Por más que luché por dejar atrás todo eso del club y a mi profesor de filosofía, esas perturbadoras imágenes que por mucho que quería borrar de mi memoria se empeñaban en volver a mi mente para confundirme y alterar mi normal balance psicológico y emocional, mi relación con Roger no ayudaba pues cada vez más distante con los asuntos de su carrera y la enfermedad de su madre que por esos días parecía estar mejorando lo tenían apartado casi por completo de mi casa y de mi al punto que llegué a creer que esa era la manera más elegante que él había encontrado para romper el compromiso, para ser honesta no me importaba demasiado, y con los días libres para llenarlos en lo que quisiera mi vida se volvió una constante obsesión con el tema de la repostería que combinaba con lo que llamaba para es

