Dante
—¿Y ahora dónde estás? —inquiere mi hermana.
—En un hotel. La muy desgraciada fue capaz de impedirme el paso esta mañana a la empresa, por lo que me he quedado sin empleo.
Del otro lado escucho como mi hermana comienza a insultar a Kristen donde la palabra más sutil con que la nombra es ramera y solo se tranquiliza cuando le aseguro que me encuentro bien.
—No te creo, nadie estaría bien si se entera de que una mujerzuela como esa lo ha estado engañando con algo tan delicado como un embarazo. ¿Y ahora qué harás?
—Buscar otro empleo.
—¿Estás seguro de que te será fácil encontrar algo? ¿Qué tal que ese hombre tiene razón y te ponen el pie?
—Fácil, brinco su pie y ya, que ni piensen que podrán detenerme.
—¿Tienes dinero? —cuestiona mi hermana con preocupación.
—Un poco de lo que ahorre durante todo este tiempo.
—Te mandaré dinero para que rentes un departamento, no puedes estar viviendo en ese hotel por mucho tiempo.
—No es necesario…
—Claro que es necesario. ¿No crees que sería mejor regresar a Italia? —inquiere en un susurro.
—¿Y vivir bajo las órdenes de nuestro padre, quien también quiere que haga lo que él desea? No, gracias. Ya sé que es lo que se siente que alguien te manipule, por lo que no deseo caer en lo mismo.
—Pero…
—Pero nada Lia, y ni una palabra de esto a nuestros padres, porque te juro que en mi vida te vuelvo a hablar, ¿me entendiste?
—Sí, Dante. Y aunque no lo quieras, te haré una transferencia. Te quiero, cualquier cosa que necesites háblame, por favor —se despide de forma atropellada para que no rechace su ayuda y antes de que pueda negarme me cuelga.
Me dejo caer en la cama y lanzo un grito de cólera, ¿cómo es que llegué a esto? Si nunca, hubiese hecho caso a los coqueteos constantes de Kristen nada de esto estaría sucediendo me recrimino sin dejar de decirme que soy un verdadero idiota por no haberme dado cuenta de que su vientre seguía tan plano como siempre.
[…]
Han pasado dos semanas desde mi ruptura con Kristen y tal como lo dijo Ernesto, su familia se ha enseñado de tal forma conmigo que no puedo conseguir ningún empleo en Mexicali, por lo menos no como abogado en las grandes empresas. Observo el anuncio del periódico y con un pequeño malestar, decido acudir al lugar donde están entrevistando, en este momento no estoy para renegar de ningún empleo.
Llego al lugar y veo que se trata de un barrio bastante desolado y humilde, observo la dirección del periódico y definitivamente ese edificio de dos plantas es el que estaba buscando. Traspaso la pequeña puerta que está entreabierta y subo las escaleras después de pedirle indicaciones a una chica detrás de un escritorio bastante modesto. Cuando llego al primer piso veo a un hombre mayor hablando por teléfono, me lanza una breve mirada y cuando se percata de que vengo por la vacante mediante señas me indica que tome asiento.
Espero alrededor de media hora a que termine su charla para que me atienda y aunque por dentro me arrepiento de haber venido, no me queda más remedio que permanecer en el lugar.
—Vine por el anuncio…
—Eso es obvio —me interrumpe chasqueando la lengua—. La vacante de abogado es tuya —menciona recargándose en su asiento y mirándome un tanto aburrido.
—¿S-solo así?
—Quieres el puesto, ¿sí o no?
—Sí, lo necesito —musito no muy seguro, dado que el proceso habitual sería que me pidiese mi currículo e indagase un poco más en mis habilidades.
—Tú necesitas el empleo y yo necesito alguien que trabaje para mí —me informa tomando un cigarrillo, el cual lleva hasta sus labios y después de encenderlo le da una profunda calada—. Tengo que salir constantemente a atender los casos y el papeleo aquí se va atrasando.
—¿Yo no lo acompañaré cuando vaya al juzgado?
—No, serás como mi asistente —farfulla como si esa fuese una oportunidad de oro, única e inigualable.
Sin más opciones acepto, aunque eso signifique no volver a pisar un juzgado en mucho tiempo.
Los días pasan convirtiéndose en semanas y tal como lo prometió mi jefe, me la paso todo el día encerrado en esa minúscula oficina y con la cara enterrada entre montones de papales, mientras que a él no lo veo en casi todo el día.
Cuando salgo de la oficina a la misma hora de siempre, estoy por cruzar la calle cuando una voz a mis espaldas me deja helado en mi lugar.
—Vaya, no pensé encontrarte aquí —me giro y la veo observando el lugar con una mueca de asco—. Dime, ¿qué se siente casi haberlo tenido todo y ahora nada?
—¿Por todo te refieres a ti, Kristen? Sí, es el caso, me siento muy bien, creo que nunca había estado mejor. Sin una enferma a mi alrededor.
—¡Eres un estúpido!
—Y tu una maldita loca —respondo antes de cruzar la calle e ignorar los gritos y maldiciones que me lanza.
Durante los siguientes días esa paz que había experimentado se esfuma, dado que Kristen comienza a hostigarme en mi nuevo empleo, a tal extremo que estoy tentado en regresar a Italia y olvidarme por completo de ella; y como si fuese una señal del destino, algo o mejor dicho alguien me obliga a cambiar los planes que tenía aquí.
Me encuentro profundamente dormido hasta que el incesante sonido de mi móvil me obliga a abrir los ojos y cuando por fin respondo la llamada me recrimino mentalmente por hacerlo sin antes haberme percatado de quien se trataba.
—Te conseguí un trabajo decente —informa mi padre del otro lado de la línea, pasando por alto un saludo normal.
—Sí, yo también estoy bien, ¿y tú? —inquiero con sarcasmo, conteniendo un bostezo.
—Estoy hablando en serio Dante, te acabo de conseguir un empleo decente.
—¿Cómo qué me conseguiste? —recrimino furioso—, yo soy lo suficientemente apto como para conseguirlo por mis propios medios.
—Por favor, Dante, ambos sabemos que esa empresa en la que trabajas, además de sobreexplotarte, no te permiten ejercer tu profesión.
—¿Te lo dijo Lia? —lo cuestiono molesto y haciendo nota mental de no volver a hablar con mi hermana, por lo menos durante algunos días.
—Tengo mis propios medios para averiguarlo, así que ahora ya lo sabes, te quiero de regreso para antes de Año Nuevo, tu madre quiere que lo pasemos en familia por lo menos ese día.
—No pienso aceptarlo y tampoco quiero estar en familia.
—Pues lo lamento ya te comprometí con mi amigo y no hay vuelta atrás, no me puedes dejar mal frente a él.
—¿Te das cuenta de lo que las personas van a pensar cuando se enteren de que gracias a las influencias de mi padre conseguí ese empleo y que no fue por mi propio esfuerzo?
—La gente puede decir lo que quiera, nunca les darás gusto, así que eso no debe de importarte.
—Pero a mí si me importa —lo contradigo y sin poder evitarlo comienzo a perder la calma.
—Pero nada, aún no es nada seguro, estarás en período de prueba y una vez que lo pases el puesto será tuyo. Simplemente, será como con cualquier otro empleo.
—¿Con quién debo de trabajar? —cuestiono resignado a que si no acepto mi padre es capaz de viajar hasta México y llevarme de regreso a Italia, así sea de la oreja.
—Con mi amigo Orlando Stratford, ya sabes de quién te hablo, es el dueño de la cadena hotelera más importante de Europa, pero tengo entendido que desea retirarse y dejar al frente a su única hija, aunque eso ella no lo sabe —murmura como si estuviese recordando algo muy importante.
—Una hija que seguramente es una chiquilla caprichosa y malcriada que no sabe ni cómo manejar un auto, y con un único pasatiempo, gastarse la fortuna de su padre —siseo con ironía al imaginarme bajo el mando de una buena para nada que seguramente solo se dedica a colocarse uñas y una excesiva capa de maquillaje, como hacía Kristen.
Mi padre lanza una carcajada ante mis palabras y después de un rato me informa un poco más serio.
—Clarisse no es una chiquilla boba como con las que sueles salir, ella es una mujer adulta, bastante capaz y sobresaliente en todo lo que se proponga, el único defecto que tiene es su prometido —musita con desagrado—; pero por lo demás créeme que es la mujer perfecta para llevar las riendas del negocio familiar. Es una digna hija de Orlando.
—Sí, claro, eso está por verse —lo reto.
—Podrás comprobarlo por ti mismo cuando la conozcas, por lo mientras tu vuelo sale el martes en la tarde.
—¿Te das cuenta de que me estás avisando en sábado? Debo dejar todo arreglado aquí —le recrimino.
—¿Y qué vas a arreglar?, ¿el papeleo que haces todos los días, mientras tu jefe se encarga de todos los casos?
Me muerdo la lengua para no rechazar el maldito trabajo de mierda que me consiguió, porque, aunque lo niegue, el hostigamiento de Kristen me está volviendo loco al punto de que en varias ocasiones he temido hasta por mi vida.
—Tú, ganas, regresaré a Italia.
—No tenías otra opción Dante, es esto o seguir viendo a esa enferma que te sigue acosando.
—¿Cómo te enteraste? No me mientas, fue Lia, ¿cierto? —inquiero en un bramido.
—Tu hermana no me ha dicho nada, pero por lo que escucho es obvio que debo de tener algunas palabras con ella, me es inconcebible que a tu hermana le cuentes todo y a mí que soy tu padre no me dirijas la palabra.
—Y tú sabes muy bien la razón de ello.
—Por Dios, Dante ya olvidemos todo, yo siempre he deseado lo mejor para ustedes.
—¿Lo mejor para nosotros? —me burlo—. ¿Entonces retirarme todo tu apoyo desde antes de comenzar la universidad solo porque no quise seguir tus pasos como doctor fue lo mejor para mí? En cambio, con Lia no hubo problema solo porque ella fue demasiado tonta para aceptar tu voluntad.
—No hables así de tu hermana; además ella aceptó porque en verdad le agradaba la idea de ser doctora y por supuesto que tenía que dejarle a alguien el hospital.
—¿Entonces si hubiese aceptado estudiar para doctor me habrías dejado la mitad del hospital? —inquiero sin poder creer en sus palabras.
—Por favor, Dante ya no discutamos por lo mismo. Tratemos de llevarnos bien.
—Después de más de cuatro años es que me pides esto, eres increíble.
—Te esperamos para Año Nuevo, tu madre quiere…
—Regresaré a Italia, pero no pienso visitarlos en Año Nuevo, también dile que no deseo verla, así como ella tampoco se opuso a que me retirarás tu apoyo, no tengo por qué ir y fingir que somos una familia feliz cuando desde hace años no lo somos —sin más palabras le corto la llamada y aviento el celular al pequeño mueble.