Hacía medio día ya estaba de regreso en mi oficina, no habían pasado ni seis horas desde que llegamos a la empresa, así que cuando escuché su voz del otro lado de la puerta, sentí admiración por su rapidez.
— Señor, he terminado con lo que me pidió, ya tengo a ochenta personas confirmadas y las que faltan quedarían de avisar a más tardar mañana en el transcurso del día. — Fue lo que me dijo cuándo ingreso a mi oficina, mientras veía la libreta que traía en sus manos.
— Correcto, y ¿prensa?
— Se confirmó dos televisoras nacionales y una internacional, de prensa gráfica nos ofrecieron dos artículos en revistas de moda, tengo al fotógrafo para el backstage, y al equipo de cámara que cubra el evento, tengo al señor Joseph Duperon como editor responsable y a Cristina Sevadua como directivo de publicaciones y solo estoy en espera de confirmación de dos bloggers para prensa on-line.
— Está bien ¿Ya armó la estrategia de comunicación?
— Sí, señor, enseguida, sólo…
— ¿Sólo? – cuestioné, mientras la veía a los ojos, era extraño que después de dar respuestas favorables, ahora algo estuviera mal, los errores no eran permitidos.
— Necesito el nombre de su acompañante, para mandarle la invitación, llamar y confirmar.
Ella bajó la vista hacía su libreta, evitando así el contacto visual, se notaba muy avergonzada, como si acabara de hacer una pregunta indiscreta y temiera por mi respuesta, sin embargo, era justo lo que estaba esperando, sonreí para mí, por supuesto que había pensado muy bien sobre la acompañante que llevaría esa noche, después de que Elena ya no figurara más en mi vida, y sabiendo que la noticia de nuestro rompimiento aun no era de dominio público, era primordial tener un “as bajo la manga”.
Tomé un post-it, escribí el nombre de mi coordinadora sobre este y le extendí el papel.
— Puede anotar este nombre y por favor, confirme para antes de la hora de comida – le sonreí de lado, orgulloso de la decisión que había tomado
— Sí — Tomó el papel y lo leyó, se quedó callada unos segundos, se veía confundida, como sí no diera crédito a lo que sus ojos veían, eso me pareció bastante divertido, seguramente no se esperaba semejante honor — Pero, señor…
— ¿Pero?
— ¿Esto es una broma? — Se volteó a verme, y su cara de impresión pronto se convirtió en disgusto, tenía el ceño fruncido y sus labios se apretaban en una mueca de enfado, yo no entendía – Porque entonces sus disculpas de ayer, no valdrán la pena, porque esto es…
— ¿Puede confirmar antes de la comida, o va a necesitar más tiempo, licenciada Sarah Fiore? — Le pregunté con rapidez, parando así el caudal de sus palabras, lo que menos quería en este momento era recuerdos de la noche anterior.
Me levanté de mi asiento, y le di la espalda, mientras me volteaba a ver por el gran ventanal de la oficina.
— ¿Está hablando en serio? – le escuché preguntar.
— ¿Acaso he bromeado con usted sobre asuntos laborales? – esto comenzaba a ser irritante, ¿por qué no solo podía agradecer y retirarse? Sé que tal vez era extraño pedírselo, pero ya lo había repetido varias veces.
— Claro que no, usted es muy formal, pero siempre he estado coordinando el evento desde backstage, por eso yo no estoy…
— Es usted muy competente, debo admitirlo, sabe lo que hace y lo hace muy bien, y nunca he pensado lo contrario – confesé finalmente, debía buscar una forma de convencerla y que ella aceptara, sería muy vergonzoso que mi propia empleada me rechazara — necesito a alguien que sepa de este mundo y no solo una cara bonita que se preste a ser fotografiada y filmada mientras yo acaparo toda la atención. Al ser mi acompañante, va en representación de la empresa y no mía ¿ha entendido?
— Sí — contestó, y noté como sus mejillas se sonrojaban, aquello me pareció extraño.
— Entonces, confirme antes de la comida, puede retirarse.
Ella solamente acomodó el papel entre las hojas de su libreta, asintió y salió de la oficina, con alivio me dejé caer en mi silla de nuevo, por un momento pensé que tendría que idear un plan B, y buscar a alguien más que pudiera acompañarme.
Recordé su cara avergonzada y el descubrimiento de su sonrojo, fue algo que no esperaba, ¿Será que mis palabras la habían motivado? Me sentí satisfecho, en realidad todo lo que había dicho era cierto, no mentía, pensaba todo eso y más de ella, pero no quería pensar en ello, porque ciertamente mi forma de ser no compaginaba con el tipo de persona que hace cumplidos o halaga al resto de la gente. Descubrir eso, me molestó, me sentí un poco débil, pero “lo hecho, hecho estaba”.
