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El bebé perdido del CEO

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Blurb

Nailea no pensaba ser madre, hasta que una mirada inocente y unos bracitos buscando amor cambiaron su vida. Inma, una bebé abandonada, se convirtió en su razón para seguir adelante. Rodeada por el cariño de sus amigas y con un trabajo que apenas le alcanza, Nailea no necesita más que a su pequeña para sentirse plena... hasta que un extraño entra en su vida.

Charles Holt acaba de perder a su exesposa, pero lo que no esperaba era que, desde la tumba, ella le dejara una verdad que lo sacudiría por completo: tiene una hija, una niña que fue dada en adopción sin que él lo supiera. Determinado a encontrarla, Charles moverá cielo y tierra para llegar hasta ella, sin importar las consecuencias.

Pero cuando la encuentra, nada es como imaginó. La mujer que ahora cuida de su hija no es una villana ni una oportunista. Es Nailea: sencilla, bondadosa... y la primera persona que logra tocar algo en él que creía muerto.

Entre verdades ocultas, emociones que desbordan y decisiones imposibles, Charles y Nailea se verán atrapados en una encrucijada: ¿podrá el amor por Inma unirlos... o los separará para siempre?

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Tengo una hija
NAILEA —Feliz cumpleaños, Inma —llegué con un pastel a casa, donde mi pequeña bebé me esperaba. Estaba cumpliendo su primer añito y yo me sentía muy feliz de tenerla conmigo. Desde que Inma apareció en mi vida, sentía que le daba sentido. Era mi bebé, mi razón de seguir adelante. Había decidido adoptarla desde la primera vez que la vi, cuando era solo una pequeña bebé queriendo amor. No me puedo creer cómo sus padres decidieron abandonarla, si es una cosita hermosa. —¡Mamá! —exclamó, viniendo a abrazarme. Apenas y podía mantenerse unos momentos de pie. —¿Dónde está la cumpleañera? —mis amigas Renata, Kath y Antonella habían decidido acompañar a Inma en su cumpleaños. Han sido mis amigas desde que nos conocimos en la guardería donde trabajo, hace casi ya seis años. Se han convertido en las tías de Inma y han sido un apoyo para mí. Vivía sola desde que terminé la universidad. Me había mudado a un apartamento donde podía vivir cómodamente, pero me sentía extraña, como que algo me faltaba. No pensé que fuera Inma. —Te he traído una piñata para que le pegues duro —le dice Renata. —Apenas y puede sostenerse la niña —se queja Antonella—. Es mejor que le saques los dulces. —Dejen de discutir, por favor —Kath se acerca y carga a Inma. Mi bebé se ríe. Está feliz. —Gracias por venir —les digo—. Pensé que nos veríamos en la guardería por la tarde. —Nailea, no íbamos a verte hasta que llegaras a las tres de la tarde. Queremos pasar todo el día con esta cosita preciosa —dice Kath. —Además, su cumpleaños es todo el día y no solo por la tarde. Queremos llevarla de compras porque he visto unos vestidos hermosos en la tienda de bebés —murmura Anto. —No quiero que se molesten, pero está bien. Es el cumpleaños de Inma y ella se merece lo mejor. Voy a cambiarla y nos vamos. Mis amigas se quedaron a cargo de Inma mientras yo me ponía un vestido holgado y unos Converse. Le metí pañales y su biberón en el bolso y salí a la sala. —Nos podemos ir —les hago saber. Me sentía en familia con mis amigas, era increíble lo que ciertas personas te pueden hacer sentir. Cuando estaba sola pensé que todo se me venía abajo, pero desde que las conocí, mi mundo ha sabido mantenerse en pie. Y ahora con Inma mucho más. Siempre me pregunté qué pasó con el padre de Inma, ¿por qué no querría hacerse cargo de ella? Simplemente pienso que es un patán que no supo valorar lo que la vida le había regalado. En el centro comercial visitamos varias tiendas de bebés donde