Capítulo Dos.
5 de septiembre, 2017.
—Hay una fiesta en casa de Declan Preston esta noche —fue el saludo que me dio Love, una vez se sentó en la barra de la pequeña cafetería en la que trabajaba medio tiempo.
Fruncí el ceño confundida por esa nueva información.
—¿Quién es Declan y porqué debería importarme su fiesta de miércoles por la noche? —terminé de limpiar la barra y aproveché que el negocio estaba lento, para tomar un descanso y charlar un poco con Love.
—¡Declan Preston es el indicado! —y aquí vamos de nuevo. Siempre son el indicado durante la primera semana de relación.
Siempre.
—Hace dos días estabas llorando por Travis, Love —señalé lo obvio, sin embargo, ella descartó mis palabras con un gesto de su mano.
—Travis es cosa del pasado. Declan es el chico —había un matiz emocionado en su voz, que me hizo imposible romper su burbuja con una dosis de realidad.
Además, aún no conocía al tal Declan, así que no podía formarme una opinión sobre él.
—Está bien —asentí—. ¿Qué tiene de especial esta fiesta?
—Que nos invitó todos. Así podrás conocerlo —aplaudió emocionada—. Adrian también puede venir. De hecho, podrías venir con él para que no te sientas sola, ya que te niegas a que te presente a algunos chicos.
La entrada de un chico a la cafetería me salvó de tener que explicarle por millonésima vez que en este momento de mi vida no estaba interesada en una relación.
Muy dentro de mí, aún me encontraba herida por la traición de Jonah, pero no era algo que le diría a Love. Eso solo la preocuparía y tampoco es como sí tuviera un corazón roto.
Simplemente su infidelidad hizo mella en mi confianza en mí misma y aún no me había recuperado del todo.
Serví la orden del cliente y le entregué su factura, antes de volver a acercarme a Love luego de guardar la de propina en mi frasco de las mismas.
—¿Me contarías de donde conociste a Declan, pequeña Love? —despeiné su cabello, haciéndola reír y apartó mis manos con las suyas.
—Nos conocimos ayer. Es el nuevo chico de los helados en Barnes —su expresión cambió a una soñadora y me pregunté como es posible que alguien caiga tan rápido en las redes del amor—. Es estudiante de último año de Filosofía y es tan profundo y complejo...
—¿Filosofía? ¿En serio? —serví un expresso para Love y un capuccino para mí y salí de la barra, cambiando el letrero de abierto a cerrado para tomar mi descanso para almorzar.
Patsy, mi jefa, estaba obsesionada con los hábitos de comida saludable, así que contábamos con una hora y treinta minutos para almorzar para que así no tuviéramos prisa y los alimentos hicieran una buena digestión.
No me quejaba. Muchas veces eso tiempo había sido empleado para adelantar mis deberes, charlar un poco con los chicos o incluso dormir una pequeña siesta en el cuarto de suministros.
Seth, el chico encargado de hornear los bocadillos que se vendían junto al café, salió de la cocina con los recipientes de plástico que contenían nuestro almuerzo y se acercó a la mesa que compartía con Love, ignorando completamente a esta última.
—¿Qué tienes para mí? —pregunté casi saboreando la deliciosa comida, aún sin haberla probado.
Pero sí Seth la había cocinado, tenía una garantía del cien por ciento, que haría derretir tus papilas gustativas.
—Ensalada César. Los exámenes no me dan mucho tiempo para cocinar —se disculpó, abriendo el recipiente e inundando el pequeño espacio con el provocativo aroma de la comida.
Me casaría con Seth solo para que me cocinara cada día de mi vida.
—Muchas gracias, Seth —tomé los cubiertos que me ofrecía, más no ataqué la comida de inmediato—. ¿Cuánto te debo esta vez?
—Consíderalo una invitación a almorzar —encogió sus hombros—. Pero sí quieres hacer algo por mí... ¿Podrías cerrar esta vez tú? Tengo una cita esta noche y me gustaría llegar a tiempo para causar una buena impresión.
—¡Por supuesto! —asentí de inmediato, haciendo que Seth sonriera luciendo aliviado.
Sus lentes se deslizaron un poco por el puente de su nariz y él se encargó de volverlos a su lugar en un movimiento automático.
Era lindo. De la manera nerd adorable. Su cabello siempre era un desastre por sus manos y sus ojos marrones se escondían siempre detrás de sus anteojos de marco cuadrado. Sin embargo, no era escuálido ni mucho menos. Había practicado atletismo en sus años de secundaria y aún se mantenía en forma, por lo que resultaba bastante atractivo a la vista.
—Gracias, Lyra —se despidió de mí, caminando hasta otra de las mesas para disfrutar de su almuerzo en soledad.
