Todo fue una mentira

2167 Words
Dante De Simone Entro a la tienda y sin saber bien qué ropa elegir comienzo a deambular por todo el lugar hasta que una vendedora se acerca a mí. —¿Hay algo en que puedo ayudarlo? —inquiere como toda una profesional. —En realidad sí. Estoy buscando ropa para un bebé. —¿Qué edad tiene? —Aún no nace —me explico avergonzado. —¿Papá primerizo? —Sí, en cinco meses nace. —En ese caso vamos al área de recién nacido —camina por delante de mí y llegamos a una zona donde las prendas parecen hechas para un nenuco de esos con los que juegan las niñas. —¿En verdad eso les queda? —Aunque no lo parezca, sí —responde al tiempo que sonríe por mi pregunta—. ¿Supongo que aún no saben el sexo del bebé? —me cuestiona colocando en dedo en su barbilla. —No, aún no sabemos que será. —En ese caso le recomiendo decidirse por colores neutros —estira la mano y toma un minúsculo suéter en color blanco—. También lo tenemos en amarillo, beige y verde. Lo tomo de entre sus manos y una pequeña sonrisa comienza a formarse en mi rostro al ya imaginarme a mi bebé en unos cuantos meses. —Me llevo uno de cada color —expreso, emocionado. —Tenemos otros modelos por si gusta combinarlos y que no sean todos iguales —dudo por un momento, pero como ella es la experta me dejo guiar por sus palabras. Después de estar por lo menos una hora dentro de la tienda comprando todo cuanto veía, salgo con varias bolsas en mis manos y varios ceros menos en mi tarjeta, sin embargo, esa enorme burbuja de felicidad que crece a cada instante en mi pecho, y contando los días para sentirlo entre mis brazos me incitan a querer comprarle una tienda entera de ropa. Tomo un taxi, ya que mi auto se lo quedo Kristen y cuando llego a la casa, subo las escaleras de dos en dos, ansioso por mostrarle todo lo que he comprado. Estiro mi mano para abrir la puerta de nuestra habitación, pero dado que está entreabierta escucho algo que me deja paralizado. —¡Por Dios, Kristen! ¿Te das cuenta de la locura que cometiste? —grita su mejor amiga—. En teoría ya se te debería de ver un poco de vientre. —Aún puedo embarazarme, eso es lo de menos —responde como quitándole importancia al asunto, pero provocando un gran dolor en mí que como un completo idiota me ilusione ante la idea de tener un hijo. —Es imposible, las fechas no van a cuadrar. ¿Qué harás cuando Dante se dé cuenta de que lo has engañado durante todos estos meses? —Ya veré que hacer en su momento, además, lo tengo comiendo de mi mano. —¿Estás segura de ello? Hace meses habían terminado y solo regresaron porque le dijiste que estabas embarazada. —Dante nunca podría dejarme y más cuando le diga que tuve un aborto espontáneo, se sentirá tan culpable que le será imposible abandonar a su fiel novia. —Es una locura. —Pues tendrás que ayudarme, eres mi mejor amiga. Abro la puerta de golpe y dejo caer al piso todos los regalos que traía para mi supuesto hijo con Kristen, al instante ambas se quedan de piedra sin saber qué hacer. —¿E-estás bien amor? ¿S-sucede algo? —cuestiona con la voz entrecortada. —Sabía que eras malcriada y caprichosa, pero nunca llegue a imaginar que serías una maldita mentirosa que llegaría al extremo de fingir un embarazo para obligarme a permanecer a tu lado. —Mi amor, n-no es lo que piensas —se excusa e intenta acercarse a mí. —¿Segura que no es lo que pienso? Te aprovechaste de ello para obligarme a regresar contigo con la maldita excusa de que nuestro bebé nos necesitaba a los dos y te voy a dejar algo en claro, si regrese contigo solo fue por ese supuesto bebé, pero ahora que sé la verdad me puedo largar sin ninguna contemplación. —¡¡No te atrevas Dante!! —¿O sino qué? ¿Ahora con que