~Iván~
Es un camino solitario, aunque la gente piense lo contrario. Tengo dinero, fama, fanáticos, unos mejores amigos increíbles y chicas. El único problema es que no quiero chicas en un sentido plural, sólo la quiero a ella. Pero ella le pertenece a otro hombre y no hay nada que yo pueda hacer al respecto.
Le doy otro trago a la cerveza y la dejo caer de golpe sobre la mesa. Alejandro y Thiago me miran con cara de confusión, pero saben que no deben entrometerse cuando mi mente está en ella.
"Y... ¿cómo va todo?". pregunta Thiago con una sonrisa incómoda y yo le pongo los ojos en blanco.
"Espectacular" le respondo con sorna y veo cómo entrecierra los ojos irritado con mi actitud.
"Vale, vale vamos a calmarnos un poco " Alejandro interviene y yo me tomo un respiro. "Mira, Iván, Thiago y yo creemos que ya es hora de que pases página" dice Alejandro en voz baja. "Esperaste demasiado para declararte y ahora ella está con otro" termina encogiéndose de hombros.
"No esperé demasiado, ella nunca fue una opción", le doy otro sorbo a mi cerveza. "Los tíos como nosotros nunca conseguimos a chicas así", digo en un suspiro y miro al techo.
"¿De qué coño estás hablando?" dice Thiago con irritación evidente en sus facciones, enarco una ceja en forma de pregunta y encuentro su mirada. "Sabes con quién estoy casado, ¿verdad? Esa mierda sobre nosotros no nos aplica. Podemos encontrar el amor verdadero, sólo tenemos que buscarlo y no conformarnos con lo primero que se nos cruce en nuestro camino. Confía en mí, tu mujer está por ahí fuera" Thiago termina su inspirador discurso y yo no puedo evitar soltar una carcajada. Han pasado dos años desde que Thiago y Valeria se casaron y juro que parecen aún más enamorados que el primer día que se declararon su amor en una habitación de hospital.
"Has pasado demasiado tiempo leyendo con Valeria", dice Alejandro con la nariz arrugada con disgusto. Thiago pone los ojos en blanco ante nuestra reacción inmadura y nos maldice en voz baja.
"No te rindas todavía, quién sabe lo que puede pasar" Alejandro me sonríe y me da una palmada firme en la espalda. Murmuro en voz baja que puede que tenga razón. Pero, pensándolo bien, ¿cómo voy a gustarle? Lleva tres años con su novio y hace dos dio a luz a gemelos. Nunca pasará nada entre nosotros, por mucho que yo lo desee.
"Sólo recuerda que no tiene un anillo en el dedo". comenta Thiago con una sonrisa burlona y da un sorbo a su cerveza.
"Sí, porque tener a sus hijos y vivir juntos durante dos años no significa nada" le replico, cada vez más cabreada con el tema. ¿Por qué no me dejan estar triste y melancólica?
"Tal vez el hecho de que tengan hijos juntos no la convence", dice encogiéndose de hombros.
"¿Me estás diciendo que sea una cabrón y rompa su relación?". le pregunto con la nariz arrugada con disgusto. Conozco a Thiago de toda la vida, la lealtad es lo único con lo que él no juega. Por eso su comentario me cogió desprevenido.
"¡Dios no! Te digo que, si ellos no han dado ese paso, tal vez haya una oportunidad para ti. Solo ten un poco de paciencia hermano". Thiago termina de hablar, mira su reloj y toma aire. "Me tengo que ir compañeros, nos vemos mañana en el campo para el entrenamiento". Thiago empieza a levantarse de la cabina y yo frunzo el ceño ante su acción.
"¿Te vas tan pronto?".
"Son las 10 de la noche, además Valeria no se duerme hasta que yo llego a casa sano y salvo" Thiago se despide y miro a mi izquierda para ver a Alejandro.
"Supongo que sólo quedamos tú y yo", digo en un suspiro chocando mi cerveza con la suya.
"Sólo tú", dice Alejandro mientras sale corriendo de la cabina de la misma forma que Thiago hizo hace unos segundos.
"¿De verdad? ¿Adónde vas?" le pregunto levantando una ceja.
"No te lo voy a decir", dice con una sonrisa de satisfacción y creo que he captado el mensaje. No sabía que a Alejandro le gustaran los rollos de una noche, pero todos tenemos gustos y manías diferentes. Supongo que esta noche estoy solo.
Miro a mi derecha en busca del camarero, con ganas de pedir otra cerveza, pero me encuentro con una rubia preciosa, de piernas largas y cintura pequeña, que me saluda con la mano y no puedo evitar sonreírle. Tal vez no estoy solo esta noche después de todo.
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Entramos a trompicones en mi habitación y sin romper el beso, consigo cerrar la puerta. La chica rubia, que creo que se llama Sofía o quizá Sammy, no lo sé. Lo que sí sé es que es guapa, no es mi tipo, pero por esta noche me vale.
"Mhm, no me puedo creer que me vaya a acostar con Iván Castillo" gime la chica entre nuestros labios y tengo que reprimir un gemido de irritación.
"Menos habladera y más besos", le digo mientras devoro sus labios, si empieza a hablar de mí y del equipo, arruinará el ambiente. Estoy aquí para echar un polvo, no para darle información sobre el equipo o sobre mí.
La empujo a la cama y ella rebota un poco, pero le impido moverse cuando enjaulo sus dos manos por encima de su cabeza. Me inclino hacia ella y empiezo a besarle el cuello, pero no tan profundamente como para dejarle un chupetón. Una vez satisfecho con mis besos, le suelto las manos y dejo que explore mi cuerpo. Le doy un tirón de la camisa, se levanta de la cama y se la quito con un movimiento rápido. Continúo besándola desde las tetas hasta el vientre y muerdo suavemente su piel. Me tira del pelo con fuerza y yo gimo por el pequeño dolor.
De repente, como las orejas de un perro, las mías se crispan al oír el timbre de mi puerta. Levanto la cabeza y dejo de besar el estómago de Sandra. Frunzo el ceño cuando veo el reloj de mi mesilla, marca que son las 12 de la mañana.
¿Quién demonios llama a mi puerta a estas horas?
Me alejo de Sonia y me dirijo a la puerta de mi habitación cuando ella habla. "¿A dónde vas?" me pregunta y yo pongo los ojos en blanco, me doy la vuelta y la miro con una expresión de aburrimiento.
"Voy a abrir la puerta", le digo y antes de que pudiera volver a abrir la boca, yo ya estaba saliendo por la puerta.
Me apresuro a bajar las escaleras cuando vuelve a sonar el timbre. Resoplo cuando suena por una tercera vez, ahora me estoy cabreando. Abro la puerta y estoy a punto de mal decir con quienquiera que esté llamando a estas horas intempestivas, pero me detengo al ver quién es.