Cuando Love no aparecía por aquí, siempre usábamos la hora del almuerzo para hablar sobre cualquier cosa. Pero desde que las cosas entre ellos no habían funcionado, él se había dedicado a ignorar su presencia completamente.
Suponía que aún tenía el corazón roto, pero el hecho de que saliera en una cita, me daba esperanzas de que las cosas podrían volver a la normalidad entre nosotros.
—¿Crees que alguna vez me perdone? —cuchicheó Love, evitando que Seth la escuchara.
—Dale tiempo —contesté de igual forma y piqué un poco de mi ensalada, disfrutando del delicioso sabor de esta.
El aderezo estaba para morirse.
—Han pasado cinco meses —me retó, pero yo me encontraba demasiado ocupada saboreando mi almuerzo, para pensar claramente una respuesta.
—No todo el mundo supera las rupturas en un parpadeo, Love —le dije sin intención de atacarla, pero al parecer ella lo tomó de esa forma porqué dejó salir un jadeo ofendido.
—¡Eso fue un golpe bajo! —me recriminó, golpeando mi mano a modo de regaño.
—Lo siento, pero es la verdad —la apunté con mi tenedor—. No puedes esperar que todo el mundo esté como si nada al día siguiente de una ruptura. Aunque no lo creas, la mayoría de personas se toma su tiempo para sanar antes de saltar a la siguiente relación.
Y ya esta. Lo había dicho. Y no me arrepentía de nada.
Love se levantó de un salto de su asiento, ajustando la correa de su bolsa en su hombro antes de alejarse de mí sin despedirse.
—¿Aún quieres que vaya a la fiesta? —le pregunté antes de que saliera del local y solo me dio un asentimiento a modo de respuesta.
Salió de la cafetería sin decir nada más y me encogí de hombros, para nada afectada por lo que había dicho.
A veces, Love necesitaba un par de golpes de realidad para bajar de esa nube de algodón en la que vivía.
—Eso fue duro, incluso para mí —dijo Seth, dejándose caer en el lugar que antes había sido ocupado por Love y había una sonrisa reticente tratando de dibujarse en sus labios.
—Lo sé, pero lo superará.
Siempre lo hacía y esperaba que esta no fuera la excepción.
***
Cuando cerraba la estera de la cafetería recibí un mensaje de Adrian preguntándome si debía recogerme.
Acepté de inmediato pues estaba demasiado cansada para caminar las cinco que me separaban de casa.
Ajusté el candado y guardé las llaves dentro de mi bolsa, mientras apoyaba mi espalda contra la estera y esperaba a Adrian.
Quince minutos después, su vieja camioneta dobló la esquina y se detuvo frente a mí, sonando el estruendoso claxon para hacerme saber que se encontraba allí.
Como sí pudiera ignorar su presencia.
Subí de un salto al asiento del copiloto y dejé mi bolsa en el asiento trasero, para después ajustar el cinturón de seguridad que empezaba a ser defectuoso.
—Hola, bombón —me saludó Adrian, mientras trataba de encender el motor de su viejo auto, haciendo que este corcoveara antes de encenderse de nuevo.
—¿Qué tal? —me hice cargo de la música como siempre y dejé que Eminem y su Rap God nos acompañaran en el camino.
—Al parecer tú y yo tenemos una cita esta noche, muñeca —me dio un guiño coqueto, haciendo que bufara de manera automática.
—Ni siquiera sé sí debo ir. Tuve una especie de discusión con Love —bajé un poco el volumen de la música para poder conversar con Adrian.
—No está enojada sí es lo que te preocupa —se detuvo en una luz roja—. Es solo que tus palabras fueron un poco duras.
—Lo sé —suspiré. Nunca podía controlar lo que decía cuando estaba irritada por la falta de sueño—. Lo dije impulsivamente, pero de verdad quería decirlo.
—No te culpo. Cada vez sus relaciones son más cortas y seguidas —condujo de nuevo cuando la luz cambió y sus dedos tamborilearon el volante al ritmo de la música.
Después de eso no hablamos más.
Su atención estaba en la carretera y yo concentré la mía en evitar pensar sobre las pesadillas que habían vuelto a poblar mis sueños.
Odiaba lo intermitentes que eran.
Podrían pasar meses entre una pesadilla y otra, o incluso, un año.
Y otras veces, serían semanas seguidas de sueños con el hombre que asesinó a una familia entera cuando tenía dieciséis años antes de haber sido salvada por mamá.
Había encontrado a Dorothy Cadwell una semana después de haber visto el crimen, a las afueras de un restaurante.
Estaba rebuscando entre los contenedores de basura por los restos de comida desechados. Había aprendido a sobrevivir de esa forma.