No volví a dirigirle la palabra en los días siguientes, no quería que se malinterpretara la invitación que le había hecho y se comportará de un modo incómodo para ambos, así que prácticamente la ignoré, lamentablemente eso traía un problema y es que no podía pedir su opinión acerca de lo que ella usaría el día del evento.
Era cierto, y cuando presentó la excusa de que siempre había estado en backstage, la duda incrementó, obviamente lo tenía medianamente resuelto, pues ya había apartado unos vestidos del almacén para que usara y lo único que faltaba era que los viera y escogiera. Supongo que eso sería imposible.
A solo un par de semanas de la presentación, había decidido ir a buscarla a su departamento para entregarle la invitación al evento, y lo que finalmente había decidido que usara en la noche de la presentación. Mientras observaba a una de las chicas del almacén que había pedido que envolviera todo dentro de un paquete, me pareció un poco desacertado, pues parecía un regalo… un perfecto regalo para una pareja, pero ya era demasiado tarde, no quería mantener una conversación de esto con ella y seguramente se negaría a aceptarlo, observé las joyas que había escogido, y reafirme la idea de que lo rechazaría, solo podía entregárselo y esperar a que lo usara.
Finalmente decidí no ir personalmente a su departamento, agarré un pedazo de papel membretado de la empresa, y escribí el siguiente mensaje:
Ignorando sí tienes algo que ponerte para el día de la presentación, me tomé el atrevimiento de escogerte algo, de tener las medidas erróneas, hazme el favor de notificarlo. Por otro lado, ese día pasaré por usted alrededor de las 10 pm.
Arturo Rizzo.
Tomé un sobre, y guardé la nota, junto con la invitación al fashion show. Dudé entre sí dejar que César se hiciera cargo de mandar el paquete, pero sabiendo lo delicado de la situación y lo fácil que podía ser malinterpretado todo, finalmente decidí contratar un servicio de paquetería para que se lo hicieran llegar esa misma noche. Me estaba tomando muchas molestias, y era cansado, pero con suerte… pronto terminaría.
***
Al día siguiente, solicité a mi secretario que anunciara cuan ocupado estaba para evitarla lo más posible, pero a pesar de mis esfuerzos por ignorarla, hacía el final del día mientras caminaba al elevador, me la encontré, ambos subimos así que era imposible huir.
— Le tengo que agradecer, señor, realmente estaba perdida en lo que usaría y estoy bastante aliviada de que haya escogido mi atuendo para tan importante evento — me dijo, en cuanto las puertas se cerraron.
— No hay nada que agradecer — contesté, necesitaba dejar en claro mi postura para evitar que lo malentendiera — Como mi acompañante es primordial que este bien vestida, obviamente no correría el riesgo de que la vieran con algo inapropiado.
— Lo sé — No era necesario voltear a verla para observar la desilusión en su rostro, con escuchar su voz, lo podía adivinar, pero por mí eso estaba bien, quería mantener todo lo más esclarecido posible.
— Me alegro que lo entienda... — hice una pausa — ¿Le ha quedado bien?
— Todo perfecto.
— Excelente — en ese momento se abrieron las puertas y me adelante con rapidez — que tenga una buena noche.
— Buenas noches.
El día de la presentación llegó, en los últimos días había dejado de cuidar mi comportamiento con ella, más que nada porque necesitábamos estar en contacto para terminar los pendientes.
Fuimos temprano al recinto para supervisar y finalizar los últimos detalles. Mientras veía desde mi asiento el ensayo de la pasarela, mi coordinadora se acercó.
— Señor Rizzo, ¿Nuestro diseñador Leonardo De Rosa ha hablado con el jefe de prensa?
— No lo he revisado ¿Por qué?
— Hay un par de reporteros y una blogger que quieren hacerle unas entrevistas y necesitaba confirmarlo.
— Yo le comentaré a Leonardo y que el publirrelacionista arregle eso con prensa.
— Perfecto, entonces me retiro ¿Necesitara algo más?
— No, puede retirarse, no se olvide de ser puntual — Le dije, mientras volvía mi vista hacía el iPad que tenía en las manos.
— No se preocupe.
