Tiempo actual.
Así las personas pensaban que mis hijos vivían tan así, pero hasta la familia perfecta solo era de mentira. Mi error solo fue por dolor tan inmenso que tenía que dar amor y consentir en todo a mi hijo mayor.
Mientras a los dos le daba a medias la atención para ellos que también son mis hijos, aquella mujer, me causó aquella herida que pensé que ya estaba cerrada, iré al despacho de esta casa.
Llegó al despacho, y al ingresar noto que aún sigue en la misma posición este escritorio al sentarme justo en el costado del mueble está aquella foto.
Tomo asiento en este sillón que era de mi amado esposo Felipe Jiménez de las Casas, la visita me causó dolor del pasado.
Luciana, —"Esa mujer, me causó una herida que había cerrado"—
Luciana observa aquellas fotos que son como tres, solo observa una de ellas, y las otras no le dan importancia.
Justo en el escritorio está la foto familiar, su esposo y ella con sus tres hijos, Alberto de solo 10 años, Luis de 8 y Nadia de 2 años, parece una familia muy feliz.
Luciana, —"Pero no es así, Felipe Jiménez, me engañaba y peor con mi amiga—
—Y fue así que yo Luciana Paredes me equivoqué al darle todo a mi niño—
—Yo lo he consentido, el error de darle todo a nuestro hijo Alberto, deje de lado a Luis y Nadia—
—Por eso Alberto fue así, desde pequeño le di todo, lo que tú Felipe, me negaba a mi, tú amor solo era eso solo, debía haber amado y era amarme solamente"—
Se levanta del sillón, antes que se salga la señora y que se vaya, le llamo al vigilante, para asi alcanzar a la señora Martínez.
Luciana, —Señor Joe, llamó por la visita que vino y dígale a la señora, que me espere un rato—
Vigilante, —Buenas tardes señora, si cuando llegue, disculpe cómo la voy a detener—
Luciana, —No lo hagas como si fuera una ladrona, solo que me espere quiero seguir hablando—
Vigilante, —Esta bien señora, eso haré—
En ese instante ya había salido hacia afuera doña Ana Aquino camino unos pasos y se quedó parada observando aquella casa.
En la residencia Jiménez.
Así colgó la llamada, salió del despacho para alcanzar a la señora Ana, fue así que se encontró con el mayordomo y la chica nueva.
Mayordomo, —Buenas tardes señora—
Chica, —Buenas tardes señora, disculpe señor, cuántas veces se saluda—
Mayordomo, —(la mira) Las veces que sea necesaria—
Luciana, —(sonríe) Fred no te enojes, aún veo que es una joven—
Mayordomo, —Es la sobrina de mi hermana que falleció años atras—
Luciana, —No te preocupes, ahora vuelvo—
Sirvienta, —¡Señora!, ¿Dónde va?—
Mayordomo, —Disculpe señora Luciana, tiene una llamada—
Luciana, —Mejor que me vuelva a llamar, y sígueme jovencita—
Mayordomo, —Le diré señora, anda Julieta—
Ambas salieron, camino por el sendero de las rosas, verlas la hacia recordar el pasado, cuando se casó con su amor, aquel hombre que amo. Al cerrar los ojos lo recordó tan brevemente.
Pasado.
Felipe estaba muy guapo, en el altar justo ella entró a la iglesia al lado de su padre Alberto Paredes.
Alberto, —Aqui estamos, Felipe te estoy brindado la mano de mi hija—
Felipe, —Prometo hacerla muy feliz—
Alberto, —Eso espero que la ames, y cuides siempre—
Felipe, —Si señor, siempre la voy amar, cuidar, proteger y más cada día también en los años que tenga en vida—
Alberto, —Aqui está, mi hermosa hija—
Luciana, —Gracias papá, soy la mujer más feliz de este mundo—
Sacerdote, —(padre) Aquí estamos para unir a dos personas, Felipe Jiménez y Luciana Paredes—
—Hoy aceptaron ser esposos y unir sus vidas en el sagrado matrimonio—
Aquel día fue tan lindo, adornado en flores blancas, estaban mis mejores amigas, hasta los amigos de Felipe, los padres de él y mis padres. Hasta sus hermanos son tan míos y Felipe, y también las familias cercanas.
