Cuando vuelvo a despertar siento un fuerte dolor de cabeza tan punzante que me lastima la tenue luz que se filtra a través de las ventanas, pero que gracias a que son un tanto oscuras no me da de lleno en la cara, observo a mi alrededor, sin embargo, no reconozco el lugar, cuando siento un brazo que me aprieta contra un cálido cuerpo y algo duro que roza contra mis glúteos, me giro un tanto asustada. —¡Maldita sea! —murmuro por lo bajo—: ¡Es un ni.ño! —Me tapo la boca y evito gritar como histérica—. ¡Me acosté con un ni.ño! ¿Y ahora qué hago? —Observo a mi amante y es justo decir que tiene un cuerpo de infarto digno de algún comercial de ropa interior, sacudo mi cabeza y me concentro en lo que debo de hacer, huir de aquí antes de que mi joven amante despierte. Con mucha delicadeza, me za