las chicas no dejaron de regalarle cosas. Era mucha ropa ya. —Creo que es suficiente —les hago saber. Estábamos en la última y Inma se me estaba durmiendo en mis brazos luego de darle su biberón—. Necesita descansar un momento. —La fiesta es en una hora, todos los niños están esperando por Inma —me dice Renata. —Dejémosla dormir un rato y en una hora estará con más energía, ya verán —sonreí, acariciándole su cabello rubio que apenas venía saliendo. Olía tan bien, me gustaba sentirla. Me sentía demasiado enamorada de Inma. —Está bien. Vamos a comer porque muero de hambre —habla Antonella. Pagaron las últimas cosas y nos dirigimos al restaurante cercano. Puse a Inma en su carriola para que durmiera tranquila y yo me dediqué a pedir algo nutritivo para comer. —A veces también quiero tener hijos —dice Kath—, pero me da mucho miedo, siento que no sería buena madre. —No digas eso, Kath, serás una excelente madre —Renata la tranquiliza. —Solo veo cómo te portas con Inma y con los demás niños de la guardería y yo sé que sí —añade Antonella. Kath parecía un poco nostálgica cuando veía a Inma. Se notaba que ella quería tener bebés, pero quizás no se animaba a adoptar porque quería tener hijos propios. Yo no pude tener mis hijos propios porque no tengo pareja y cuando miré a Inma me enamoré por primera vez de ella. —Siempre aprendes, Kath. Nosotros no nacemos sabiendo, pero si algún día decides tenerlos, allí estaré yo para ayudarte en lo que pueda. —Gracias, Nai, eres la mejor. * CHARLES HOLT Miraba la foto una y otra vez sin poder cansarme. Mi exesposa murió hace casi un año y todavía no lo superaba. Tuvimos muchos problemas, sí, pero la quería. Ahora estoy esperando a su abogado porque me ha llamado esta mañana diciendo que tenía algo para mí, algo que ella había dejado y que se especificaba que tenía que entregarse en esta fecha. No sabía de qué se trataba. Ya había aprendido a sobrellevar su muerte y ahora, con esto, se desentierran todos los recuerdos. ¿Por qué? Aún de muerta decide seguir jugando con mis emociones. Hayley siempre fue así: mantenía sus secretos bien guardados y cuando menos lo esperabas, los soltaba, te dejaba helado y sin habla. Cada secreto que guardaba parecía ser peor que el otro. Estaba nervioso, ansioso porque su abogado Luka Tracy llegara. Lo llevaba esperando más de media hora. —¿Señor? —Lizette, mi secretaria, entra—. El señor Tracy está aquí. —Hazlo pasar —dejo la foto en el escritorio y me pongo de pie. Luka entra, se ve apurado, lleva un maletín n***o en su mano. —Señor Holt, disculpe la tardanza. Tuve un pequeño percance en la carretera y por eso me dilaté. Me siento muy avergonzado con usted porque sé que hicimos la cita hace media hora y es más de la hora. Sé que es un hombre muy ocupado y lamento haberle hecho perder su valioso tiempo. —Luka, relájate un poco. Siéntate, por favor —pedí. Ambos nos sentamos. —La señora Hayley me dejó una carta para usted antes de que ella... muriera. Me dijo que exactamente hoy, quince de abril, tenía que entregársela —Luka saca un sobre blanco y me lo da—. Lamento no haberle informado antes sobre este asunto, pero sabrá que ella fue muy específica con que no lo supiera antes. Y yo soy un hombre muy responsable en mi trabajo. —Lo entiendo, Luka —le dije, empezando a exasperarme. Lo único que quería era leer ese sobre ya para salir de dudas—. Por favor, dame el sobre. —Tiene que firmar acá —me entrega un documento. Lo tomo y lo firmo rápidamente. Luka me da el sobre—. Eso era todo, señor. —Entonces puedes retirarte. Y gracias —le dije. —Cualquier cosa que necesite, no dude en llamarme —se despide y se va, dejándome solo al fin. Miro el sobre en la mesa y me debato entre abrirlo. He esperado toda la mañana para esto. Tengo mucho miedo de lo que pueda ir