Sin embargo, Dorothy me acogió en su casa, me dio alimentos y nuevas ropas y me dejó quedarme con ella hasta que lograra encontrar a mis padres.
Mas cuando contactó con mi padre y este le dijo que no tenía ninguna hija, ella decidió que sí él no me quería de vuelta, ella me daría todo su amor.
Hizo todo el papeleo pertinente y lo siguiente que supe, era que tenía una familia. Tenía una madre y una hermana.
Tenía un hogar y un futuro.
Terminé la secundaria y gracias a Dorothy obtuve una beca para estudiar en la universidad.
Nunca me alcanzaría la vida para agradecerle todo lo que había hecho por mí, pero planeaba hacerla sentir orgullosa de mí. Que se diera cuenta que todo el esfuerzo que había hecho por mí, había valido la pena.
Y sí las pesadillas volvían a perturbar mis sueños, lucharía contra ellas.
Debía hacerlo, porque nadie más sabía lo que había visto.
Y no estaba en mis planes dejar que alguien más lo supiera.
Nunca.
***
—¿Me prestas tu minifalda negra? —Love asomó su cabeza en mi habitación, mientras yo terminaba de aplicar la mascara de pestañas.
—Claro... Aunque creo que no me la devolviste la última vez —me levanté de mi tocador, para buscar la prenda de ropa, pero Love terminó de entrar en mi habitación, usándola.
—Lo sé —rió, deteniéndose frente a mi espejo de cuerpo completo para admirar su vestuario.
Un jersey de lana color coral cubría la parte superior de su cuerpo, pero un hombro quedaba al descubierto, debido a que la prenda era un par de tallas más grande de la usual. Mi falda cubría hasta un poco más arriba de sus rodillas, debido a que Love era más baja que yo y unas botas hasta mitad de sus pantorrillas complementaban su atuendo. Definitivamente iba a congelarse allí afuera.
—¿Planeas morir de hipotermia esta noche? —cuestioné, mientras usaba la rizadora para crear un par de ondas en mi cabello.
—Planeo bailar toda la noche para mantenerme calentita —tomó la rizadora de mis manos y me obligó a sentarme, mientras se encargaba ella de arreglar mi cabello.
Aún no me había disculpado con ella por la forma en que actué más temprano, pero al parecer ya lo había superado.
—¿Love?
—¿Qué pasa? —nuestras miradas se cruzaron en el espejo.
—Lo siento por lo que dije esta tarde. Fue grosero e insensible —me disculpé, aunque realmente no lo sentía.
—No te preocupes. Todo está bien —dejó la rizadora en el tocador y abrazó mi cuello desde atrás, manteniendo su mirada en la mía a través del espejo—. Diviértete esta noche, ¿si? Baila con algún chico guapo y deja de sobre pensar las cosas.
—Eso es imposible para mí —reí y me desenredé de su abrazo, decidiéndome a último segundo por tomar un abrigo.
Manchester era bastante frío en las noches durante septiembre.
Vaqueros negros ajustados, una sencilla blusa con un escote en V nada pronunciado color borgoña y mis bailarinas negras conformaban mi atuendo fiestero de esta noche.
Me gustaba como me veía y no moriría congelada, así que me daba un aprobado.
Aunque si que me había esmerado con mi maquillaje. Usé sombras oscuras para darles a mis ojos un efecto ahumado e incluso usé el olvidado delineador para darle un efecto dramático a mis ojos. En mis labios puse un sencillo brillo de labios, puesto que quería que toda la atención se centrara en mis ojos.
—¿Están decentes chicas? —tocó Adrian mi puerta, cubriendo sus ojos con su otra mano.
—Completamente —respondió Love mientras yo buscaba mi abrigo.
Cuando lo encontré, dudé en si llevarlo puesto o esperar a que el frío realmente me obligara a hacerlo. Al final me decidí por la última opción y lo dejé en mi cama.
—Definitivamente llevaré un abrigo extra para esta mujer —Adrian señaló a Love, dándome razón sobre su atuendo.
Le lancé una mirada que decía "te lo dije" y ella rodó sus ojos en respuesta.
Y de esa forma, empezamos la noche.
***
—¿Quieres algo de beber? —preguntó Adrian en mi oído, debido a que la música ensordecedora hacía casi imposible tener una conversación.
Asentí y dejamos de bailar mientras el iba por nuestras bebidas. Decidimos que pediríamos un taxi al finalizar la noche, así que ninguno se iba a abstener de beber alcohol esta noche.
Busqué a Love entre las personas y la encontré sonriéndole tontamente a Declan.