Me quedé un momento pensando en sí había olvidado decirle algo y cuando lo recordé ya era tarde, lo cierto era que no podía pasar por ella para llegar juntos, y eso era porque debía llegar más temprano al recinto donde sería el evento, no le di mucha importancia a olvidar ese insignificante detalle, después de todo mandaría un chofer por ella para que llegará a tiempo.
Me fui a casa solo para alistarme lo más rápido posible, mientras me colocaba el corbatín color rubí, replantee mi plan mentalmente, había escogido todo con lujo de detalle, porque detrás de todo esto tenía una segunda intención, no me sentía del todo preparado y deseaba no usarlo, pero conforme la hora se acercaba, sentía que no tendría más opción que hacerlo.
Ya en el recinto, mientras daba algunas indicaciones a unas azafatas, me fijé en la hora de mi reloj de muñeca, mi coordinadora no tardaría en llegar, así que me dirigí hacía la puerta principal evitando a cualquier reportero que se me acercaba para concederles alguna entrevista, pronto me di cuenta que no quería enfrentar esta situación solo, necesitaba a mi acompañante.
Enseguida la vislumbré, se encontraba cercana a la mesa de recepción y quedé pasmado ante lo hermosa y sofisticada que se veía, sabía que escogerle aquél vestido color rubí fue una excelente opción pues le favorecía notablemente, por supuesto que ella le hacía justicia al llevarlo, la gargantilla solo hacía resaltar su largo cuello y el que llevará el cabello amarrado solo hacía énfasis en el escote de la espalda, mientras la admiraba, observé como un invitado la tomaba por la cintura, se me figuró conocerlo, pero al tenerlo de espaldas era difícil verle el rostro, decidí moverme para enfrentarlos y rescatar a mi empleada de aquél sujeto que insistía en tocarla.
Al acercarme más hacia ellos, por fin pude reconocer al joven que no dejaba de molestarla, y eso, solo ayudó a que mi disgusto creciera, Ernest Bellini no dejaba de sonreírle y hablarle, con rapidez llegué desde atrás de Sarah para que él pudiera verme.
— Lo siento Ernest, pero la señorita viene conmigo — le dije, al tiempo que tomaba a mi coordinadora del codo y la acercaba a mí, ella me volteó a ver con asombro.
— Por fin aparece el hombre de la noche, Arturo Rizzo — comentó Ernest, con una sonrisa falsa, así como sus palabras.
— Si ¿Y tú? ¿Vienes de espía de COSMO? — lo fulminé con la mirada.
— Por supuesto que no, Arturo — dijo él, y la sonrisa se le borró — Solo quería divertirme con tu coordinadora.
Ernest le dedicó una mirada desvergonzada a Sarah y le guiñó el ojo, me ofendió el que olvidara que yo estaba enfrente de él y le coqueteara a mi empleada con demasiada familiaridad, coincidí el volver a repetirle que ella era mi acompañante, para que dejara de comportarse de aquella manera.
— Si, bueno… ella viene conmigo, ¿Nos permites?
— Claro, claro — dijo él, apartándose del camino, mientras hacía un ademan burlón con la mano dejándonos pasar.
No me podía creer que tuviera la desfachatez de tratar así a Sarah, que se fijara en ella y el que se comportara de esa manera frente a mí, solo encendió mi mal humor, ciertamente Ernest Bellini había cambiado mucho en cuanto a carácter se refería, hacía mucho tiempo que en nuestro trato ya no había respeto y mucho menos cordialidad, todo mundo sabía perfecto de nuestra enemistad, tanto en los negocios, como personalmente, pero por fortuna nadie sabía acerca de los motivos verdaderos por lo que esto ocurría.
Pensaba todo esto, mientras sostenía a Sarah con fuerza de la mano y caminábamos entre los invitados, estaba bastante molesto, así que ni siquiera me había detenido a pensar en ella, cuando creí que era momento de hablar sobre los planes que tenía antes de que cualquier cosa nos distrajera, una conductora con su camarógrafo nos detuvo.
— Señor Rizzo, de la televisora Montreal ¿Nos permite algunas preguntas? — pidió ella, poniéndome un micrófono de frente.
— Claro, pero primero… — Jalé a mi coordinadora con suavidad por la mano, hasta posicionarla a mi lado, lamentablemente el hablar del plan tenía que ser pospuesto, pensé — Permita que le presente a mi coordinadora de producción y mi acompañante de esta noche, la licenciada Sarah Fiore.
— ¿Su acompañante? — Preguntó la conductora confundida – ¿Eso quiere decir que no veremos esta noche a la modelo Elena Port?