dentro. Hayley era una persona que le gustaba jugar con mis emociones y ahora tengo miedo de lo que pueda decirme en esa carta. Me puse de pie y me dirigí a la enorme ventana de vidrio que me daba una hermosa vista a la ciudad. Lo medité y lo medité un buen rato hasta que decidí armarme de valor y leer esa nota. Tomé el sobre de nuevo y saqué el papel. Su letra intacta y fina me trajo recuerdos: Querido Charles, Tengo un secreto que confesar. Algo que no me atreví a decirte antes y créeme que lo siento mucho. Nosotros no tuvimos un muy buen matrimonio y eso me dolía. Sé que por mis vicios y mi bipolaridad perdimos la confianza y hasta el amor se fue. Me siento culpable, Charles. Sé que si estás leyendo esto es porque pasó lo que tanto temí: ya me he ido de este mundo. Antes de irme del todo de tu vida quiero decirte que hace un año tuve un bebé. Me quedé de piedra al leer esa última palabra. No lo podía creer. ¿De qué me estaba hablando? ¿Un bebé? ¿Con quién? El enojo empezó a apoderarse de mí y la inseguridad también. Sí, Charles, yo me embaracé de ti pero nunca te dije nada. Lo siento: sentía que no estaba preparada para tener un bebé. No quería. Y tú tampoco. Nuestro matrimonio no iba bien, estábamos muy distanciados y también sé que fue mi culpa. Cuando me embaracé me llené de muchas dudas e inseguridades. Por eso me fui en aquel momento y te dije que quería estar unos meses sola para poder sanar. Era mentira. Solo quería pasar el embarazo, tener al bebé y dejarlo en un orfanato porque no quería deshacerme de él. No soy así de cruel. Decidí que mi abogado te diera esta carta hoy porque es el día en que la tuve, hoy es su cumpleaños. No puedo decirte cómo se llama o dónde está ahora, eso te tocará a ti, Charles, porque ella es tu hija. Sí, hija. Di a luz a una niña. No quise verla porque me sentía muy culpable. Charles, búscala y cuídala, yo no pude hacerlo. Es tu hija, tu sangre y no sé dónde estará. Te deseo mucha suerte, Charles, a los dos. Sean felices y vivan. Con amor, Hayley. Arrugué el papel y lo lancé lejos. ¿Cómo se le ocurría decirme algo así en estos momentos? ¿Tengo una hija? ¿Ella ni siquiera supo dónde está? ¿Qué clase de madre era? ¿Cómo voy a encontrarla? —Hayley, hasta después de muerta me haces esto —murmuré, sintiéndome estresado. Tomé el celular y decidí llamar a mi detective personal. Necesitaba encontrar a mi hija de inmediato. —Nicolás, necesito un trabajo. —Estoy a tus órdenes, Charles, ¿qué necesitas? —Encontrar a mi hija. Es una larga historia, mi ex esposa tuvo una hija mía y la dio a un orfanato. Estoy seguro de que si averiguas en cuál hospital ella estuvo internada podremos dar con ese dato. Averigua todo: dónde está mi hija y quién la tiene. Que sea lo más rápido posible. Te voy a enviar alguna información por mensaje. —Está bien, Charles, en seguida me pongo a trabajar. Colgué el celular y decidí irme a casa, tenía mucho que pensar y no tenía cabeza para nada de trabajos. * NAILEA Llegamos a la guardería y todos nos recibieron con una fiesta sorpresa. Pusieron globos, piñatas y un bufet al lado. Era increíble lo que Inma era querida. Recibí felicitaciones de los demás trabajadores y de los niños también. Ellos estaban emocionados. Hasta me dieron regalos para Inma. Inma se veía feliz con todos los regalos que le daban. Empezaron a reventar las piñatas, los niños se lanzaban a recoger los dulces cuando caían al piso. Inma quería correr también pero no podía. Gateaba. Yo no la dejé porque la podían golpear sin querer. —Todo está muy bonito, gracias —les dije a las chicas—. Inma está muy agradecida. Y feliz. Mi bebé reía con sus madrinas. —Vamos a comer algo de pastel —Renata carga a la bebé y se la lleva donde están los pasteles.

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