Mientras el sacerdote hablaba, yo estaba tan feliz, tanto que mi alegría era inmensa, cuando dimos nuestros votos de amor.
Ya era esposa de Felipe, nos amamos tanto, en algunos años llegó nuestro primer hijo Alberto, era, es tan bello, su piel blanca y su cabello n***o.
Después cumplió cinco años, y ya tuve a Luis mi niño tan tierno y hermoso, y después de algunos años más nació Nadia mi niña linda, fue ahí cuando cumplió un año de vida mi niña.
Yo encontré a mi esposo teniendo sexo con mi amiga Milena Navarro, no sé cuando paso y que tiempo estuvieron juntos.
Llore tanto que mi cuerpo y alma se rompían en pedazos, fingiendo no saber nada de todo por mis hijos, mientras en las fotos donde había supuesta felicidad de él era mentira.
Tiempo actual.
Hoy estás rosas me dan dolor inmenso, cada rosa que plantaba eran tus días de engaños.
Sirvienta, —Señora Luciana, ¿Dónde vamos?, disculpe—
Luciana, —No es necesario, que te disculpes, y solo vamos—
Sirvienta, —Son bellas estás rosas—
Luciana, —Ten cuidado que te lastimes con sus espinas—
Sirvienta, —Si, disculpe—
Luciana ya no dice nada solo sonríe en si, y sigue hasta que llega a la caseta de seguridad de su residencia.
Y ahí aún está la señora parada esperando que ella llegue o según eso piensa ella.
Antes de irse.
El vigilante mira que está parada por rejas del portón, hasta que llega la llamada de la señora Luciana.
Luciana, —Señor Joe, llamó por la visita que vino y dígale a la señora, que me espere un rato ella—
Vigilante, —Buenas tardes señora, si cuando llegue, disculpe cómo la voy a detener—
Luciana, —No lo hagas como si fuera una ladrona, solo que me espere quiero seguir hablando—
Vigilante, —Esta bien señora, eso haré—
El vigilante no nota su presencia hasta que ella lo mira, y él aún está con el teléfono hablando con doña Luciana
Ana ya había llegado a la caseta de seguridad, aunque estaba tan pensativa en ese momento, cuando salió de la residencia Jiménez.
Antes que se vaya hacia su casa, vio por última vez aquella casa de la cuál jamás volverá, si las cosas hubiera tenido otro resultado, si ese joven la hubiera amado a su hija.
Ana, —Ya me voy señor—
Vigilante, —Esta bien, señora, hasta pronto—(aún está hablando, aunque la detiene)
Ana, —Gracias, hasta luego—
Vigilante, —Señora, espere un rato—
Ana, —Disculpe, ¿Por qué?—
Vigilante, —Solo esperé, está bien—
Ana, —Esta bien—
Ana espero y en ese momento sus pensamientos, penso en su nieta Lorena tendría un padre, pero aquel joven la odia desde que crecía en el vientre de mi hija, Ana sabe que su niña algún día le dirá hija amada, solo espera que esté ahí para verlo y escuchar.
Vigilante, —Espere señora, doña Luciana quiere verla otra vez—
Ana, —¿Para qué?—
El vigilante hizo un saludo de reverencia a quien había llegado, al voltear Ana la vió.
Vigilante, —Aqui está la señora—
Luciana, —No se preocupe, y gracias por esperarme—
Ana, —Ya me iba, que desea ahora—
Luciana, —Señora Ana, espero que algún dia, pueda abrazar a mi nieta antes que me muera, eso es todo lo quería decir—
—Solo espero que me dejen verla y abrazar—(motivada)
Ana, —Si, hubiera tenido otra historia—
Luciana, —O tal vez hubiera tenido un final feliz—
Ambas mujeres se miran como dos mujeres de maneras diferentes, pero solo tenía una razón de vida, que las unión y esa es Lorena Martinez, es la única razón.