Podía entender su fascinación con el chico. Era hermoso. Ojos verdes, cabello n***o y una sonrisa baja bragas, era suficiente para atraer la atención de la mayor parte de la población femenina en la fiesta. Y no ayudaba el hecho de que su acento americano era entrañable. Love nos lo había presentado nada más llegar a la fiesta y debía admitir que Declan entraba en la lista de los mejores chicos con los que Love había salido.
Junto a Seth y William.
Adrian volvió con nuestras bebidas y fruncí el ceño al ver la expresión molesta en su rostro.
—¿Qué pasó? —recibí el vaso rojo con lo que suponía era cerveza, mas no planeaba beberlo hasta que él me contara lo que le molestaba.
—Jonah está aquí —masculló, para luego darle un largo trago a su bebida.
La mención de mi ex hizo que me tensara de inmediato. Pero no iba a permitirle que me arruinara la fiesta.
—¿Y eso es malo? —pregunté con fingido desinterés, puesto que no quería preocupar a Adrian.
—Porqué está aquí con Lauren —entonces fue mi turno de hacer una mueca.
Así que seguía con ella, incluso ocho meses después. Debía estar realmente enamorado de ella.
—¿Segura que estás bien con ello?
—Segurísima —asentí y bebí un poco de mi cerveza.
Era la tercera de la noche, así que empezaba a sentirme un poco achispada.
—¿Ya tienes en la mira a la víctima de esta noche? —traté de aligerar el ambiente, haciendo alusión a como llamábamos a sus conquistas.
—Aún no. Pero la noche es joven —dejó su vaso vacío en el suelo y tironeó de mí hacia la improvisada pista de baile—. Mientras, disfruta de bailar con este maestro.
—Creo que necesito mi inhalador —bromeé mientras dejaba que me guiara.
Adrian me miró asustado.
—¿Por qué?
—Tu ego está robando todo el aire de la habitación —contesté y solté una carcajada por la expresión de terror en su rostro.
Se veía dispuesto a correr al hospital sí de verdad estaba teniendo un ataque de asma.
Por suerte, no había tenido uno de esos en años.
Bailamos durante los siguientes cuarenta minutos, haciendo pausas esporádicas para obtener una bebida o ir al baño.
Solo cuando mis pies pedían a grito un descanso, decidimos tomar un respiro fuera de la casa.
La música se escuchaba más tenue a medida que nos alejábamos, idea de Adrian para poder fumarse un cigarrillo fuera del lugar.
—Pareces un mapache —se burló, señalando mi rostro.
Sabía que mi maquillaje se había corrido por todo el baile allí adentro, pero no podía importarme menos. Estaba pasando un buen tiempo y un poco de maquillaje no iba a arruinarlo.
—Tú en cambio luces comestible —sacudí mi mano para alejar el humo de mi rostro—. Pero abres la boca y lo arruinas todo.
Adrian giró su rostro para que el humo fuera en la otra dirección y me tendió un pañuelo.
Lo usé para limpiar la parte inferior de mis ojos y mi frente. La tela quedó oscurecida por el maquillaje, así que decidí conservarlo y devolvérselo luego de haberlo lavado.
—Pelirroja ardiente a las dos en punto —dejó caer el resto de su cigarrillo sin terminar al suelo y lo pisó con la suela de su bota—. He encontrado a mi compañera de esta noche.
Miré por encima de mi hombro y efectivamente, encontré a una chica de cabello naranja bastante atractiva caminando en dirección a la fiesta.
Los ojos de Adrian no se despegaron de ella hasta que se perdió dentro de la casa.
—¿Te molesta si...? —empezó a preguntar, pero levanté mi mano para interrumpirlo.
—Ve tras ella. Llamaré un taxi e iré a casa. Mis pies están matándome.
Adrian me dio una sonrisa agradecida y dejó un rápido beso en mi frente.
—Envíame un mensaje cuando llegues al apartamento, ¿bien?
Asentí y el se alejó, casi corriendo detrás de la chica.
Negué ante un hecho evidente: Adrian nunca iba a cambiar.
Me puse mi abrigo y busqué mi móvil, maldiciendo mentalmente al descubrir que la batería se había agotado.
Tenía dos opciones: volver dentro de la casa y pedirle su teléfono a Adrian o a Love, o bien podría caminar las tres cuadras que me separaban de la avenida y conseguir un taxi allí.
Me decanté por la segunda, porqué la caminata me ayudaría a despejar el alcohol de mi sistema; además, entrar allí de nuevo no era algo que quería hacer.
Asi que guardé mi móvil y saqué el pequeño spray de pimienta de mi bolsa, ocultándolo dentro del bolsillo de mi abrigo y empecé a andar hacia la avenida.
Pero fue justo una cuadra antes de llegar a la avenida, que escuché su grito de dolor.