que se puso de color de hormiga, hermano. Eso no me lo esperaba y si te soy sincero, te doy mi más sentido pésame. Estás perdiendo el tiempo con mi hermana ¿no ves como te odia?
—Lo sé, pero siento que hay algo más en esa forma de actuar para conmigo...
—Hey, ustedes dos, dejen de hacer un espectáculo en el centro y enfóquense. Las preliminares ya vienen y quiero lo mejor de ustedes para el campeonato.
Ambos amigos asintieron y volvieron a sus posiciones, mientras Mel los miraba con furia y su entrenadora le daba palabras de guía.
—No lo hiciste mal, Scott. Solo debes dejar de pensar en tanto y enfrentar tus miedos. Es solo otro jugador.
—Y el más lindo del grupo– soltó de la nada, Chelsea, una de sus compañeras y todas asintieron.
—Lindo, mis polainas, es solo una mole de músculos con cara de idiota.
Mel e removió y volvió a la práctica, por suerte le pusieron en frente a su hermano. El pobre de Cameron recibió Golpe tras golpe, contención cada contención, bloqueo tras bloque y no pudo hacer nada. La muralla infranqueable de su melliza lo hizo añicos.
Desde la banca, Adrien los miraba con admiración y dulzura. Su Grinch personal era la Grinch más hermosa que sus ojos podían ver.
—Algún día serás mi novia, Mel Scott.
Sentenció, un hecho que costaría sangre sudor y lágrimas en el futuro, uno que ni él ni ella esperaban que fuera tan accidentado como un partido de hockey.