Conexión amorosa

1599 Words
CHARLES La chica salió a la calle y yo me dirigí a mi coche, me daba curiosidad esa mujer. Insisto en que era la primera vez que me llamaba la atención una chica así. Se veía tan tímida y sencilla, tan limpia y tierna. Me quedé estacionado un momento para verla mejor. Ella veía su reloj de mano e intentaba buscar un taxi que la llevara. Me debatí en si darle un aventon o no, al fin y al cabo quería saber más sobre ella. Arranque y me estacioné frente a ella. —Hola, de nuevo. —le sonreí, para darle confianza. —¿Hola? —Ayer te tire el bolso —le hago saber: ella parece recordarme. —Si, lo recuerdo —me sonrió—Lo siento por eso. —Soy yo quien se debería de disculpar, fue mi culpa. —Yo iba apurada y no me fijé, es mi culpa. —Insisto. Veo que tienes prisa, ¿quieres que te de un aventon? —No es necesario, pero gracias. Pasará algún taxi. —No creo que pasé taxi a esta hora, es hora crítica —miento, no tengo idea del horario de los taxis pero no quiero quedar como un rechazado. —Vamos que no te va a pasar nada; solo me gustaría llevar a esta hermosa señorita a su casa. La chica pareció pensarlo un poco, volvió a ver su reloj, parecía preocupada. —Esta bien. La verdad tengo algo de prisa —asiente y se sube al coche. —¿Y tu bebé? —inquiero en el camino. Ir con ella me ponía un poco nervioso. —Está en casa de una amiga, la está cuidando —responde tímida. —Es muy guapa como su madre —le digo. Ver a esa niña me hizo acordarme de mi hija y en que quizás estaba así igual. Me urge poder encontrarla. —Pues no lo sé —murmura. —¿Por qué dices eso? Ella solo me sonrió y se encontró de hombros pero no me dijo nada más. Su actitud relajada y tímida me hacían sentir extraño; especial. La chica tenía algo que me atraería eso era obvio. Su delicadeza, su amabilidad, su aura tan pacifica... había algo en ella que me hacía querer verla. Ni antes ni después de Hayley me había pasado esto con una mujer. Siempre me les acercaba decidido y dispuesto a conseguir una noche o a pasarla bien pero con ella es diferente. Ni siquiera se como se llama. —Dobla esta calle y te dire donde me quedo —me dice y yo hago caso. —¿Trabajas en Patrick's? —Si —dice. —¿Y tu? —Algo así —respondo. —Has de ser nuevo también, por lo del cambio de jefe. —Si, eso. —Por acá está bien —me dice. —Muchas gracias por traerme. Nos vemos luego. —la chica se bajó y se despidió. * NAILEA Sentí un alivio cuando me bajé del coche de ese hombre: la tensión era evidente. Me sentí nerviosa pero también en confianza. Tenía algo ese tipo que me hacía confiar en el. Eso de subirme a autos con extraños no era lo mío. Pero el me inspiraba eso. Llegué al apartamento de Kath y toqué la puerta. —Nailea; pensé que te había pasado algo. Llegas tarde y tú nunca llegas tarde. —Lo siento. No pasó ningún taxi y mi auto sigue en el taller. —¿Cómo has venido entonces? —Un chico me dio un aventon. —¿Un chico? —Anto ya estaba aquí—¿Cuantas veces te hemos dicho que no es bueno montase con extraños? Te pudo pasar algo. —Es que parece que trabajará en la empresa ahora con el nuevo cambio —me encogí de hombros—¿Y Inma? —Dormida —Renata venía de la habitación. —¿Y el chico como era? —quiso saber Kath. —La verdad muy elegante y muy guapo —murmuré, acordándome de la sonrisa del chico. —¡Cuenta mas! —exclamaron. Y así sería la hora de chicas. * CHARLES Acá estaba frente a la puerta de la mujer que tiene a mi hija. Necesitaba conocerla, necesitaba ponerle rostro a ella. No podía seguir en el anonimato. Eleve la mano y toque. La puerta se abrió y me quedé de piedra al ver a la misma chica de antes. A la que me encontré en la empresa, con su pelo castaño recogido en una coleta alta. —¿Tu? —me dice. —¿Tu vives aquí? —Si. ¿Cómo me encontraste? —Yo... ¿siempre has vivido aquí? —Si, en los últimos años. ¿Por qué? —¿Quienes son los antiguos dueños? No podía ser que la chica que me había gustado esa vez ahora sea la que