Justo lo que temía, que mi ex novia fuera mencionada, pero no podía negar que lo esperaba, los reporteros nunca dejaban cabos sueltos y ante la primicia de mi relación fallida y ser los primeros en tener la noticia, no fallaban. Traté de tranquilizarme, pues por un momento sentí un ligero enojo al escuchar su nombre, pero al sentir la cálida mano de mi empleada sosteniendo la mía, todo se volvió más claro para mí, este era mi boleto de salida, esta mujer era mi protección, mi escudo, sabía que proseguir con el plan antes de hablarlo con ella era un camino seguro a la destrucción, pero quería confiar en ello… en que Sarah me apoyaría. Tomé aliento y con toda la seguridad que pude reunir, di la noticia que sabía cambiaria mi futuro y el de la persona a mi lado.
— Como le comentaba, la señorita Fiore, mi acompañante de esta noche y mi novia actual.
Sentí la mirada de mi coordinadora posarse sobre mí, no quería verla, yo tampoco sabía muy bien que cara debía poner o cómo reaccionar, estaba consciente de que ella lo estaba pasando peor, solo podía pedir mentalmente que notara lo que estaba tratando de hacer y me ayudara sin pensarlo.
— ¿Y usted señorita Fiore? ¿Cómo es la relación amorosa y laboral con uno de los directivos más representantes del país en la industria de la moda? — preguntó la reportera, dirigiéndose a Sarah
— Bien, complicada, pero bien — contestó y agradecí mentalmente, aquella sencilla respuesta era todo lo que necesitaba.
— Creo que hacen una hermosa y maravillosa pareja, les deseamos lo mejor. — La conductora nos agradeció y se retiró.
La voz del presentador del evento al fondo anunciando la segunda llamada para que el fashion show iniciara, me hizo apresurarme para salir de ahí y evitar lo que se viniera después, específicamente hablar con la mujer que aún tenía agarrada por la mano, también me hacía preguntar el por qué ella no me decía nada, ¿Acaso estaría molesta? No la culparía sí eso fuera.
Algunos invitados se acercaban a saludarnos y nuevamente volvíamos a fingir, cada que yo la presentaba como mi novia, ella parecía más segura y comenzaba a comprender de que iba esto, me alegré de que no debiera dar explicaciones… me alegré de que aceptara ayudarme.
Sin embargo, cuando un segundo reportero nos solicitó una entrevista, sentí como ella se tensó a mi lado, y apretó con fuerza mi brazo.
— Espere, espere — murmuró.
— Un momento — me disculpé con el reportero y volteé a verla — ¿Qué pasa?
— ¿Qué significa esto? No comprendo.
— Lo está haciendo bien, sígame la corriente.
— Pero… — comenzó, y yo caminé hacia atrás con ella, para evitar que el reportero nos escuchara hablar.
— ¿Tiene pareja?
— ¿Eh? Eso… no, no tengo, pero…
— ¿Puede con esto, o no? — insistí, no quería enojarme, no debía enojarme, pero el pensar que ella pudiera no estar de acuerdo, me paralizaba.
— Sí, pero…
— Necesito una pareja para esta noche, ¿Entiende?
La miré directo a los ojos, se notaba bastante confundida, no podía arriesgarme a que ella diera una respuesta errónea y todo lo que había empezado armar hace unos minutos atrás se fuera por la borda. Un fotógrafo interrumpió nuestra conversación, al tomarnos una foto y eso hizo que ella solo se sonrojara más y se ocultara tras de mí. Justo en ese momento, el presentador anunció el comienzo del fashion show, por lo que nos invitaba a tomar nuestros asientos, aproveché aquella distracción.
— No más preguntas por ahora, haremos las entrevistas terminando, que disfruten de la pasarela.
La volví a tomar de la mano para que se recargara sobre mi brazo, le noté en el rostro cierto alivio y se dejó llevar por mí hasta nuestros asientos.
— Sé que debemos hablar de ello – le dije, mientras miraba a nuestro alrededor y veía como algunos fotógrafos no dejaban de capturar cada movimiento que hacíamos.
— No entiendo mucho, señor.
— Lo sé… solo siga actuando.
— Trataré — me miró y observé en sus ojos grisáceos, decisión, cuestión que me dejó más tranquilo.
Durante el tiempo que duró el runaway, ambos tratamos de interpretar una relación verdadera, posé mi mano en su regazo y traté de mostrarme todo el tiempo cautivador, sonriente y complaciente. Una vez que este terminó, me acerqué solo para susurrarle al oído “aquí comienza todo”, ella asintió y al momento nos paramos de nuestros asientos.