¡Me los quieres robar!

1893 Words
Clarisse Todos en el auditorio guardan silencio al saberse descubiertos o por lo menos aquellos que están implicados. La atmosfera cambia a tal grado que muchos observan hacia la salida, la cual ya está resguardada por seguridad. —Hace unos días se comenzó una investigación exhaustiva y créanme cuando les digo que se hizo de la mano de los mejores, por lo que todos aquellos que estén involucrados tendrán que dar la cara a la justicia y hacerse responsables de sus actos. Abro la carpeta que me entregó Antonella hace unos instantes y observo la lista de aquellos que han cumplido con su trabajo, sin involucrarse en algo tan vil como lo que nos hicieron algunos, defraudando la confianza que depositamos en ellos. —Comenzaré a nombrar a algunas personas y deseo que se coloquen frente a mí —con voz clara enlisto a solo unas cuantas personas y por la expresión de aquellos que aún permanecen del otro lado, me percato de que creen que podrán salirse con la suya creyendo que inculparemos a personas inocentes. »Todos aquellos que acabo de nombrar pueden salir del auditorio, el nuevo personal de seguridad les indicará donde deben de permanecer para recibir nuevas instrucciones sobre su trabajo —espero hasta que están afuera y vuelvo a observar a los que aún permanecen dentro—. En cuanto a ustedes están despedidos… —No nos pueden hacer esto, los podemos demandar por despido injustificado —grita el jefe de Recursos Humanos y cuando el jefe de Contabilidad está por apoyarlo, levanto la mano, obligándolos a guardar silencio. —¿Y tiene pruebas de ello? —Todos somos testigo de ello. —En ese caso, me gustaría ver cómo piensan evadir la justicia, cuando tenemos pruebas de que han desviado dinero a sus cuentas personales. Por cierto, dinero que en teoría debería de usarse para el resort y que por lo que estoy viendo no lo han usado para ello, un claro ejemplo es este auditorio. »Estamos a semanas de abrir y no cuenta con el mobiliario suficiente, y en cuanto a usted —señalo al jede de Recursos Humanos—, ¿pensó que no nos daríamos cuenta de que para cubrir el puesto de gerente ha desechado a los mejores y todos aquellos candidatos que tiene en su lista no son aptos para el cargo? ¿Eso que cree que me dé a entender? El hombre que hasta hace un momento me miraba desafiante, pierde el poco valor que tenía y afloja su corbata como un acto de nerviosismo. —Por su bien, espero que regresen ese dinero de forma íntegra —muchos sueltan un suspiro de alivio, por lo que sonrío divertida por su reacción—, tampoco piensen que soy tan imbécil como para dejarlos irse como si nada. »Por favor que pasen los agentes —les pido al personal de seguridad, quienes al instante abren las puertas y por ellas entran decenas de agentes listos para escoltar a los defraudadores—. No podrán sacar sus cosas del resort por seguridad nuestra por su puesto. Pueden llevárselos. Antonella permanece a mi lado y antes de que algunos puedan ponerse pesados, dos agentes nos cubren a mi asistente y a mí. —Será mejor que no se resistan —escuchamos como los agentes les avisan antes de llevárselos para pagar por lo que hicieron. —Gracias —les digo a los hombres que se alejan de nosotras en cuanto nos quedamos solos. —La esperamos mañana para que rinda su declaración señorita Stratford —me indica uno de ellos. —Ahí estaré, de momento ya se encuentran mis abogados gestionando todo este asunto. Espero que se pueda resolver a la brevedad. —Eso nos gustaría, pero cuando son este tipo de situaciones suelen alargarse por meses e incluso por años —comenta el otro, rascando su barbilla. —No importa el tiempo que nos tome, los haré pagar por ello y también que confiesen quien fue la mente maestra detrás de todo este desastre. —Cuente con ello —se despiden de nosotras con un ligero apretón de manos, salimos junto con ellos y aunque deseo subir a mi habitación para tomar una larga ducha junto con una abundante cena, debo hablar con las personas que aún conservan su puesto. —¿Dónde están las personas que salieron del auditorio antes de que llegasen los agentes? —cuestiono a uno de los hombres de seguridad. —Ahora la llevo, señorita Stratford —camina delante de nosotras y nos lleva hasta una pequeña sala que se encuentra del otro lado del auditorio. Abre las puertas y veo como algunos se ponen en pie, ya que debido al tiempo que permanecieron aquí, tomaron asiento en el piso. —Seré breve con ustedes. De las oficinas centrales en Italia, nos dimos cuenta de que la gestión aquí no era la adecuada, además de que algunos de sus jefes y personas de su confianza desviaron fondos del resort a sus cuentas personales. De entre todo el personal solo ustedes conservan su empleo, mañana me reuniré con cada uno de ustedes y veré si es que permanecen en su actual puesto o bien se realiza algún cambio. Todos asienten y veo como se relajan al instante por mis palabras. —Por favor, vayan a descansar, porque los próximos días serán bastante pesados. Tendremos que arreglar todo el desastre que sus compañeros y jefes causaron para poder abrir nuestras puertas en la fecha acordada. —Muchas gracias, señorita Stratford —murmuran