tiene a mi hija. Tenía que ser un error. Esta chica me había dado confianza y siempre pensé que la mujer que tenía a mi hija era una roba niños y estaba dispuesta a darle la guerra, engañarla y hacerla perder la custodia de mi bebé. Pero ella... ella no podía ser. —Disculpa, tengo que irme —le digo, dándome la vuelta. —¿Por qué? ¿Cómo te llamas? —Charles Ho... —me detuve en seco porque no pensaba darle mi nombre real—... Charles Holms. —Mucho gusto, Charles. Soy Nailea Wallace. Y allí estaba. Era ella. No dije nada más y me fui. No estaba preparado, me había llevado una gran sorpresa. • NAILEA La visita de Charles a mi casa me había tomado por sorpresa. Era extraño porque no sabía cómo había dado con mi dirección. Pero pareció sorprendido cuando vio que era yo. Quizás se equivocó de piso. Habían pasado muchos días después de ese y pensé ver a Charles en la empresa pero no lo vi. Supongo que aún no le tocaba venir al trabajo. Era domingo por la tarde y estaba por empezar a cocinar la cena para Inma y para mi. No habíamos salido el día de hoy, habíamos decidido descansar y pasarla juntas. Alguien toca la puerta y me voy a abrir. Charles. —Hola —le digo. —Hola —sonríe. Estuve esperando que me dijera algo más pero no pasaba nada. —Yo... me quiero disculpar por la forma en que actué la otra vez. Fue tonto de mi parte —me dice. —No pasa nada —le reste importancia—¿quieres pasar? Charles entra a mi apartamento y se queda viendo mi humilde morada. Charles parecía ser un hombre con dinero así que mi casa le parecerá poca cosa. —¿Cómo supiste dónde vivo? —quise saber. —Yo... Sentí un olor a quemado y recordé que había dejado la cazuela en el fuego. —¡Discúlpame! —salí corriendo a apagar la cocina y metí la cazuela en el lavadero. Volví donde Charles para seguir con la conversación. —Estaba pasando por aquí y te vi entrar un día. No es que te estuviera siguiendo —me dice. —Está bien. Inma empezó a llorar en la habitación. Había despertado de su siesta. —Discúlpame. * CHARLES Escuché el llanto de mi hija en la habitación. Nailea se fue a traerla. Cuando la ví que venía en sus brazos mi corazón se derritió. Allí estaba mi hija. Quería ir y abrazarla pero me tenía que controlar. —Tu hija es muy linda —le dije. —Gracias. Es lo mejor que tengo en la vida. —le besa el cachete. La Niña me mira y me sonríe. —Papá —murmura. Dejo de respirar en ese momento y me quedo paralizado. —No, cariño, el no es papá —le dice Nailea y yo quiero decirle que si, que soy su padre y estoy aquí por ella. —Papá —repite. —Lo siento —me dice Nailea—Es la primera vez que ve a un hombre en la casa. —Está bien. —¿Te importaría sostenerla un poco? Tengo que hacerle su biberón. Tiene hambre —me dice. —Yo... —dude—... esta bien. La cargué en mis brazos, sentí algo especial en ella. Nailea se fue a la cocina y yo me quedé con mi hija. La tenía conmigo por fin. —Papá —volvió a murmurar la bebe, tocándome la cara. —Hola —sonreí. —Listo. —Nailea apareció con el biberón y me quitó a la bebe para darle su comida. —¿Cómo se llama? —Inma —responde sonriendo. —Mamá —murmuró Inma antes de tomar su leche. Y es que La Niña miraba a Nailea como su madre aunque yo no quisiera. Nailea parecía querer mucho a Inma y parecía cuidarla muy bien. Me sentí mal por mis planes y por querer arrebatársela cuando sabía que Nailea solo había hecho una adopción sin saber nada. Inma se volvió a quedar dormida tiempo después. —Tengo que acostarla un ratito nada más. Esta vez no dirá tanto durmiendo. —¿Puedo? —dije inconscientemente. —Quiero hacerlo yo. Nailea no pareció entender el por qué de mi actitud pero no se negó. Me puso a la bebe en mis brazos y yo la llevé a su cuna. La acosté y me quedé unos segundos observándola. Sabía que tenía que dejar de actuar extraño porque sino Nailea podría desconfiar de mi y lo que quiero es que me tenga toda la confianza del mundo.
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