Capítulo 2

1266 Words
~Estefany~ Siento que se me caen los ojos, mientras oigo a las chicas divagar sobre sus novios y las compras. Anoche, después de que Mateo hiciera su aparición en la habitación de los bebes, no pude conciliar el sueño una vez más, estaba demasiada asustada. Lo raro es que ni siquiera sé de qué tenía miedo, pero mis instintos de madre no me dejaban volver a conciliar el sueño. "¿Fany?" Estella me llama mientras me peina suavemente el pelo con los dedos. Le tarareo y abro los ojos lentamente para ver a todas las chicas mirándome. Valeria está agarrando a Marco, mientras que Isabella tiene a Anastasia. "¿Qué?" les pregunto mientras me enderezo en la silla y doy un sorbo a mi café, un que ya está muy frío. ¿Por cuánto tiempo he dormido? "¿Qué te pasa?", me pregunta Isabella, a la que sonrío levemente. Isabella es mi mejor amiga de la universidad, quien se enamoró de mis mejores amigas del equipo de fútbol, así que ahora somos las cuatro mosqueteras. Las cuatro iniciamos la tradición de que cuando los chicos del equipo de fútbol salían, nosotras hacíamos lo mismo, nos tomábamos un café y cotilleábamos sobre ellos. Son cerca de las seis de la tarde y me muero de sueño. "Ayer no dormí lo suficiente", les digo con un suspiro, pasándome una mano por mi pelo rojo y largo. "¿Mateo te tuvo despierta toda la noche?". Pregunta Valeria moviendo las cejas, todas las chicas empiezan a reír y yo tengo que empujar una risa falsa. "Algo así" murmuro en voz baja, pero ninguna lo capta y doy gracias por ello. "Sabes que siempre puedes pedirnos ayuda, estaremos más que encantadas de cuidar de los bebes mientras tú y Mateo hacéis el tango del diablo", dice Estella con una sonrisa, me pone la mano en el brazo y un gemido se me atasca en la garganta. Es justo donde Mateo me agarró ayer y tal como lo anticipé, esta morado y me duele. "Gracias", le digo agradecida y aparto su mano lo más discretamente que puedo. "Pero no creo que sea necesario por el momento" me río, pero mentalmente me repugna la idea de que Mateo me toque de forma sensual. ¿Cuándo empecé a sentir tanta repulsión hacia mi novio y el padre de mis hijos? "¡Tengo que preguntar!" chilla Isabella y nuestra atención se desplaza hacia ella. "¿El nuevo jugador está tan bueno como dicen?", pregunta, pero la pregunta va más dirigida a mí, porque las chicas sabían que ayer fui al campo de fútbol a ver a mi padre. Pongo los ojos en blanco. "Ni siquiera presté atención a los chicos del campo", le digo, y ella frunce el ceño. Isabella saca el móvil y empieza a escribir en él. Cuando encuentra lo que buscaba, me enseña una foto del jugador recién fichado de los Halcones. El chico es guapo, pero no es mi tipo. "¿Estefany?" pregunta una voz masculina y me quedo helada al oír su voz. Empujo el teléfono de Isabella hacia abajo y me doy la vuelta para sonreír dulcemente a mi novio. "Hola, cariño", le digo con voz alegre, intentando sonar lo más normal posible. "¿Qué estabas viendo?", me pregunta, sin importarle que mis amigas estuvieran aquí y observando nuestro intercambio atentamente. "¡Nada!" Digo rápidamente, pero no pareció gustarle esa respuesta, Mateo me agarra del brazo y me tira de la silla para que esté de pie junto a él. "Nos vamos", dice entre dientes rechiflados y yo asiento con la cabeza, desviando la mirada. "¡Oye, no puedes agarrarla así!". Valeria es la primera en intervenir y veo cómo los ojos de Mateo arden de furia. Me pongo delante de él y le pongo las dos manos en el pecho. "Vámonos cariño", le digo con voz suave, tratando de calmar la situación. Mateo cambia la mirada de Valeria a mí, me mira con los ojos ardiendo y se aleja, yo empiezo a caminar detrás de él, pero Isabella me agarra de la muñeca. Me doy la vuelta y les doy a las chicas una sonrisa tranquilizadora. "Estoy bien, solo ha tenido un mal día" lo defiendo, pero ninguna parece convencida. Ignoro sus ojos interrogantes y cojo a mis hijos y acelero el paso para alcanzar a Mateo. "¿Cariño?" Le pongo una mano en el hombro, pero él la aparta de un tirón y se vuelve para mirarme furioso. Trago saliva ante sus ojos ardientes y doy un paso atrás. "Entra en el coche", abre la puerta trasera para que pueda colocar a los bebés. "Pero si he venido en mi coche...". Intento protestar, pero su mirada se vuelve más irritada, mi boca se convierte en una fina línea y decido no desafiarle en esto. Su agarre en el volante estaba haciendo que sus nudillos se volvieran blancos, estoy apretada a la puerta del coche tanto como puedo, tratando de crear una distancia entre nosotros. Nunca le había visto tan enojado. El viaje de vuelta a casa fue silencioso, pero eso fue sólo la calma antes de la tormenta. Cuando aparcó el coche en el garaje, Mateo se bajó del coche y dio un portazo, el cual provoco que me estremeciera al oírlo, pero cuando rodeó el coche y abrió la puerta de mi lado, sentí que un gemido se me atascaba en la garganta. Antes de que pudiera decir algo o reaccionar, Mateo me agarró de mi largo pelo rojo y me sacó del coche y me empujó al suelo. Los gritos salieron de mis labios, pero me aseguré de cubrir la puerta trasera del coche, protegiéndola con mi cuerpo. "¿POR QUÉ MIRABAS A OTROS HOMBRES?", me grita y yo cierro los ojos, encogiéndome lejos de él y haciéndome tan pequeña como pueda. "No estaba..." no me deja terminar cuando el sonido de piel chocando con piel resuena en el garaje. Un grito ahogado sale de mis labios cuando me empieza a doler la mejilla izquierda. "¡No me mientas!" arremete y las lágrimas empiezan a caer de mis ojos. Cuando las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos, Mateo parece espabilarse y se arrodilla frente a mí, pone su mano en la mejilla que acaba de agredir y sus ojos se suavizan. "Mira lo que me has hecho hacer mi nena linda, nunca he querido hacerte daño, ¿lo entiendes? Sólo lo hago porque te quiero" dice mientras sigue acariciando mi mejilla, yo asiento a sus palabras, intentando que se aleje de mí. "Bien" me planta un beso en la frente y se levanta. "Deberías bañar a los bebes y prepararte para ir a la cama" me indica y yo vuelvo a asentir con la cabeza. Con eso me deja sola en el garaje llorando. - Miro cómo el reloj avanza y avanza. Aún no me he decidido, ¿y si empeoro las cosas? ¿Y si sabe lo que estoy planificando? Mateo se durmió en el sofá sobre las diez de la noche y eso me ha dado tiempo suficiente para reunir todo lo que necesito; bajo lentamente las escaleras con mis dos bebés a cada lado. Camino de puntillas hasta el garaje, abro su coche y meto a mis dos bebes en el sitio de atrás. Prendo el coche y salgo lentamente del garaje. Una vez fuera, piso el acelerador y me alejo, sin mirar atrás. Empieza a llover y no sé si eso es una buena señal o no.
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