Tiempo actual.
Aquella razón de que la unión a las dos mujeres que son abuelas, es nada menos que Lorena.
Luciana, —Tal vez nuestros hijos, hubiera o nunca se hubiera conocido—
Ana, —Aquello pasó porque ambos eran solo jóvenes irresponsables, y mi hija no debió estar ahi—
Luciana, —Alberto tampoco, pero creo que eso hace a nuestros hijos que lo tienen todo—
Ana, —Ya no hablemos del pasado, la consecuencia ya está hecha, y la vida de Lorena, es de ella—
Luciana, —Ella no debe saber la verdad—
Ana, —Algun día lo sabrá, y solo tiene que ser fuerte, lo lleva en la sangre ser fuerte—
Luciana, —Seguro no se puede evitar, por mi capricho sufrió en el colegio—
Ana, —Ella es una buena niña, la hemos educado bien, aunque lamentablemente mis hijos—
—La trate como si no existiera y en fondo sé bien que la lastima emocionalmente—
Luciana, —Tal vez aquí también hubiera sufrido, mucho ella—
Ana, —Yo hago lo posible de que mis hijos no la ofendan ni les diga la verdad—
Luciana, —Mis hijos, la querían conocer, verla como es—
Ana, —Pero, acaso él también—
Luciana, —Mi Alberto se arrepintió al final, sabe bien que hizo mal, me dijo, ”Que la cuide hasta que sea adulta"—
—Y jamás le diga que es su padre, porque la odio antes que supiera que era de él—
Ana, —Como le dije obligue a mi hija, tenerla y sé bien que algún día la amará—
Luciana, —Lamentablemente jamás la veremos, aquel día tal vez nunca veremos eso, sin vida tal vez si o no—
Ana, —Seguro aveces tenga razón, bueno ya es tarde—
Luciana, —Muchas gracias por venir, igual le estaré apoyando en su educación—
Ana, —Bueno, me voy, y gracias—
Luciana, —Tambien gracias—
Así Ana la dejo ahí parada, mientras la mujer la miro alejado de su residencia, a cerrar el portón. Doña Luciana camino cada paso que daban recordaban a sus hijos llenos de alegría y a su esposo Felipe.
Justo un auto entraba en el otro portón de la otra avenida, dentro del auto está su hijo con su nieto también.
Joven, —Padre, te sucede algo—
Hombre, —¡No, hijo!, aunque aquella rosa, mi madre lo plantaba—
Joven, —Si, son muchas de ellas—
Hombre, —Mi mamá compraba todas diferentes colores, hasta a Nadia le gustaba su olor y colores—
—Mientras a mi padre lo odiaba, no era uno que le gustaba, pero por apariencia aceptaban todo por mi madre—
Joven, —Papá, jamás te pregunté, ¿Por qué fallaste a mi mamá?—
Hombre, —Era porque me sentía tan vacio—
Joven, —Jajaja esa es buena—
Hombre, —Hijo, comentó errores, yo siendo Luis Jiménez, tal vez lo lleve en la sangre—
—Javier sabés bien que la ame, hasta Emilio me perdono—
Javier, —(sonríe) No creó, Emilio le gusta lo caro, y a mamá nunca le hubiera ofrecido lo que tú haces—
Luis, —Debes perdóname, por ella y (silencio) por mi hija—
Javier, —Una hija que trajiste y diste a mi madre—
Luis, —Carla la acepto y la amo—
Javier, —¿Y porque crees que lo acepto?, ella te amaba tanto, te amaba antes que muera—
Luis, —Es por eso que me odió, ella se dejó morir—(triste)
Javier, —Ya deja el pasado—
Luis, —Sabes, que te pareces a mi padre y Alberto—
Javier, —Llevaré su sangre, pero no soy como ustedes—
Luis, —Voy a estacionar el auto, para bajar—
Javier, —La felicidad se va—
Luis, —Ya no quiero discutir, hijo—
Javier, —Papá no es que peleó contigo, ni tampoco discuto, me alegro mucho de haber mirado el pasado—
—Tambien sepas de tus errores, pero igual mi madre sufrió aunque Gabriela no tenga culpa, así ella la crío y la amo—
Sale del auto tanto padre como hijo, fueron a la puerta principal, justo le abre un hombre ya mayor.
