Capítulo 1
~Estefany~
Observo desde lejos asombrada de sus movimientos en el campo. Sonrío un poco al recordar cómo Iván y yo jugábamos en los columpios del patio de mi casa cuando éramos más pequeños. Ha pasado tanto tiempo desde ese momento, éramos tan unidos que pensé que siempre seriamos así, pero con el paso del tiempo, ya ni siquiera puedo precisar qué le hacía sonreír hoy en día. Suspiro con tristeza cuando uno de mis bebés se pone a llorar.
Es verdad lo que dicen... nunca olvidas a tu primer amor verdadero. Pero para mí, ¿realmente cuenta como amor verdadero cuando ese amor sólo fue de mi parte?
Cuando por fin conseguí que Anastasia dejara de llorar, me dirigí al campo para despedirme de mi padre antes de volver a casa. "¡Hola, papá!" Silbo a mi padre para llamar su atención, cuando escucha mi voz, su mirada se encuentra con la mía y su sonrisa aparece al instante. Trota hacia mí, coge a Marco de mis brazos y empieza a acurrucarse con él. "Me voy para la casa ya, se está haciendo tarde", le digo mientras me fijo en la puesta de sol en el cielo. Que hermoso color hace el cielo a esta hora, yo podría estar horas solo mirando el atardecer, pero ya no soy una chica pequeña y tengo responsabilidades que me impiden disfrutar tan linda pintura abstracta.
"¿Seguro que no quieres quedarte un rato más?", me pregunta, pero sin mirarme, su atención estaba puesta por completo en su nieto quien le sonreía a su poppy.
"¿Y ver a hombres todos sudados correr de un lado a otro del campo? No, gracias" me río de mis palabras, amo el fútbol con todo mi corazón, pero amo más el hecho de que mi padre siempre me entrecierra los ojos cada vez que le falto el respeto a este deporte. Sus palabras, no las mías.
"Vale entonces, cuídate, mi niña" me devuelve a mi hijo y lo coloco en el cochecito junto a su hermana gemela. Papá me da un beso en la mejilla y me despido del equipo con la mano. Cuando papá se da la vuelta para seguir con el entrenamiento, mis ojos se detienen en Iván durante más de unos segundos, sus ojos se encuentran con los míos y le dedico una pequeña sonrisa y un gesto con la mano, pero él desvía la mirada rápidamente, mirando al suelo. Respiro hondo y me doy la vuelta, sintiendo como mi corazón late un poco por mi primer amor.
Al entrar a mi casa, todo se encuentra en silencia— por lo menos al principio, se empieza a escuchar como los armarios se abren y cierran con agresividad. Me estremezco ante el hecho de que Mateo pueda estar enfadado conmigo, por cualquier razón que elija hoy. Mateo es increíble, inteligente, guapo, y viene de una buena familia, él es el paquete completo, es sólo que puede ser un poco... agresivo de vez en cuando. Pero eso es normal en cualquier hombre, sé que sólo es así porque me quiere y nunca me haría daño de verdad.
"¿Cariño?" Le llamo en un susurro, mientras entro en la cocina con precaución. Había dejado a los niños en la sala, lo suficientemente cerca como para que pueda llegar a ellos si empiezan a llorar, pero lo suficientemente lejos si Mateo me hace algo. Mateo siente mi presencia en la cocina con él y veo sus ojos ardiendo con tanto odio que me hace sentir toda incómoda.
"¿Dónde has estado?", se enfurece e involuntariamente me encojo cuando lo veo venir en mi dirección. Me agarra de los brazos con fuerza. "¡Responde la pregunta!" Gimo por el tono y por el dolor.
"Yo... estaba en el campo de fútbol con mi padre" No quería tartamudear, pero odio cómo me levanta la voz.
"¿Qué hacías allí?", me pregunta enarcando una ceja, yo intento zafarme de su agarre, pero él solo me aprieta más. "¿Estabas mirando a otros hombres?", escupe sus palabras y éstas duelen un poco más que su agarre. Puede que haya mirado a Iván, pero jamás se me ocurriría hacer algo con él, sabiendo que estoy en una relación amorosa.
Una relación amorosa…
"¿Qué? ¡NO!" Contesto rápidamente al notar la mirada irritada de Mateo.
"¡No te creo!" Ahora me grita y me zarandea, mi cabeza da latigazos de un lado a otro y me marea.
"Mateo, me estas lastimando", le digo con un gesto de dolor, pero eso no le inmuta, sólo se enfada más. Uno de los gemelos empieza a llorar y los ojos de Mateo se clavan en su dirección.
"Haz que se callen", me empuja y sube las escaleras sin mirar atrás dejándome con mi hijo llorando.
Me apresuro hacia Marco, lo cojo en mis brazos y empiezo a acunarlo, intentando que deje de llorar. No quiero darle a Mateo otra razón para que me use como una muñeca de trapo. Consigo que Marco vuelva a dormirse y me desplomo en el sofá. Por fin me fijo en los moratones que se me están formando en los brazos, si me iban a doler, ahora será peor, por acunar a Marco.
Me levanto del sofá cuando son cerca de las siete de la noche y me dirijo hacia el dormitorio de invitados de mi casa. Desde hace unos meses he empezado a dejar un poco de ropa para mí en la habitación cuando no quiero cruzarme con Mateo. Cojo una muda y me dirijo al cuarto de baño anexo a la habitación. Baño primero a los gemelos y luego a mí, coloco a mis dos hijos en su habitación, me acomodo en la silla que hay entre sus camas y me pongo lo más cómoda posible, antes de quedarme dormida.
Oigo ruidos dentro de la habitación y mis ojos se abren lentamente. Mi vista capta una sombra oscura delante de la cuna de Anastasia y me levanto de un salto, recuperándome del sueño en un instante. Antes de que pudiera atacar a la persona, Mateo se da la vuelta y noto su agarre a una dormida Anastasia.
"¿Qué estás haciendo?" le pregunto en un susurro, sin intentar despertar a ninguno de los dos bebés. Los ojos de Mateo se entrecierran ante mi pregunta, pero yo solo lo miro con desconfianza asegurándome de que no le haya hecho nada a mi niña.
"Soy su padre Estefany, puedo coger a mis hijos cuando quiera", dice cada palabra con tal veneno, que me hace cuestionar su cordura.
"Ya lo sé Mateo, pero ¿quizá cuando no estén dormidos?". Intento razonar con él, porque si Anastasia se despierta, entonces Marco también lo hará, y después seré yo quien tenga que volver a dormirlos a los dos.
"Puedo hacer lo que quiera con mis hijos", vuelve a acostar a Anastasia y se acerca a mí. "Métetelo en la cabeza", me da un beso en la frente y luego me da una palmada en el culo con una sonrisa en la cara. No tarda en salir de la habitación, dejándome asqueada y violada.