más me vas a chantajear Kristen? ¿Con tu supuesto aborto? —S-si te vas soy capaz de suicidarme —grita fuera de sus cabales. —Hazlo, la verdad es que ya me da igual lo que suceda con tu vida. La aparto de un empujón y saco mi maleta que se encuentra dentro del closet, tomo algunas de mis prendas y comienzo a arrojarlas al interior de ésta, sin embargo, Kristen toma toda mi ropa y comienza a aventarla al piso. —No me puedes dejar Dante. —¿Y por qué no? —¡¡Yo aún te amo!! —chilla aferrándose a mi brazo. —Pero da la casualidad de que yo ya no te amo. Me hartaste con tus malditos celos injustificados, con tus desplantes de niña caprichosa, yo necesito una mujer a mi lado, no una niña a la cual deba de terminar de criar. —P-puedo cambiar —me suplica sorbiendo su nariz. —Ambos sabemos que eso es mentira. ¿Cuántas veces no me dijiste lo mismo y como un verdadero idiota creí en tu palabra?, pero ya estoy harto. No soy tu padre que te permite todo Kristen, esta vez todo ha terminado entre nosotros. Vuelvo a meter mis prendas a la maleta y justo cuando estoy por cruzar el umbral de la puerta, el grito de su amiga me frena. —¡¡No hagas una locura Kristen!! Me doy la vuelta y la veo con una cuchilla entre sus dedos, sosteniéndola muy cerca de su muñeca. —Si das un paso fuera de esta habitación no dudaré en hacerlo. La observo con el ceño fruncido y dado que no se mueve, sonrío al darme cuenta de cómo esta mujer me ha controlado a su antojo por más de un año, pero ya no más. —Sé que no lo harás Kristen —la contradigo. —S-sí, lo haré, si te vas sobre tu conciencia quedará mi muerte y con ella la de nuestro bebé. —¡¿Cuál bebé?! Los tres sabemos que en tu vientre no hay ningún bebé, deja de mentir Kristen, tanto te has dicho esas mentiras que ahora crees que son ciertas. Salgo de la habitación y bajo las escaleras hasta la estancia donde se encuentran los empleados, quienes están atentos escuchando todo lo que sucede, y justo cuando hacen como que van a regresar a sus actividades, Kristen grita desde el piso superior. —Sí, sales por esa puerta, no dudaré en hacerlo Dante. —¡¡Hazlo!! —grito lanzándole una gélida mirada—. ¡¿Qué esperas?! ¡Con un demonio! ¡Hazlo! Quiero ver cómo me sigues amenazando frente a tus empleados, que si me voy eres capaz de suicidarte o puede que ahora te arrojes de la escalera y finjas que gracias a ello perdiste un bebé que nunca ha existido. Dado que sigue sin hacer nada, salgo sin mirar atrás, molesto y con un fuerte dolor en mi corazón al saber que durante todos estos meses Kristen jugo con algo tan importante para mí como su supuesto embarazo. Tomo mi carro de la cochera y sin saber que más hacer decido hospedarme en un hotel, cuando subo a mi habitación pateo mi maleta, furioso por lo que me enteré y después me dejo caer en la cama sintiéndome como una completa mierda, un verdadero imbécil al que le han visto la cara de la manera más vil. Mientras yo hablaba con el bebé que según crecía en su vientre, Kristen se burlaba de mí, haciéndome creer que el bebé estaba bien, cuando en el fondo solo me estaba manipulando como a una más de sus marionetas. Hastiado de todo lo que mi mente recuerda una y otra vez, bajo y pregunto por algún bar cercano. Siempre dicen que el alcohol es bueno para ahogar las penas y en mi caso me ayudaran a olvidar. Los siguientes dos días la paso bebiendo como si no hubiese un mañana y cuando llega el lunes, me doy una ducha fría aun sintiendo los estragos del alcohol en mi cuerpo, después de verme tan presentable como siempre busco una cafetería y pido un café bastante cargado, el cual me ayuda a recomponerme un poco. […] Cruzo la avenida y mis ojos detallan el imponente edificio