todos antes de salir. —Vamos Antonella, debemos descansar, nos hará falta, todo está peor de lo que pensé —susurro para no alarmar al resto de los empleados. —No se preocupe, señorita. La apoyaré en todo y verá que podremos salir adelante mucho antes de lo que espera. Subimos en silencio hasta las habitaciones que nos dieron y antes de tomar una larga ducha, saco mi ropa de dormir de una de mis maletas, estoy por entrar al baño cuando el sonido de mi móvil me lo impide. Regreso sobre mis pasos y cuando veo de quien se trata lo aviento a la cama, Santiago es la persona con la que menos deseo hablar en este momento. Entro a la ducha y me arrepiento de no haber apagado mi móvil, ya que este sigue sonando con insistencia, cierro los ojos y me concentro en el agradable aroma que emana de la esencia de Azahar que agregue a la tina, con una esponja enjabono mi cuerpo y cuando me siento más ligera y soñolienta que hace un rato salgo de la tina. Seco mi cabello y después me acuesto en la enorme y cómoda cama que ya espera por mí, miro al techo por algunos segundos y pienso en todo lo que ha cambiado mi relación con Santiago a lo largo de estos años. Sus lindas y tiernas palabras al inicio de nuestro noviazgo y ahora sus hirientes y crueles palabras, me parece que no tienen nada que ver con ese caballeroso hombre que conocí. Cierro los ojos y siento como esas cálidas lágrimas que no he dejado de derramar desde hace algunos meses vuelven a mí, como si fuesen la única compañía que conociese desde que Santiago cambio. […] —¿Cómo están las cosas por allá Clarisse? —inquiere mi padre en cuanto respondo a su llamada. —Peor de lo que pensábamos —me lamento, acariciando mis sienes. Escucho como mi padre lanza una maldición del otro lado de la línea y cuando creo que por fin está un poco más tranquilo, comento aquello en lo que he estado pensando desde hace días. —Creo que hace falta inyectarle un poco de capital al resort —musito, no muy convencida de su reacción. —¿Más? Los accionistas se opondrán —responde tajante. —No se los pediré a ellos. —¿Entonces a quién? —Lo pondré de mi dinero. —¡Por Dios, Clarisse! Es demasiado dinero el que está en juego y esos malnacidos no van a regresar todo lo que se robaron, por lo que no podrás recuperar tu dinero hasta que el resort funcione al cien por ciento y para eso pueden pasar varios meses. —No hay otra forma de que logremos abrir antes de Navidad. —Está bien, hagámoslo —murmura después de unos segundos de silencio—. Yo te daré una parte. —Eso no es necesario, sabes que cuento con el dinero suficiente para ello. —Lo sé, pero debo y deseo apoyarte en esto. Fue culpa nuestra por no prestarle tanta atención, pensando que nunca pasaría algo semejante, sin mencionar que lo descuidamos por la apertura de los otros hoteles —se recrimina mi padre. Aunque él piense que fue culpa suya, sé que la única responsable soy yo, desde hace meses debido a mis constantes discusiones con Santiago he descuidado un poco mi trabajo y esto no puede seguir así, debo de separar mis problemas personales de los laborales. —No te preocupes, papá, yo puedo sola. —No, Clarisse. Por algo soy tu padre, pondremos ese capital y si es que esos infelices lo devuelven entonces podremos recuperar esa inversión extra, en caso contrario esto nos servirá como una lección para prestar más atención a la gestión de los otros hoteles. —Gracias papá —musito avergonzada. —¿Cómo va la contratación para los puestos que aún faltan por cubrir? ¿Quieres que viaje y te ayude con eso? —En lo que va del día he entrevistado a diez personas —le confieso exhausta—, algunos puestos será fácil cubrirlos, ya que cuento con el apoyo de Antonella, por lo que no es necesario, prefiero que sigas en Italia. —Te llevaste a mis abogados y no quieres que yo vaya —se queja amargamente. —He estado pensando en que es mejor que ellos se queden aquí… —¡Me los quieres robar! —me acusa mi padre, algo que me hace reír. —Técnicamente, siguen trabajando para el mismo dueño, solo que, en diferente país, pero hablando en serio, creo que es mejor que alguien de confianza como ellos permanezca aquí. De esa forma no volverá a suceder algo semejante. —En eso tienes razón. Hazlo si crees que es lo mejor. —¿En serio confías en mis decisiones? —Sí, Clarisse confío en ti. ¿Cuánto tiempo piensas permanecer en el Caribe? —Dadas las circunstancias, es posible que demore cerca de un mes. —Es mucho tiempo, pero todo sea con tal que sacar adelante el resort. Continuamos platicando un poco sobre otros asuntos del resort y cuando llegamos a un acuerdo, corto la llamada no sin antes asegurarle que lo mantendré informado cada tercer día. —Señorita Clarisse, debemos de ir a que declare, los abogados ya la están esperando —me informa Antonella en cuanto le permito pasar. —Es cierto, lo había olvidado. Me gustaría que esto se solucione lo antes posible, pero sé que no será tan fácil —le comento a mi asistente quien se ve tan agotada como yo y eso que es nuestro primer día de lleno en nuestras nuevas actividades. —Entre las dos, todo será más fácil —me anima con una pequeña sonrisa.
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