Mayor, —Buenas tardes, señor Jiménez—
Luis, —Fred, me conoces hace años—(lo abraza)
Mayordomo, —Me alegro mucho muchacho—
Luis, —No se preocupe, mi mamá, ¿Dónde está?—
Mayordomo, —Ha salido por el otro portón, joven Luis—
Luis, —¿Y por qué salió?, ella sabía que iba a venir—
Mayordomo, —Es que tuvo una visita hace poco—
Luis, —Ya veo, y cuentame de ti—
Mayordomo, —Mis hijos son grandes y ya profesionales—
Luis, —Me alegro, ¿Mauro ya se casó?—
Mayordomo, —Si ya se casó, Liliana también, y mi Narciso también—
Luis, —Huy Liliana me acuerdo que era más inquieta que yo—
Mayordomo, —Jajaja si, hacia una travesura muy fea los dos—
Luis, —Claro, me acuerdo que papá renegaba mucho, y peor Alberto se enojaba más—
—¡Ahí era tan feliz!, pero es pasado, ya estoy casado con mis hijos y bueno Carla, ella murió—
Mayordomo, —Ya descansa en paz, me acuerdo que Carla era una joven muy amable y muy linda—
Javier, —Mi madre es que ella siempre fue buena en todo, una madre genial—
Mayordomo, —Su hijo es buen muchacho—
Luis, —Carla crío y educó bien a mis hijos, aunque Gabriela le dió todo—
Javier, —¡No!, solo la consintió para llenar vacíos—
Mayordomo, —Tome asiento, les traigo algo para que espere a la señora Luciana—
Luis, —Gracias Fred, si anda—
Mayordomo, —Claro, permiso señor y joven Jiménez—(se van)
Tanto padre e hijo se quedaron en la sala esperando al mayordomo que le traiga algo de tomar y también esperando a su madre. Doña Luciana caminaba por todo el sendero de las rosas hasta llegar a las rosas rojas,.
En la sala.
Ya había llegado el mayordomo con una bandeja con dos vasos llenos de jugo para los dos señores.
Mayordomo, —Aqui está, señor Jiménez y el joven Jiménez, y disculpe me retiro a mi cuarto, permiso y gracias—
Luis, —Gracias Fred, si puedes ir—
Joven, —Despues de tomar, mejor esperemos a la abuela en la entrada—
Luis, —Entonces a qué ir—
Javier, —Si vamos, papá—
El mayordomo se está retirando hacia su habitación de servicio que trajo con tanto esfuerzo, pero padre e hijo decidieron ir a ver si viene doña Luciana.
Javier, —Ya tape los jugos, y esperamos en la entrada—
Luis, —Esta bien hijo—
Mientras en el camino doña Luciana recordó los pasos de sus hijos a caminar muy pequeños.
Pasado.
En el enorme patio de la familia Jimenez, están los dos padres junto a ellos, Luciana y Felipe está con su niño Alberto de un año.
Felipe, —Vamos Alberto tu puedes—(le enseño a caminar)
Luciana, —Amor, no se va a caer—(preocupada)
Felipe, —Amor, no te preocupes, sera pequeño Alberto, pero muy listo—
Entonces Felipe vio caminar a su hijo Alberto, y lo cargo con tanto amor a su pequeño bebé lo abrazo y hasta yo, sentía tanto amor.
Felipe, —Mirarlo camino amor, ¡Los amo tanto a ti y a Alberto!, son mi vida—(feliz)
Luciana, —¡Amor!, y yo a ti y a nuestro fruto es Alberto de tanto amarnos—(amorosa)
Cuando me embarace de mi segundo bebé y Luis nació, estaba tan nervioso Felipe, mi embarazo fue tan complicado, Luis igual nació sano y muy lindo.
Después ya habían pasado unos meses y Luis también iba a dar sus pasos para caminar, pero Felipe tenía viajes importantes por el negocio familiar.