donde desde ahora no me sentiré nada cómodo trabajando, suelto un suspiro y subo la escalinata de piedra hasta llegar a esas puertas automáticas de cristal. —¡Buenos días, Ernesto! —saludo al jefe de seguridad. No he dado ni dos pasos cuando alguien posa su mano en mi hombro, por lo que me giro para ver de quien se trata. —¿Qué sucede Ernesto? —inquiero cuando veo que luce sumamente nervioso. —Lo siento joven Dante, pero no puedo dejarlo pasar. —¿Por qué no? —Son órdenes de arriba —musita evadiendo mi mirada. —No entiendo a qué te refieres —expreso con un leve malestar que nada tiene que ver con lo que sucedió hace días en casa de Kristen o por lo menos eso es lo que yo quiero creer. —La señorita Harper nos dio la orden de negarle el acceso y no solo eso —murmura acercándose un poco más para que solo yo pueda escucharlo—, sé dice que pidió que lo boletinaran para que no pueda encontrar trabajó aquí en Mexicali. Aprieto mis manos en puños y una rabia crece en mi interior de tal forma que desearía gritarle a Kristen por todo lo que me está haciendo, como si no fuese suficiente con como se burló de mí. —Pero ¿supongo que puedo subir por mis cosas? —niega con la cabeza y me señala una caja donde medio guardaron mis pertenencias. —En verdad lo siento joven, no sé qué sucedió, pero si le recomiendo que se cuide, esa familia es peligrosa cuando se lo propone —pronuncia, mirando con preocupación por si alguien más es capaz de escucharnos. —No te preocupes Ernesto. La verdad es que no esperaba algo como esto después de lo que me hizo, pero ya veo que esa mujer es peor de lo que imaginaba. Fue un placer conocerte —le estrecho la mano y me pongo en cuclillas para tomar mis cosas y salir de esta empresa de mierda donde nunca debí poner un pie, algo de lo cual ahora me arrepiento. Regreso con todas mis cosas al hotel donde me estoy hospedando y cuando abro la caja para ver qué fue lo que me entregaron, observo la foto que mandé enmarcar del primer ultrasonido que se realizó Kristen, meneo la cabeza ante la total falta de desfachatez de esa maldita bruja y la arrojo a la papelera, donde siempre debió de estar. Me dejo caer en la cama, pensando en qué debo de hacer ahora que me he quedado sin empleo en un país que no es mi lugar de origen, pero al cual le tengo un gran afecto porque fue el primer lugar donde me sentí como en casa, tanto así que no deseo regresar a Italia. Estoy tan absorto en mis pensamientos que lo único que me saca de ello es el sonido de mi móvil, estiro mi mano y antes de responder observo de quien se trata. —¡Hola, hermanito! —chilla la voz del otro lado, por lo que debo de alejarlo de mi oído. —¡Hola, Lia! —respondo más hosco de lo habitual. —¿Qué te sucede? Estás más huraño que de costumbre —me reprende. —No estoy de humor para escucharte, ¿contenta? —No es mi culpa si discutiste con esa zorra… Lo siento, con la madre de tu hijo —ante sus palabras lanzo un bufido de desdén, pero no agrego nada—. ¿Qué sucede? ¿Por qué hoy no me reprendes por insultarla? —Porque esa bruja merece más que esas palabras. —¿Qué te hizo? ¿No me digas que la muy Cagna (perra) te hizo creer que ese bebé es tuyo cuando resulta que es de otro? —Ojalá hubiese sido eso —musito con pesar. —¿Qué sucede Dante? Nunca te había escuchado así de mal, ¿hay algo en lo que te pueda ayudar? Dudo por unos segundos si es buena idea contarle a mi hermana que todo fue una mentira, pero dado que deseo desahogarme con alguien decido ser sincero con ella. —Kristen nunca estuvo embarazada, durante estos cuatro meses me estuvo viendo la cara de imbécil. Me enteré hace unos días. —Figlia di puttana…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD