El nuevo jefe

1876 Words
NAILEA La fiesta había sido todo un éxito. Se divirtieron todos hasta que anocheció. Inma estaba cansada y con mucho sueño. Se le notaba en la cara. —Gracias por todo —me despedí de las chicas—. Nos vemos mañana. Ellas se despidieron de Inma y me ayudaron a llevar todos los regalos al coche. Manejé a casa; cuando llegué, Inma ya se había dormido. La llevé a su cuna y le quité su ropa para ponerle su pijama. Dormía plácidamente. Sonreí al verla. La dejé durmiendo tranquila y me puse a sacar todos los regalos para guardarlos. La mayoría era ropita de bebé, otros, juguetes y peluches. Cosas que Inma disfrutará mucho. Estaba cansada, muy exhausta del día. Me di una ducha rápida y me acosté para poder dormir. Algo me decía que mañana sería un buen día. • CHARLES Salí a correr muy temprano para despejar la mente. El día estaba nublado, frío y lluvioso. De mi mente no salía lo que Hayley me había confesado en esa carta. Estuve toda la noche pensando y pensando hasta que acabé la botella de whiskey. No sabía hasta cuándo daría con mi hija. De lo único que estaba seguro es que no descansaría hasta encontrarla, así tuviera que buscar en los orfanatos de todo el mundo. Hayley hizo muy mal en llevársela. Yo jamás me hubiera opuesto a tener a mi bebé, aun si nosotros estábamos muy mal en la relación. Nuestro hijo no tenía la culpa y yo lo querría igual. Pero Hayley no estuvo bien de su mente por el alcohol y ciertas drogas que se metía. Pensaba cosas que no eran y se imaginaba otras cosas también. Muchas veces pensaba por mí, haciéndome ver como si yo fuera el peor de los hombres, cuando solo le di amor y traté de ayudarla para que saliera de esa vida. Pero Hayley nunca pudo. Llegué a casa muy cansado. La lluvia se había intensificado, pero tenía que llegar a mi empresa. Vivía solo en esta enorme casa donde la soledad abundaba. No es como que cuando estaba Hayley las cosas fueran diferentes. No. Me duché y me puse mi traje. La señora que cocinaba me dejó el desayuno listo en el comedor. Me fui a la empresa una vez que medio desayuné. No podía pensar bien cuando algo me daba vueltas en la cabeza. Solo espero que Nicolás me traiga noticias muy pronto. • NAILEA —Buenos días, Inma. Es hora de salir. No me gustaba interrumpir su sueño cuando iba a trabajar, pero no tenía con quién más dejarla. Yo trabajaba en una guardería, así que allí Jonás cuidaba de mi bebé. Estaba lista. El clima estaba lluvioso y eso no me gustó. Tenía que abrigar muy bien a Inma para que no se me resfriara. Le puse su gorrito de lana y un mono para que sus manitos y pies estuvieran muy calentitos. La envolví en una sábana y salí hacia el coche. Cuando llegué a la guardería con Inma en su cochecito, me alisté para trabajar. Acá nos turnábamos para cuidar a los niños. Renata, Kath y Anto también me ayudaban con Inma. Y así hemos hecho por un año. Para ser sincera, no necesitaba de este trabajo por la herencia que me habían dado mis padres, pero no quería tocar ese dinero. Prefería ganármelo yo misma. • CHARLES —Señor Holt, el señor Nicolás está aquí —me dice mi secretaria. —Hazlo pasar rápido. Había pasado toda la mañana pensando en si Nicolás me tenía noticias. Nicolás entró y se sentó en la silla junto a mí. —Charles, tengo buenas noticias para ti —me dice—. Desde el primer momento en que me dijiste lo de tu hija me puse a trabajar y la he encontrado. El corazón me latió más deprisa cuando me dijo eso. Resultó más rápido de lo que pensé. —¿Dónde está mi hija, Nicolás? —quise saber, ansioso. Nicolás sacó una carpeta. —Para empezar, la señal es que Hayley fue al norte para tener al bebé en el hospital Hamilton. Me trasladé allí y les di el nombre de la señora Hayley. Por suerte, llevaba un registro. Me contaron que la señora Holt dio a luz a una niña y que pidió que la dieran en adopción. Eso hicieron. La llevaron al orfanato cercano llamado Happy Children’s. Tiene registro solo del nombre de Hayley como la madre, pero ella no te puso como el padre, es por eso que no te contactaron a ti para nada. La bebé fue adoptada unos días después por la señorita Nailea Wallace. Tiene veinticinco años, vive sola, no tiene esposo y es una mujer... —Es lo único que quiero saber. ¿Sabes dónde vive esa mujer? —Claro que sí. Del lado norte. Déjame decirte, Charles, que no puedes ir a quitarle a su hija así como así. La adopción ya se cerró hace meses. Ella es la madre legal. Tu nombre no está en el certificado de adopción. Es decir, no tienes derecho a quitársela. —¿Qué me estás diciendo, Nicolás? —le pregunté, exaltado. El estrés volvió a mí. Había encontrado a mi hija, pero ahora no podía tenerla conmigo. —Es la verdad, Charles. Si llevamos esto a juicio, entonces lo único que lograríamos es que la visitaras. Pero está muy difícil que te den la custodia completa. Entiende que Nailea Wallace es su madre legal. —¿Dónde puedo encontrar a esa mujer? —quise saber. —Aquí está su dirección y lugar donde trabaja. —me da la carpeta. —Gracias, Nicolás. Me has ayudado lo suficiente. Iría a buscar a esa mujer y tendría que meterme en su vida, ganarme su confianza para poder quitarle a mi hija. * Me había pasado todo el día investigando a la empresa donde trabajaba esa mujer. Se llamaba Patrick and Co. y descubrí que tenía problemas de dinero, estaban yéndose a la quiebra. Eso me dio una idea muy brillante. Tendría que comprar la empresa para poder estar cerca de la mujer y de mi hija. Hice varias llamadas a los inversores y a algunos hombres importantes dentro de la junta directiva. Yo era un hombre exitoso en el país y todos me conocían y me tenían respeto. Tenía mucho dinero como para comprar esa pequeña empresa. Por la tarde me dirigí hacia ese lugar, me quedaba a una media hora. Cuando llegué, bajé y entré. Iría a buscar a Armando, el director general, para hablar con él. Cuando giré por un pasillo choqué con alguien e hice que su bolso se cayera al piso. —Disculpa —me agaché para darle su bolso. La chica llevaba a una bebé en brazos, me dio mucha ternura. La chica tenía el cabello castaño, lo llevaba suelto. —No hay problema, gracias. —me dio una mirada rápida y luego siguió su camino. La mujer era guapa y bastante atractiva. Era la primera vez que alguien sencilla me llamaba la atención así de rápido. La chica se perdió por otro pasillo. Subí hacia la oficina de Armando y entré. —¿Señor Holt? Qué sorpresa tenerlo aquí. Bienvenido —me dice. —Señor Armando, estoy aquí porque creo que la junta directiva ha hablado con usted —me senté frente a él. Él asintió con pesar. —Sé que quiere comprar este edificio, me lo han dicho. Pero la verdad, señor Holt, es que no estoy muy seguro de vender. He estado al mando por mucho tiempo y no estoy listo. Agradezco su interés, pero... No estaba dispuesto a recibir un no como respuesta. Yo vine por una empresa y eso obtendré. —Armando, sé que la empresa tiene muchas deudas y si no se pagan entonces tocará cerrarla. Yo estoy dispuesto a pagar las deudas e invertir en todo lo que sea necesario. La empresa se está yendo a la quiebra y no creo que eso sea bueno para los niños y sus trabajadores que confían en usted. Dígame, ¿eso quiere para ellos? ¿Los quiere dejar en la calle? Tuve una larga conversación con la junta directiva y ellos están de acuerdo. Armando, seguirás estando como inversor en la empresa, pero el nuevo dueño seré yo. —No entiendo por qué el interés en comprar esta empresa cuando usted es dueño de un emporio. ¿Qué puede tener este lugar que sea de su interés? —me pregunta. —Cosas personales, Armando —respondí—. Solo espero que puedas pensar bien lo que te estoy diciendo. Es lo mejor para la empresa. No tienes otra salida. Armando estaba dudando, de por sí ya sus inversores lo habían puesto en duda desde la tarde. Armando no quería vender, se le notaba, pero era obvio que no tenía otra salida. Esperé pacientemente a que debatiera con sus pensamientos antes de decirle algo más. De sobra sabía que la respuesta era sí. —Está bien, señor Holt, considere eso. —me tendió la mano y yo se la estreché, sintiéndome victorioso. —Gracias, Armando. Has tomado la decisión correcta. Cuando salí de su despacho tenía la esperanza de ver de nuevo a la chica con la que choqué hace rato, pero no estaba: era horario de salida y se había ido. Tenía la esperanza de volverla a ver ahora que tomara el mando del lugar. • NAILEA Estos días habían sido un caos. Primero nos habían dicho que Armando ya no sería nuestro jefe porque habían decidido vender la empresa al empresario Charles Holt, quien ahora sería nuestro jefe. Yo no conocía al tal Charles, pero esa repentina compra me parecía sospechosa. Temía por mi trabajo, pienso que un nuevo jefe querrá nuevas caras. El señor Armando me permitía traer a Inma conmigo y cuidarla entre todas. Armando era buen jefe. No sabía cómo sería el tal Charles. Siempre que había un cambio de jefe hacían renovación de personal y eso también me daba un poco de miedo, que me despidan o a alguna de las chicas. Cuando llegué ese día a la empresa me di cuenta de que habían despedido a la secretaria del señor Armando y vendría una nueva chica. Me dio mucha lástima y coraje también. Hoy no traje a Inma porque se quedó con Kath en la casa, era su día libre y aprovechó para pasar el día con Inma. • CHARLES Una semana después y estaba trasladándome a la empresa. Había hecho algunos cambios, pero nada del otro mundo. Tenía la esperanza de ver a la chica de la primera vez. Algo tenía ella que me había llamado la atención. Cuando llegué a la empresa tomé el mando, me mudé a la oficina principal. Pasé el día firmando papeles y revisando la contabilidad. Debía de invertir buen dinero aquí. Por la tarde me sentía cansado y decidí dejar el trabajo hasta allí. Salí de la oficina y entré al ascensor, pero antes de que las puertas se cerraran, la misma chica de la primera vez detuvo las puertas y entró. —Disculpa, casi no llego. —Las puertas se cerraron de nuevo. La había encontrado otra vez, lo que significaba que trabajaba aquí.
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