~Estefany~
No sabía a dónde ir, mi mente estaba dispersa y fuera de lugar, pero mí no corazón, mi corazón parecía saber exactamente a dónde ir. El camino era un poco borroso y la lluvia tampoco ayudaba mucho. Decidí dejar el coche de Mateo a unas cuadras opuestas de la casa de Iván, por si acaso Mateo decidía ir a la policía y decir que le habían robado el coche y acababa localizándome. Claro, tuve que llevar una mochila y a mis dos bebés en brazos durante las cuadras restantes y bajo la lluvia, pero mi corazón estaba seguro de que mi ex mejor amigo me ayudaría.
Cuando llegué a su puerta, se puede notar el vislumbré la luz de la sala, lo que significa que hay una gran posibilidad de que él estuviera en casa. Llamé al timbre y esperé unos segundos, pero cuando Marco empezó a desmelenarse bajo la manta que le cubría a él y a su hermana, me impacienté un poco, tener a dos bebés bajo la lluvia no es sano. Vuelvo a tocar el timbre y nada, me vuelvo irritada en este punto y lo toco una tercera vez, a la tercera ya empiezo a sentir frío por la lluvia, la cual no tiene intención de parar y evitarme el dolor de cabeza que me traerá por la mañana si alguno de los niños se despierta enfermo.
Me pica el dedo para volver a tocar el timbre, pero sólo rozo el botón cuando se abre la puerta principal y un Iván de aspecto furioso me mira fijamente. Cuando se da cuenta de que soy yo, sus ojos se vuelven suaves y vulnerables. Mira a ambos lados, buscando algo y cuando no encuentra lo que sea que estaba buscando, me empuja suavemente dentro de su casa.
"¿Qué haces aquí?" me pregunta mientras coge la manta que decora su sofá y me envuelve con ella, parecía que quería abrazarme, pero se contuvo, pero no hay nada que yo desee más en estos momentos que un abrazo de mi antiguo mejor amigo.
"No pude ir donde mi padre, lo habría matado" le suplico y algo dentro de él cambia, se puso rígido ante mis palabras. Creo que lo entendió; siempre ha sido bueno leyéndome, excepto que parecía volverse ciego cada vez que yo mostraba signos de que me gustaba.
"¿Y qué te hace pensar que yo no lo mataré?", me pregunta mientras me quita a Anastasia de los brazos, mi niña se acurruca en el cálido abrazo de Iván, parece como si perteneciera a sus brazos. Iván se aferra a Anastasia con un aura protectora y la acurruca, dándole su calor.
"Porque ahora mismo necesito a mi mejor amigo", me ahogo en un sollozo y veo cómo los ojos de Iván se ablandan y no tarda en envolverme dentro de sus brazos. Me envuelve en su cálido abrazo y rompo a llorar, las lágrimas brotan de mis ojos, me siento segura entre sus brazos. Iván siempre ha tenido un aura muy fuerte a su alrededor, es una de las cosas que hizo que me enamorara de él en primer lugar, hace tantos años.
Alguien se aclara la garganta desde lo alto de las escaleras y yo me aparto al instante de Iván. Iván se da la vuelta y me empuja suavemente detrás de su espalda, protegiéndome de la guapa mujer que me fulmina con la mirada.
"¿Vas a volver a la cama, cariño?", ella pregunta con un tono seductor y noto que Iván se tensa ante sus palabras.
"No sabía que tenías compañía esta noche", le digo mientras me limpio las lágrimas de las mejillas. "Esto ha sido una mala idea, creo que es mejor que me valla " voy a coger a Anastasia de su agarre, pero él la aprieta de mí, como si la estuviese protegiendo de mi agarre.
"Tú te quedas", dice con tensión en la voz y yo no puedo evitar obedecerle. Iván se da la vuelta y entrecierra los ojos hacia la mujer. "Puedes irte". Dice con severidad y sentí que un escalofrío me recorría la espalda.
"Pero--", ella empieza a protestar, pero Iván le lanza una mirada enérgica, que hace que se calle y recoja sus cosas para salir de la casa, no sin antes dar un portazo en la puerta principal, lo que provocó que los dos bebés irritados se pusieran a llorar.
"Os prepararé un baño caliente a los tres", dice Iván y sin intensiones de quererlo, soltó a Anastasia y me la devolvió.
"Gracias" susurro y él logra oírme, me dedica una suave sonrisa y por una fracción de segundos todo me pareció bien.
Tal y como me había dicho, Iván preparó un baño caliente y yo primero bañé y cambié a los gemelos, antes de bañarme. Después de cambiarlos y colocar a los niños en la cama de matrimonio con almohadas alrededor para que no se cayeran, camino por la casa en busca de Iván.
Llego a unas puertas dobles y supongo que es su habitación. Toco a las puertas y al cabo de unos segundos, se abren.
"¿Esta todo bien?", pregunta frenético mirándome de arriba abajo. Inspeccionándome.
"Sí, sólo..." Ni siquiera sé por qué estoy aquí y mucho menos qué hago en su casa. Siento unas manos fuertes que me envuelven y me acercan a un pecho cálido.
"Estás temblando fresita", dice en voz baja y no puedo evitar el sollozo que se me escapa de los labios. Hacía tanto tiempo que no me llamaban por ese apodo que lo he echado tanto de menos. Me aferro a Iván y él me deja, mientras las lágrimas empiezan a caer por mi cara una vez más.
"¿Puedo confiar en ti?" Pregunto, ni siquiera sé por qué le he preguntado eso. Claro que puedo confiar en él, es mi primer amor, el primer amor del que nunca te olvidas por mucho que lo intentes. Iván me abraza con más fuerza y empieza a peinarme, suelto un suspiro de satisfacción y me acurruco contra él.
"Siempre", me dice, me da un beso en la cabeza y se separa, manteniéndome a distancia. "Te di tu espacio cuando me enteré de que estabas embarazada, pero ahora voy a estar aferrado a ti como el pegamento", sus palabras me calientan por dentro y me hacen imaginar que tal vez, en algún otro universo, estábamos hechos el uno para el otro. Que quizás en otro universo estábamos juntos y profundamente enamorados el uno del otro.
Pero la realidad es que nunca me dio ni la hora del día, nunca se fijó en mí y yo acabé eligiendo al hombre que sí se fijó en mí, sólo que era el hombre equivocado.