Llego al piso de mi oficina y en cuanto las puertas del ascensor se abren veo a Dante platicando muy animado con Antonella, echando por la borda mis ganas de contarle que será padre. —¡Buenos días! —musito evitando mirar a Dante. —¡Buenos días, señorita Stratford! —saludan ambos. —Por favor, Antonella, en cuanto te desocupes, pasa a mi oficina para revisar los pendientes. —Lo siento, no tardo —se disculpa. —¿Entonces te veo esta noche en mi departamento? —inquiere Dante en cuanto paso de largo a mi oficina. Una vez adentro me recargo en la puerta y cierro los ojos tratando de contener mi llanto, y esos malditos celos que me están carcomiendo al escuchar que Dante ahora sale con Antonella. —¡Maldita sea! —expreso tomando asiento. Dejo caer mi cabeza en el escritorio y me maldigo por

