Clarisse Mi papá y yo llegamos al lugar de la gala de beneficencia, y como cada año nos la pasamos platicando con los invitados. Cuando tenemos como una hora en el lugar, mi móvil comienza a sonar, por lo que me aparto para poder responder. —¿Clarisse? —responde al instante la voz del otro lado. —¿Qué sucede? ¿Está todo bien en casa? —inquiero cuando escucho como Yasemin llora con toda la fuerza de sus pequeños pulmones. —No, desde hace un rato la pequeña Dante no ha dejado de llorar. —¿Tomaste su temperatura? —lo cuestiono preocupada, mientras comienzo a buscar a mi padre por todo el lugar. Cuando por fin lo localizo me acerco a él. —Ya, pero no es eso. Tampoco tiene hambre —musita lanzando un suspiro de frustración—. Te espero aquí en la casa. —¿No sería mejor que le hablemos a su

